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Cees Nooteboom al recibir el Premio Formentor:
Lectores y escritores, tristes huérfanos por la pandemia

sábado 19 de septiembre de 2020
Cees Nooteboom
Nooteboom: “Yo no podía imaginarme en una universidad, mi universidad sería el mundo”.

El escritor holandés Cees Nooteboom recibió el viernes 18 de septiembre el Premio Formentor de las Letras 2020 con un discurso transmitido desde su casa en Ámsterdam en el que lamentó la incidencia que sobre el autor y el lector ha tenido la crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19.

El premio que recibo es para mí, en cierto sentido, como llegar a casa.

“Es posible que escuchen ustedes una leve vacilación en mi voz, porque la época en la que nos encontramos es una era incierta, en que las cosas que damos por sentadas no siempre son seguras”, afirmó Nooteboom al inicio de su discurso, que escribió “el último día del mes de mayo”, según explicó.

Nooteboom (La Haya, 1933) recibió el premio, anunciado en mayo, por desbordar “con su incesante creatividad el límite que proponen los géneros literarios”, según el fallo del jurado, que lo calificó como “escritor viajero que ha hecho del nomadismo una actitud filosófica, estética y espiritual que trasciende las fronteras y revela la naturaleza expansiva de los horizontes humanos”.

La entrega debía realizarse en la tradicional ceremonia en el hotel Formentor, en Mallorca, pero la emergencia sanitaria obligó a los organizadores a presentar en línea tanto la entrega del galardón como las Conversaciones, que este año están dedicadas al tema “Bagaudas, goliardos y estilitas” y se desarrollan hasta el domingo 20.

“Tal como están las cosas ahora, existe aún la posibilidad de que el virus que actualmente domina el mundo nos juegue una mala pasada, y, en tal caso, no estoy este 18 de septiembre en Mallorca, delante de ustedes, sino en otro lugar, donde ustedes no están”, agregó un Nooteboom que en mayo presagiaba esta posibilidad.

“La isla en la que se encuentra Formentor es vecina de mi isla, Menorca, que no es mía, por supuesto, aunque yo diga ‘mi isla’, pero sí es el lugar donde he escrito gran parte de mis libros y poemas en los últimos cincuenta años”, continuó.

“De modo que el premio que recibo es para mí, en cierto sentido, como llegar a casa, con lo que no quiero decir que se me haya otorgado por esta razón, claro está, si bien estoy convencido de que la isla más pequeña ha sido una inspiración esencial para mi obra a lo largo de todos esos años”, expresó el poeta, novelista, ensayista y crítico de arte.

Autor de obras como Una canción del ser y la apariencia, El buda tras la empalizada o El día de todas las almas, Nooteboom ha sido traducido a más de veinte idiomas. Ha recibido el Premio Europeo Aristeon de Literatura (1993), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2003), el Premio Europeo de Poesía (2008), el Premio de Literatura Neerlandesa (2009) o el mayor galardón que se concede en la literatura de viajes, el Premio Chatwin (2010).

 

Los tristes huérfanos

“¿Cuándo se convierte uno en escritor? ¿Es gracias a la lectura o gracias a la vida? ¿O es por una combinación accidental o, por el contrario, intencionada de ambas?”, se preguntó el escritor justo antes de hacer una valoración del efecto que tuvo en su obra la Segunda Guerra Mundial, en la que murió su padre.

“Aquella guerra, sin que yo me diera cuenta entonces, se convirtió también para mí en una fuerza nada desdeñable que afectaría mi vida y, por lo tanto, mi escritura. Nuestra casa en La Haya sería destruida en este mismo bombardeo; todavía conservo en mi retina la imagen de aquel irreconocible montón de piedras”, añadió.

El período de cierre de librerías ha convertido a los lectores y a los escritores juntos en tristes huérfanos, algo que ni Amazon ni Internet pueden remediar.

Nooteboom se refirió asimismo a la educación que recibió en un seminario de franciscanos, primero, y luego uno de agustinos, y de los que fue expulsado aunque reconoció la importancia que tuvieron en su desarrollo. “Los clásicos que allí me enseñaron ejercerían una influencia duradera en mi obra, que a partir de aquel momento se caracterizaría por una continua existencia nómada”, explicó.

