(esta selección poética pertenece al cuaderno inédito “Le plaisir” de Marie-Madeleine, una prostituta durante la Revolución Francesa)
Un ciudadano...
Un ciudadano tocó a mi puerta,
debió ver la lámpara encendida.
Me llegó su olor a través de los postigos,
y su furia, los golpes,
la amenaza de su cuerpo en mi puerta.
Mi deseo...,
Pude sentir en la piel la aspereza de su traje,
rústico,
aunque no dije nada,
me mantuve en silencio.
Él empezó a jadear del otro lado
y yo empecé a jadear también,
una mano sobre mi boca y otra sobre el pecho.
Qué ansiedad conocer
que hay un hombre varado a mi puerta,
ahí, afuera.
Ahora sé que corro verdadero peligro...
Una adivina predijo
Una adivina predijo que yo moriría ahogada.
La adivina era ciega y el olor que emanaba sofocante,
pero eso no restaba precisión a sus designios.
Desde entonces temo a las caricias que aprietan mi cuello
y sin embargo las provoco.
Y sin embargo, no sé si quiero evitarlas.
Vendimiario...
Vendimiario: recolección, fiesta de la vendimia, la cosecha se celebra en mi cuerpo.
Brumario: mes de las brumas, la niebla no permite distinguir dónde empiezas y acabo,
los límites, mi sombra...
Frimario: el sudor hace temblar los cuerpos; la escarcha nos cubre la piel.
Nuvoso: por un momento la carne se enfría, se hace nieve.
Pluvioso: para luego derretirse en lluvia.
Ventoso: soplo en tus bocas el aire de la vida.
Germinal (las semillas):..., y germina tu sexo.
Floreal: tu sexo, rama ornada de flores.
Pradial (prados): atraviesas desnudo mi prado.
Mesidor (recolección): para recolectar la savia de mis huesos
Termidor (calor): la vida sólo crece al calor.
Fructidor (frutos): el placer,
el más ansiado fruto.
En el salón
En el salón cien ventanas cerradas.
La calle...,
ay, ay, ay,
no tiene nada que ofrecernos,
aunque a ratos escuchamos sus gemidos:
Liberté, egalité, fraternité,
ou la mort.
La tarde se cuela apenas a través del postigo:
rayo de sol que no nos pertenece.
Mujeres solas,
nacidas de nadie
entonamos el cántico, la tregua.
Los pechos en exhibición, a la luz,
las faldas largas,
pétalos muertos.
Junto a mi pecho conservo un libro blanco
donde oculto tu nombre.
En la garganta el trago de coñac:
Je suis désolé.
Je t’aime, je t’aime, je t’aime,
mon coeur.
El amor,
ou la mort...
La Revolución hace caer a los hombres
La Revolución hace caer a los hombres.
Yo también.
Ella teje su red,
primero los encumbra,
les exalta el ego,
los colma de esperanza.
Yo también.
Seduce,
ingrata, después les corta la cabeza,
viuda terrible,
mantis religiosa,
se alimenta de sus cuerpos,
borra sus nombres.
No los necesita,
son ellos quienes dependen de ella,
de mí.
Los hombres caen sin hacer nada para evitarlo.
Caen, sólo saben caer.
Entre los hombres que me amaron
Entre los hombres que me amaron
hubo un marqués,
el más amable de todos,
escribía novelas de amor
y fue preso.
Su destino había sido escrito en lo alto.
Tres poetas,
un médico cirujano,
dos revolucionarios,
y hasta un asesino.
El asesino podría haberme matado.
Tantas veces estuve en sus manos,
con la venda en los ojos.
Le gustaba causarme pequeñas heridas
en el cuerpo.
Pero fui yo,
cuando descubrí sus faenas de otras horas,
quien lo hirió gravemente.
Piadosa,
no quise que sufriera.
Me coloqué sobre él,
y con mis dientes
le abrí el pecho,
aunque a besos,
sin dejar de amarlo.
Asciendo por tu pecho
Asciendo por tu pecho en garabatos de saliva,
trago bocanadas de aire,
me aferro a mantener la cabeza en su lugar
sobre los hombros.
Tú, sin embargo, desciendes,
te hundes en la soledad de mi vulva,
dejas que cercene tu cuello con mis muslos,
como si no te importara sobrevivirme.
Mientras me sumerjo
Mientras me sumerjo en el caudal del Sena,
deudora de cierta ofrenda de azahares,
busco la caricia de una diosa olvidada.
Dicen que sólo las vírgenes tienen derecho a su dádiva.
Yo conservo virgen mi corazón.
He dejado mis velos en la orilla,
al alcance de los pescadores y los forasteros.
¿Quién traerá flores
al río de mi tumba?
Abandono mi cuerpo en un espasmo líquido,
cierro los ojos pero sonrío al trascender
el mito de la virgen y el agua.
Es un dios quien me abraza
y yo no puedo resistirme al designio,
la sensualidad del desmayo y el dejarme ir.
Juntos satisfacemos la crecida.
- Poemas de Barbarella D’Acevedo - miércoles 19 de marzo de 2025


