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La imagen en espejo

lunes 15 de febrero de 2016
“La creación de Adán”, por Miguel Ángel, ca. 1511
El universo se conoce por nosotros, los únicos conscientes de su mortalidad; luego, necesitamos darle y darnos un sentido; qué conductas y valores morales asumir. “La creación de Adán”, por Miguel Ángel, ca. 1511

“¿Por qué ser y no nada?” (Leibniz). “Hay un proceso de deshumanización, de regresión del proyecto humanista construido durante siglos… sin espacio para las políticas sociales”. Sobbottica (Brecha, Nº 1.556). “El hombre es un animal político”. Aristóteles.

El problema existencial fundamental plantea si hay o no un sentido inmanente a la realidad, no sólo el individual y el de la especie. Lo plantea el filósofo y el profano en mitos, creencias, conductas, por costumbre (mos) o críticamente. Necesitamos relacionamos con el medio, con los otros, con las cosas. Creamos un lenguaje simbólico que nos ahorra experimentar directamente; y con el lenguaje, la lógica.1 Nos anticipamos a la praxis, así como la magia precedía a la caza. Pero la simbolización se proyecta al objeto, identificando los procesos de la realidad con las leyes.

Depende de nosotros crear modos de convivencia compartible en el planeta, que se va haciendo inhabitable.

Proyectamos un Orden racional de leyes y valores. Dios es la sublimación de ese orden y de sus valores positivos. También una respuesta mítica a la pregunta “¿por qué ser y no nada?”. La idea de un Logos universal es una proyección simbólica del orden de la polys. En Heráclito la idea de causa y efecto se toma de la Diké (justicia). La Causa prima (aristotélica), Dios, recoge una necesidad intelectual acerca del origen —ya que todo nace de otro ser—, y del para qué (el problema del sentido). Según Ortega, la razón, en Platón, es dar razón de algo, definir. Vamos del objeto (el problema) a los elementos, que la razón ya no puede analizar. Para Aristóteles lo real es teleológico (finalista). En la metafísica antigua y en las teogonías, la materia es viviente (hilozoísmo). Es difícil despojarse de la proyección antropocéntrica, como los atomistas griegos. (La hipótesis del Big Bang conduce a la Causa primera, Dios, de Tomás de Aquino). Lo común es la exigencia de un Creador, lo cual supone una creación ex nihilo, a partir de la nada. Es una petición de principio, círculo vicioso que remite el problema a otra causa anterior o a aceptar la nada, que es inconcebible. Comenzar en la nada es aceptar un devenir finito, que concluiría en un vacío, otra nada impensable. La realidad habría comenzado en la irrealidad y seríamos reales en un mundo irreal. El no-ser sólo es pensable por negación (una tautología: la nada es no ser). Es difícil pensar que la realidad no sea racional como nosotros, no sujeta a una causa. Proyectamos nuestra racionalidad (jurídica) a la regularidad de los procesos físicos. Confundimos las leyes físicas —que el progreso científico cambia o confirma— con los procesos físicos reales. El empirismo se limita a la observación, la regularidad de los procesos y, en lugar de causa-efecto, habla de antecedente y consecuente (omito la microfísica). La naturaleza sólo es racional para el pensamiento. Lo contradictorio aún pertenece a la lógica. La realidad es a-racional, ni lógica ni pensamiento: sólo es.2 Razonar es relacionar, transitividad: (A es B y B es C, luego…). Pero frente al Ser —lo más general pensable—, la razón resbala: ya no hay otro término al que relacionar. La realidad (res, cosa), última, es irreductible a una causa anterior. Tampoco el Ser es sustantivo sino un ente ideal, como El Estado, La Razón. Ser es “estar ahí”, presencia de algo debajo (substancia) de la apariencia sensorial de ese algo. Lo visible (fenómeno) es lo aparente. Si para Aristóteles Causa prima es causa de sí mismo, es una contradicción en los términos. No puede ser causa y efecto a la vez. Si está primera en el orden causal, es una contusión; satisface la necesidad de relacionar realidad y lógica, si bien la realidad es a-lógica; sólo “es”. La Causa primera admite que la realidad (o Dios), es irreductible a otra causa, y menos aún a la nada o ausencia de ser. Pero si la realidad no es racional ni hay Dios que dé un sentido a la realidad, no hay valores. Para el deísmo y el racionalismo metafísico, diríamos como Dostoievski: “Si no hay Dios (un Orden), todo está permitido”. La naturaleza ni razona ni tiene moral ni valores: es a-moral (que no significa in-moral) y an-axiológica (sin valores).

