I
no soy bienaventurado
pero he dado pan
quien lo recibió hoy
no tenía palabras
dónde el dios se hace presente
si los labios
no conocen el sabor de un pez
II
mi padre y yo
nos hemos pedido pan
tantas veces en la vida
dejando entre su silencio y el mío
migajas
no para medir distancias
sino para que sean trigo
III
nos enseñaron
que no se vuelve
a la fuente de la lágrima
que uno huye
de la piel cuando se eriza
IV
tantos templos
en su suelo y en el mío
ambos
devotos de idénticos mandatos
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