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Rafaela Contreras, primera escritora modernista

lunes 18 de julio de 2016

Rafaela Contreras de Darío

Rafaela Contreras de Darío, que firmó con el seudónimo Stella, es la primera escritora modernista, en su condición de mujer, y la primera que escribió bajo la influencia de Azul…, de Rubén Darío. Su único libro, Rêverie, contiene un total de nueve cuentos, y esta breve producción fue todo cuanto escribió.

El título Rêverie lo puso el mismo Rubén Darío al anunciar la publicación del cuento del mismo título. Ahora lo recuperamos nosotros porque, de haber aparecido el libro, como anunciaba Darío, habría llevado este nombre.

La temprana muerte de Rafaela Contreras, que fue la primera esposa de Rubén Darío, cortó su proyecto de escritora.

El título en francés indica el grado de afrancesamiento que vivía Darío en El Salvador, cuando escribió los poemas en francés que luego saldrían en la segunda edición de Azul… Aquí, el vocablo rêverie es un término que traducido a nuestra lengua tiene varios significados: sueño, ilusión, fantasía, delirio. Pero, en el caso concreto de esta recopilación de textos, la definición más apropiada es la de sueño, no como acto de dormir sino de representar fantasías o crear ilusiones. Para decirlo en una sola palabra hay que decir que rêverie son sueños, fantasías de amor.

Los primeros ocho cuentos fueron escritos durante el año 1890. Siete de ellos vieron la luz poco más de un año después de la publicación de Azul…, que apareció en Valparaíso el 31 de julio de 1888. Esta proyección casi inmediata de Azul… sitúa los cuentos de Rafaela Contreras en la primera receptora de la influencia del primer libro modernista, y la convierte, a la vez, en la primera escritora modernista.

La temprana muerte de Rafaela Contreras, que fue la primera esposa de Rubén Darío, cortó su proyecto de escritora. Desde entonces sus cuentos han permanecido en el olvido. Un crítico tan conocedor de la obra de Darío como el argentino Alberto Ghiraldo, recopilador de su obra, llegó a ver en dos cuentos, “La canción del invierno” y “Sonata”, firmados por Stella, la mano de Darío oculta detrás de un seudónimo, y los publicó en el volumen correspondiente a Poemas en prosa.1

Un velo de olvido ha envuelto durante más de un siglo estos cuentos de Rafaela Contreras, a pesar del apoyo inmediato y solícito que encontró en vida. Tranquilino Chacón, redactor jefe del diario La Unión, que dirigía Darío en San Salvador, fue quien publicó el primer cuento bajo seudónimo. Una vez lo supo Darío se encargó él mismo de publicar y difundir los siguientes.

En todo este siglo hay que destacar el nombre de dos investigadores, que han conseguido reunir los nueve cuentos que se conocen. La primera en investigar la obra dispersa de Rafaela Contreras fue la profesora norteamericana Evelyn Uhrhan Irving. En 1960 se trasladó a Guatemala con el propósito de recopilar los cuentos. El primero que encontró fue el titulado “Violetas y palomas”, publicado en El Imparcial, Guatemala, 22 de julio de 1890, y que reprodujo en el boletín del Seminario Archivo Rubén Darío, Nº 16, Madrid, junio de 1962.

Por entonces, el nicaragüense Diego Manuel Sequeira investigaba las dos estancias de Rubén Darío en El Salvador, y a la vez recopiló seis cuentos, firmados con el seudónimo Stella, aparecidos en el diario La Unión de San Salvador, publicados entre febrero y mayo de 1890. Luego aparecieron, en 1964, en el libro Rubén Darío criollo en El Salvador.2 Un año después, la doctora Uhrhan Irving publicó el libro titulado Short Stories by Rafaela Contreras de Darío.3 Aquí figuran siete cuentos. Faltan “La turquesa” y “Humanzor”, que figuran en Sequeira. Pero da a conocer “Violetas y palomas”, “Sonata” y “El oro y el cobre”, que faltan en Sequeira. Juntando las dos ediciones se tienen los nueve cuentos que se conocen.

Aparte de los cuentos, la documentación, estudios y artículos especializados sobre los textos es escaso y raro. Para los críticos la personalidad de Rafaela Contreras resulta extraordinaria por su vida, y ese es el aspecto que ha llamado la atención: su muerte precoz, el gran amor de Darío y su único hijo que sobrevivió a los demás.

Ahora, un siglo después de haberse publicado estos nueve cuentos, ve la luz Rêverie, haciendo el esfuerzo por desvelar al lector la mayor información posible, para la comprensión de la vida y obra de Rafaela Contreras de Darío. De quien rescatamos el nombre, su apellido y el de Darío, en sustitución de Rafaela de Darío, que utilizó en un solo cuento inédito y tres reimpresiones, y el seudónimo Stella, que fue el velo que ocultó su rostro verdadero.

 

Bosquejo para una biografía

Rafaela Contreras Cañas nació en San José, Costa Rica, el 21 de mayo de 1869, firmó sus cuentos con el seudónimo Stella, y falleció en San Salvador el 26 de enero de 1893, a la edad de veintitrés años. Era hija de Álvaro de Contreras, hondureño, gran orador y hombre de prestigio político, y de Manuela Cañas, costarricense, de ilustre abolengo, descendiente del último gobernador español don José Manuel de Cañas.

