Página en blanco
¿Cuántas páginas faltan?
Será mañana, donde yace el revés de la pregunta,
Sin falta, sin salida.
Los dolores del alma y del cuerpo son paralelos;
Spinoza lo mostró en su ética,
Viviendo alegrías, tristezas y deseos.
He sido tantos y tantas que mis emociones son un laberinto.
Las palabras no llenan el vacío, mientras las artes teatrales
Enmudecen, consumidas en el umbral de su misterio.
El bullicio del silencio inunda las paredes de mi pecho.
Los terrores de las páginas y el cuerpo se cruzan,
Dejando marcas invisibles y desasosiego.
Los horrores se graban en el urdir del fuego
Entre pieles con capas de nombres.
Recitando en el limbo
Los hilos de tinta negra germinan,
Se extienden por la piel sin erosionar.
Los ritos del lenguaje no cesan con indescriptible ritmos y signos.
¿Dónde están las máscaras roba la locura?
Tantas, tantos, y ahora nadie.
¿Cuántos esperan despertar de la trémula que desgarra
En cada trazo hacia el esculpir la página blanca?
La obra no crece.
La lluvia del tintero moja la curvatura de los labios.
Mientras recito estos versos desconsolados,
Estoy sediento, ahogándome en recuerdos.
Mi carne se agota, mis ojos pierden belleza y luz.
¿Cuántas máscaras y navíos habrá que destruir?
Lleno de heridas que no cierran,
De un odio que crece en mi contra.
El amor se va: era un visitante pasajero.
La pluma avanza sin designio,
Una pregunta sin fin al limbo y la creación
Que se revela y oculta
Escrita en ojos de todos.
Las páginas blancas
Moléculas del instante en una eternidad de signos.
En territorios desconocidos,
Donde germinan voces
Que alcanzan con desnudez
El vientre del umbral escondido.
Sombra primaveral
Muerte que desciende y asciende,
Desde la infancia te escucho,
Corona de espinas que susurra en voz ajena, nocturna y serena.
Te transformas y vistes las pieles de otros;
Con una enigmática sonrisa en cada rostro, de voluntad caprichosa, libre.
Eriges una sombra primaveral que envuelve las noches.
De sublime manto te conviertes en siniestra desde las entrañas, y viceversa, en ese coqueteo te entregas.
Tu presencia y ausencia son misterio que me atrae;
Muerte sosiega, muerte serena y triunfante,
Sonríe al destino de ser la única inacabable.
Silenciosa, desciendes y asciendes, en el ciclo de lo eterno sin tiempo.
Entrelazadas en la inflorescencia del abismo la vida y la muerte.
Que desciende y asciende al ser, en un baile sin fin.
(Publicado en la revista Almiar)
Nata in oblivione
Nací un sábado en la mañana.
Nueve de diciembre, bajo el signo de fuego
Que es el bestia y humano.
No recuerdo nada, sólo el primer dolor.
Y el olvido, era de mañana.
Y un sábado, ¡Dios mío!
Los ángeles y los demonios seguían
Dormidos, sólo asistieron a mi nacimiento
Mi madre, porque le tocaba, el médico de
Turno y mi persona, que venían siendo ya un
Olvidado en el mundo
Tantas cosas que se han perdido, tantos
Sufrimientos y desgracias he consumido.
Mías y de los otros, porque toca
Atestiguarlas y vivirlas juntos.
Olvidado, olvido es lo que no soy cuando vivo con el otro. Sólo se precisa del instante para saber que valió la pena cada segundo.
La muerte y el destino procuran asediar a la presa, y fluyó indiferente ante sus castigos. Nunca les he importado, porque olvidado siempre he sido.
Dejo que las lágrimas se escapen y puedan
Colorear mi rostro para superar el olvido,
Y verme más vivo.
Porque la vida sólo es un suspiro.
Donde los ecos se esconden
Mi rostro es un mapa de cicatrices,
Ojos cansados, sonrisa desgastada.
En el laberinto de cuerpos, libros y calles,
Perdí la identidad, la busqué en vano,
Y la resignifiqué al pasar los años
En un devenir sin ocasos.
Huía de los espejos rotos,
De reflejos del agua que mostraban
Un rostro que no era mío.
Perdí el sentido de las palabras,
La realidad se desvaneció,
Y con ella, el brío del paraíso.
Los huesos se resquebrajaron,
Destrozaron con sus rugidos
La abadía del silencio
Que inunda los ecos de mi ser
Para avivar los matices
En este vaivén.
Los oráculos escapan por otras noches,
Donde las oraciones transforman
El suplicio de la corona
Que arropa las bestias y los nombres.
Con vehemencia, los ecos del silencio
Gozan devorando la locura
De las sutilezas escondidas
Entre las luces y las sombras.
(Publicado en la revista Almiar)
Uni/verso
A la orilla del mar,
La boca escribe los pilares del tiempo,
Donde resuenan las voces
De las vidas que han pasado.
Vibran en el aire
Con el cincel del trueno,
Desprendiéndose las capas
De nuestra piel.
El cuerpo se revela
Como un adverbio que modifica el verbo,
Al unísono, ritmo del ocultamiento,
Y el pincel que, trazando, canta
Los arquetipos del tiempo eterno.
Surcan las olas a través
De universos y la alteridad,
En estaciones y edades
Que escuchan el despliegue de moléculas
Y su acontecimiento.
Las voces se juntan como hebras de seda,
Otorgando ser a la palabra, al cosmos y las páginas:
Venas de la tierra y el cielo tricolor,
Que los pájaros de neón atraviesan.
En la fusión del Uni/verso,
Colisionan silencio, destrucción, angustia y creación.
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