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La destrucción del mito, de Fernando Berroa
(selección)

viernes 11 de agosto de 2023
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“La destrucción del mito”, de Fernando Berroa
La destrucción del mito, de Fernando Berroa (Ferilibro, 2016), obtuvo en 2015 el Premio Joven de Poesía de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.

La destrucción del mito
Fernando Berroa
Poesía
Ediciones Ferilibro
Santo Domingo (República Dominicana), 2016
ISBN: 978-9945-588-68-2
66 páginas

Que no se me apague este insomnio

Presiento la muerte:
el viento tiene sabor a hielo.
No sé hasta dónde camina el miocardio.
No sé hasta cuándo pendula el pulmón
que me queda de pie.
Mi vida es una orgía con las palabras,
allí habitan dispuestas a la pasión.
El holocausto del silencio es su espejo de llamas:
esculpo luces y sombras con las manos del ojo.
Soy el naufragio del tiempo
buscando cantos de sirena,
iluminaciones del eco interior,
el posible atraco en las playas del arte.
Yo no necesito promesas de paraíso
cuando puedo inventar mundos en el parágrafo.
Que no se me apague este insomnio
ni con la locura.
Mientras menos duermo
soy más inmortal.

 

Ya no soy el mismo

Ya no soy el mismo que comenzó este poema.
En la danza de los astros vive el tiempo;
soy otro con cada sol,
soy un girasol consciente de la muerte.
No soy la misma mirada,
no soy el mismo dolor,
no soy la misma voz.
El de ayer es la historia que podemos recordar,
y recordar es la historia incompleta del pasado.
En cierto modo soy yo mirándome en un espejo inverosímil,
como si no fuera yo, como si fuera otro,
como el temblor de las formas en la humareda.
Cuando me miro al espejo,
el que llega a mis ojos es más joven que yo.
Soy un anciano lleno de tiempo en comparación con esa imagen.
He caminado mucho desde entonces
y mis pies han sido golpeados por las piedras.
Ya no soy el mismo pie de ayer,
ya no son los mismos caminos los que regresan
por el sur de la memoria.
He sufrido demasiadas insolaciones.
Mala, no niegues que te marchas por el mismo sendero
por el que siempre regresas
a este despeñadero de recapitulaciones.
Volví a mirar hacia el pasado y no me dolió tu ausencia,
la que vi ya no eras tú: tu perfil, tu talle, tu vientre.
¿Acaso se deja de aborrecer el rostro
al que ya no se le mira las cosas?
Ayer encontré una foto en blanco y negro,
maltratada por el lastre de los lustros,
y aunque sea posible el tacto del tiempo detenido,
puedo afirmar que no soy yo.
Ya nadie canta mi gloria como a un efebo de Píndaro;
me siento como Mio Cid en el destierro,
como Elías en el extranjero,
como Lucifer abismado, enterrado, soterrado.
Ya no soy el mismo que comenzó este poema.
Han muerto muchos soles desde entonces.
Los amigos que ahora sufren mi vórtice
ya no son los mismos que se desdibujan
en el antes de ayer, recapitulación de memoria;
flores del mal que crecen en el vacío.
Es ley de vida: los iguales se sostienen sobre la nada.
Este poema me parece tan redondo como un vuelo,
pero quizás piense lo contrario pasado mañana,
pasado mañana me parecerá un Titán sin las manos de Crono
y en vano me pasaré la vida buscando su perfección.
Por eso te digo adiós, lector, dejo en tus ojos este Frankenstein,
es la última vez que lo corrijo, no lo vuelvo a leer jamás.
Ya no soy el mismo que terminó este libro.

 

Luna amarilla

La redondez de una luna amarilla
parece que se ha ensuciado con las aguas del Ozama
y se eleva por el este como huyéndole al sol.
La tierra gira y ella sumerge su luz en una nube negra,
inventando un menguante con la orilla de sol para avistar.
Tiempo: la simetría de los astros
bailando el silencio del cosmos.
Ahora una cara me mira desde el cielo:
ojos iluminados, sonrisa de media luna,
lunares de luz en todo el semblante.
Tiempo: continúan bailando los astros.
Desaparece la luna en un rostro impenetrable, morado.
¿Eclipse de nube?
Al parecer la luna se ha caído, todo es sombra,
se desnuda la noche.
Reina el gris. Alguna que otra estrella aparece
muy al fondo de la acuarela negra.
En el instante que los ojos no cuentan con su luz
uno siente que el universo se detuvo.

 

Fibonacci

Mi vida es una desgracia ascendiendo en Fibonacci,
sucesión de avatares hacia la muerte,
las cenizas de un recuerdo del cual quisiera decir que ya no es tarde,
dolor por el golpe en plena tibia para el pie de la esperanza,
clima de tristeza que se aferra a las luces estroboscópicas del pasado.
Quisiera decir todo lo contrario,
quisiera decir que la vida
es el intervalo entre la felicidad y el amor, pero no.
El otro lado de la suerte me abraza con pasión.
El día en que todo iba peor
me enteré de que Adán intentó el aborto de Caín.
¿Cómo creer en quien propuso la guadaña
para el origen del barro?
Es inevitable la mirada en recelo,
su dicotomía de perdón donde se afincan las raíces.
La vida de todos es corriente alterna,
la mía es el reptil de esas fluctuaciones.
Concatenación de aludes para la ascensión de Sísifo.
Soy Prometeo, Atlas, Orfeo y Tántalo a la vez;
los sonidos nasales de los tiempos peores.
Mi azar es contabilidad de circunstancias adversas.
De ser Lázaro me suicidaría.
¿Quién quiere una vida en el despeñadero?
La muerte es una salida hacia no se sabe dónde.
No entiendo cómo puedo entrar y salir del espejo
sin convertirme en autófago.
Si por lo menos me fulminara un rayo, un haz de nada.
Tal vez al morir nos espera algo peor que el infierno de Dante,
mientras la tierra continúa su fuga de simetrías en redondo.
Por eso la incertidumbre: ¿la sombra también muere?
Mi vida es una desgracia en sucesión Fibonacci,
ascensión de avatares hacia lo peor.

