
La Biblioteca Nacional de Colombia y la Universidad Nacional de Colombia publicaron en marzo de este año la obra teatral Juan Gil, escrita en 1912 por el autor de La vorágine, José Eustasio Rivera, y que estuvo perdida por más de un siglo, hasta que en 2021 la encontró la investigadora Norma Donato Rodríguez.
El libro, ópera prima del autor de La vorágine y que acaba de llegar a las librerías de Colombia, narra la historia del matrimonio de Juan y Pilar, esta última víctima de los malos tratos y la violencia ejercida por su esposo. La edición genética del manuscrito estuvo a cargo de Donato Rodríguez, quien lo presentó en marzo en una conversación con Daniella Sánchez Russo, directora del Instituto Caro y Cuervo.
Donato Rodríguez, responsable de la edición de Juan Gil, es investigadora del Instituto de Textos y Manuscritos Modernos de Francia y se ha dedicado a estudiar la obra del escritor colombiano. Mientras buscaba archivos documentales de Rivera en Manizales encontró el manuscrito. El libro fue presentado también en la reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Una versión de esta obra se había publicado en la década de los setenta. Sin embargo, presenta varias diferencias en la trama y modifica de forma radical algunos fragmentos de la historia original hallada en 2021. Esa edición no cuenta con ningún respaldo documental, por lo que no puede saberse si está basada en una versión posterior escrita por el propio Rivera.
El texto estaba en manos de Ramiro Henao, hijo de Félix Henao Toro, un reconocido médico de la capital caldense que, a principios del siglo XX, fue compañero de Rivera en la Universidad Nacional en Bogotá, según ha explicado Donato Rodríguez.
En ese momento, el escritor necesitaba hacer un viaje a Orocué, Casanare, pero no tenía dinero, por lo que pidió un préstamo y dejó el manuscrito de Juan Gil en prenda de pago. Cuando regresó a la capital, Rivera no tuvo cómo recuperar su obra de teatro, por lo que el doctor Henao fue quien pagó la deuda y terminó con el texto escrito a mano que 109 años después fue encontrado por la investigadora.
Cuando la investigadora supo sobre la existencia del manuscrito, informó a la Biblioteca Nacional de Colombia sobre éste y, luego de confirmar la autenticidad de la obra, ésta fue adquirida por 40 millones de pesos. Actualmente, las hojas en las que Rivera escribió Juan Gil con puño y letra están al alcance de todo aquel que desee leerlo en el archivo digital de la institución.

Donato Rodríguez cree que el huilense no publicó la obra en el mismo año que la escribió debido al círculo social en el que se movía en ese entonces. “Rivera ya formaba parte de un círculo social: la generación del centenario. Tuvo dos tutores literarios y políticos clave, Miguel Antonio Caro y Antonio Gómez Restrepo, ambos de perfil conservador”, explica.
“Una de las posibles causas por las que no se animó a publicar fue por consejo de este círculo, que probablemente encontraría en una obra de corte tan crítico algo de mal gusto, algo que habría que pulir o que, por lo menos, no habría que poner en escena, como situaciones tan descarnadas como las que nos muestra hasta ahora”, afirma la investigadora.
Alrededor de la vida y obra del autor hay múltiples misterios que, más de un siglo después de su natalicio, no han sido resueltos. Algunos están relacionados con el aspecto más íntimo de su vida personal. Una de las hipótesis de Donato Rodríguez es que múltiples cartas de Rivera dan cuenta de sus relaciones sentimentales: en la biografía Horizonte humano: vida de José Eustasio Rivera, Eduardo Neale-Silva reproduce fragmentos de la correspondencia del escritor y, en notas al pie, detalla que no las comparte completas por petición de la familia.
“En una carta que está en la Biblioteca Nacional de Colombia, dirigida muy probablemente a José Eustasio Rivera y firmada por Franco Zapata, lo que podemos leer como despedida es: ‘Y aquí más o menos termina el canto, mi dulce amado bien’. Zapata fue un amigo íntimo, muy cercano a Rivera. De hecho, convivieron dos años en el mismo apartamento en Bogotá, y esta despedida nos hace pensar que probablemente hubieran tenido una relación sentimental”, detalla Donato Rodríguez.
Por otra parte, otra incógnita está alrededor de las obras sin publicar que dejó Rivera después de su muerte. El colombiano falleció el 1 de diciembre de 1928 en Nueva York y se cree que en ese momento tenía, por lo menos, cuatro libros de poesía, cuatro obras de teatro y una novela, que hasta el día de hoy no se conocen. El hallazgo de Juan Gil por Donato Rodríguez devuelve la esperanza de encontrar las letras faltantes de uno de los escritores colombianos más importantes del siglo XX.
Fuente: El Colombiano
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