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Otras literaturas de expresión española: África entre francofonía, anglofonía e hispanidad

lunes 25 de enero de 2016
M’baré N’gom: La literatura africana hecha en castellano fue, hasta mediados de los 90, la gran ausente del debate crítico y teórico en torno a la literatura africana en general, o a las literaturas hispánicas.
M’baré N’gom: La literatura africana hecha en castellano fue, hasta mediados de los 90, la gran ausente del debate crítico y teórico en torno a la literatura africana en general, o a las literaturas hispánicas.

El francés se integra al panorama lingüístico africano como uno de los dos idiomas europeos vehiculares más importantes del subcontinente, particularmente entre las élites escolarizadas, y es lengua oficial de un conjunto de Estados que cubren prácticamente la mitad del África subsahariana. Si en el caso del África anglófona se puede hablar de dos polos principales de producción literarias, representados por Nigeria y Suráfrica, en el África francófona pareciera existir una producción menos focalizada geográficamente, con importante presencia de países como Camerún, Congo, Costa de Marfil, Madagascar, República Democrática del Congo y Senegal.

Verónica Pereyra y Luis María Mora.

1. Introducción: más allá del olvido

No sin razón observa Guillermo Pié Jahn que “basta echar un vistazo al índice de cualquier manual de literatura para percatarse de que la literatura hispánica se reduce, comúnmente, a obras de escritores de España e Hispanoamérica. A pesar de ello, o precisamente por ello, conviene recordar que, aunque menos fecunda, existe también una literatura creada en español por personas de otros lugares del mundo”.1 Hablando de ese silencio u “olvido”, como ya señalara en su artículo de 2003 el investigador guineano M’baré N’gom, la literatura africana hecha en castellano fue, “hasta mediados de los años noventa, la gran ausente del debate crítico y teórico en torno a la literatura africana en general, o a las literaturas hispánicas”.

Hablar de “otras literaturas de expresión española” supone, para mí, resucitar y prolongar el debate en torno a la pertinencia de la producción literaria de un continente esencialmente políglota, donde conviven, casi siempre de modo armonioso, una plétora de idiomas intraafricanos a los que, por varias razones, se injertan pacífica o violentamente el francés, el inglés, el portugués. Supone, por supuesto, hablar de algo ajeno a lo hispanoamericano y propio de realidades literarias hispanomagrebíes y (subsaharianamente hablando) al menos hispanoguineanas, siendo Guinea Ecuatorial el único país centroafricano que tiene como lengua oficial el español.

 

Dada la muy tardía descolonización de los países negros, todavía permanece el afrofascismo que sigue frenando el desarrollo socioeconómico y cultural de muchas tierras del viejo continente.

2. El protagonismo de Guinea Ecuatorial

Antes de dar la quintaesencia de algunas obras guineoecuatorianas, mencionemos, de modo telegráfico, algunos nombres: Leoncio Evita Enoy (Cuando los combes luchaban, 1953); Juan Balboa Boneke (O’ Boriba, 1982; El reencuentro. El retorno del exiliado 1985; Requiebros, 1992); Ciriako Bokesa Napo (Voces de espuma, 1987); Donato Ndongo (Las tinieblas de tu memoria negra, 1987, Los poderes de la tempestad, 1997); Juan Tomás Ávila Laurel (Poemas, 1994; Rusia se va a Asamse, 1998; Nadie tiene fama en este país, 2004); Daniel Jones Matama (Una lanza para el boabi, 1962); Justo Bolekia Boleká (Löbela, 1999); Pancracio Esono Mitogo Obono (El hombre y la costumbre, 1990); Jerónimo Rope Bomabá (Álbum poético, 1994); Francisco Zamora (Memoria de laberinto, 1999); Maximiliana Nkogo (Adjá-Adjá y otros cuentos, 1994); Joaquín Mbomio Bacheng (El párroco de Niefang, 1996); María Nsue Angüe2 (Ekomo, 1985); Raquel Ilombé (Ceiba, 1978, Ceiba II, 2014), y un largo etcétera. Nada exhaustiva es esta bibliografía perteneciente a una literatura en plena emergencia, nacida oficialmente en 1953.