Su nombre como escritora ha permanecido sepultado en el olvido, y sólo se le recuerda en la historia de la literatura por haber sido la primera esposa de Rubén Darío, quien le dedicó el célebre poema titulado “El poeta pregunta por Stella”. Su obra es breve. Apenas consta de nueve cuentos, que siguen siendo desconocidos aun para la mayoría de los especialistas darianos. Fue precisamente el propio Darío el primero en anunciar la publicación de un libro de cuentos, que nunca vio la luz, bajo el título de Rêverie.4

Los nombres de Rafaela Contreras y Rubén Darío, además de estar unidos por el vínculo del matrimonio, son dos vidas que caminan casi en paralelo desde niños. Se conocieron durante la infancia, en León, en casa de la tía Rita de Rubén. Álvaro Contreras había llegado a Nicaragua, en compañía de su esposa y sus dos hijas, tras haber sido expulsado de su país por ser militante y defensor de la unión centroamericana, lo que convirtió su vida en viajero por toda Centroamérica. Rafaela y Rubén, por su parte, se entretenían jugando en el viejo caserón de la tía abuela Bernarda Sarmiento.

Los años pasaron. Darío ha cumplido diecisiete años y se ve obligado a emigrar a El Salvador, enviado por sus amigos de Managua, para evitar una posible boda con su novia Rosario Emelina Murillo. En El Salvador permanece desde agosto de 1882 hasta, aproximadamente, el mes de noviembre de 1883, en que regresa a Nicaragua. Durante estos meses Darío mantiene una intensa actividad literaria. Su amistad con Francisco Gavidia le lleva a descubrir el secreto de la cesura del alejandrino francés.5 Suele frecuentar la casa de Rafaela y asiste al entierro de don Álvaro Contreras el 9 de octubre de 1882.6

Después del viaje de Darío a Chile, en junio de 1886, por los mismos motivos anteriores, y tras publicar la novela Emelina, en colaboración de Eduardo Poirier, y los poemas Abrojos, que contienen el recuerdo de la primera novia, aparece su libro Azul…, en 1888, que merece el reconocimiento de Juan Valera y acrecienta su fama de poeta.

Darío regresa a Nicaragua el 6 de marzo de 1889, pero pronto sale por los mismos problemas amorosos y llega al puerto de La Unión, El Salvador, el 1 de mayo del mismo año. Un mes después muere, en Santiago de Chile, su amigo Pedro Balmaceda Toro. Darío empieza a escribir la biografía de su amigo, A. de Gilbert, seudónimo que utilizó, y el libro lo termina de escribir el 1 de enero de 1890. Lo más relevante de esta segunda permanencia es la publicación del diario La Unión, que salió a la calle el 7 de noviembre de 1889, bajo la dirección de Rubén Darío y patrocinado por el presidente, general Francisco Menéndez.7

El primer cuento de Rafaela Contreras, titulado “Mira la oriental o La mujer de cristal”, aparece en La Unión, Nº 178, del 10 de febrero de 1890, firmado con el seudónimo Emelina. Cuando un mes después aparece el segundo, La Unión, 10 de marzo, titulado “Rêverie”, con el seudónimo Stella, lleva una nota, que por la extensión es un artículo lleno de elogios, firmado por Darío. Es seguro que para esa fecha ya existiese una relación más seria que la simple amistad, porque el día 21 de junio contrae matrimonio civil en casa de la novia, siendo testigos el poeta Francisco Gavidia y el periodista costarricense Tranquilino Chacón,8 quien había sido redactor jefe del diario La Unión, que por orden gubernamental había dejado de publicarse a principios de junio.

Al día siguiente el matrimonio Darío-Contreras estaba invitado a un gran baile que se celebraba en la casa presidencial, por un motivo militar. Pero el matrimonio no asistió. Esa noche, durante el baile, se produjo un golpe militar, encabezado por el general Ezeta, quien asumió el poder tras asesinar al presidente Menéndez.9

Contrariado Darío por esta situación embarca solo, el 27 de junio, en el puerto La Libertad con destino a Guatemala, a donde llega el día 30. Pocos días después empieza a colaborar en el Diario de Centro América. El 30 de octubre de 1890 aparece la segunda edición, aumentada, de Azul…10 La situación mejora y sale a la calle el diario El Correo de la Tarde, bajo la dirección de Darío, el 8 de diciembre.11 Es cuando decide reunirse con su esposa, quien llega en compañía de su madre el 12 de enero de 1891. El 11 de febrero se celebra la boda religiosa en la catedral de Guatemala, y la fiesta al día siguiente en la ciudad de Escuintla.12 El 5 de junio aparece el número 141 de El Correo de la tarde, último número. Ante las dificultades económicas la familia entera embarca el 15 de agosto en el puerto de San José, con destino a Costa Rica, y llegan a Puntarenas el día 24, para trasladarse en seguida a la capital.13 En San José nace el 12 de noviembre de 1891 su hijo Rubén Darío Contreras, quien será el único sobreviviente de los hijos de Darío.

El 26 de enero de 1893 muere Rafaela Contreras, en San Salvador, durante una operación como consecuencia de un derrame cerebral.

