Pastor de mi estela
Las nanas se disipan en la noche
de este sueño efímero.
Las luces y las voces
callaron por el empuje
del amanecer que no llega,
del ocaso que aguarda.
El humo se disipa
en la Hondonada apagada
del incansable atardecer,
del lujurioso mañana.
Me indulta Tu Nombre
me arrebata Tu Esencia.
Intangible el pasado,
incorpóreo el anhelo.
Pastor de mi estela
receptor de mi canto,
el Deseo me acompaña,
me abandona tu ausencia.
Amarrado a lo inefable de tu rostro
sometido al retorno del Llamado.
Todo es Eternidad
efímero relámpago,
infinita llamarada,
rayo que no cesa.
Somnífero llanto
El oro callado, ensangrentado
canta una conocida melodía
arrebatada de pasión,
empujada al abismo.
Roto el oleaje
se quiebra el cristal,
vacío embriagador.
La soledad sonora
abraza al silencio
de los cánticos callados.
Un violín retuerce la armonía,
somnífero llanto
que incansablemente espera
el trance maldito
de la amargura sedienta.
Mors noctis
Cuando invoco a la luna
la tierra se estremece,
las mariposas vuelan a la luz
un torrente empapa mi visión.
Las libélulas nacen al ocaso,
los guerreros marchan al frente.
Impacta la sangre contra el asfalto,
arrastra la marea nombres olvidados.
Las plegarias se desprenden de mi aliento
como en la lluvia nocturna
se derraman de mis manos.
Mi cuerpo cae al vacío,
la nada se agarra a mi piel.
El olvido besa mis labios
supurando mi herida en el silencio.
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