En efecto, el drama de la Guinea posindependentista es la derrota de los gobernantes frente a una población que había visto en la descolonización el ocaso de sus traumas. Y allí donde ha fracasado la política —porque sigue el tribalismo y no germina la tan cantada libertad frente a un desarrollo hoy innegable— surge la literatura para concienciar a los hombres y procurar proponer soluciones. Tal fue el empeño del autor de El reencuentro…, la novela del también poeta Juan Balboa Boneke. El hombre y la costumbre muestra el drama del africano frente al binomio tradición-modernidad. Y donde la tradición sigue ejerciendo sobre la mujer su dulce dictadura en una sociedad machista y modernizante, Ekomo inaugura la literatura feminista guineana desde una perspectiva narrativa que trata de alejarse de la que hubiera sido considerada como visión subjetiva de una escritora sobre su entorno social. Cuando los avatares de colonización siguen atormentando al escritor, también nacen novelas como Las tinieblas de tu memoria negra o su correlato Los poderes de la tempestad, obra donde la tonalidad irónica sirve como telón de fondo estilístico de una realidad temática que resucita en la sicología del protagonista-chico el credo colonial.

La literatura de Guinea Ecuatorial surge en los 50 con la novela etnológica y costumbrista Cuando los combes luchaban, de Leoncio Evita Enoy.
La literatura de Guinea Ecuatorial surge en los 50 con la novela etnológica y costumbrista Cuando los combes luchaban, de Leoncio Evita Enoy.

Dada la muy tardía descolonización de los países negros, todavía permanece el afrofascismo que sigue frenando el desarrollo socioeconómico y cultural de muchas tierras del viejo continente. Una de las consecuencias de este estado de cosas es el doloroso desarraigo que procura a los escritores la materia prima de sus obras. Se trata de Anacleto Oló Imbuy (Morir en el exilio, 1987), Donato Ndongo (Epitafio, 1984), Balboa Boneke (Desde mi vidriera, 1983), Julian Bibang Oyee (La salve) o Francisco Zamora Loboch que pinta el hastío de todo exiliado, prisionero de las grandes vías como fuimos muchos de nosotros, extranjeros en casa y en las calles europeas, en busca de identidad (¿Quién soy?, de Raquel Ilombé), incluso desde la Bata querida, es decir, desde el exilio interior.

Paisajismo y añoranza se dan cita en esta literatura también aureolada de esperanza frente a un mundo a veces globalizado y tendente a ejercer en el escritor una presión diaria; presión que le lleva a descuidar lo tradicional y a desarrollar en sus escritos tópicos más universales. En los paratextos de la antología que editaron en 2000, Donato Ndongo y Mbaré Ngom señalan que “dentro de ese proceso de exploración de nuevas formas escriturales y de la realidad guineana de la posindependencia” se enmarcan las ya citadas obras siguientes: Álbum poético, Poesías, Adjá-Adjá y otros relatos y El párroco de Niefang.

La literatura guineana, cuya periodización obedece hoy en día a obvios criterios temáticos, es de carácter costumbrista (Cuando los combes luchaban) histórico y social, si bien hay que señalar las frecuentes variaciones de los sujetos líricos descentrados, que casi nunca recurren a la métrica rigurosa, y que se expresan sea desde la voluntaria y sugerida llaneza del lenguaje reconciliador (el Juan Balboa de Requiebros), sea desde un plano más complejo que apela a la participación del lector. Lector que, al gozar de la pureza de lo escrito o de la oscura realidad embellecida, llora a la vez por la soledad de un emisor culto que, desde la más opaca e incierta tiniebla, sueña con la esperanza que nunca muere. Es sin duda lo que hace el poeta Ciriaco Bokesa en “Soneto personal” y en varias páginas de sus Voces de espuma, poemario cuya estética fue estudiada en 2001 por el investigador camerunés Joseph Magloire Mbol Nang.

En los renglones de Voces de espuma se mezclan ensoñación y metapoesía, melancolía y fascinación del misterio, etopeya y prosopografía, intimismo y misticismo, telurismo y universalismo, espejismo, culto a la naturaleza y a la vida, más allá de la incertidumbre del dolor, la nostalgia y la muerte. Dice así el poema, a cuyo esquema endecasilábico corresponde el tema de la esperanza, que viene de la espera y la fe, todas intuidas desde las perfectas rimas de la escritura lírica:

Todo el mundo teme a que yo renazca.
La niebla gravita su incertidumbre,
para impedir que mi vuelo a la cumbre
goce del diáfano ampo que le plazca.

A menudo vislumbro en la borrasca
la cálida centella de la lumbre.
Me arrulla una fe, mas la pesadumbre
apenas si se deja asir del asta.

Largos caminos tiene la sonrisa
de los que funden la nube primera
en besos de triunfo; pues la esperanza

más fecunda necesita la brisa
de los valles, del monte o la pradera,
para perpetuar cuando al fin alcanza.