A los pocos meses, el 11 de mayo de 1892, Darío embarca con destino a Guatemala.14 Será la última vez que verá a su esposa, quien en compañía de su madre y el niño regresarán pronto a San Salvador. Los viajes de Darío se suceden. Regresa a Nicaragua, pasa por La Habana y llega a España, como secretario de la delegación de su país de las fiestas del IV Centenario del Descubrimiento de América, donde permanece varios meses que van de agosto a noviembre. Después de pasar, nuevamente, por La Habana, visita Colombia y llega a Nicaragua el 5 de enero de 1893. Pocos días después, el 26 de enero, muere Rafaela Contreras, en San Salvador, durante una operación como consecuencia de un derrame cerebral.15

Rubén Darío la inmortalizó en muchas páginas literarias, pero el siguiente poema, el más conocido, apareció en La Tribuna, Buenos Aires, 9 de octubre de 1893, con el título “Lilial”, luego publicado en Prosas profanas, en 1896, con el título “El poeta pregunta por Stella”, seudónimo que ella utilizó para firmar siete de sus nueve cuentos. He aquí el poema:

El poeta pregunta por Stella16

Lirio divino, lirio de las Anunciaciones;
lirio, florido príncipe,
hermano perfumado de las estrellas castas,
joya de los abriles.

A ti las blancas dianas de los parques ducales,
los cuellos de los cisnes,
las místicas estrofas de cánticos celestes
y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes.

Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios
la primavera imprime,
en tus venas no corre, la sangre de las rosas pecadoras,
sino el ícor excelso de las flores insignes.

Lirio real y lírico
que naces con la albura de las hostias sublimes
de las cándidas perlas
y del lino sin mácula de las sobrepellices,
¿has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,
la hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste?

 

La influencia de Azul…

La llegada de Rubén Darío a El Salvador, en mayo de 1889, después de haber publicado Azul…, en Valparaíso, supuso para la vida literaria de la capital el regreso de un viejo amigo revestido de gloria.

La novedad de Azul… la constituía la prosa nueva de los cuentos. En el aspecto formal rompían el esquema arcaico de oraciones largas y encadenadas, con estructura barroca y párrafos también largos, farragosos y faltos de ritmo. Los cuentos del nuevo libro, en cambio, ofrecían una colección de cuentos donde predominaba el orden de una organización expositiva, clara y precisa, con predominio de frases y párrafos breves, dotada de un ritmo particular que convertía la prosa en una armonía sinfónica. Por otra parte, esta prosa tenía gran fuerza expresiva sobre el lector al utilizar recursos de sinestesia, con el fin de producir un efecto concreto, como la plasticidad que tiene la fuerza de resaltar la descripción, convirtiéndola en objeto visible. Para todo ello la prosa de Darío había tomado de la parnasiana francesa los recursos necesarios, propios para manejar tales efectos, como la descripción expositiva y creadora, minuciosa y detallista, la plasticidad y adjetivación, el color y el ritmo; la reiteración y la aliteración, así como recurrir a la orquestación de la prosa.

Otro aspecto determinante es la temática. Por primera vez la prosa desplaza el plano local, sumido en la descripción de ambientes costumbristas y coloniales, a una visión nueva, propia de la sociedad nueva, industrial y capitalista, donde impera el lujo de los interiores, que suelen ser palacios suntuosos en la gran ciudad, que en Azul… parece el modelo de París, pero en realidad es el Santiago de Chile del fin de siglo. Este desplazamiento del espacio y la atmósfera local, provinciana y particular, es trascendida a nivel cosmopolita y universal, situando la historia en otro espacio y hasta tiempo, que parece exótico por la novedad de ofrecer una historia insólita.

Con su regreso a El Salvador, Rubén Darío devolvía la deuda de haber aprendido del poeta Francisco Gavidia el secreto de la cesura del verso alejandrino francés, que puso en práctica en su primer soneto alejandrino, “Caupolicán”,17 porque, con su regreso, ofrecía a los nuevos literatos el arte de escribir la prosa nueva.

El conocimiento de Azul… no llegó a los lectores a través del libro, como es de suponer, sino de la publicación de los cuentos y los poemas que fueron apareciendo en el diario La Unión, que dirigió el propio Darío. En este sentido, el diario jugó un papel determinante en la influencia posterior que ejerció sobre la juventud inquieta por el cambio de una prosa más flexible y bella.18

A continuación damos los títulos de cuentos de Azul… que fueron reproducidos en el diario La Unión, de San Salvador. El orden en que fueron apareciendo es el mismo del libro. Solamente lo altera el primer cuento, “El sátiro sordo”, que será incluido en la segunda edición de Azul… La relación es la siguiente:

  • “El sátiro sordo”, 18 de noviembre de 1889.
  • “El rey burgués”, 30 de noviembre de 1889.
  • “La ninfa”, 7 de diciembre de 1889.
  • “El fardo”, 30 de diciembre de 1889.
  • “El velo de la reina Mab”, 31 de diciembre de 1889.
  • “La canción del oro”, 1 de enero de 1890.
  • “El rubí”, 2 de enero de 1890.
  • “El palacio del sol”, 3 de enero de 1890.
  • “El pájaro azul”, 4 de enero de 1890.
  • “Palomas blancas y garzas morenas”, 5 de enero de 1890.
  • “En Chile. Álbum porteo”, 8 de enero de 1890.
  • “En Chile. Álbum santiaguista”, 9 de enero de 1890.

