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Uso de la primera persona en la narración “El matrimonio de los peces rojos”, de Guadalupe Nettel, como una crítica feminista del discurso contemporáneo

lunes 22 de febrero de 2016
Guadalupe Nettel
El matrimonio de los peces rojos (2013) es la última colección de cinco cuentos de la escritora mexicana Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973).
El hombre pertenece a esas especies de animales que,
cuando están heridas, pueden volverse particularmente feroces.
Gao Xingjian
Comparado con un río, incluso con un estanque pequeño, un acuario,
por grande que sea, es un lugar muy reducido para seres
insatisfechos y proclives a la infelicidad como los betta.
Guadalupe Nettel

Es importante para dar inicio a la presente lectura señalar una diferenciación entre la teoría literaria feminista y la crítica literaria feminista, dado que el orden de esta exposición está inclinado a la segunda de las acepciones. Las diferencias planteadas aunque ahora nos parecen evidentes atravesaron por una incansable lucha teórica y metódica, dejando como resultado que corresponda a la crítica literaria hacer una reconstrucción, una evaluación, emitir un juicio de valor acerca de una obra determinada; mientras que a la teoría literaria le compete encontrar los principios literarios, estableciendo criterios y categorías de análisis.

Guadalupe Nettel lo que realiza en su relato es mostrar una visión particular del desarrollo de las relaciones maritales.

Recordemos que para René Wellek y Austin Warren

Lo más indicado parece ser llamar la atención sobre estas distinciones calificando de “teoría literaria” al estudio de los principios de la literatura, de sus categorías, criterios, etc., diferenciando los estudios de obras concretas de arte con el término de crítica literaria (2002:48).

Así mismo, Raquel Gutiérrez Estupiñán, en su texto Una introducción a la teoría literaria feminista, señala que la crítica literaria feminista es reciente, y surge con la publicación de las obras Un cuarto propio, de Virginia Woolf, y El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, sin olvidar su consolidación en obras como Pensando en las mujeres, de Mary Ellman, y Política sexual, de Kate Millet.

Una vez presentado lo anterior, a continuación realizaré una breve presentación de la escritora y el trabajo narrativo a analizar, que será abordado bajo la noción de crítica literaria feminista anteriormente expuesta y además haciendo uso de lo que Biruté Ciplijauskaité denomina y teoriza “narración de la primera persona”.

Guadalupe Nettel nace en la ciudad de México en el año de 1973. Ha dedicado gran parte de su trabajo literario a la creación de cuento y en menor cantidad a la novela. Entre sus publicaciones están las compilaciones de cuentos Juegos de artificio, Les jours fossiles, Pétalos y otras historias incómodasEl matrimonio de los peces rojos (ganador del III Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero) y la novela El huésped, finalista del Premio Herralde; recientemente publicó Después del invierno (2014), novela con la cual —finalmente— recibe el Premio Herralde. Ha recibido varios reconocimientos como el prestigioso premio alemán Anna Seghers (2009), el premio franco-mexicano Antonin Artaud (2008), el Premio Nacional de Cuentos Gilberto Owen (2007) y el Prix Radio France Internacional (1993), entre otros.

El matrimonio de los peces rojos (2013) es la última colección de cinco cuentos de la escritora mexicana Guadalupe Nettel. En cada una de las cinco historias de esta colección, los animales u hongos tienen una presencia fundamental. A veces sirven de catalizadores de decisiones complejas; en otras, se convierten en espejo de los procesos por los cuales pasan los protagonistas humanos. Son cinco historias feroces, pero no en un sentido obvio: acá los animales son plácidos peces de acuario, gatos que ronronean o serpientes potencialmente peligrosas que contemplan plácidas desde su terrario; la ferocidad está en las emociones de los humanos. El matrimonio de los peces rojos es una poderosa reflexión sobre las relaciones humanas, los miedos y deseos que nunca escondemos tan bien como creemos.

La historia del cuento “El matrimonio de los peces rojos” es sobre una pareja pronta a ser padres, vive la espera con un acuario de peces rojos (betta) como testigos. Comenta la narradora: “En general, se aprende mucho de los animales con los que convivimos, incluidos los peces. Son como un espejo que refleja emociones o comportamientos subterráneos que no nos atrevemos a ver” (2013: 16). De a poco, a medida que investiga sobre las características de sus mascotas, la protagonista va interpretando la dinámica que mantiene con su pareja con creciente desasosiego. Así, dice: “Los peces son quizás los únicos animales domésticos que no hacen ruido. Pero estos me enseñaron que los gritos también pueden ser silenciosos” (2013: 24). O, después: “Los peces betta… pueden ver estrecha la pecera más amplia. Siempre les falta espacio y se sienten amenazados incluso por su pareja. Con toda esa presión encima interpretan la existencia del otro” (2013: 34).