Si en el poema “O bulahelea” Juan Balboa se pregunta dónde está la libertad, en “Añoranza” la espera de la felicidad es tan larga que sólo en la nostalgia triunfa la esperanza. En esta añoranza se elevan las piedras de la infancia vista como sucedáneo de la independencia. Estilísticamente, la interrogación retórica “y mañana, ¿qué seré?” problematiza el ya incierto futuro guineano. Frente a este renacer dudoso se iza en el plano vertical la anáfora desiderativa “quisiera volver”. El eje de este deseo pasa por el pedregoso espacio natal, la niñez caracterizada por el reír y el jugar descalzo. Actitud aparentemente ingenua del niño, que traduce el tiempo de la inocencia; actitud que se opone al de la soledad y del silencio actual. Lo que se añora aquí es la libertad que anhela toda la sociedad, “que en silencio y con desvelo, / no ha encontrado la verdad” porque “los pájaros ya no cantan”, como escribe Cristino Bueribueri Bokesa; lo que se añora son aquellos paisajes de intensa humildad, que recuerdan las maravillas de su primavera africana. Humildad que logra contagiar el lenguaje poético, lenguaje que se vuelve más escueto, más sencillo y evocador:

Quisiera volver a mi ayer,
quisiera ser de nuevo niño
y con los pies desnudos
correr por las pedregosas
calles de mi verdad rebolana.

Quisiera volver a mi niñez
para jugar y saltar,
para cantar y reír,
y para llorar, quizás:
pero en la libertad.

Sí, quisiera volver;
quisiera volver a mi ayer.

Ayer… ayer niño fui,
Hoy, hombre soy,
y mañana, ¿qué seré?

Sí, quisiera volver;
quisiera volver
a mi inocente libertad.

En un estudio anterior sobre “el lenguaje musical de Juan Balboa Boneké” (2013) ya subrayé, en lo concerniente al texto citado, la importancia de la sustantivación del adverbio en la estructura “mi ayer”, que, mediante una simetría, desemboca, en el plano paradigmático, en el segmento “mi niñez”, metonimia del pueblo, pues, de la Guinea Ecuatorial asimilada al ya remoto reino de la infancia.

 

La primera muestra de literatura negroafricana de habla hispana data de 1936 y pertenece al escritor malgache Jean-Joseph Rabearivelo.
La primera muestra de literatura negroafricana de habla hispana data de 1936 y pertenece al escritor malgache Jean-Joseph Rabearivelo.

3. Más acá de Guinea: Madagascar, cuna de las primeras premisas

Hablar de literaturas africanas hispanas es contar, apriorísticamente, con un abanico de plumas de variopinta tinta. Estamos ante una realidad pluridimensional, ante una plétora de países algunos de cuyos autores han elegido crear en castellano por razones personales, académicas o históricas, o por huir de los fantasmas de un idioma dolorosamente heredado de la colonización.

Si la literatura de Guinea Ecuatorial surge en los años cincuenta con la publicación de la novela etnológica y costumbrista Cuando los combes luchaban, la poesía subsahariana escrita en castellano brotó tímidamente “antes en la isla de Madagascar hacia 1930, de manos de uno de los poetas africanos francófonos más reputados: Jean-Joseph Rabearivelo (Antananarivo, 1901-1937)”. La primera muestra de literatura negroafricana de habla hispana data de 1936 y pertenece a ese escritor malgache.

En un pasaje de su poemario (en francés) rotulado Proses pour Durtal, introduce versos en español. Mediante un juego antitético propio del género lírico, el poeta está en busca de una compañera a la vez presente y ausente, real e irreal, concreta y abstracta, una mujer cuya corporeidad fugitiva resucita no sólo el mito de la búsqueda, sino también el dialogismo que suele existir entre emisor y receptor, entre el yo y el tú líricos. Aquí, donde han desaparecido los puntos interrogativos, el adverbio “dónde” traza paradigmáticamente el eje de la búsqueda y, al repetirse varias veces, se anaforiza así el ansia del personaje poemático. Ansia permanente reforzada por el uso del polisíndeton:

Dónde estás amiguita mía que no conozco y que no obstante me conoces y murmuras mi nombre Dónde estás hermosa que nunca jamás he visto y que no obstante duermes en mi cabeza y tienes sueños en mi corazón Dónde Dónde estás.

 

Saleh Abdalahi, poeta saharaui.
Saleh Abdalahi, poeta saharaui.

