Hacia donde el sol se pone
He perdido.
A pesar del esfuerzo.
Quizá la última batalla,
probablemente, la guerra.
Contra la cordura, contra el gozo,
contra el amor también.
Perdí.
Herida y acabada, en medio del lodo,
de cara al suelo, lloro.
Me declaro vencida
delante de ti y me retiro
hacia la soledad
de grises confortables.
Ya nunca más placer ni duelo
en mi nervio candente.
Fueron escudos y lanzas suficientes.
...No obstante,
soy espacio. La derrota
me convertirá en libre.
Y cuando llegue la tarde
recurrente, perdurable,
yo volaré hacia el mar,
al sudoeste, a donde el Sol se pone,
buscando el último rayo,
persiguiendo sirenas.
Desde este hogar de cenizas
Alguien me dijo “te amo”
y ni recuerdo quién.
Hace ya tanto tiempo...
O quizás no. La vida
se mezcla entre silencios
ya sin marco, ni márgenes,
toda ella bruma y polvo.
Alguien me dijo “te deseo” y era verdad,
posiblemente.
La tierra, enloquecida, giró bajo mis pies,
se embriagaba el aire con tan sólo acercarme.
Y eran copos las palabras, cuando
alguien me decía “te quiero”. Y, sin embargo,
yo lo creía.
Y él tuvo la sombra de mi árbol en verano,
la madera en invierno
de las ramas más secas, fundiéndose en las llamas,
para darle calor.
Ahora
cuando, desde el hoyo tan gélido
de este hogar de cenizas de mi pecho,
digo “te amo”, no me escucha ya nadie.
Si grito “te quiero”, ningún eco me responde jamás,
todo me rehúye
y la tarde se retira en otra compañía
sin remordimiento.
El Sol ya no desea mi opaca piel azul
y se eclipsa en silencio
indiferente.
Volverá el sol
Es de noche. Todo reanuda
el reposo, la víspera quizás
se convierte en silencio.
Y no es larga la noche...
Volverá el Sol,
intenso.
Volverá aquella luz
a desvelar mil formas
que la noche ha tragado,
volverán los sonidos,
la ciudad a reír.
Y todo será de nuevo,
acogedor, ruidoso,
acelerado, terrible
y empezará a moverse
como sorprendido,
extraño.
El reloj tomará
su lugar como ayer,
más gastado, más frágil,
momentáneo y fugaz.
Pero el Astro, inconsciente,
dibujará allá arriba
su arco de victoria.
Hasta que vuelva la vida
a sumergirse en pausa,
cada vez más constante,
cada vez más segura,
con una inmensa, inmensa,
invisible,
enorme luna nueva.
De espaldas
Va pasando el mundo.
Y yo, de espaldas,
veo circular la vida tan rápido,
que la retina,
incapaz de atraparla,
se adentra en el silencio
de las luces sin forma.
Colores y más colores
se mezclan a lo loco
y todo es blanco, es día,
deprisa, tan tan deprisa...
Y yo de espaldas siempre
detrás de los cristales
viendo el mundo pasar.
Sin tregua,
cada vez más más rápido,
cada vez más más cerca...
Hasta que todo pare.
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