Finalmente, escrito en El Salvador y luego incluido en la segunda edición, aparece “La muerte de la emperatriz de la China”, en el mismo diario, el 15 de mayo de 1890. Los poemas que integran la primera edición de Azul…, bajo el título de El año lírico, vieron también la luz en La Unión, a excepción de “Anagke”. Al parecer Darío pensó alternar cuentos con poemas, porque “Autumnal” se publicó el 27 de noviembre de 1889, después de haber dado a luz el primer cuento. Pero, seguramente, rectificó y decidió publicar primero los cuentos y luego los poemas, como podemos apreciar en el orden siguiente de los poemas, que se publican a continuación de los cuentos:

  • “Autumnal”, 27 de noviembre de 1889.
  • “Primaveral”, 10 de enero de 1890.
  • “Estival”, 23 de enero de 1890.
  • “A un poeta”, 8 de febrero de 1890.
  • “Invernal”, 26 de febrero de 1890.
  • “Pensamiento de otoño”, 27 de febrero de 1890.

Bajo este esquema de publicaciones podemos apreciar mejor la influencia que estos cuentos y algún poema ejercieron sobre Rafaela Contreras Cañas. Hay que señalar que cuando ella empieza a escribir Darío ha publicado en La Unión todos los cuentos de Azul…

 

“Rêverie”

“Rêverie”, segundo cuento escrito por Rafaela Contreras, es también el título que Darío utilizó para anunciar la próxima publicación del libro de cuentos de Stella, en una nota que precedía al texto.19 Tanto el título como el seudónimo son utilizados por primera vez. Del título no hay citas posteriores. Sin embargo, desde entonces Rafaela Contreras adoptó el seudónimo. Aquel artículo, firmado por Darío, dice que el mencionado libro sería publicado por Garantiere, el famoso editor de París. La verdad es que el libro no fue terminado, quizás por la muerte prematura de la autora o porque después del matrimonio su producción literaria, que comenzó siendo regular, perdió interés, poco a poco, hasta el punto de que cuando quedó embarazada no publicó más que un cuento hasta su muerte.

Lo que no cabe la menor duda es que “Rêverie” surgió motivado por la influencia que ejerció la prosa de los cuentos de Darío. Es visible en la forma y los temas elegidos.

Cuando Rafaela Contreras publica su primer cuento, “Mira la oriental o la mujer de cristal”, los símbolos que configuran el relato todavía no se han dado en los cuentos de Darío aparecidos hasta la fecha en La Unión. La atmósfera oriental, el exotismo y la idolatría del hombre por una imagen, que están en el cuento de Rafaela Contreras, se dan en “La muerte de la emperatriz de la China” de Darío. Por la cronología podríamos pensar que el de Rafaela es anterior y pudo influir en el de Darío, pero la realidad es todo lo contrario. Aunque el cuento de Darío vio la luz el 15 de mayo, dos meses y cinco días después del de Rafaela, existe un testimonio valioso de Gustavo Alemán Bolaños, quien afirma que dicho cuento fue leído por Darío, en Sonsonate, en casa del doctor Rubén Rivera, en agosto de 1889.20 Y aunque el cuento no fue publicado es seguro que, dada la amistad que le unía a Darío con la familia Contreras, dejase el manuscrito a Rafaela para que lo leyese.

Esta actitud de Rafaela, que podría calificarse de plagio, al escribir un cuento oriental siguiendo el modelo inédito de Darío, en palabras de Víctor Hugo no es más que identidad de espíritus. Realmente, esa era la relación que unía la amistad entre ambos jóvenes. Desde la aparición de “Mira la oriental…” está presente el tema de la pureza del amor en los cuentos de Rafaela Contreras, y cuando este cuento se publica aparece firmado con el seudónimo Emelina, que no es otro que el nombre de la primera novia de Darío, Rosario Emelina Murillo, por quien tituló en Chile Emelina, la novela escrita con la colaboración de Eduardo Poirier.21 Estos detalles, literarios y personales, nos proporcionan los primeros datos para pensar que la admiración que Rafaela sentía por Darío fue transformándose, poco a poco, en llama de amor que tuvo su origen en la literatura.22 Lo que la convierte en una lectora ferviente y atenta de cuanto había publicado Darío, y, por lo tanto, en la primera escritora —entre todos los escritores— que asimiló la influencia de Azul…

A pesar de la novedad de los cuentos, la vida literaria de Stella la eclipsó su propia muerte al no haber dejado ninguna obra publicada.

El proceso de creación de Rafaela Contreras es fecundo desde la publicación de su primer cuento el 10 de febrero de 1890, porque en el plazo de tres meses, hasta el 19 de mayo, uno antes de celebrar la boda civil con Darío, publica seis cuentos. A los pocos días de la boda Darío tiene que salir para Guatemala, huyendo del gobierno militar del general Ezeta. Aquí podríamos delimitar una segunda etapa, no estética sino productiva de Rafaela Contreras, porque después del matrimonio, el 21 de junio, se produce un vacío. En los seis meses restantes sólo publica dos cuentos, aparecidos en Guatemala y distanciados entre sí por varios meses: el primero es “Violetas y palomas”, el 22-23 de julio, y luego ve la luz el poema en prosa “Sonata”, el 27 de diciembre de 1890. Al iniciarse el año 1891 se produce un cambio radical en la vida del matrimonio. Esta podría ser la tercera y última etapa productiva. Rafaela, en compañía de su madre, se traslada a Guatemala el 12 de enero, y el 11 de febrero se celebra el matrimonio religioso. Ya estaba Rafaela embarazada cuando publica su último cuento, “El oro y el cobre”, el 8 de abril de 1891. Desde entonces su voz se apagó, debido quizás a los muchos problemas personales por los que tuvo que atravesar, pues el 15 de agosto la familia tuvo que trasladarse a San José, Costa Rica, y más tarde a El Salvador, donde nació el niño, mientras Darío viaja de un lugar a otro.23

No obstante, a pesar de la brevedad de la obra de Rafaela Contreras, sus cuentos, reunidos bajo el título de Rêverie, son la muestra de primera hora de ese movimiento inicial denominado modernismo, por ser consecuente con sus planteamientos formales y estéticos. Producto e influencia feliz de Azul… de Rubén Darío, pero percibido con la inteligencia lúcida de quien supo captar en la prosa el genio y la inspiración sutiles, que a su vez fue lo que captó Darío de los parnasianos.