Como se puede observar con lo expuesto anteriormente, Guadalupe Nettel lo que realiza en su relato es mostrar una visión particular del desarrollo de las relaciones maritales haciendo una comparación con una pareja de peces, misma relación que es destacable por el hecho de ser una mirada puesta en la naturaleza y destinación al más puro estilo japonés; sin embargo la destinación se ve fraguada por la presencia de multiplicidad de voces, en el sentido de que en el texto se incluye la voz de la autora y da su punto a través de sus personajes sobre la conciencia femenina contra la conciencia masculina predominante.

Se ha identificado que la mujer escribe de una forma consciente. Los elementos que varían de una obra escrita por una mujer y la de un hombre son: la descripción de lugares y espacios en donde se desarrollan las acciones; la puesta en juego de las sensaciones en los personajes protagónicos, mismos que en la mayoría de los casos son mujeres; la narración hecha en primera persona, lo que hace que sea más íntima, y la conjunción del corazón, cuerpo y cerebro para contar sus historias. Guadalupe Nettel en este sentido no se contiene el guardar una sola de las emociones en las cuales está la mujer inmersa por cuestiones biológicas; de igual forma describe la postura ajena que el sexo masculino tiene ante estas sensaciones:

Cuando ya volvíamos a casa, cargados con bolsas de comida, se me ocurrió pedir que compráramos naranjas y Vincent se negó tan rotundamente que me sentí ofendida.

—Son carísimas en esta época del año —argumentó falazmente—. No podremos permitírnoslo. Parece que no supieras la cantidad de gastos que tendremos cuando nazca la niña. Ya no puedes despilfarrar el dinero como has hecho siempre.

No sé si fueron las hormonas. Las mujeres embarazadas suelen ponerse mal por nimiedades. Lo cierto es que, en menos de cinco minutos, sentí cómo mi vida se cubría de nubes oscuras y amenazadoras. (…) Intenté volver a casa sin enredarme en una discusión. Sin embargo, después de unos cuantos pasos, tuve que sentarme a descansar en un banco. El abrigo no me cerraba ya (…). Sentí que mis ojos se cubrían de lágrimas. Vincent también lo notó pero no estaba dispuesto a claudicar (2013: 18).

Hélène Cixous apunta: “La mujer debe escribir su self: debe escribir sobre mujeres y hacer escribir a las mujeres, de lo cual han sido alejadas tan violentamente como de sus cuerpos” (cit. pos. Gutiérrez, 2003:15); es decir, debe hacer valer su voz y es precisamente a través de la escritura femenina en donde la mujer puede hacer valer esa voz, en donde puede plasmar, mostrar y expresar su conciencia femenina ante una conciencia masculina predominante, donde pueda expresar su propio yo. Por ejemplo, en un diálogo que se establece entre la pareja del cuento, las visiones de interés sobre el comportamiento de los peces (que no es otra cosa que una analogía sobre el matrimonio del cuento) refleja la conciencia de juicios predominantes que la autora detecta entre el hombre y la mujer:

Recuerdo que una mañana, mientras preparaba café en la barra de la cocina, me hizo notar que uno de ellos, posiblemente el macho, había abierto sus aletas, que ahora lucían más grandes, como duplicadas, y llenas de colores.

—¿Y la hembra? —pregunté yo, con la cafetera en la mano—. ¿También está más bonita?

—No. Ella sigue igual pero casi no se mueve —dijo Vincent, con la cara pegada al vidrio de la pecera—. Quizás la esté cortejando.

Como se puede observar el interés de la voz femenina recae más en la descripción de detalles y existe una notoria inclinación hacia la estética y enaltecimiento de la belleza, mientras que para la voz masculina, la autora nos muestra que el interés recae hacia una voz costumbrista del apareamiento.

