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Liudmila Ulítskaya recibe el Formentor con discurso sobre “la hazaña de leer”

sábado 24 de septiembre de 2022
Liudmila Ulítskaya
Liudmila Ulítskaya: “La lectura misma, después de constituir un elemento esencial de la vida, parece haberse transmutado en un placer opcional”. Fotografía: Juan Carlos Guerra • La Provincia

La escritora rusa Liudmila Ulítskaya recibió el Premio Formentor de las Letras 2022 el viernes 23 de septiembre, durante la inauguración de las tradicionales Conversaciones Literarias del galardón, que se extenderán hasta el domingo 25, con el discurso “La hazaña de leer”, en el que habló de sus “lecturas peligrosas” y de las amenazas a las libertades individuales en Rusia, entre otros temas.

En la ceremonia realizada en el Hotel Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria, la autora, que en marzo de 2022 se vio obligada a refugiarse en Berlín (Alemania), recordó que su infancia y juventud correspondieron a una época en la que en su país estaba prohibido “un acervo importante de literatura” y editar incluso a Dostoyevski podía resultar sospechoso.

“Pasaron muchos años antes de que pudiera entender este linde entre lo permitido y lo prohibido”, acotó Ulítskaya, quien alertó de lo que juzga como el renacimiento del estalinismo. “Por lo visto, a fin de cuentas, el libro no ha sido leído, porque, pocos años después del derrumbe soviético, el pueblo votó claramente por un personaje formado en las viejas tradiciones del KGB. De ahí crecen las raíces del estalinismo que renace en nuestro país”.

Nacida en 1943 en Davlekánovo, en la república rusa de Bashkortostán, en los Urales, y descendiente de judíos de Ucrania, Ulítskaya mencionó entre sus primeras lecturas novelas de Lidia Chárskaya, Mujercitas de Louisa May Alcott; La piedra, de Mandelstam; El rosario, de Ajmátova; Yo, Kótik Letáiev, de Andréi Biely; Imágenes de Italia, de Murátov; La interpretación de los sueños, de Freud, o La rebelión de los ángeles, de Anatole France, entre otros, hasta llegar a Tolstói.

“Han pasado seis décadas desde que inicié mis lecturas peligrosas, y puedo afirmar con seguridad que desde 1960 se había estructurado toda una industria de lecturas clandestinas, existiendo tres fuentes diferentes en principio”, dijo en alusión a los libros editados antes de la Revolución de 1917 o de la Segunda Guerra Mundial y posteriormente prohibidos (Shestov, Rózanov, Berdiáiev, Florenski, Vladimir Soloviov).

Eran libros escritos en Rusia que no fueron publicados oficialmente o que fueron destruidos después de su edición, y que luego fueron reproducidos con métodos caseros, de autores como Vasili Grossman, Solzhenitsyn, Shalámov, Evgenia Ginzburg, Nadiezhda Mandelstam y Venechka Yeroféiev, así como ediciones en ruso traídas o enviadas desde el extranjero.

“Personalmente para mí, el samizdat —copia y distribución clandestina de literatura prohibida por la censura del régimen soviético— empezó con obras de poesía, como poemas mecanografiados de Tsvietáieva, Gumiliov, Ajmátova o Mandelstam”, agregó la autora.

Ulítskaya también recordó cómo ciertas lecturas prohibidas podían ser causal para una expulsión de la universidad o del trabajo, o incluso para una entrada en prisión, y aun así los lectores se las procuraban, como cuando vendió un anillo de diamantes heredado de su abuela para comprar un ejemplar de La dádiva, de Nabokov. “He de confesar que jamás lamenté la pérdida del anillo. El libro resultó ser un verdadero diamante; ha sido leído muchísimas veces por mí y por todos mis amigos”, reconoció.

Contó igualmente cómo en 1990, cuando Rusia aprobó una ley que dejaba sin efecto la censura, fueron apareciendo en las librerías, en un lapso de unos dos años, todos los libros que se habían considerado lecturas peligrosas. “Es cierto que hoy en día no se detiene a nadie por un libro. A nadie le interesa ya la hazaña de leer. La lectura misma, después de constituir un elemento esencial de la vida, parece haberse transmutado en un placer opcional”, lamentó.

“Cada vez que veo en el metro a personas leyendo me doy cuenta de que sólo uno de cada diez pasajeros sostiene en sus manos un libro tangible de papel, mientras que los demás leen en sus teléfonos o Kindle. Si quisiéramos saber qué está leyendo esta gente, la respuesta sería incierta. He aquí otra pregunta: ¿por qué volvemos a temer algo? ¿Por qué subsiste el miedo? La incógnita no es tan compleja, pero merece ser analizada”, concluyó.

Dotado con 50.000 euros, el Prix Formentor, un reconocimiento a la calidad e integridad de las obras que consolidan el prestigio e influencia cultural de la literatura, es organizado por la Fundación Formentor y cuenta con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas.

Fue creado en 1960 por las editoriales Seix-Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolth, Weidenfeld y Grove Press, y se entregó en su primera etapa a Dacia Maraini, Jorge Luis Borges o Saul Bellow, entre otros. Luego de su recuperación ha sido entregado a Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu, Annie Ernaux, Cees Nooteboom y César Aira.

Fuente: Europa Press
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