Viajante
He visto la carretera transformarse muchas veces:
desde la ventana veo relieves monótona planicie de sembradíos;
larguísimas filas se extienden al horizonte.
Desafío ir más y más allá: alcanzar la lejanía que surge diferente.
Las colinas aparecen ondulantes, ni siquiera me avisan
la Sierra Madre me abraza, tal como dice su nombre;
montañas cada vez más altas, intocadas por el hombre.
Hipnotizada por esas pulsaciones que llenan la vista.
a lo lejos el reflejo del agua de la presa,
los árboles de naranja comienzan su cosecha
puntos amarillos, listos entre tanto verde
rememoro su dulzor combinado con la acidez perfecta.
Si el camino continúa lejos de esta zona, pasando el río
la sierra es aún magistral, alturas intimidantes se ciernen
como seres de una edad y existencia que no concibo
cuándo acaba, el clima seco convierte todo en matorrales.
Depende de donde vayas, del camino que sigas.
Por el este, poco a poco llegarás a las costas celestiales
donde el azul parece sábana de medidas abismales.
Al oeste, casas de ladrillos y jacarandas lilas
clima templado, campos azul grisáceo: los agaves
acercándose a la Riviera. Al otro lado del territorio
otro océano, en roca de volcanes medio dormidos, suelo fértil
árboles de todo fruto, mar de atardeceres premonitorios.
De extremo a extremo recorrer este pedazo continental
viajante terrenal, persigue la nube situada en el cénit,
a donde te lleve, despierta una mariposa boreal.
Maga aprendiz
Mago Azul, te lo ruego:
préstame tu hechizo, ya no puedo.
Horas diurnas insoportables, me atemoriza este juego
si pudiera abrir los cofres prístinos del tesoro dorado
podría encontrarme por fin con un valiente enamorado.
Mago Negro, veo que acechas.
Hacia ti siempre me entrego.
Suéltame, te lo pido. Ya no hagas en mi mente enredos
¿Qué cofre extraño tienes ahí? Despiertas mi curiosidad;
En este ciclo sin fin, me aíslas, presa de ti y tu oscuridad.
Espejo del Dragón, te invoco.
Estoy embrujada, libérame
Sé que eres noble, debo cambiar antes que sea tarde.
Reflector transparente de verdades: ¿Vives en mí, Maga Gris?
No me atrevo a creerlo, caigo. Apenas soy maga aprendiz.
Cantos antiguos en la distancia, ocultos en cuevas secretas
concilian mi Verdad en esos ecos, dilucidan su silueta.
Tocar la magia más gloriosa, la que brilla desde adentro.
Iniciaré este viaje, limpia mi aura llegaré aún más lejos.
Hay veces que me siento noche, otras me siento luz del día;
si busco algo bello, sólo debo mirar hacia arriba.
Pócimas de fresia, sin rumbo ni llegada en esta travesía.
La batalla es interna, los monstruos exigen encontrar salida.
No existe caballero de armadura para este laberinto.
Los monstruos contenidos que poco a poco materializo
determinada, entiendo que YO soy la respuesta; y la llave
ese tono gris en mi magia, el equilibrio tiene que ser la clave.
Gæa
Tomo la tierra con mis manos, se escapa entre mis dedos, se filtra entre mis uñas;
yo también fui manto de raíces, yo también fui polvo que vuela y se acumula.
Delicadeza hojas secas conectadas a la rama;
alguna vez caí ante la manipulación, alguna vez una parte de mí estuvo muerta.
Respiras, respiro.
Seres nobles de la naturaleza: plaga inmerecida.
Estoy frente al árbol más antiguo, mi palma contra su corteza, la mente divaga.
Misterios ocultos en tu materia, códigos ancestrales compartidos,
nunca te traicioné, somos uno, pero existen circunstancias que no domino.
El cielo se deslava, haré que llueva para ti; traeré agua, traeré brisa,
me llevaré el desierto y te buscaré compañía. Delinearé un edén con tiza.
Prometo desvanecer toda contaminación, disiparé impurezas en mi núcleo.
Yo sé que me fui mucho tiempo, flotaba entre las nubes, llevada por el viento,
desconectada de mí misma, inmaterial, incapaz de enfrentar tanto abatimiento.
Pero ya estoy aquí, te lo aseguro.
Creceremos juntos en este oasis cerúleo.
Ángel maldito
Hechicé el interruptor, es mi culpa que este cuarto sea oscuro.
Fluorescencia remanente queda poca, el aire ya no es puro.
Cerca del abismo galáctico que toco hay un ángel mercenario,
se trata de un ángel caído e insolente: el impacto todo le ha roto.
Subliminal guardia, soy derrotada, de las heridas brota mercurio.
Ocultos los dos, desvalidos, sus alas irreparables las corto;
mutilado, llora y lo callo: “Seré eléctrica y tú una aleación de estaño”.
Ahora vive en mi interior, me culpa, desde dentro me hace daño.
Estrellas presas de la gravedad no podrán volver a su órbita,
se lo explico repetidamente, mi ángel ignora toda lógica.
Entrelazados desde el principio, fui testigo de su expulsión.
Le muestro que aquí no es el cielo, pero podemos encontrar redención.
Sirena celestial
Rodeada de joyas, nunca fui primera opción;
no soy de oro, diamante o plata, soy de fantasía.
Parada en la fila, indistinguible entre el montón,
ser invisible, equivocada al pensar que me verían.
De puntitas entre la gente, no veo nada,
rendida sirena, preferí quedar aislada.
Pude buscar escenarios y pancartas,
cohibida en ciudad de luces infinitas.
Alma torturada, negada por mí misma.
Soy Plutón: una celestial que descartas.
Pensando así, mantengo bajo perfil,
y espero ser descubierta una y otra vez, sin fin.
- Poemas de Sunhaila Sánchez - miércoles 4 de septiembre de 2024


