El otro sitio
Leo poemas conocidos
de Orestes González Garayalde.
Suben unas neblinas
unos aires fríos soplan.
Orestes es el nombre
de mi padre.
Pero él ignora su relación
con la literatura griega
yo también ignoro
otras cosas
experimento otras estrategias.
Esta tarde es propicia para leer poemas
el sol se ha nublado
hay calma
hay un sabor a nostalgia en el jardín.
Los lirios me cuentan
hombre de materia celeste
y mirada suicida.
Te imagino vestido
de negro
escuchando un viejo blues
también imagino la ladera
donde te lanzaste.
No eres poeta ni pintor
pero quiso lanzarse
al vacío.
Ahora estoy contigo
en mitad del camino
flotando.
¿Qué piensa alguien que flota hacia la muerte?
Su infancia,
los amores desconocidos,
las miradas que te estimulan,
la familia,
el otro sitio.
Yo sigo pensando
descolorando estos tiempos
de un corrosivo enigma,
estoy llegando.
Pronto me estrellaré contra el asfalto,
tú me acompañas.
No tuve riquezas
tampoco tengo novias
que me lloren
no tuve jardines.
Esta es una voz enferma
una voz que busca.
tengo miedo.
Debajo de mi lengua
tuve pastillas
sonidos.
No juzgues mi alma
termina
ya con todo esto.
Mujer con flores en las manos
La mujer que lleva flores en las manos me mira
ella sabe que su tristeza me afecta.
No son flores para adornar,
no son flores para regalar.
Eran unas cuantas flores silvestres
camina muy despacio
como si caminar fuera un castigo.
Sólo ella conoce el riesgo de contar
ese riesgo inefable que se corre al contar,
contar es un largo túnel en el centro de tus arterias.
La mujer que lleva flores en las manos me mira,
sabe que exactamente al otro lado de la calle
estoy acompañando su amargura.
En sus ojos no hay lágrimas
me gustaría olvidarlo todo y seguir.
Una duda es un clavo martillándote los sesos.
La mujer que lleva flores en las manos
emprende su marcha,
una marcha que no
tendrá fin
una marcha a un sitio inexacto.
Ella conoce mi empeño
pero no me regalará
su historia,
decir la historia
es desnudarse
ser inocente.
Es estar desprovisto
de misterio.
Cada vez se aleja más,
ya no diviso su imagen doméstica.
Tan sólo es una mujer
con flores en las manos
una triste y sola mujer
que se pierde.
Yo tampoco
La casa está cambiando
todo está cambiando.
Madre puso leche a hervir,
la gordura de años atrás se ha ido.
Ellos no discuten.
Las manos encima de los muebles,
los pies descalzos.
Todo, en silencio.
Ya nadie habla
(se cansaron de hablar)
unos muchachos pasan cantando.
Recuerdo los años
los domingos de fiestas
las flores encima de la mesa,
los besos,
los abrazos.
Pensaba que no iba a pasar,
por lo menos no en mi casa.
Quién querrá vomitar
todas sus vísceras
para formar los mares
que faltan.
Porque quién dijo que el mar no es visceral.
Mi casa se destruye
mientras sueño
con música extraña,
mi casa se destruye
mientras trato de que
me amen
mi casa se destruye
y ellos no hablan.
Yo tampoco.
Después de ti, antes de ti, estando contigo
Madre compra trozos de carne
la carne es un negocio.
Corta tajadas de hígado
unos hilillos de sangre oscura
caen en las manos asesinas.
Me aproximo al árbol
que protege los diabólicos sueños
de un niño.
Y tengo deseos de ti.
La desnudez de unas costas,
cuando el mar bañaba
mi cuerpo,
cuando traté de arder entre mis dibujos.
Y es que la palabra
(tu nombre)
remueve lo más hondo de mis entrañas.
Ahora hierve el hígado del cerdo
que engordamos.
Duele saber cuánto cariño
echamos en cada trozo.
Construyo imágenes
conservo el peso de
tus carnes,
escribo tratando de que te quedes.
Sé que para que suceda
es necesario que
te encuentres,
que me encuentres.
¡Y es tan difícil!
De momento, algunas señales:
de noche, o madrugada.
Debajo de algún laurel,
en el decapitado banco.
En aquella esquina,
el poder de tus ojos
el atrapado instante
de tus ojos,
podrá encontrarme.
Todos ríen
yo sirvo agua
contemplo el camino
protejo mi cuerpo
de las sábanas que
me tapan.
Tengo deseos de ti,
antes de ti,
estando contigo.
- Cuatro poemas de Yanier H. Palao - miércoles 18 de septiembre de 2024