 

Lolita 31

Nuestras miradas se entendieron más que sus raíces
y sin darnos cuenta nos encontramos en la capitulación del rito.
¿Dónde fue a dar la inocencia, el pudor, el sí de las niñas
como un puño, la estirpe de Penélope?
Las acciones del silencio siempre son una sorpresa,
uno nunca imagina proezas desde las tímidas miradas,
como si algo tiene que ver la elocuencia con el sigilo de los labios;
aquellos que fueron más hermosos tras el primer beso,
semiabiertos en ese gesto a la espera del placer,
en actitud de vuelo hacia el desenfreno.
El unicornio tiene sed de azul y abre las alas.
Al descender sobre su cuello un extraño canto de sirena.
El rosicler crispado de sus pezones
en senitos de trece esferas, anunciaron el tiempo
donde nada puede ser mejor.
Sus caderas persiguen la música
y no hay ángel que resista volver a caminar de lengua
por los círculos del barro.
Las rodillas rendidas ante la seducción del instinto.
La entrada al paraíso es la planicie de su vientre:
maravilla, perdición, despeñadero.
Ofuscación de la mirada embriagándose de ángulos.
Con los roces del tacto todo quiere fluir.
Perfección hialoidea de mis sueños rotos,
palpar la transparencia de un quizás, un imposible
ante las posibilidades del tiempo.
Su ombligo es el resquicio por el que Dios oculta
la acción de mi deseo y su maldad.
Movimientos telúricos en la habitación, idolatría del tacto.
El Poseidón de la pasión no pudo calmar el maremoto del deseo.
Luego tuvo que partir, salir del paréntesis.
Los escuetos parlamentos ni siquiera tocaron la despedida.
Las esferas de la fascinación se vistieron
con parte del caos en la media luz.
La respiración toca el suceso, lo recrea en la memoria.
Los ojos siempre quieren repetir los momentos de colores
en las formas bajo el sol.
Se quedan fijos, inmóviles,
mientras la lencería se ciñe a la delgadez.
Acarician su talle como si fuera una escultura de Rodin.
Pienso en que mi Rubirosa, mi Casanova, mi Don Juan,
en nada tienen que ver con los otoños y sonrío.
Yo sólo quería un beso, pero ella quería un poco más.

 

Conciencia

Uno empieza a tomarse la vida en serio
el día en que presiente la muerte
y el resto del futuro es un despeñadero hacia el ocaso,
y queda muy poco tiempo para escapar,
y queda muy poco tiempo para ser un héroe.
Hoy es el día del fin del mundo
o la víspera pisando sus talones.
El que tenga ojos para ver que vea,
el que tenga oídos para oír que escuche:
el Apocalipsis es particular, la muerte
no tiene planes de hermandad; trabaja sin tiempo.
He recibido tantos golpes
que me siento como Caín en el alba del homicidio;
doblego los cuchillos con la mirada;
levito en el centro del odio;
soy rabia de mar, su furia de espumas.
¿De qué sirve todo si al final termina en nada?
Los ojos del sueño se llenaron de paisaje,
los ojos del sueño se llenaron de horizonte;
las alas del soñador no pudieron volar tanto,
las alas del soñador no pudieron resistir las insolaciones;
la estrategia de Ícaro se repite en mi dolor.
La hora fatal no perdona, no conoce nuestro miedo,
no nos dice lo siento, ya es tarde.
Uno empieza a tomarse la vida en serio
el día en que tiene conciencia de la muerte
y queda muy poco tiempo para reivindicarse.

 

Palabras para otro Lázaro

Levántate y vuela, Lázaro,
no hay nada mejor a ser un pájaro en fuga,
poder desgastarse detrás de los sueños,
buscar la perfección de la perfección
cuando sabes que puedes ir más allá de la idea.
Levántate y anda, Lázaro, haz algo con tu vida.
Mira que nadie vuelve de los gusanos
al menos que sea el hijo de algún dios
y su boca sople existencia sobre el barro.
Levántate y corre a contrarreloj, Lázaro, escribe un libro,
cásate, ten siete hijos, un perro, una casa.
Sé feliz como un niño, juega al béisbol,
enamórate del olor del vino,
engaña a tu mujer con una jovencita.
Lázaro, no temas, te volverás a equivocar.
Aprovecha que nadie vuelve de las cenizas,
haz algo con este tiempo sin muerte. Todavía.

 

4:13 am

Bienaventurados los insomnes
porque de ellos será el reino de los sueños.
Pero pobre de aquel que no piensa con palabras.
Es tan triste no poder hablar con Ego,
filosofar hasta llegar al tuétano del cuanto,
sufrir estoicamente la edadsol,
planear el homicidio de algún prójimo.
Es tan triste estar solo en este laberinto
con una luna tan larga.
Abandonado en imágenes de apocalipsis
sin poder…………………………hilar el grito.

Fernando Berroa
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