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Cinco poemas de Alejandro Medina Ycochea

lunes 13 de noviembre de 2023
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Entrecôte

Las berenjenas depositadas sobre el plato; el pisco para asentar la comida bullendo en el vaso, destellando dorados diurnos por toda la cocina; tu calzón por el piso: como una avecilla roja acurrucada sobre la mayólica; y esta humanidad tuya (tan rotunda, tan digestible), depositada, cual buffet, sobre la mesa. Un buen lomo de carne. Aromas a sal y pimienta. Para crear atmósfera, enciendo el equipo, y son los sonidos clásicos y perfectos los que aletean sobre nosotros. Oh, Franz Liszt, su Liebestraum Nº 3.

Y ya está todo en su punto. A saborear ostras y malvas, una cuchara de leche, el perejil, un hervor en los cereales y huevo arrebozado. Unas lamiscadas maleducadas recorren tus muslos temblorosos; la ablución de boca la dejaré para después. Por lo pronto, mi boca alcanzará todas esas carnes que se agitan mientras grita impúdicamente la felicidad.

 

Poema 10

Oh los alaridos salvajes
Otea ese lugar izquierdo donde los demás sienten
en mí es una cueva oscura donde mora una bestia
donde inerme tú te atreves a ingresar
con apenas una antorcha encendida
y escudada con tu corazón

 

Poema 17

Una gota de llanto cayó del cielo en Pinto
mi lengua atada a las hélices del viento
al sinuoso vaivén de la distancia
cuántas veces cuántas nos asomamos
al mismo ocaso y a exhalar tristes brisas remotas
todo parece tan inútil como el mismo vivir
todo parece como un deseo indeseable de pérdida
tú por allá / yo por aquí
allá donde no se encuentran los mañanas
aquí donde se traicionan los ayeres
yo por aquí / tú por allá
aquí donde escribo al amor que desfallece
allá donde llueve en Pinto

Lo cierto es que mi rostro en Lima
sufre húmedas profusiones tristes.

 

Sólo porque sí

Hay días, como hoy,
que tengo tristeza sólo porque sí.

Que las aves enmudecen y se corolan los labios en flores negras,
que cruje el alma ausente de soles dorados y herida por el muérdago,
días de tristeza inefable y de guijarros lanzados al camino,
días donde se enlutan los ojos encarcelados en ausente estío,
donde la resaca espumosa agoniza en desesperanza,
donde hiere el frío de la calle de un invierno cruelmente frío,
donde no sacias el hambre de Cristo con tu huesudo cuerpo,
días donde los relojes no restañan lo vivido
y está el cronológico y embobado tarareo
de minutos que se van
y se siente el feble
eclosionar del tiempo…
guardándome para el silencio.
Y la estúpida pena
descendiendo sobre los caracoles y los cautivos
y la lágrima que anega de escombros el festín funesto
y el dolor afiebrado que consume como brasa ardiente
y luego todo es silencioso
………..frío
……………..de muerte…

Y aunque no hay razones para este desconsuelo:

hay días como hoy…
que me pongo triste sólo porque sí.

 

Mi piel

sigue siendo mapa
astrolabio
un velamen desplegado
sendero
de lado a lado
angosta abertura
hemorragia
que te baña los ojos
un profundo mar
de iridiscentes notas
un leño
un bosque
dos piedras
un espanto en la noche
un alarido
zoológico

Alejandro Medina Ycochea
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