 

Recopilación de textos

No fue tarea fácil recopilar los cuentos de Rafaela Contreras de Darío. Habían aparecido, principalmente, en diarios de escasa circulación y vida, como La Unión de San Salvador, que duró del 7 de noviembre de 1889 a principios de junio de 1890, o El Correo de la Tarde de Guatemala, que salió el 9 de diciembre de 1890 y terminó el 5 de junio de 1891, ambos dirigidos por Darío y con una media de duración de medio año.

Otra razón a tener en cuenta es que, a pesar de la novedad de los cuentos, la vida literaria de Stella la eclipsó su propia muerte al no haber dejado ninguna obra publicada, que fijara la mirada de los críticos y despertase interés por algún proyecto inconcluso. Como tal existió el proyecto, pero los pocos cuentos publicados permanecieron sepultados durante años en el más absoluto olvido.

Incluso dos de estos cuentos, los más breves y rítmicos, fueron atribuidos a Darío, posiblemente tomados de alguna reimpresión póstuma, e incluidos por Alberto Ghiraldo en el volumen de Poemas en prosa, correspondiente a las Obras completas de Rubén Darío, que apareció en Madrid, en 1924. Es el caso de los textos “La canción del invierno” y “Sonata”.

A continuación ofrecemos la ficha bibliográfica de cada uno de los nueve cuentos, siguiendo el orden cronológico en que fueron publicados:

  1. “Mira la oriental o la mujer de cristal”. La Unión, San Salvador, 10 de febrero de 1890, firmado Emelina.
  2. “Rêverie”. La Unión, San Salvador, 10 de marzo de 1890, firmado Stella.
  3. “La turquesa”. La Unión, San Salvador, 22 de abril de 1890, firmado Stella.
  4. “Las ondinas”. Repertorio salvadoreño, vol. IV, Nº 14, abril de 1890, pp. 207-216, firmado Stella.
  5. “Humanzor”. La Unión, San Salvador, 5 de mayo de 1890, firmado Stella.
  6. “La canción del invierno”. La Unión, San Salvador, 19 de mayo de 1890, firmado Stella.
  7. “Violetas y palomas”. Folletín de El Imparcial, Guatemala, 22 y 23 de julio de 1890, firmado Rafaela de Darío (apareció bajo el título “Dos cuentos de Rafaela de Darío”, seguido de “Rêverie”).
  8. “Sonata”. El Correo de la Tarde, Guatemala, 27 de diciembre de 1890, firmado Stella.
  9. “El oro y el cobre”. El Correo de la Tarde, Guatemala, 8 de abril de 1891, firmado Stella.

Reimpresión de los cuentos:

  1. “Rêverie”. El Perú Ilustrado, Lima, 17 de mayo de 1890, firmado Stella.
  2. “Rêverie”. “Novelas cortas. Colección de cuentos y novelas de los mejores autores de Europa y América”. El Imparcial, Guatemala, 24 de julio de 1890, firmado Rafaela de Darío (bajo el título “Dos cuentos de Rafaela de Darío”, precedido de “Violetas y palomas”).
  3. “Mira la oriental o la mujer de cristal”. Folletín de El Imparcial, Guatemala, 31 de julio de 1890, firmado Rafaela de Darío.
  4. “La turquesa”. El Imparcial, 9-10 de noviembre de 1890.

Para completar este esquema es necesario citar la reimpresión póstuma de “La canción del invierno” y “Sonata”, publicados en La Revista Nueva, San José, Costa Rica, 1 de septiembre de 1896, donde “Sonata” figura con el título “Delirio” y sufre modificaciones.

Este panorama, caótico y enmarañado, es el que van a encontrar los dos investigadores más ilustres, pioneros en rescatar la obra dispersa de Rafaela Contreras. Ellos son el nicaragüense Diego Manuel Sequeira y la norteamericana Evelyn Uhrhan Irving, quienes inician sus investigaciones en torno a Rubén Darío a principios de los años sesenta, el primero en El Salvador y la segunda en Guatemala y El Salvador. Ambos investigadores rastrean toda información en diarios y revistas de la época en que Darío vivió en esos dos países centroamericanos. El hallazgo de los textos de Rafaela Contreras, a quien Darío había dedicado en Prosas profanas el poema “El poeta pregunta por Stella”, contribuyó en la identificación.

Diego Manuel Sequeira dio a la luz seis cuentos en su obra Rubén Darío criollo en El Salvador, en 1964. Aquí aparecen, siguiendo el mismo orden, “Mira la oriental o la mujer de cristal”, “Rêverie”, “La turquesa”, “Las ondinas”, “Humanzor” y “La canción del invierno”.