4. Algunas voces hispanomagrebíes

Escriben en español, además de en árabe y en francés, poetas marroquíes como Mohamed Mamoun Taha, Mohammad Chakor, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Sibari, Laila Bel Ghali, Samira Abdelaziz, Jalil Tribak, Mohamed Maimoni, Abderrahman El Bakkali o Abderrahman El Fathi, para quien el vaivén de las olas le trae nostálgicamente a la memoria su dulce estancia a la orilla del mar metaforizado y personificado. Si el mar simboliza el movimiento, el ir y venir de los seres humanos, quizá la evocación del estrecho traduzca la angustia del hombre, dividido entre una y otra realidades, entre una y otra tierras:

Ese estrecho con los ojos abiertos
va devorando
lentamente, en silencio,
en la profunda calma,
en la triste bonanza,
entre sus olas, en sus algas,
el beso de un hombre
que un día cualquiera
se olvidó
tendido en la arena.

Por ser hispanistas, también escriben en castellano el egipcio Saifunddin Rahhal, los tunecinos Hedi Oueslati y Ahmed Tlili, en cuya obra ronda, imponente, la imagen de la muerte, la soledad, lo profano, la dualidad existencial. Muerte inmersa precisamente en el lugar de la soledad, de la podredumbre y la desintegración del ser, espacio sepulcral ya de por sí sagrado, pero donde la evocación del búho africano y las numerosas simetrías estilísticas anuncian más bien la paralela presencia de lo profano, pues, de la dualidad existencial:

Muerte,
qué cementerios lejanos
en que solo el viento silba;
cuántos ojos, cuántas manos
se ha comido cada tumba;
qué búhos de cantos profanos
te despiden cada alba.

Si la emergencia de una literatura hispanomarroquí se debe a que el norte de Marruecos fue protectorado español desde 1912 hasta 1956, asimismo el Sáhara fue colonia española desde 1884 hasta 1975. De ahí que haya hoy en día, como recuerda el filólogo Pié Jahn, al menos “una decena de poetas saharauis” que (hace más de una década) escriben en español, y cuyos textos fueron antologados en Añoranza3 y Bubischer.4 Como autor consagrado se puede citar a Limam Boicha, autor de Los versos de la madera. En palabras de María Jesús Alvarado, “la poesía saharaui es dulce, serena y profunda, y nos habla del dolor del exilio, de la guerra, de la añoranza, pero también de la grandeza de su tierra y de sentimientos que a todos nos son propios, como el amor o la necesidad del otro”.

Repongamos como ejemplo estas preciosas estrofas de Saleh Abdalahi, en las que el espacio, lo astral y lo animal se juntan para expresar los valores profundos del ser, la dualidad, la búsqueda de libertad, la serenidad a veces quebrada, el universalismo que se da a través del dinamismo que metaforiza el camello, movimiento moroso que traduce en el plano estilístico el uso de la anáfora:

Puedo entender que la tierra
gire sobre un eje,
que la luna brilla porque existe el sol,
que la lluvia caiga del cielo
y luego la busquemos en las profundidades
de la tierra.

Pero lo que no puedo entender,
sabiendo que el camello
es libre, dueño del viento y del espejismo,
es tenerlo atado a la inmensidad.

 

Irina Razafimbelo
Irina Razafimbelo, una de las primeras autoras de la incipiente literatura hispanocamerunesa.

5. Huellas subsaharianas

Existen unas cuantas producciones provenientes de países francófonos y anglófonos situados al sur del Sahara (Togo, Benín, Congo, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Senegal, Camerún). Algunas fueron recogidas en 1991 por Béyong-Bodoli en la antología Cantos del Sahel.5 La togolesa Colette Michel Kanle invita a todos al diálogo sincero, sin discriminaciones raciales, a luchar por la igualdad y la hermandad entre todos. La poesía de la congolesa Sylvette Clara Yengo expresa dolor y desesperación mientras que la de Germaine Gbeha (Benín) habla de las vicisitudes de la vida, de la maldad y la metamorfosis del ser al que corrompe la sociedad.

En cuanto a los versos del burkinabé Jean-Baptiste Kafando, claman lo esencial de la presencia del amor, la inminente desolación del alma humana frente a la posible soledad. Tal angustia desemboca en verdadera obsesión. Ésta implica en el plano de la expresión el uso de la anáfora “sin ti”, figura que favorece el discurso dialógico-amoroso:

Sol de mi corazón Cómo explicarte que sin ti Estoy sin vida Que sin ti No puedo respirar Que sin ti Tengo las noches toledanas.

De Níger brota la poesía de Abdoulaye Boureima de tonalidad directa, dolorosa y metonímica: “cuando sufres / todos los africanos sufren”. Y de un país anglófono como Nigeria la de Awa Umoru, donde dialogan intimismo, elipsis y símiles: “Te siento mucho a pesar de tu desprecio / pues eres sensible a la lástima / como la hoja a la brisa”.

