I
Aquí faltó poesía:
Poema que fue lo que no quiso.
Cuerpo que fue, lo que no quiso.
No sé si le faltan huesos
porque se arrastra.
¿Borrarlo?
En mí tu semilla muere.
Sobre ti una mano que no sabe escribirte te oprime.
Porque no pude oprimir una cintura. Ni una moneda para el mendigo.
Ni qué decir de la vida. De la mano de un amigo.
O del mango de un cuchillo a tiempo.
Aquí nació un muerto. Tus metáforas no respiraron con tu primer llanto.
Tu nombre es cascada entre los dedos.
Aquí faltó un alma, una luz en el cuerpo, un poema y un poeta.
II
Dos cosas anhelé con el alma:
ser poeta
y a ti.
Para tenerte a ti perdí la vida.
Para ser poeta te perdí a ti.
Ahora que escribo más rápido de lo que quema el fuego,
que doy lecciones de alfabetización a las polillas
e invento un braille para la ausencia,
no recuerdo
para qué aprendí a leer.
III
No hay negra fantasía
que conciba vernos caminar juntos,
hablar uno con el otro
y vernos aguijonear
las labios al aire
con colmillos malolientes.
Si somos extremos equidistantes
del corazón podrido de una fruta
¿de qué lado empezó la podredumbre?
Tú perreo de antro-bar,
yo tigre desvencijado en casa,
tú tequila dulce, yo cerveza oscura.
Esbozo entre bostezos de tanto esperarte
la única dimensión en que coincidimos,
el uno por el otro envenenados,
detonados en el flash point del sexo,
engendramos la perversa semilla
que provocó el tsunami hasta el cielo.
Después sólo la amputación podía curarnos.
¿Quién infectó a quién? ¿quién imputó a quién?
Quién dirá si este cuerpo llagado
que traigo a cuestas es el tuyo
o es mi cuerpo original
supurando el larvario en que renace
la mosca de tu recuerdo.
IV
Del gatito negro
que teníamos en casa,
que vino contigo
y se fue contigo,
que aprendió a comer
en la palma de mi mano
y ahí mismo
se acurrucaba
cada noche
hasta regurgitar,
de ese gatito digo,
de su saliva,
de su pelaje,
se me quedó la sarna.
V
Pienso en ti y me mojo todavía.
No era tu amor, era tu risa, cincel
cimbrando los cimientos de mi vida.
Un tranvía que pasaba a través de la cocina.
Yo traía huevos jurásicos por piedras de río en la sangre
y tu agua rápida y trepidante
quebró para siempre mis fósiles cascarones.
No decidiste mal al hacerme mal,
pero la calma no sucede a la tormenta.
Resuenas todavía
pringando en la lámina del cráneo.
Mojas toda vía
de la tráquea reseca.
Aguaceros que jamás oí caer en otras geografías.
Ahora que arrastro la resaca de sumar días sin ti
me pregunto si aún ríes como río desbordado
partiendo casas
y a quién arrastras a la apnea
en tus prístinas gotas salivales.
VI
Nunca volví a acercarme
ni siquiera a saludar.
De mí sólo tocaste un cuerpo hecho de palabras
y en esas palabras todo mi cuerpo:
Maremagnum era mi frente, la parte que no besabas.
Palimpsesto mi memoria, donde sólo tu nombre borraba la amargura.
Liminal mi mano derecha, la parte que amabas más de mí
porque ahí terminaba yo y empezabas tú.
Saudade mi mano izquierda, la que reprendías por la obsesión
que hoy es el hecho de que no estás.
Querencia mi pie derecho, porque siempre vuelve a donde fue feliz y aún te busca en las Fuentes de Ortiz.
Palíndromo mi pie izquierdo, porque leyéndome al revés, seré lo mismo.
Y de todo lo que soy, Iterativo es mi corazón, que insiste en tocarte todavía.
- Poemas de Oscar Torres Durán - viernes 18 de septiembre de 2026


