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Cinco poemas de Oswaldo Guerra Sánchez

viernes 9 de febrero de 2024
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Flor de mundo negra

No hay apenas casas hacia abajo, no vecinos
en la escurridera del barranquillo oscuro.
Su tejido de laureles y palmas o flores de mundo,
luminosas y muy blancas, emboscan la casa de la señora.

El esposo enloquecido trepa por las hiedras
hasta las azoteas calientes: alongarse,
volar y caerse sobre los mundos
para más dolor de la bisabuela medianera.

Ver afuera para qué, con tan áspera labor diaria.
Basten en la hacienda los plantíos de papas
la caña limón, cebada para el tueste y cafetales.
Ni siquiera un aparato de radio podría recibir señal
(¿disturbios raciales en Detroit ‘42, motín de Harlem ‘43?)
en esta gran zanja abierta a tajo en la isla.

Hasta la noche aquella en que hubo que trancar
puertas y ventanas y sembrar candiles de alarma.
El rostro del visitante era negro como la noche
para quienes sólo vieron y supieron de blancos.

Pánico expectante. Pobres. Pobrecitos.

Não me maten, não me maten!
Runcum-cúme, runcum-cúme,
Runcum-cúme até no cúme…
Dou-te tudo quanto quiseres.

No sé por qué tiene usted el rostro renegrido
pero la caridad no se le niega a nadie.

En Barranco de la Virgen, hacia 1943.

 

A bordo del Andrea C, 1957

Al cruzar el ecuador nadie duerme. Algo se percibe durante el paso (dicen) y las gentes, embrujadas, responden en las cubiertas con cantijas y voladores.

Pero las palmeras del cielo (de esto no me hablaste) no ahuyentan el espanto. Amasijo en el buche, no tanto por el obstinado vaivén del bravío mar cruzado, como por la borrosa neblina de tu mente, huida del hambre, la desidia, la orfandad.

Tu hermano escribe por fin: “Queridos papá y todos, del viaje prefiero no hablar. Todavía no puedo trabajar por no tener la documentación arreglada, pero hay trabajo de sobra. La gente es buena y amable”.

Buque y derrota, Gran Canaria, Tenerife, Río, Santos, Montevideo, Buenos Aires.

 

18.000 t 26 kn

Mira esta postal.
Es el buque Cabo San Vicente
18.000 toneladas, 26 nudos
¿Lo recuerdas?

En el invierno tropical
te llevó a las entrañas de América
al reencuentro de tu apuesto emigrado
y a palpar lo nunca visto
decías
las lluvias como ríos furiosos
los mosquitos pernilongos
los macumbeiros y japoneses
de la colonia
decías…

Por mucho tiempo creí
haber estado allá
haber salido a Eldorado
con el machete de papaíto
en otra lengua
abriéndome paso
paso
paso.

Toca la postal
agárrala.

¿Recuerdas
recuerdas?

 

Entre el Sertão y la Amazônia

¿Será esta la vida que no viví
mecida entre dos jacarandás
en la hamaca de trapera?

Recuerdo las chicas núbiles vestidas
tan sólo con platos labiales y escaras
el chapoteo das crianças en la sonrisa del agua
as suas brincadeiras en una nación líquida
su cabelho azul reflejado en agua.

Una quietud bajo la tormenta interminable
en este verde mundo vertical.
Vai embora
vai embora!
al encuentro de las palabras de entonces
y los sonidos del universo de Guimarães Rosa
el machete do cangaceiro
os meninos-do-arco
desde el Sertón hasta el Amazonas.

Si era sueño
¿por qué tan real era esa vida?

Todavía no sé
Ainda não sei
se isso foi minha vida
o la que
meu pai
eu vivi através dos seus olhos.

 

Las piezas de la memoria materna
(El regreso del emigrado)

En la calle Suipacha, Bs. As.
abandonó tu hermano
otra pieza de tu memoria
el país isleño que naufragó
en la hermosa urbe plateada
desafiante
en hogares alzados.

La vuelta a casa fue un último intento
de encajar todas las piezas
reconciliar los trozos desperdigados
por el tablero.

Pero la imagen ahora juntada
no devuelve la vida de aquel lienzo
su íntima existencia
sino el gran flujo de las corrientes
fijas
eternas y crueles
que surcan el Atlántico.

Oswaldo Guerra Sánchez
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