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Cinco poemas de Javier Hidalgo

viernes 26 de abril de 2024
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Samsara

He visto el rastro de tu sombra
en las raíces de un bonsái;
te he visto acariciar al renacido
y he escuchado tus pasos en los estertores del moribundo;
has purificado la concepción del hombre
has dilatado los pecados del hombre…

La bóveda celeste te obedece;
estrellas renacen bajo tu manto.
Espadas ancestrales, enhiestas
sobre las arcanas agujas del tiempo
claman tu nombre, claman tu historia,
claman tu sangre.

Tu camino es la verdad,
tus palabras, la vida;
quien te sigue conoce el origen
quien te escucha no sucumbe ante la muerte.

Fluimos y cambiamos
como las gotas del río de Heráclito;
nacemos en el fin,
perecemos en el principio.

He visto el rastro de tu sombra…
Samsara.

 

Gran Demiurgo

Muecas en el vacío
transitan ante mis ojos
mariposas sardónicas
revolotean bajo mi piel.

Muecas de muerte
ráfagas de silencio
tienden a transmutar mi espíritu
como sombras transfiriéndose a la luz,

aquí el tiempo huye
y no admite desfile de emociones
verdugo universal
irreverente como un cadáver;
devorador de estrellas y espacio,
aquí lo eres todo
Gran Demiurgo.

 

Recóndito

Frente a ti,
no soy más que una mota de polvo
pululando en el desierto
envuelta, como un vago en busca de esperanza,
por la fétida piel de la penuria.

Aniquílame antes de que el amor me alcance;
arrástrame hacia los confines del horizonte,
y ante su escrutadora mirada
cierra la palma de tu mano;
sólo así conoceré la eternidad.

 

Clamor

En la vastedad del silencio
estalla el grito de un hombre;
cruces, pétalos, robles, sectas…
¡socórranlo!

Se ha librado del yugo
de su propia alma
clama piedad, mientras la mutila
su carne se pudre;
se regocija en la abstracción;
las sombras lo corroen,
el abismo lo engulle.

Las estrellas,
fieles como el mal
lo han olvidado
nubes, raíces, gusanos, profetas y textos
¡han prescindido de él!

La sangre de ese cuerpo une todos los caminos;
su sufrimiento se derrama sobre el resto de hombres
inocuos, fieles, nobles, corruptos y homicidas
¡todos tienen cabida en su sufrimiento!

 

Desahucio

¿Por qué me abandonas,
diosa de las tinieblas,
musa de los desahuciados?

El nocivo predominio
de tu indiferencia
atrae a mi espíritu
hacia las sedosas brasas
del silencio.

No evadas mi sufrimiento
arrastrándote por la tierra,
humillada, como una serpiente
devoradora de pecados;
asume tu corrupción,
mensajera del infierno;
recorre a paso firme
los escombros de mi desgracia;
tu desgracia;
nuestra desgracia…

Javier Hidalgo
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