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La venezolana Carmen Rojas Larrazábal en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca

miércoles 5 de octubre de 2022
Carmen Rojas Larrazábal
Rojas Larrazábal participará en el evento que tendrá lugar del 13 al 15 de octubre.

La poeta venezolana Carmen Rojas Larrazábal es una de las invitadas de este año al Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca, que celebrará del 13 al 15 de octubre sus Bodas de Plata con su 25ª edición, que coincide con los veinte años de la designación de esta urbe española como Ciudad Europea de la Cultura.

El evento, cuyos actos centrales tendrán lugar en el teatro Liceo, en Salamanca, bajo el lema “Poiesis: celebraciones en Helmántica”, rendirá homenaje en esta edición a las poetas Ana María Rodas (Guatemala), Rosa Alice Branco (Portugal) y Daisy Zamora (Nicaragua). También habrá otros actos y presentaciones en diversos lugares de Salamanca, incluyéndose lecturas virtuales que se extenderán hasta el 20 de octubre.

Entre los alrededor de cien poetas que participan este año se encuentra Carmen Rojas Larrazábal, escritora y editora de San Juan de los Morros, Guárico (Venezuela), autora de los poemarios Riberas de ausencia (Zátachi; México; 2012), Confesiones de la ausencia (Free Lancer; Atacama, Chile, 2014) y Fracturas del silencio (Trajín; México, 2021).

La autora obtuvo grados de licenciatura y posgrados en Terapia Ocupacional en la Universidad del Sur de California (Estados Unidos). También, una subespecialización en Literatura Inglesa, Chicana y Afroamericana. En 2010 comienza su labor como gestor cultural en Los Ángeles, donde funda la organización Artepoesía por la Paz, a través de la cual ha desarrollado eventos de poesía a nivel nacional e internacional.

Su libro Confesiones de la ausencia fue presentado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en cuyo catálogo se encuentra registrado. La presentación se realizó en el marco del Primer Congreso de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (Anle).

Rojas Larrazábal es miembro del World Academy of Arts and Culture (WAAC), del Instituto de Cultura Oregoniana (Oregón), del Instituto Literario y Cultural Hispánico de Los Ángeles y del Salem Poetry Project (Oregón), entre otras entidades. Es, asimismo, miembro honorario de la Asociación de Escritores de México.

Colaboradora de Letralia desde 2008, Rojas Larrazábal ha sido publicada a nivel internacional de forma impresa o digital en antologías y revistas como las mexicanas Círculo de Poesía, Errancia (Unam) y Colloquio Magazine; homenaje a César Vallejo del Instituto Vallejiano de la Universidad de Utah; antología de Isla Negra (Chile); la revista impresa Multicultural Echoes, de la Universidad Cal State (Chico, California), o la revista literaria Alba de América (ILCH, entidad precursora de la Anle), entre otras.

Ha participado en programas de radio como Proverso (España), Radio Poderosa (Oregón) y Sansebastianera (Venezuela), y en diferentes congresos literarios como el primer congreso de la Anle, el Congreso Literario Internacional de la Universidad de Cal State Dominguez Hills, el Congreso de la World Academy of Arts and Culture (Wisconsin), el Salem Poetry Project, el Congreso de Escritoras de Panamá o el Congreso de Escritores de Colombia, entre otros.

 

Poemas de Carmen Rojas Larrazábal

Frente a aquella cruz de polvo

Aquel país salió de mis manos
para moldear la idea de los pasos
y reconocer el camino
hacia donde emancipar mi sombra.
Para ser real llegué sin nombre
a un lugar donde el último número
era la llave y la pregunta,
la oscuridad que habitaba
en los brazos extraños de la luz compartida.
No vine a levantar catedrales
en las paredes del mundo,
ni a reclamar algún sitio en el centro de la alegría.
Mientras Hegel cuelga sus faroles
sobre lo innombrable,
llevo en mí las cuatro calles
y el río aún después de la muerte.
Los llevo dentro del árbol
recién nacido de la nostalgia.
Los llevo dentro de los puentes
que cuelgan sobre el último fuego
de la esperanza.
(¿Quizá mi nombre aún espere
frente a aquella cruz de polvo?)
Mientras muere una promesa
sobre los tejados de la sombra
y estas preguntas son tan solo
nuevas grietas
debajo de la oscuridad.

 

Cercanía de lo humano

I

Hay heridas que nos despojan
de toda orientación.
Se abren rumbo como aves que atizan
un epitafio de cielos futuros.
Como un levante impalpable
en los ojos de cualquier mitología nórdica
que pretenda ubicar los sacrificios
enmohecidos del corazón.
Sucede que la noche
encaja el colmillo desde sus muertos
como oscuro enemigo que roe nuestro interior, diría
Baudelaire.
Mientras la luz se degrada en ojos ajenos
y al mirar de pie sin alzar la frente,
prohíbe los gestos menos útiles
del desconsuelo.
Los testigos parecen sufrir
de una dosis intrascendente de memoria.
Sucede que aquí es el momento
de arrancarle la espada al filo
que inunda la desesperación,
dejarla desnuda en medio de su propia ingravidez, en
cuanto a la cercanía
de lo humano.
Esconder en lo sagrado
lo que hace caso omiso a la esperanza.
A menudo, quien derriba la alegría
piensa que se salva del abismo
porque nadie lo vio caer
o porque nadie lo recuerda.
No se ha enterado que caer sobre sí mismo,
mide la velocidad relativa
de su desatinada exactitud.
Al final de mis ojos, vuela un pájaro
escapado de tu nombre
y pienso recordarlo todo
cuando amanezca
en el deshielo de los sueños.

 

II

¿Aunque siga con los pies clavados en la arena?
No dejo de entreabrir los sobresaltos
para admitir que un día tuve sueños
cobijando las espinas de la madrugada,
porque dolía menos así, volver a despertar.
Suyo es el panorama que, posado en mi hombro,
cumple su tarea de encontrar
la salida de esta ciudad de cenizas que me habita.
No dejo de escuchar el silencio endiosado
del dolor, la ubicación no enumerada
del recuerdo
ahogándose en su propia sangre.
La confesión llega tarde
y se consolida con los mismos espejismos
no verificables.

 

Punto de partida

A la orilla del precipicio
no es necesario saltar
Cuando se ha ido ya el deseo
de correr al árbol más cercano
y abrazarlo para no volver a caer
en el misterio del día.
Dejar caer lo que no es nuestro
Es el doble suicidio que la noche desentierra
para lanzarlo a su hoguera de recuerdos.
Siempre dijiste Artaud que la nada y el todo están unidos.
A la orilla del precipicio ya no es nuestro
el vacío de la arena
devuelta por un golpe de sal
para asumir las heridas y las ausencias.
El cuerpo que se ha ofrendado a sí mismo
para no resucitar entre las piedras del dolor,
será esa línea recta, infinita que has trazado,
lanzada hacia los dos cosmos.
Para no tropezar con sus fulgores
amargos y ciegos,
para no enterrar los sueños
en la vecindad de la respiración
que sigue andando con las luces apagadas.
A la orilla del precipicio
se ven luces que están
servidas en un envase de plata,
tan ausente de todo lo palpable,
cayendo nuevamente de espalda,
Trato de cambiar los muebles de sitio
hacia el árbol, hacia la arena,
hacia el todo que es la nada.

 

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