Un año después, la investigadora Evelyn Uhrhan dio a conocer tres nuevos cuentos (“Violetas y palomas”, “Sonata” y “El oro y el cobre”), encontrados en Guatemala, en el libro Short Stories by Rafaela Contreras de Darío, en 1965, aunque el prefacio data de junio de 1964. En este libro de la profesora Uhrhan Irving figura un total de siete cuentos.24 Los otros cuatro son “Mira la oriental o la mujer de cristal”, “Rêverie”, “Las ondinas” y “La canción del invierno”. Dos de éstos habían sido reimpresos en Guatemala, “Mira la oriental…” y “Rêverie”. Los otros dos fueron tomados de publicaciones de San Salvador. No obstante, han faltado dos cuentos que figuran en Sequeira, uno publicado en San Salvador y otro reimpreso en Guatemala, “Humanzor” y “La turquesa”, respectivamente.

Ambos libros carecieron de la suficiente difusión como para ser conocidos incluso entre los especialistas darianos. Tuvo mayor eco y difusión internacional el artículo de Emilia del Romero, comentando el hallazgo de los nueve cuentos, publicado en El Nacional de México, el 19 de junio de 1966. De este artículo parte el conocimiento de la existencia de tales cuentos, y todo comentario al respecto, por parte de la crítica dariana, se apoya en su cita.

 

Estructura

Rêverie consta de nueve cuentos ordenados según la cronología en que fueron escritos y publicados. Se ha seguido este orden con el fin de que el lector o el investigador pueda apreciar la evolución y el cambio, tanto formal como temático, de la autora. Por otra parte, para evitar esas comprometidas clarificaciones temáticas, en las que no todos estamos de acuerdo porque no fue establecida en vida por el autor o porque nos resultan imprecisas.

Hay que señalar la existencia de dos poemas en prosa, “La canción del invierno” y “Sonata”, en lugar de los tres que incluye la profesora Uhrhan Irving, quien agrega “Las ondinas”. Pero este último, a diferencia de los dos primeros, no guarda relación ni unidad con los recursos de concentración descriptiva y temática, así como de ritmo, que exige el poema en prosa. “Las ondinas” es un texto que, por el desarrollo de la historia que cuenta y la evolución progresiva del tiempo cronológico que describe, se aleja de la concentración espacial y temporal propia del poema en prosa.

 

Los cuentos

1. “Mira la oriental o la mujer de cristal”

El primer cuento publicado por Rafaela Contreras se titula “Mira la oriental o la mujer de cristal”. Apareció en el diario La Unión, San Salvador, 10 de febrero de 1890, firmado con el seudónimo Emelina y dedicado “A Teresa Menéndez de Meléndez”.

La fuente está en la lectura de los cuentos de Azul… de Darío, quien llevó la primera edición a El Salvador, donde a su vez escribió “La muerte de la emperatriz de la China”, hacia finales del mes de julio o principios de agosto de 1889, después de la muerte de su amigo chileno Pedro Balmaceda Toro, quien firmó con el seudónimo de A. de Gilbert, fallecido el 1 de julio de ese año.25 Según testimonio de Alemán Bolaños, Darío leyó “La muerte de la emperatriz…” en agosto de 1889, en casa de su amigo el doctor Rubén Rivera, en Sonsonate.

Es seguro que Rafaela Contreras no estuvo presente en la lectura. Lo más probable es que Darío le dejase el manuscrito, dada la amistad que desde la infancia mantenía con la familia Contreras. Así pudo Rafaela conocer “La muerte de la emperatriz…”, que es el cuento más oriental de Darío, después de “El rey burgués”, y el que tiene más puntos de relación e influencia sobre el de Rafaela Contreras.

“Mira la oriental…” es el primer cuento modernista escrito en lengua castellana por una mujer, además de ser la primera influencia de Azul…, en cuanto al aspecto formal y el contenido, porque, por primera vez, una mujer utiliza en la narrativa los recursos propios del modernismo, como son las oraciones y párrafos breves de la prosa, y el tema del exotismo oriental, entendiendo por exotismo aquellos recursos en que el narrador sale de sus propias fronteras descriptivas para ubicar su relato en los límites de otro espacio cultural. En este sentido, “Mira la oriental…” obedece a un esquema narrativo producto y consecuencia de una influencia particular, Azul… de Rubén Darío, que inicia la trayectoria personal de una escritora frustrada por la muerte, pero que confirma, a su vez, el poder literario que ejerce el primer libro del modernismo.

Sin la publicación de Azul…, sin su evidente influencia, es imposible que Rafaela Contreras pudiese dar a luz este texto sobrio y sencillo, sin contenido ideológico, pero capaz de manejar recursos literarios nuevos, como el ritmo y la sinestesia, cromatismo e imágenes, iteraciones y hasta aliteraciones, que están presentes en el libro de Rubén Darío.

