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Seis poemas de Rocío Prieto Valdivia

miércoles 21 de febrero de 2024
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La miel puede contener cafeína

para soñar después que subo al cielo en tu pasaporte de los martes:
La unificación de todas las heridas: La vida sombra de luna ciega. Nada se sabe de las palabras. Son conjuros para los besos que nunca nos han pertenecido.
Y es que me gusta saber del mundo: como me gusta el sabor de la miel o el sonido opaco de tus palabras abriendo las heridas sobre tu ausencia.
Se cae el cielo de carajos donde muero
por no tener la dicha de embriagarnos como cada martes prendados del café en las amígdalas.

 

Sepia

Las imágenes que salen del álbum nos cuentan su historia:
días lluviosos
aquellas risas en blanco y negro los primeros pasos del amor y el afán rencoroso de salir de casa hacia la libertad.
Cada fotografía es un ritmo adherido a los huesos el abordaje al pasado:
Esa familia junto al árbol que hoy permanece desierto, desdibujado por la acumulación de nuestros silencios tan innecesarios.
Cada foto es un paraíso a destiempo
negado a la memoria de nuestra rabiosa cegadura incendiada en los reclamos.

 

Sistema lunar

Es de noche y tajada de melancolía se traslada de un lado a otro en esta habitación.
¿Cuántas veces hemos de pintar la felicidad?
¡No hay esquemas para ser víctimas!
A los muertos se les cierra la boca con hilos de linaza.
¡Tus grietas son la sincronía de un pasado que lacera! Torpes pasos hacen eco en mi memoria.
Hay silencios que no acaban nunca.
He creado un nuevo sistema solar donde todas las heridas han cerrado.
Y nosotras todas somos el sol que cegó tu visionaria espera.

Imágenes en sepia eran tus palabras fugaces de colores al volver los ojos por la ventana.
He de caminar más aprisa hasta que el sepia sea mi aliado para tu desdicha en el cada observar mi sonrisa guardada en tu cartera.

 

Soy Jericó

Nuestra canción favorita ahora es cántico de guerra.
No intentes ser soldado que danza alrededor de mis murallas.
No soy Jericó.
Y no permitiré que el ulular de tu locura debilite
mi decisión. Fuimos murallas en las que no pudo descansar aquel perro sangriento del amor incólume que corretea alrededor mordiendo los talones de la espera.

 

La razón de ser uno

Él me dijo que quería un beso
A. Echeverría

Lúmina
hemos de cerrar los ojos al viajar por las constelaciones que forman tus lunares.

Y pernoctar
en la selva, quedar con el embrujo de la hoja de vainilla desprendiendo su aroma.

Y la fina hierba tendrá razón para ser apenas un solo organismo perdiéndose en el jardín de nuestra luminosidad.

Rocío Prieto Valdivia
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