En uno de los poemarios del senegalés Sidi Seck, titulado Voces de kora,6 hay preciosísimos versos de ambientación bucólica que recuerdan los orígenes humildes del poeta. Versos minuciosamente cortados en el huerto de la creación poética, en la que no suelen tener derecho de ciudadanía los ripios, como la mala hierba de los campos, o la hierba envenenada de la que se habla aquí, la que suelen quitar o quemar los campesinos y pastores:

Quiero llegar con mis herencias lascivas a la entrega sin fin de la manada domada, sajar sus principios, quemar su hierba envenenada.

Siguiendo con otro país francófono (Camerún), es de subrayar que los trabajos de Gloria Rosique, Irina Razafimbelo, María Jesús Alvarado y Juan Tramunt constituyen una de las primeras contribuciones a la incipiente literatura hispanocamerunesa, denominación que debe aceptarse cuando el concepto de hispanidad deja de albergar una connotación estrictamente colonial para abrirse a toda actividad literaria que implica el uso del español como lengua de comunicación. Además de su expresivo prólogo a Equinoccio7 y a El carro de los dioses,8 pertinente es, a este respecto, el artículo de Guillermo Pié Jahn titulado “Aproximación a la poesía hispanocamerunesa”, publicado en La situación actual del español en África, obra dirigida por Gloria Nistal Rosique y el mismo Pié. Este estudio presenta la literatura hispanoafricana como una realidad evolutiva que supera los límites de Guinea Ecuatorial para abarcar al menos cuatro principales polos de producción: Marruecos, el Sáhara, Guinea y Camerún.

La literatura hispanoafricana, al surgir dentro de un complejísimo contexto multilingüe, es un mosaico de plumas oriundas no sólo de Guinea Ecuatorial, sino de países apriorísticamente ahispánicos.

Cae en la misma cuenta el investigador ecuatoguineano M’baré N’gom, quien replantea en sus trabajos la problemática de la literatura africana en castellano, habiendo reparado en la evolución de la cuestión, en la imposibilidad de limitarlo todo a los escritores de su tierra, en la necesidad de mostrar que se va ampliando el campo de producción de la literatura negroafricana hispana: “Las investigaciones han revelado nuevas voces, nuevas plumas, nuevas escrituras y nuevas inquietudes”9 no sólo en Guinea, sino en países como Senegal o Camerún, cuya nueva entrega, en parte mediada por la mundialización o globalización, “nos obliga [añade N’gom] a replantear todos los parámetros teóricos y críticos de los que nos hemos valido hasta ahora”.

N’gom se limita a tan sólo tres de ellos, a diferencia de Alvarado y Pié Jahn, que suelen mencionar en sus estudios a seis autores cameruneses cuyos textos estudiaron y a los que hoy deben añadirse el mediador cultural y cuentacuentos Boniface Ofogo Nkama (Una vida de cuentos, El león Kadinga) y al joven poeta Mahop Ma Mahop (Monólogo de Adán, 2009; Kanenboa, 2012). A mi modo de ver, dada la recurrencia de los flujos migratorios desde los años 2000 y las proporciones exponenciales que han tomado estos últimos meses en Europa, esta (justificable) restricción de M’baré N’gom se debe sin duda a que los tres autores por él citados (Johlio, Vi Makomè y Céline Magnéchié Ndé) indagan en la palpitante cuestión de la inmigración africana en España, tema que también atraviesa la poesía y los relatos de Guy Merlin Nana Tadoun.

En efecto, tras varios años de intensa labor personal, la literatura camerunesa en lengua española se difundió mejor tras la publicación, por la editorial Puentepalo, de las mencionadas antologías de poesía y prosa. Ambas obras vienen a despejar, desde España, los esfuerzos que cada uno de los seis coautores ya había realizado a escala personal, nacional, continental e internacional. Más allá de los artículos y manuales didácticos, de los ensayos y monografías universitarias, la literatura hispanocamerunesa se configura tímida, progresiva y verdaderamente en torno a autores como Germain Metanmo (El hijo varón, 1985; Diario de Hoo, 2010; Criada en el paraíso, 2014); Inongo Vi Makome, novelista, dramaturgo y ensayista cuyos títulos suelen darse tanto en lengua africana como en castellano (Rebeldía, 1997; Muna Anyambe [La hija de Dios], 2006; Mam’ening [Cosas de la vida], 2013); Robert Marie Johlio (El esqueleto de un gigante, 1998); Mbol Nang (La huérfana y otros cuentos, 2004); Céline Clémence Magnéchié (¿Verdad que esto ocurrió? Cuentos orales africanos, 2004), o yo mismo con el poemario Horizontales (2005).