A ello contribuyó la amistad entre ambos, y la atracción personal y literaria que ejerció Darío. Esta razón movió a Rafaela Contreras a publicar su cuento en el diario La Unión que, por entonces, dirigía Rubén Darío en la capital salvadoreña. El mediador fue el redactor jefe, Tranquilino Chacón,26 quien lo publicó con la condición de que el director no supiese el nombre verdadero de la autora.27 Y así fue. El nombre de la autora lo ocultó el redactor jefe, pero además la autora utilizó el seudónimo de Emelina para ocultar el suyo propio. ¿Por qué este y no otro? La razón es muy sencilla. Rafaela estaba secretamente enamorada de Rubén Darío, y Darío a su vez lo estaba profundamente de la nicaragüense Rosario Emelina Murillo. La mujer por quien Darío había llegado huyendo a El Salvador, en 1882, y luego a Chile, en 1886, y por quien había escrito en Valparaíso la novela Emelina, y no hacía mucho publicado en San Salvador una octava real dedicada a Emelina.28

Más que una provocación aquella actitud de Rafaela Contreras parecía un reto. Y así fue. En seguida despertó la atención de Darío por descubrir el misterio de aquel seudónimo y una vez conocido el nombre verdadero de su autora lo envolvió en otro nuevo, esta vez Stella, quizá para suscitar el misterio por lo desconocido.

Cuando Rubén Darío reprodujo este cuento en El Imparcial de Guatemala, los días 31 de julio y 2 de agosto de 1890, ya estaba casado con Rafaela, quien entonces firmó como Rafaela de Darío. El cuento apareció con una serie de variantes que proceden, indudablemente, de la mano de Darío, por la precisión de las correcciones. Puede decirse que de todos los cuentos de Rafaela Contreras es este al que Darío prestó más atención en la corrección de estilo y vocabulario.

Diez días antes de esta publicación, El Imparcial del 21 de julio publicó la siguiente gacetilla anunciando a los lectores la colaboración de Rafaela Contreras, con las siguientes palabras: “Próximamente comenzaremos a publicar una preciosa novela que no dudamos será del agrado de nuestros lectores. Entre tanto, y como un agradable intermedio, adornaremos nuestro Folletín con dos delicadas producciones de Stella, seudónimo de la señora de Rubén Darío, nuestro amigo y compañero en El Imparcial. La señora de Darío es escritora de raza: hasta hace poco ha hecho su estreno; y con verdadero éxito, pues sus artículos han sido reproducidos por los mejores diarios de la América Española”.

“Mira la oriental o la mujer de cristal” cuenta la historia de Ahmed Walla Kand, un príncipe del Indostán, que poseía riquezas y mujeres, pero no el amor. Un día llegó la noticia de que el encantador Marust tenía una mujer de cristal, de extraordinaria belleza, la cual rompería su encanto y volvería a ser mujer cuando fuese amada por un hombre. El príncipe Ahmed obtuvo a la mujer de cristal, la llevó a su palacio colocándola en un altar, rodeada de guardias y sirvientes.

En vista de que ella no rompía el encanto, el príncipe decidió morir sometiéndose a ayuno voluntario. Fue cuando se rompió el cristal que encerraba el bello cuerpo y el príncipe se postró a sus pies sometiéndose a su voluntad. Ella le reclamó obediencia. Pero, a la vez, confesó haber utilizado una artimaña, valiéndose de la complicidad del encantador Marust, con el fin de seducirle y obtener de él su amor, exclusivamente, para ella.

En este cuento el medio justifica el fin. Una historia similar de la que se vale Rafaela Contreras para que Darío fije su atención en ella.

 

2. “Rêverie”

El seudónimo Stella es invención de Darío.

Es el segundo cuento que escribió Rafaela Contreras y el que da título al libro. Apareció un mes después del primero, en La Unión, San Salvador, 10 de marzo de 1890, con el seudónimo de Stella. Luego Darío le envió copia a Ricardo Palma, quien lo reprodujo en El Perú Ilustrado, Lima, 17 de mayo de 1890, y más tarde en el folletín Novelas cortas. Colección de cuentos y novelas de los mejores autores de Europa y América. El Imparcial, Guatemala, 24 de julio de 1890, firmado Rafaela de Darío.

En La Unión el cuento venía precedido de una nota extensa de Darío, casi un artículo, donde descubre la personalidad literaria de la autora, pero sin darnos el nombre. El seudónimo Stella es invención de Darío. Aparece por primera vez en este cuento, y el propio Darío la llamará así cuando escribe sobre ella. Esta carta de presentación de Darío es como una correspondencia amorosa, dirigida a la autora, donde prevalece el sentimiento enamorado.29 Dice así:

UN MARCO HUMILDE
PARA
UN LIENZO DE ORO

En el inmenso París —antes de partir, y en el último five o’clock de la bella madame de Lucon—, allá, donde conocí al pobre Jean de Lucon —su esposo—, aquella tarde se advirtió una cosa particular. Estaban de moda las orquídeas para los floreros y las azaleas para el pecho. Cerca del sillón donde Stella acostumbraba sentarse —¿quién no lo sabía?— se veía una taza de Sevres llena de violetas, y allá, la adorable princesa Stella, tenía también prendido, muy cerca del corazón, un ramillete de violetas.

*

Decís que queréis saber de la princesa Stella. Pues no os diré sino que la llamábamos así porque era dulce, sideral y brillante como esas blancas y temblorosas margaritas que florecen en la noche, en el azul jardín divino. Oh, tenía mucho de dominador, en medio de una ingenuidad maliciosa que a veces se convertía en la cascada argentina de una charla vibrante. En casa de madame de Lucon, ella era la bella madame de Montbleu con sus tiernos ojos azules, que nadaban en una humedad suavemente radiosa: ni la linda mademoiselle Carire, tan casquivana y elegante, llamaban tanto la atención de todos, como aquel aire extraño, aquella oscura y relampagueante mirada profunda, y aquel gesto triunfador. Por eso la llamábamos así: S t e l l a.