Hélène Cixous, como bien se sabe, propone el término écriture feminine para la escritura producida por la mujer, incluyendo teorías revolucionarias sobre la opresión de la mujer a partir del psicoanálisis freudiano. Asimismo, parte de la premisa de un mundo dividido en oposiciones, en donde a lo femenino le corresponde el lado izquierdo, el lado siniestro. En uno de los pasajes de la obra de Nettel el personaje femenino es expuesto como un ser malvado e incapaz de controlar sus emociones; sin embargo, a su vez se propone una lectura en la cual ya no es posible la opresión y el acallamiento del pensamiento:

Ese mismo domingo, mi madre llamó de Burdeos para anunciar que venía a conocer a su nieta. Pensaba pasar una semana en París y quería saber si podía quedarse en casa o si, por el contrario, preferíamos que se hospedara en un hotel. (…) Después le pasé el auricular a Vincent para que la saludara. Sin embargo, él no quiso esperar al lunes antes de dar su opinión: “Lo siento, querida suegra, pero esta vez tendrá que quedarse en otra parte”.

—¿Con quién crees que estabas hablando? —le grité, apenas colgó el teléfono, mientras le arrojaba a la cara uno de los regalos (…). Los gritos despertaron a Lila y ésta se puso a llorar escandalosamente, enrareciendo la atmósfera aún más. Cuando por fin conseguí calmarla, me fui a la cama con la certeza de haber violado una frontera infranqueable. Vincent pasó aquella noche en el sofá (2013: 30).

En la analogía que maneja la autora entre el matrimonio y la pareja de peces es innegable reconocer que son estos peces rojos un símbolo de los caracteres y características de sus dos personajes en el cuento. Durante la narración del relato, la escritora mexicana nos cuenta que la protagonista cada vez se siente más interesada por conocer sobre los Betta splendens; este interés le hace averiguar que el macho betta siempre tiene la necesidad de aparearse y que puede tornarse muy violento al no ser correspondido; dicho descubrimiento no es tan importante como el de conocer que los betta son por naturaleza peces sumamente combativos y que no pueden vivir en espacios pequeños, al menos no menores a un contenedor de cinco litros; Nettel en este momento nos describe que la protagonista, al enterarse, recorre el pequeño apartamento en el que vive y así mismo empieza a ruborizarse, siendo este pequeño símbolo un adelanto para el lector de saber que la descripción de los peces no es otra cosa que la manera y forma en la cual se siente inmersa la protagonista. Biruté Ciplijauskaité considera que las innovaciones estilísticas hechas por la mujer se dan porque

se transforma la sintaxis. Se incorpora con facilidad el lenguaje casi incoherente de los sueños. Es notable la orientación hacia el símbolo, pero no por eso se renuncia a la expresión oral. Aumentan las epifanías. Se procede a quitar el ropaje exterior, con sus expresiones lingüísticas tradicionales. Se quiere ahondar cada vez más en la raíz misma de las acciones (Ciplijauskaité, 1988: 25).

Según María del Carmen García Aguilar, la crítica literaria feminista se encuentra orientada hacia el establecimiento de juicios de valor acerca de una obra, apoyándose en:

  1. La des/construcción del lenguaje patriarcal: se intenta encontrar expresiones que nos acerquen a la apreciación de los hechos sin recurrir a conceptos y categorías propias del patriarcado.
  2. La creación de un nuevo paradigma cultural: este paradigma se basa en la no existencia de diferencias genéricas, en donde se erradique la idea de la inferioridad de las mujeres.
  3. El desarrollo de la historia y la promoción de la cultura femenina: la cultura femenina parte de la base de la igualdad entre hombres y mujeres, en donde los textos producidos por ellas encuentren una adecuación a una cultura femenina; es decir, los personajes escritos en los textos femeninos se permean de esta cultura femenina.

Menciono estas aportaciones de García Aguilar porque es principalmente ese el trabajo que desarrolla Guadalupe Nettel en su narrativa, específicamente para el caso de “El matrimonio de los peces rojos”. La protagonista, además de enfatizar su relación amorosa como una analogía de la lucha constante que se da entre los peces betta por demostrar que ambos son igual de luchadores y que pueden adueñarse de los espacios sin depender del otro, es también importante para la escritora demostrar que mediante el sistema literario se da una reivindicación de la equidad entre uno y otro género. La inferioridad de la mujer, como diría García Aguilar, propone un nuevo paradigma cultural en la narrativa de Nettel ya que nos muestra a una protagonista que al darse cuenta de los patrones costumbristas que son impuestos en su hogar decide romper la relación primero emocional y posteriormente conyugal:

—Es muy peligroso dejarlos en ese recipiente —le dije—. Pueden hacerse mucho daño. ¿Te imaginas que llegaran a matarse?