Por no traducir ni glosarme a mí mismo, les remito a dos poemarios más recientes digitalizados y publicados por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Se trata de la versión personal de Equinoccio (2014) y Mar de ébano (2014), tal vez mi obra en castellano más madura, cuyo tema se prolonga en otro más reciente escrito en francés y publicado por Edilivre en julio de 2015: Géométrie du ressac (Geometría del resaco). También digitalizaron “Rumbo a Melilla”, un relato breve basado sobre inmigración clandestina africana, que ya apareció, junto a otro titulado “Camerunerías”, al final de El carro de los dioses.

Como la antología poética de 2007, este segundo libro colectivo tuvo como compilador a Guillermo Pié Jahn que, un año antes, precisamente cuando apareció Equinoccio, publicó en La situación del español en África y a guisa de anejo a su “Aproximación a la poesía hispanocamerunesa”, el “cuestionario cumplimentado por los seis escritores cameruneses durante los meses de marzo y abril de 2006” (pp. 227-245). La entrevista, que se hizo en línea, permite ahondar en la cosmovisión de éstos, que justifican su quehacer poético y prosaico por varias razones. Le confiesan al entrevistador que escriben: 1) por querer “comunicarme con otras culturas” (Robert Marie-Johlio), siendo Camerún “una miniatura de África”; 2) por “capricho” o por ser simplemente hispanista (Mbol Nang); 3) por “convicción pragmatista” (Germain Metanmo) o 4) “por circunstancias de la vida” (Inongo Vi Makomè); 5) por ser francófona y sentirse una “más a gusto en esta lengua” (Céline Magniéchié Ndé); 6) por placer y por pertenecer a un pueblo planetario, por ansia de abrirse a un mundo cada vez más globalizante y globalizado (Guy Merlin Nana Tadoun).

Además de Guillermo Pié Jahn, Gloria Rosique, María Jesús Alvarado y Juan Tramunt, sobre literatura hispanocamerunesa e hispanoafricana existen artículos escritos por investigadores nativos como Mbol Nang, Onomo Abena, Pierre Onana Atouba, Johlio Robert Marie, Issakar Nguendjo, etc. Dejemos para más tarde reflexiones más técnicas sobre la poética de sus autores y apuntemos que, como la guineana, la literatura en español producida por cameruneses podría inscribirse lógicamente en la llamada literatura hispano-negroafricana (M’bare N’gom) o hispanoafricana según la terminología de Donato Ndongo.

Sin embargo, por evitar polémicas en torno a dos proyectos culturales a la vez distintos y parcialmente parecidos, utilizamos el término “hispanocamerunesa”, no sin recordar que además de aquellas hechas en lenguas africanas o autóctonas, existe otra literatura camerunesa encabezada por figuras históricas como Charles Atangana (Die Jaunde-Texte, 1913) y perpetuada por Philomène Atyame, André Ekama, Daniel Mepin, Patrice Djoufack, Jean-Félix Belinga Belinga, Hilaire Mbakop, Patrice Nganang, Alexandre Kuma Ndoumbé III, cuya lengua de trabajo no siempre es el francés ni el inglés, tampoco el español, pero sí el alemán.

Llamémosla ahora no la nueva, sino la otra literatura camerunesa de expresión extranjera, al lado de la cual se erigen plumas anglófonas como Bole Butaka, Ambanasson, Bate Bessong, Sankie Maimo, Linus Assong, Anne Tanyi Tang, o escritores francófonos como Elolongue Epanya, l’Abbé Charles Ngandé, René Philombe, Jean Louis Ndongmo, Engelbert Mveng, Francis Bebey, Fernando d’Almeida, Célestin Tchého, Paul Dakeyo, Patrice Kayo, Ernest Alima, Eno Belinga, Jean Claude Awono, Anne Cillon Perri, sin olvidar a famosas escritoras como Werewere Liking o Calixte Beyala. Literatura incipiente tan sólo en español y en alemán. Literatura todavía en busca de voces10 y vías, de guías y difusión.

 

Si Madagascar constituye lo que puede llamarse la tímida prehistoria de la literatura hispano-subsahariana, Guinea representa su historia mientras que Camerún prefigura la más reciente contribución a la producción negroafricana de habla hispana.