 

Somos libres

Como seres libres, solidarios y racionales, zoo politicón, nos incumbe la tarea de dar un sentido a la vida y en particular, a la individual y colectiva, so pena de perecer como especie, por la cultura del saqueo, la explotación económica y la agresión al planeta. El universo se conoce por nosotros, los únicos conscientes de su mortalidad; luego, necesitamos darle y darnos un sentido; qué conductas y valores morales asumir. La vida es un hecho y a la vez un valor incondicionado, generador de los demás valores. Fundamento último de una moral empírica, humanista, no sujeta a la revelación ni a otra motivación que el interés de la especie. La fe es una apuesta (Pascal) a lo indemostrable. Pero es preciso recoger los valores solidarios de las grandes religiones; transformar la sociedad y educar para que el instinto de conservación (individual) no devenga en egotismo (Stendhal), ni la conducta territorial en propietarismo, codicia y afán de poder. Kant lo expresó en el imperativo categórico: no tomar a la persona como un simple medio sino como un fin en sí mismo. Tanto el individualismo como las ideologías sociales padecen de la contradicción inherente a la democracia burguesa: ser una democracia universalista en el discurso y particularista en la praxis,3 lo cual deriva en patología social, en emergencia biológica. El miedo a la pobreza, la inseguridad, se compensa acumulando riqueza real y simbólica, y voluntad de poder.

Lo racional para el sistema es el beneficio incondicionado, no la persona. Para el asalariado, lo racional es que el salario le permita una vida humana, la igualdad prometida por la Declaración burguesa, irrealizable en la lógica del beneficio, expropiadora de la plusvalía. Marx afirmó que aún vivimos en la prehistoria. Si la realidad es a-lógica, una aporía (duda objetiva, de imposible conclusión), y no responde a la pregunta acerca del sentido de la vida, de cómo organizarla con el prójimo, y están tapiadas puertas y ventanas, la única opción no es salir por el techo a rogar al cielo. La especie y la vida poseen la respuesta hasta en sus genes: somos animales sociales y racionales (ver la etología). Depende de nosotros crear modos de convivencia compartible en el planeta, que se va haciendo inhabitable. No nos sacralicemos. No es la única especie desaparecida. La sobrevivencia nos demanda el cambio. La tecnología, las comunicaciones, la economía —nacida para todos, no para algunos—, la racionalidad, la solidaridad, lo hacen posible. Quizá la superestructura se vaya adaptando. Los Estados nación —como los Estados ciudad anteriores a Alejandro— no responden ya a su origen.

La historia va hacia la convivencia planetaria unificada, confederada. A la democracia la salva más democracia, libre de la contradicción de los intereses de clase por sobre los de la especie. Es el dilema de Hobsbawn —el gran historiador—: “O superamos las contradicciones de nuestra civilización o entramos en una edad oscura”.

Joseph Vechtas
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Notas

  1. Primero se humanizó la realidad, la magia fue su lógica, y se divinizaron las fuerzas naturales. Luego, el Logos, la Razón, se convirtió en realidad metafísica infalible.
  2. La razón es instrumental, con principios formales. La conclusión puede ser coherente con su premisa —¿la del empresario, la del trabajador?— sin ser verdadera. Hasta las disciplinas formales son susceptibles de paradojas.
  3. Ver la Declaración universal de derechos del hombre y del ciudadano, que también proclama la sacralidad de la propiedad privada.