Le hice prometer que los cambiaríamos a un acuario, con oxígeno y algunas piedras donde ocultarse cuando no tuvieran ganas de verse las caras. Él accedió divertido (2013: 24).

Dos de las funciones principales, marcadas por Marcia Holly en la crítica literaria, “consisten, por una parte, en contribuir al establecimiento de los límites del significado de una obra, y por lo tanto de su respuesta potencial; y por otra, en repudiar formulaciones estereotipadas con respecto de las mujeres” (cit pos. Gutiérrez, 2004:70). Se busca establecer una pugna entre el ámbito público y el cultural, en donde la mayoría de las mujeres no sólo se dediquen a las labores domésticas, sino también al ámbito académico, tratando de aplicar esta cosmovisión a los objetivos principales de la crítica literaria. En este sentido tenemos a un personaje que funciona a manera de álter ego de la escritora Guadalupe Nettel; esto es, la protagonista es una mujer de no mayor de treinta y cinco años que ha estudiado en el extranjero, con maestría, lectora, independiente económicamente, con un trabajo de abogacía en una empresa particularmente importante de Francia y que además ha conformado una familia en la que desarrolla rol de hija, esposa y madre.

La lectura feminista evidencia el mundo marginal al que ha sido sometida la mujer, intentando hacer un cambio radical de su condición a través de la crítica.

Elaine Showalter propone una división de la literatura en tres etapas: “1) femenina, que se adapta a la tradición y acepta el papel de la mujer tal como existe; 2) feminista, se declara en rebeldía y polemiza; 3) de mujer, que se concentra en el autodescubrimiento” (Ciplijauskaité, 1988: 15).

La protagonista de “El matrimonio de los peces rojos” se encuentra enraizada en la tercera etapa descrita por Showalter; ese autodescubrimiento lo lleva a cabo a través de la relación entre los peces betta, mismos que le simbolizan la relación marital en la que está envuelta. El pez rojo hembra le ejemplifica en todo momento cómo está siendo ella y cómo de alguna manera está siendo presionada a vivir en un espacio pequeño con restricciones y el constante dominio del macho. La hembra embarazada demuestra que aun en ese estado sigue deseando tener su espacio y deslizarse placenteramente sin imposición. Estas mismas acciones son las que describen a la protagonista, que realiza un autoconocimiento de lo que quiere y es capaz de rechazar, misma razón por la que decide divorciarse para continuar con sus proyectos, no estar encarcelada y romper con las imposiciones patriarcales que estaban siendo impulsadas por su esposo, mismas que el matrimonio acrecentaba al marcar la forzosa obediencia de los roles.

Podemos concluir que la lectura feminista evidencia el mundo marginal al que ha sido sometida la mujer, intentando hacer un cambio radical de su condición a través de la crítica. Lo que interesa a la lectura feminista es hacer un análisis de los estereotipos de las imágenes de la mujer en la literatura, tratando de reivindicar el retrato erróneo que se tiene de ella, así como la emisión de juicios y opiniones de obras literarias. Así pues, la crítica abarca teorías sociales en las que los textos, ya sean escritos por hombres o por mujeres, se relacionan con ideologías mismas que hacen que los análisis se encuentren empapados de la cultura falocéntrica pero también de manifestar la ruptura de esas imposiciones a través de la voz femenina y de la narración del yo, que entre otras cosas sirve para encumbrar y evidenciar la visión no sólo del autor, o autora —en este caso—, sino también como una representación de toda una época.

 

Bibliografía

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  • García Aguilar, Mª del Carmen. Un discurso de la ausencia: teoría y crítica literaria feminista. Puebla, Secretaría de Cultura, Gobierno del Estado de Puebla. Colección Los Nuestros, Serie Cuadrivio, 2002.
  • Gutiérrez Estupiñán, Raquel. “Escritura femenina y erotismo”. Universidad Veracruzana. (2008): 109-22.
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  • Monteys, Mónica. “Epílogo”. En: Heroínas de ficción. Barcelona: Ediciones del Bronce, 1999. 229-32.
  • Nettel, Guadalupe. El matrimonio de los peces rojos. España: Páginas de Espuma, 2013.
  • Oberti, Liliana. Géneros literarios. Composición, estilos y contextos. Buenos Aires: Longseller, 2002.
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  • Wellek, René, y Austin Warren. Teoría literaria. Madrid: Gredos, 2002.
  • Woolf, Virginia. Un cuarto propio. México: Colofón, 2004.
Berenice Ramos Romero