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Cuatro poemas de Ricardo Rojas Ayrala

viernes 12 de julio de 2024
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Canta un cisne de Valdivia

“Y esa cabeza que se dobla para escuchar
un murmullo en la Eternidad...”.

Vicente Huidobro

Soy el último.
¿Qué otro privilegio
es más tonto
que este?

Todos los míos han muerto
de hambre,
o no sé qué,
en el frío espejo
de este río contaminado.

No puedo sostener
mi cabeza
fuera del agua.

Sólo la aurora
nos extrañará
de algún modo.

(de Argumentos para disuadir a una jauría y otros usos civiles; Descierto, Argentina, 2013)

 

Oratorio de la santa rabia que se va y vuelve y se va

“En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía”.
San Juan de la Cruz

Viandante nulo, desacalambrate, ¡tontito crepuscular!
y al rajarte de sopetón en algún amoroso y trémulo
horizonte: imperdonable oveja grisácea en la bruma.
Gozá ahora, mañana será tarde siempre.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

Hórrido, desenchufá la motosierra y estertoreá mirando
a los vencejos para jurar el bien, la cosa, perjurar en la dicha
y jurar el mal, la tragedia popular, jurar los simples engaños,
al entrar en las cataratas, en el borbotón, en el puro miedo,
en la delación, en el amor más loco, la pausa y en el olvido.
Puta vos y puto yo. Desenchufá la aurora. Putos todos.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

Las pasamanerías del infortunio cien por ciento argentas
destensá, sin su broderí de ausencias, prepotencias y penurias,
de carnes, de fiebres, de tener todo todo todo que perder,
de la sed y de tener nada más que perder. Como en Lhasa
amigos son tus hambres, tus dioses, tu pérdidas y tus demonios.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

A los bonachones pulidores de prismas frecuentá,
en tal desastre, pues el enamoramiento inconveniente
mide todas las cosas tan esmeradas, soñadoras, falsas,
ridículas, siempre tarde, trascendentes y aún más,
que se atisban apenas mirando en lo hondo del abismo,
debajo, para los costados, en este flanco y para arriba.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

Bien, en otras ramas aciagas, el jilguerito perspicaz
silba un haikú para las últimas, aquellas y para las primeras,
mientras tenemos urgente sexo —tan prohibido— con todas,
y con nadie, y no nos queda paciencia general alguna
ni otro berenjenal, ni ninguna huida mejor por los siete reinos
para defendernos después de la parsimonia, del dolor,
de la lluvia, de la clausura de todos nuestros derechos,
de los remordimientos y del rosario gordo de tantas injusticias.
¿No lo ves? Oportuna es la vida, en la calle, en la protesta.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

Después, hospicianos en nuestras meras plegarias,
en la eterna mutación de la materia, los besos y las almas
por cada uno de estos abusos de poder, de los gases, las balas
y los atropellos de cada día: la luz, la manteca, el gas, el bondi
con místicos broncoespasmos para algún perdón
—tan arbitrario como impensado— que jamás sucede.
Reír, mirar las nueve nubes pasar y amar ¿qué más hay?
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

Ocasional, orilleá el porvenir como si tal cosa,
lo neoliberal es la muerte, la sombra, la miseria,
más allá de cada lobo que tensa su fanatismo
al esconder sus deseos más inconfesables con tontadas
poné el plexo solar enhiesto cortando el rocío y esperá.
En los orgasmos, he ahí la bienaventuranza.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

***

Desenfardá en este mismo momento tremendo
un infinito celeste y azul y rojo y verde que nos contenga.
La persona que ama, ya deducís, es inmortal
mientras ama. Salile a la tragedia, en lo espontáneo,
a lo que vendrá. Salile de una vez, dale.
...........Ah, divina señora de la santa rabia que se va
y vuelve, y se va y vuelve.

(de la antología Toda poesía es hostil al anarcocapitalismo; compilación de Julián Axat; Editorial Askasis, Chile, 2024; Editorial Pixel, Argentina, 2024).

 

Peñón

Igual que nuestros oscuros gobernantes
eres cruel con los demás,
Sísifo,
como la peor de las fieras.
Pero también eres inteligente y habilidoso,
como el que más,
también es justo decirlo,
Sísifo.
Pero ni atisbas el significado
de la palabra escrúpulo.
¡Sísifo,
aléjate de las colinas
y de los peñascos!

(de La lengua de Calibán; Fondo de Cultura Económica, México, 2005).

 

Último argumento de cualquier Eurípides
para disuadir a una jauría

“Padre del manso alivio, acude leve”.
Antón Arrufat

Si acaso supieran, ustedes,
nobles asesinos,
que siempre luché a favor de la razón,
la belleza y la piedad.

Si apenas pudieran vislumbrar el sentido
de la palabra justicia.
Quizá.

¿Qué gobierna vuestro juicio?
¿La venganza? ¿La ira?
¿Una cantidad exacta de monedas fenicias?
¿Alguna violenta sinrazón?
¿El hambre, apenas?

Si no tuvieran tanta sed de sangre,
en este caso,
la de un pobre y resignado literato...
Como a cualquier insensible asesino de Nubia
esos ardores les ciegan el entendimiento,
si es que a él tienen acceso, ustedes,
de algún modo.

Pero yo no les niego mi carne
por cobardía... No.
No puedan malinterpretarme.
¿Quién, cinco segundos antes de morir,
no aguarda al deus ex machina,
que lo salve de atravesar estos abismos?

Sólo necesito algo de tiempo,
un poco de tiempo. Sin duda.
Unos instantes más,
al menos, ahora.
¿Quién no los necesita?
No es clemencia
lo que solicito a vuestra avidez,
nobles asesinos.

Horrores más grandes que estos
me esperan, intuyo,
en la quietud de la eternidad.
porque únicamente los justos,
ya muertos,
son los que duermen felices
estos olvidos.

Dulces dentelladas.
Temibles tarascones.
Oh, sangre mía.
Oh, bárbaros.

(de Argumentos para disuadir a una jauría y otros usos civiles; Descierto, Argentina, 2013).

Ricardo Rojas Ayrala
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