6. Conclusión: Guinea, centro de una constelación periférica

Con la esperanza de volver más tarde a incidir e insistir en la polifacética realidad literaria camerunesa, acuérdense de que, lejos de ratificar lo que yo llamaría (si se me permite el neologismo) guineocentrismo literario africano, este breve estudio ha tenido por finalidad mostrar, mediante una lectura panorámica, que la literatura hispanoafricana, al surgir dentro de un complejísimo contexto multilingüe, es un mosaico de plumas oriundas no sólo de Guinea Ecuatorial, sino de países apriorísticamente ahispánicos. Desde luego, la investigación en torno a su congruencia ya no debe coartarse a criterios puramente coloniales. Con la evolución de la historiografía literaria, reparamos en que la idealización y el voluntario aprendizaje del español por intelectuales árabes, francófonos y anglófonos generan un fenómeno de eufórica apropiación de la segunda o tercera lengua hablada, con fines estéticos.

No obstante, aunque Guinea Ecuatorial no es la cuna de la literatura africana en español porque el malgache Jean Joseph Rabearivelo publicó antes de 1953 un libro en francés con versos en español, es hoy considerable e incontestable la aportación de los escritores naturales de ese país. Centro de un círculo que irradia escrituras periféricas, la literatura guineoecuatoriana ha influido a muchos escritores cameruneses que, antes de viajar a España, ya la estudiaron en universidades nacionales o entraron en contacto directo con ella mediante viajes o documentales televisivos.

Si Madagascar constituye lo que puede llamarse la tímida prehistoria de la literatura hispano-subsahariana, Guinea representa su historia mientras que Camerún prefigura la más reciente contribución a la producción negroafricana de habla hispana. Contribución que ratifica, en el ámbito universitario, la pertinencia de los estudios transversales o transculturales. Ahora bien, aunque Camerún sea un país oficialmente bilingüe, seguirá sin aprovechar debida y eficazmente su estatuto de república multilingüe para conquistar un lectorado muy amplio capaz de leer lo mismo tanto en francés como en inglés. De ahí la siempre imperante importancia de la traducción directa e inversa, fecunda y única vía de salvación que dirimirá, eso espero, la paradoja relativa a la recepción nacional e internacional de la emergente11 literatura hispanocamerunesa e hispanoafricana12 en general: crisol de innumerables culturas, literatura-arcoíris que es hija de la oralidad, oralidad que es madre de la africanidad, africanidad que se expresa a priori en letras europeas, o sea en lenguas inglesa,13 francesa, castellana y portuguesa,14 antes que “indígena”.

 

Bibliografía crítica sobre literatura africana de expresión española

  • Bueno Guinamard, Alexis (2001): Mirar a África, redescubrir Europa, Cristianisme i justicia, Barcelona.
  • López Rodríguez, Marta Sofía (2003): “Literatura africana femenina: una perspectiva mujerista”, en Cuadernos del Centro de Estudios Africanos, Nº 3, pp. 137-184.
    (2007): “La obra de María Nsue en el contexto del español mundial”, en Rosique, Gloria, y Guillermo Pié Jahn (dirs.): La situación actual del español en África, Madrid, Sial/Casa de África, pp. 118-138.
  • Martínez Alfaro, Rosa, y Pere Comellas (2003): “Literaturas africanas en lengua portuguesa: breve recorrido por la producción literaria lusófona de Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea Bissau y Santo Tomé y Príncipe”, pp. 77-109.
  • Mbol Nang, Joseph Magloire (2001): “La estética de la poesía de Don Ciriako Bokesa Napo”, en Epos XVII, Madrid, Uned, pp. 209-227.
  • Nana Tadoun, Guy Merlin (2013a): “Oralidad, modernidad e intertextualidad en La huérfana y otros cuentos de Mbol Nang”, en Tonos Digital, Nº 24, Universidad de Murcia.
    (2013b): “Le langage musical de Juan Balboa Boneke: l’anaphore comme mode de stylisation de la dysphorie et de l’euphorie”, Syllabus Review 4 (1), Ecole Normale Supérieure, Université de Yaoundé I, pp. 1-25.
  • Ndongo Bidyogo, Donato, y Mbaré N’gom Faye (2000): Literatura de Guinea Ecuatorial (antología), Madrid, Casa de África.
  • N’gom Faye, M’Baré (2003): “Literatura africana de expresión española”, en Cuadernos del Centro de Estudios Africanos, Nº 3, pp. 111-135.
    (2007): “Lengua española y literatura en África. La literatura africana en castellano”, en Rosique, Gloria, y Guillermo Pié Jahn (dirs.): La situación actual del español en África, Madrid, Sial/Casa de África, pp. 139-169.
  • Onana Atouba, Pierre Paulin (2013): “El cuento camerunés en español, entre escritura, traducción y transcripción de la oralidad”, en Annales de la Faculté des Arts, Lettres et Sciences Humaines, Université de Yaoundé I, Nº 15.
  • Onomo Abena, Sosthène (2012): “Una literatura camerunesa en lengua española”, Annales de la Faculté des Arts, Lettres et Sciences Humaines (Université de Yaoundé I) vol. 2, Nº 14.
    y Joseph Désiré Otabela (2004): Literatura emergente en español: literatura de Guinea Ecuatorial, Universidad de Minnesota: Ediciones del Orto.
  • Pereyra, Verónica, y Luis María Mora (2003): “En busca de Kuma: literaturas africanas de expresión francesa e inglesa”, en Cuadernos del Centro de Estudios Africanos, Nº 3, pp. 11-75.
  • Pié Jahn, Guillermo (2007): “Aproximación a la poesía hispanocamerunesa”, en Rosique, Gloria, y Guillermo Pié Jahn (dirs.): La situación actual del español en África, Madrid, Sial/Casa de África, pp. 203-245 (inclusive el anejo).
Guy Merlin Nana Tadoun

