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Cinco poemas de Carmen Berlanga Castaño

viernes 3 de mayo de 2024
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Aceite de caléndula

Suaves labios de caléndula
sanan el rostro en un pasado herido
De ellos nacen maltrechos besos
que no conocen la necesidad de ser salvados

Acudiré,
aun con las cornetas mudas y las tripas colgando
a la llamada no pronunciada
del eco que arrastran unos labios
hendidos por la pena

Escalarás las terrazas
hasta el olivo que crece en mi garganta
y beberás del aceite que de mis entrañas mana

Yaceré expuesta,
abierta en canal,
con la esperanza de alimentar a la tierra
que un día me dio cobijo,
bajo un sol que descansa sobre la barbilla
de un horizonte que clama sangre

Y tú, preso por un afán de primavera,
me coserás a besos,
sanando esos heridos labios tuyos

 

Un yo más sincero

Lo confieso,
jamás quise ver más allá del horizonte
como el rojo cielo saluda a la noche.
Yo me mantengo en el oscuro ahora.

Si nunca mis ojos han previsto el alba,
no me culpéis,
si no me despierto a buscar un mañana.

 

Últimas palabras

Sacad vuestras palas,
polvorientas y olvidadas
dentro de la leyenda
de su propia existencia

Hoy toca clavar balizas
y sentarnos a mirar
el ocaso de los dioses
Bukowski, hoy brindaremos por ti

Arderán en la hoguera
vuestros versos estirados
“Clac”
Los huesos rotos de las musas
alimentan a los perros del Averno

La métrica y la forma,
desgastadas,
dadas de sí,
enterradas bajo el fango

Hoy perecen nuestros ancestros
ante la falta de futuro
Hoy bailarán las masas
y el tiempo se detendrá
para aquellos que viven con él,
que viven de él
Que lo arrastran,
lo acompañan
Para aquellos que lo desentierran de la mediocridad
y lo ensalzan como un trofeo

Señoras y señores,
hoy la poesía ha muerto
y estas son sus últimas palabras

 

Amapola

De migajas de pan arrojadas al suelo
me alimento
A cada amanecer,
con las manecillas clavadas en el suelo,
angustiadas por la presencia de un nuevo día,
dedico con mis labios un quejido al suelo
y bebo del rocío que descansa
sobre la fría sangre

Flores rojas de veneno
me alimentan
y la escuálida hierba,
verde de envidia,
saca pecho
imitando a las majestuosas flores
que la primavera ha despertado

Ingrata flor, yo te ruego,
dame cobijo junto a ese escamoso tallo
Hazme cosquillas con el viento
Viviré de lo que el cielo desee darme
Pero a ti te ruego, amapola,
dame amor y consuelo
y cúbreme con tu sombra
para tapar un amanecer,
un pueblo,
un océano,
un mundo,
un hombre,
del que sólo obtengo palabras

 

A pesar de todo

Como la pluma que vuela
a pesar de haberse desprendido del ala,
seguimos respirando,
a pesar de haber dicho adiós.

Carmen Berlanga Castaño
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