“Yo no podía imaginarme en una universidad, mi universidad sería el mundo. No creo que por aquel entonces ya quisiera ser escritor”, continuó Nooteboom. “Tanto el orden como el caos se convirtieron en parte de mi vida: el caos de estar siempre en camino unido a la necesidad de escribir sobre ese estar en camino, y mi obsesiva y tenaz curiosidad gracias a la cual aprendía idiomas mientras viajaba”.

El autor también se refirió al lector. “¿Cómo funcionan esas cosas? Saltas de un libro a otro, algunos escritores no dejan de cautivarte a lo largo de toda la vida, tal vez no los comprendiste del todo cuando los leíste por primera vez. Es una escuela dura en la que uno mismo hace de alumno y de profesor, una escuela que te acompañará toda la vida con descubrimientos siempre nuevos”.

Defendió igualmente a las librerías, “una de las fuentes de inspiración más importantes. Si algo nos ha demostrado la pandemia es que el período de cierre de librerías ha convertido a los lectores y a los escritores juntos en tristes huérfanos, algo que ni Amazon ni Internet pueden remediar, pues no son sino enfermeros en el hospital equivocado”.

 

Yo sabía que debía esperar, pero no sabía qué, a no ser que, sin saberlo, hubiera estado esperando el instante de la ficción.

Repaso de una vida

Nooteboom continuó con un repaso de su trayectoria como escritor y sus experiencias vitales. “A mis veintiún años, en 1954, escribí mi primera novela: Philip y los otros. De esto hace ya 65 años y continúo escribiendo. En algún momento dije que uno debe esperar, aunque no sepa qué. En 1963 escribí mi novela El caballero ha muerto, que considero el fracaso más importante de mi obra”, explicó recordando que en su momento esta obra le valió tantos elogios como abucheos, e incidió para que se alejara del género por años.

“Empecé a viajar, y, excepto mi poesía más o menos hermética, me situé al margen del ambiente literario habitual, y me dediqué a escribir sobre el mundo y sobre lo que veía en mis viajes. Budapest 1956, el Muro de Berlín 1963, París 1968, Sudamérica después de Cuba, y de nuevo el Muro, pero esta vez en 1989 y a continuación la Alemania unida…”, agregó.

Diecisiete años después, publicaba la novela Rituales, que definió como “el libro que yo había esperado todo ese tiempo. ¿Acaso fui consciente de que lo esperaba? No, yo sabía que debía esperar, pero no sabía qué, a no ser que, sin saberlo, hubiera estado esperando el instante de la ficción. Y sólo después de esto aparecieron mis otros libros”.

El autor finalizó su discurso con una reflexión sobre la lectura, la escritura y el tiempo: “Vi, leí, esperé, y después escribí, y respecto a esto último puedo decir que me sigue alegrando no haber leído a Proust antes de esta época, porque también Proust pertenecía a la espera. Cuando al fin estuve preparado para ello, quise leerlo en francés, lentamente, página por página, hasta el increíble final de El tiempo recobrado, que me recordó al éxtasis de un montañero que ha alcanzado al fin la cumbre del Himalaya”, concluyó.

 

Las dos etapas de un prestigioso galardón

En su primera etapa, el Premio Formentor se concedió entre 1961 y 1967, impulsado por la editorial española Seix Barral, con la colaboración de una decena de sellos extranjeros y los propietarios del Hotel Formentor de Mallorca.

Tuvo entonces dos modalidades, el “Prix International”, que reconocía a un autor de resonancia mundial, y el “Premio Formentor”, que se otorgaba a una novela presentada por alguno de los editores convocantes. En aquella época fueron premiados, entre otros, Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Saul Bellow, Juan García Hortelano o Jorge Semprún.

El galardón se volvió a conceder a partir de 2011 y se entrega cada año en los jardines del Hotel Barceló Formentor. Desde entonces, han recibido dicho reconocimiento Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu y Annie Ernaux.

Fuentes: EFEEl CulturalTélam
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