Notas

  1. Pié Jahn, Guillermo (2007): “Aproximación a la poesía hispanocamerunesa”, en Gloria Rosique y Guillermo Pié Jahn (dirs.): La situación actual del español en África, Madrid, Sial/Casa de África, pp. 203-226. Al final de este estudio se injerta un cuestionado cumplimento por los seis coautores de la antología hispanocamerunesa de 2008. El cuestionario permite ahondar en la intrahistoria y cosmovisión de sus autores.
  2. Esta obra es importante desde una perspectiva femenina y feminista. Pertinente es, al respecto, el trabajo de Marta Sofía López Rodríguez (“Literatura africana femenina: una perspectiva mujerista”).
  3. Data de 2002, publicada en Barcelona por la editorial Alta Fulla.
  4. Obra de 2003 cuya casa editorial es Puentepalo, sita en Las Palmas de Gran Canaria.
  5. Libro de 1992 publicado en Santa Cruz de Tenerife por la editorial Sitio del Fuego.
  6. Lo publicó en 2000 la editorial Método, situada en Granada.
  7. De 2007, ésta constituye la primera antología de poesía hispanocamerunesa, publicada por Puentepalo y a cargo de Guillermo Pié Jahn. Destacan aquí cuatro figuras poéticas: Guy Merlin Nana Tadoun, Germain Metanmo, Céline Magnéchié Ndé y Joseph Magloire Mbol Nang.
  8. En cuanto segunda antología (de relatos hispanocameruneses), fechada en 2008 y editada otra vez por Puentepalo, tiene como coautores a los cuatro de Equinoccio más dos autores que se expresan fundamentalmente en prosa. Se trata de Inongo Vi Makomè y Robert Marie Njolio.
  9. Lo dice M’baré N’gom en los paratextos que comparte con Donato Ndongo en Literatura de Guinea Ecuatorial (antología), publicada en Madrid en el año 2000 por la Editorial SIAL. Existe otra antología anterior, cuyo compilador fue Donato Ndongo-Bidyogo (1984): Antología de la literatura guineana. Madrid: Editora Nacional.
  10. Hablando de nuevas voces que deben brotar para ensanchar el horizonte de la literatura camerunesa, me consta subrayar, en esta nota postrera, que uno de nuestros estudiantes, Dieudonné Fokoua, acaba de ver publicado su primer poemario en español. El libro, que se titula Álbum de un alma que nunca dormita (2015), es “un grito que lanza el poeta ante el dolor, la miseria y las injusticias que azotan al género humano. Su trasfondo de esperanza contiene una invitación para que cada uno obre para el advenimiento del amor y de la justicia a los que aspira nuestro mundo”.
  11. Les remito a la obra de Onomo Abena y Otabela.
  12. Tal vez sea más idóneo hablar de literaturas africanas de expresión española para referir a cualquier producción hecha en español por cualquier africano afincado o no en África, “hispanohablante” por haber heredado el castellano de la colonización o por haberlo estudiado de alguna u otra manera.
  13. En “En busca de Kuma: literaturas africanas de expresión francesa e inglesa”, Verónica Pereyra y Luis María Mora recuerdan, contrariamente a “la política británica del indirect rule tuvo entre sus consecuencias una menor alienación de los territorios colonizados respecto de los idiomas nativos, lo cual, aunque de manera indirecta, favoreció el desarrollo y florecimiento de la expresión literaria en lenguas locales” (p. 49).
  14. La literatura africana en lengua portuguesa se encuentra en países como Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea Bissau y Santo Tomé y Príncipe (véase la entrada crítica sobre Rosa Martínez Alfaro y Pere Comellas).