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Tres poemas infantiles de Nidia Rivera González

lunes 14 de noviembre de 2022
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Niño mío

Esta tierra cuidará de ti.
Esta patria de jazmines y azucenas
guardará tus noches de niño.
Quitará tus miedos
…tus miedos de colibrí.
La luna besará tu almohada
y las luciérnagas velarán tu sueño.
Los abuelos te leerán un cuento
con chocolate y albahaca.
Los adultos labrarán la tierra
y te pasearán por el valle
del grillo y el manatí.
Los jóvenes te harán reír
con su traje de payaso,
con su fuerza de jabalí.
Te harán subir praderas,
volarán a las estrellas
o a los nogales floridos,
llorarás, pero de alegría.
Porque en esta tierra mía
y tuya también,
no puede haber niños tristes
sin sombrero de aventuras
sin espada de madera
los niños de esta patria
deben tener el alma grande
como un mamey maduro
con traje rojo puro
y sonrisa de aventura.

 

Velerito

Eres la vela blanca
que me llevas
donde tú vas.
Eres mi velero blanco plateado
jugando en las olas,
de la mar, de la mar
y con este viento
de aquí y de allá,
voy donde tú quieras
mi velerito sagaz.
Velerito, ¿a dónde me has de llevar?
¡Ay, mi marinerito!
Llévame a una playa
de escarcha y luna blanca,
llévame al final de
este mar azul y
así contemplar
tu cara de niño bueno…
sólo muy bueno.
¡Que aprendí a querer
hace muchos siglos!
Mi velerito, vamos a
esa playa que diviso
y te contaré historias
de la danta y el jaguar
hasta que duermas, mi niño,
y soñemos más y más,
hasta que la luna se asome
entre las olas y el mar.

 

Naturaleza peregrina

La noche está tranquila
se han ido los bichos y los miedos
respiro el aroma de tierra y lluvia
y eso me da sosiego en mi mundo
de niño.
Ya no escucho los gritos
ni veo las sombras… todo está
con mucha paz.
Hay gran cantidad de agua
que nos trae sapitos, flores,
avecillas y trinos.
En verdad es un bello día,
con excesiva lluvia… pero igual bello
El tren ha despertado mi
sueño profundo y mi madre me ofrece
un rico pan casero.
El olor de la madera me lleva
hacia el aserradero de la hacienda,
donde está mi padre, el afilador.
Camino cerca de las tucas y el aserrín fresco,
tomo rumbo al riachuelo y ahí
la soledad me deja pensar en todo
lo que a un niño lo distrae: el viento, el río
el tren, los fogotos, tenía tiempo para pensar
y descansar en esa soledad que me gustaba…
Cuando mis hermanos no molestaban con su barullo
de Nina aquí y allá. Era linda esa soledad acompañada
de esta naturaleza peregrina… Que iba y venía.

Nidia Rivera González
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