
El escritor Luis Mateo Díez recibió de manos de los Reyes de España el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2023, en la ceremonia realizada el martes 23 de abril, Día del Libro y la Lectura, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, en Alcalá de Henares (Madrid) y en la que el autor subrayó: “La vida se descubre escribiendo, si entendemos que escribir es descubrir”.
En la actividad estuvieron presentes personalidades de la cultura de la nación ibérica, como el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz-Machado; el director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero; el académico Víctor García de la Concha, o el ministro de Cultura, Ernest Urtasun.
El titular de la cartera fue el primero en intervenir y lo hizo con unas breves palabras en las que profesó su gran admiración hacia Luis Mateo Díez y destacó el universo “inconfundible” y “personalísimo” de su obra, en el que “brillan lo cervantino y lo universal de la tradición oral”.
Tras la entrega por parte del rey Felipe VI de la medalla y la escultura, Díez pronunció un discurso que comenzó recordando los años escolares y las lecturas iniciales, y en el que reconoció que ha vivido “entregado” a sus personajes —a los que considera “casi quijotescos”—, porque son ellos los que le “salvan”. “Haber sido dueño de la infancia encaminó mi destino de escritor”, dijo.
Agregó que ese tiempo fue el que le dio forma a una mirada literaria que concretaría su impulso narrativo y le convencería de que “escuchar y escribir unían lo que leer y contar tenían de aliciente y acicate”. Así, llegó a una ficción de una envergadura muy particular, pero que no renunciaba a lo auténtico: “La vida se descubre escribiendo, si entendemos que escribir es descubrir”, dijo el escritor. “Contar la vida era mi aspiración”, confesó después: “La irrealidad es la auténtica condición del arte”.
Según dijo, “debería reconocer una precaria incapacidad para escribir lo que me pasa”, pues en su opinión no es materia literaria. “Nada me interesa menos que yo mismo”, agregó antes de explicar que, durante su carrera, “la pasión de escribir se compaginaba con la indolencia de hacerlo”.
Posteriormente, continuó, se esforzó en arreglar esto. “El destino estaba claro, la indolencia apenas suponía una muestra de disipación derivada de las vehemencias juveniles”. Y, cuando esta “indolencia” se disipó al fin, estaba ya convencido de que escribir era su “definitivo modo de vivir”, y de que “la experiencia de lo imaginario fuese el mejor conducto del conocimiento”.
“Mis personajes no tienen tanta nobleza pero son conscientes de alguna ejemplaridad heroica, ya que sus aventuras se consuman al doblar las esquinas donde aguarda el destino y la consecuencia de alguna perdición o la expectativa de un sueño que pudiera salvarlos. A ellos vivo entregado, ya que son ellos quienes me salvan a mí”, afirmó Díez durante su intervención.
Insistió en que sus personajes no le “pertenecen” y que, en ocasiones, le “ponen a prueba” su capacidad de invención, como “una suerte de hilo conductor que va y viene sin otro compromiso” que el de la escritura.
El autor tuvo además varias palabras para ensalzar la obra de Cervantes, en especial del Quijote, que también influyó en su obra. “La entidad de mis personajes no estaba, así, eximida de una incierta heroicidad, tan cervantina y quijotesca, en aras de una imaginación liberadora y redentora, siendo acaso héroes del fracaso, como así me gustó denominarlos”, expresó.

Posteriormente, el Rey ensalzó la escritura y dominio del lenguaje de Díez, al que señaló como un “formidable” creador de mundos. “En cada obra, Díez plantea nuevos retos y expande su original imaginario, acrecentando el legado de los grandes fabuladores de la literatura universal”, subrayó. Además, elogió la “hibridez” de la trayectoria del escritor y su “calidad artística”, recordando que su obra aproxima al lector al “enigmático” proceder del ser humano en múltiples circunstancias.
Nacido en León en 1942, Luis Mateo Díez es uno de los escritores más prolíficos del panorama literario español contemporáneo. Además de sus dos libros poéticos, cuenta con una obra narrativa, autobiográfica y ensayista que ha sido objeto de importantes premios narrativos. Dos veces Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa, Premio Francisco Umbral y Premio Café Gijón, entre otros. En 2020 le fue concedido el Premio Nacional de las Letras Españolas.
Entre sus obras más destacadas se encuentran Las estaciones provinciales (1982), La fuente de la edad (1986), los cuentos reunidos en Brasas de agosto, Las horas completas (1990), El expediente del náufrago (1992), El espíritu del páramo (1996), la autobiográfica Días del desván (1997), el ensayo El porvenir de la ficción (1999), los relatos Las lecciones de las cosas (Premio Miguel Delibes 2004) o los más de ochenta cuentos reunidos en Vicisitudes (2018). Sus últimas novelas son Los ancianos siderales (2020) y Mis delitos como animal de compañía (2022).
Fuentes: Europa Press • La Razón • Ministerio de Cultura y Deporte de España
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