“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Poemas de Vilma García Monasterio

miércoles 1 de junio de 2022

Estrategias

El día se repite deslizante
arrastrando el paso, taciturno
cansado de sí mismo
encadenado a las horas de ayer, a las de mañana
a todas las horas que marcan como péndulos
el destino de los extraviados
el día es trampa del tiempo sujetando el instinto
molino abandonado que ejecuta en silencio su tarea
que tritura las copas de los árboles
la luz y el reflejo del agua en el estanque
el canto de pájaros cercanos
el rumor opaco y desganado
de la naturaleza
para mezclarlo todo con fragmentos de sueños
el aguijón del hambre
el oficio humilde
las ganas de otras tierras
la mezcla se transforma en masa
la tiendo al borde de mi descontento
hasta que la paciencia y el viento la secan
como sábana recién lavada
y la ajusto a mi piel como un vestido
y la ajusto a mis sentidos
como un presentimiento
todos los días son iguales
y es el mismo vestido deslucido
hoy le cuelgo un diente de león
mañana le coso unas espinas
tambor en mano enhebro la impaciencia
en punto de cruz sobre la falsa tela
es un traje hecho de momentos
una excusa para pasear la espera

 

Encuentro nocturno

Duérmete ahora
no malgastes la noche arañando los muros arcillosos
traspasa el umbral de lo imposible
vaga entre el sueño y la conciencia
inventando fragmentos de otros mundos
visiones fugaces y borrosas
de donde surgen rostros nunca vistos
reverberaciones
susurros
latidos
es la única manera de escaparse
no malgastes la noche con lamentos
halla el portal que separa los mundos
corre libremente, piérdete del hambre
del cansancio
del frío
grítale a los fantasmas que no se irán contigo
hazte silencio, sonido de silencio
trozo de horizonte grabado en la mirada
pasos de mendigos perdidos en la noche
la tenue luz de un faro
el último latido
duérmete ahora
que el sueño te libera
que vagando sin rumbo
encuentras el camino
regresa vacilante,
cansada
vencida
sola frente al espejo mírame a los ojos
sin la excusa piadosa de buscar palabras
aférrate al borde vacío de mis pupilas
sálvame del abismo
no me dejes caer

 

Sin retorno

Viajé con alas prestadas
atadas con restos de sombras y de luz
sobre el cielo apagado
la razón apagada
con un soplo de aliento seco
que exhalé de mi garganta seca
sedienta, sellada
viajé sin rumbo certero
arrastrando el peso del amanecer para robarle el alba
hoy no habrá un nuevo día me dije
una luna menguada señaló las trochas entre sombras
y no había túnel
y no había luz
en algún recodo dejé mi cuerpo inerte
un traje de polvo que regresó al polvo
sin nada qué lamentar
sólo jirones del pasado
hecho piel, hecho huesos
nadie pondrá piedras sobre mis restos
ni una cruz de palo ni una estrella
pero el sol hará fiesta con el viento y las aves
hasta volverme nada
la nada a la que regreso

 

Pájaro nocturno

Vuela pájaro nocturno
sal a cazar mis alucinaciones
antes de que el sol las desvanezca
agudiza tu vista planeando sobre la maleza
roza las copas de los árboles
la tierra
hasta dar con los fantasmas
espejismos y sombras
capta detalles que se escapan
a nuestro andar humano
andar terrestre
tan limitado de sentidos
tan limitado de planos y de vientos
que no se pierdan las visiones
del final prometido
un final deseado y esperado que no llega
vuela pájaro nocturno sobre mis pesadillas
atrápalas entre tus garras
con tus negras alas extendidas
calma tu hambre infinita con insectos y miedos
y regresa a contarme lo que hallaste en la noche
acomódate junto a mi insomnio
antes de que amanezca

 

El silencio más cercano

Correré hasta el silencio más cercano
el que atrapa y sujeta las palabras
que sólo el viento altere mis sentidos
abrazándome como un amante ansioso
y ustedes
rostros que hacen silencio
miradas opacas y vacías
rasgos de piedra muda
manos entrelazadas
ustedes que caminan como espectros
fingiendo inútilmente que no miran
busquen el camino hacia la noche
ocúltense bajo las sombras
lejos de las voces altaneras
si es que desean que nos encontremos
si es que aún sueñan mis ojos, mi garganta
que la lluvia amortigüe los susurros
mientras corro al último silencio
para habitarlo y recobrar la calma

Vilma García Monasterio
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