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Poemas de Bosco Enmanuel Hernández Ruiz

viernes 28 de febrero de 2025
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De historias, gatos y canciones

“Hoy quisiera ser viejo y muy sabio
y poderte decir lo que aquí no he podido decirte”.

Silvio Rodríguez.

Poco sé de historias y de gatos,
pero cuando veo uno pienso en ti:
mágica e inteligente criatura.
Cuando suenan tus canciones
escucho tu voz en el horizonte del tiempo
(¿Acaso existe el tiempo para nosotros?)
Tu voz es una línea con la cual se mide el día
y, entre palabra y palabra, tu rostro aparece
como una historia que cuentan en las noches las abuelas.
Estás conmigo, como en un sueño
donde nada puede perderse ni estropearse.
No olvides que los gatos suben escarpadas y cuando caen
siempre lo hacen de pie, me dices.
Nada sé de historias y de gatos, confieso,
pero me gusta imaginar que soy uno de ellos acurrucado en tu pecho
mientras cuentas una historia de guerrilleros,
de lejanos héroes que aún caminan en las calles pregonando canciones y muertos.
Me gusta imaginar que nada existe más allá de esa línea,
más allá de tus manos y palabras.
Nada más que mi lugar en tu pecho
y un maullido triste mientras pasas tus dedos sobre mi cabeza.

 

Flor de monte

No te equivocas al decir que somos plantas
que buscan la buena tierra para crecer de nuevo.
Tampoco que mis manos no son propicias
ni mis cuidos los correctos.
Es cierto que mis entrañas están secas
y en sus adentros pululan gusanos
esos que (sin que te des cuenta)
fertilizan la tierra donde caerá tu semilla.

Soy mala tierra, lo sé.
Lo has dicho tantas veces
que a veces olvidas
que (aunque lo fuera)
como flor de monte crecerías en ella.

 

Efigie de olvido

“Sigo intentando llegar hasta ti
con la esperanza de que estés al otro lado
hablando conmigo también”.
Bruno Mars.

Te hablo a este lado del silencio
donde tu nombre se quiebra
y el amor es mármol.
Sólo me queda este intento vano y desierto,
una súplica triste para engañar al olvido.

Ya no sigas mirando el horizonte
como si nunca me hubieras conocido.
Háblame,
no me deseches esta noche
donde los amantes buscan la luna.

¿No escuchas mis palabras?
Ellas también esperan el abrazo,
los labios tibios y la carne,
el florecido gesto donde nace
la palabra viva y el beso.

El reloj insiste en marcar las horas
de un tiempo que ya no es nuestro.

Pero sigo aquí,
terco y difuso
arrullado al vaivén del viento,
escuchando a las ranas cantar la despedida
de un hombre que busca entre los escombros
el amor que un día intentó darte forma.

 

Plegaria de un hombre que no es Sísifo

¡dioses crueles!
¿Por qué cambiáis el castigo?
Una piedra es menos pesada
que el deseo de arrancarse el corazón a pedazos
una
y
otra vez
hasta volverlo guiñapos
y, luego reconstruirlo
para empezar de nuevo
con la sangre aún en las manos,
la sangre que aún no seca
y pulula de nuevo
¿Y cobráis por cada pedazo un día?
¿Por cada gota un sueño?
¡dioses crueles!
¿Por qué no la piedra o el agua que no cesa
sino este dolor que carcome y soy yo mismo?

 

Días

Comprendo ahora que no existen días malos.
Sólo días en los que un dedo nos señala
como elegidos de congoja y quebranto.
Días en los que vomitamos la rabia contra el mundo
y buscamos culpables
sin darnos cuenta
de que el dedo que señala
es el nuestro.

 

Voy a quemar mis naves

Voy a quemar mis naves
para no zarpar nunca
para quedarme en esta tierra
sin futuro.

Ya no habrá mares
que me lleven a la deriva
ni tablas a las que me aferre en el naufragio.

Estaré aquí, solo,
atado a la esencia de esta sal
que me quema y carcome los huesos.

Vos estarás allá, en el muelle,
cansada de esperar lo que no llega,
amando la danza del agua que te trae mi recuerdo.

Un día, al fin, sabrás que morí lejos
y la espera termina.
Del mar te llegará la noticia
de un hombre que te soñó cada noche
y decidió quedarse.
Su voz te llegará como un eco
entre el viento que reclama
lo que él esperaba de vos
y nunca le ofreciste.

 

Epitafio

Aquí yace el hombre que te amó
y al que (quizá) alguna vez amaste.
El que creyó fielmente en tus palabras
y en la eternidad de tus ojos.

Bosco Enmanuel Hernández Ruiz
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