
El afilador de estrellas
Juan Manuel Navarro Alfaro
Poesía
Aliar Ediciones
Granada (España), 2024
ISBN: 978-8410155503
168 páginas
Guerra
Arrodíllate y reza
no, navega
navega sobre tu llanto.
León Felipe
Las guerras existen porque una luz negra
se enciende en el corazón de los hombres.
Entra infinita en su mirar.
Latiendo fuerte, con los labios secos.
Desparramados.
Las guerras existen para ver perder al otro.
Nadie gana.
Tejen una luz insoportable, sin sombra,
entre la tierra desgarrada.
Las guerras no son humanas.
Quizás sea cierto que los dioses
las ordenan,
que envían arcángeles
para llenar los cielos e infiernos
de sangre nueva.
Las guerras existen porque una luz negra
se enciende. Afilada. Como el apéndice de un lucero.
Galopaba en la noche
Yo no sabía que el llanto de los niños
se escuchaba a miles de kilómetros.
Galopaba entre la noche inmensa,
se escondía entre los filos de un papel.
Donde yo esperaba, con el lápiz,
atraparlo.
La mecedora
Sentados en la mecedora.
Quietos como quieto
está
el futuro.
Sentados ya sin alma
y el corazón parado.
Con los ojos abiertos,
con el alma abierta,
en súplica marchita.
Sentados en su mecedora.
En la mecedora que fue de sus padres
y de sus abuelos.
Sentados no es forma de morir.
Muertos en una mecedora
no hay futuro y el pasado se esconde.
El bombardeo les arrasó
la vida sentados
en su mecedora.
¿Quién volverá a zarandearla
por las tardes mirando el vacío de vivir?
Alguna vez
A las mujeres sin libertad.
¿Alguna vez te has detenido
leyendo el rostro de quien sufre?
¿Te has trasladado desnudo
a su conciencia?
¿Has sentido la belleza
de su alma?
¿O simplemente como hormigón
creaste el invisible gesto
de quien no ve más allá de su rostro?
¿Algún día te paraste conmovido
con la mirada sin sonrisa
viendo desnudos frente a ti
a tantos seres humanos que sufren?
¿Sí?
¿Sí lo hiciste?
¿Te engañaste conmovido
ante las brasas de tanta herida?
¿Viste la conciencia abierta de un mundo
que se derrama?
¿Y qué hiciste? ¿Hiciste algo?
¿O caminaste como un furtivo
el tiempo que tardas
en pasar del infierno
a tu edén?
Una bala cruzada
(Llanto ante un amor asesinado)
Una bala cruzada
te dejó
sin tu saliva, sin tu elevación torácica,
sin el vaho de tu boca, ni tus labios rojos.
Sin tus ojos abiertos y tu pelo suave.
Sin tus uñas de colores, sin tus manos blancas.
Desnuda. Desnuda de ti misma.
Pareces ausente.
Como quien se marcha sin querer marcharse.
Sin tu voz, ni tu sonrisa,
ni las mejillas brillantes.
Pareces dormida. Con la belleza
de quien duerme sin tener que despertar.
Te fuiste sin decir nada.
Me dejaste desecho.
Arrodillado.
En un lodo inalcanzable.
¿Y tengo que respirar?
No quiero dejar la ventana abierta
para que el viento no juegue
con tus cabellos.
Tienes los pechos dormidos,
las manos flácidas,
el futuro esperándote, en un hueco.
Ahí, dormida sobre tu pena,
con la certeza de haber encontrado
la verdad más profunda.
Empapada
en
miedo.
Has cambiado mi vida.
Te fuiste como hoja de otoño,
como gota suspendida en el aire.
Sonriendo en tu propia tristeza.
Estás preciosa. Abandonada
de ti misma.
Envuelta en la despedida de tu nombre.
Pronto te perderás en las flores
de las montañas.
Serás en un instante
conciencia eterna.
Me despido de tus ojos, de tus pestañas,
de tu boca, de tu pecho.
De tus manos, de tus dedos, de tus uñas.
De tus pies, de tus cabellos, de tus besos,
de tu lengua.
Y también de tu mirada.
Me rindo fracasado a tu memoria.
A la nostalgia de ver tu cuerpo
rígido. Embalsamado.
Caminando al pozo que abrasará mis días.
- El afilador de estrellas, de Juan Manuel Navarro Alfaro
(selección) - viernes 23 de mayo de 2025