¡Con que violetas! Cada cual forjó su novela en la cabeza. En toda la reunión se conversó sotto-voce del asunto. ¿Qué significaban aquellas violetas?

Pensamos, pensamos mucho. Nadie se dio por vencido, y, al retirarnos después de la alegría del buen rato, se hacían frases “con las violetas de Stella”.

Solamente Jean Lucon no había despegado los labios. Con mi curiosidad mujeril me acerqué a él.

¿Y bien, Jean, las violetas?

Entonces me habló de Stella. Era una alma extraña, original y radiante. ¿No lo sabéis? pues después de nuestra pobre difunta gloriosa Jeanne Thilda, no hay quien como ella escriba cosas de “aquí”. Y Jean se tocaba el corazón. Es, como sabes, hija de un hombre ilustre de las letras. Ley de atavismo. En cuanto a tu curiosidad sobre el ramo de violetas, no te diré nada, porque poco sé: es su flor. ¿Quieres saber más? Pues a ella.

*

¡Pues a ella!, y fui y logré ser su confidente, saciando mis curiosidades. ¿Quieres saciar la tuya, oh lectora? Pues he aquí un cuento, que entresaco de los que aparecerán próximamente en un volumen de Stella que publicará el editor Garnier.

Se titula RÊVERIE.

Sé que después de la publicación de ese primer libro en que este cuento se contiene, dará al público Stella, una novela delicada y artística, llena de feminidad. Ved en seguida el cuento.

RUBÉN DARÍO

“Rêverie” está escrito bajo la influencia de “El palacio del sol” de Darío. El tema en ambos cuentos es similar. En el cuento de Darío la niña Berta es sorprendida por un hada en el jardín de su palacio en el momento en que va a coger un lirio. Luego es conducida en un carro al palacio del sol. Aquí la niña se sorprende de ver tanta belleza, escucha música y baila vertiginosamente, hasta que es devuelta al jardín de su palacio.

El cuento de Rafaela Contreras está escrito en primera persona y ocurre en un jardín, después de haber cortado unas flores de violeta. Ella se duerme y sueña con la aparición de un ángel que la transporta a “regiones del infinito”, donde escucha dulces canciones y se le aparecen personajes con una luz en la frente. De pronto despierta, agitando sus alas, y regresa al jardín donde antes se había dormido.

 

3. “La turquesa”

El tercer cuento publicado es “La turquesa”, apareció en La Unión, San Salvador, 22 de abril de 1890, con el seudónimo Stella; fue reproducido en El Imparcial, Guatemala, 9 y 10 de noviembre de 1890, firmado Rafaela de Darío, donde el propio Darío se encargó de introducir correcciones.

Según Tranquilino Chacón, redactor jefe de La Unión, por quien apareció el primer cuento de Rafaela Contreras, tras felicitar a la autora de “Mira la oriental…” le pidió otro. A lo que ella respondió: “Ya lo tengo medio forjado, pero ya lo oye, ¡que Rubén no lo sepa!”, y termina diciendo Chacón: “Al día siguiente el segundo cuento. Intitulábase ‘La turquesa’, sin duda superior al primero. Por supuesto que no tardé en mandarlo publicar”.30 Hay que corregir a Chacón la imprecisión y el error en que cae. El segundo cuento fue “Rêverie” y apareció un mes después del primero. Por otra parte, tuvo que confesar a Darío la identidad de la autora. De ahí que “Rêverie” se publicase con una nota firmada por el propio Darío.

La turquesa cuenta la historia de Ángelo, un joven marqués, rico y bello, codiciado por todas las jóvenes y admirado por todos sus amigos. Un día compró a un gitano un anillo con una gran piedra turquesa, que tenía el poder de leer la mente de los demás a quien lo llevase puesto.

El rico marqués se llevó un gran desengaño al hablar con sus amigos, quienes sólo querían de él su dinero. Lo mismo ocurrió con su novia Adela. Un día urdió una treta. Se hizo el enfermo, llamó al médico y pronto hizo difundir la noticia de que tenía viruelas y su rostro quedaría desfigurado.

Pasado un tiempo, salió a la calle con el rostro cubierto por una máscara. Fue a visitar a su novia y, a través del anillo, pudo leer sus malos pensamientos por haber perdido el encanto. Poco después difundió la noticia de que tenía que vender todos sus palacios por haber caído en la ruina y alquiló una vivienda modesta. Su novia Adela le envió una carta diciéndole que rompía su compromiso. Fue perdiendo a los amigos, quienes ni siquiera lo saludaban por la calle. Mostró la carta a su madre, que estaba en compañía de Lucrecia, una joven fea de rostro, pero de alma buena, que le comprendió y prometió amor eterno al joven marqués, sin importarle el rostro ni el dinero.

Al final, Ángelo confesó el poder de la turquesa y el engaño en que mantuvo a todos. Se quitó la máscara, volvió a su antiguo palacio y contrajo matrimonio con Lucrecia, ante la mirada sorprendida y el enfado de su antigua novia y viejos amigos.

 

4. “Las ondinas”

“Las ondinas” es el único de los seis cuentos de Rafaela Contreras, publicados en El Salvador, que no apareció en La Unión, sino en el Repertorio Salvadoreño de abril de 1890, firmado Stella. Después aparece un comentario, donde se exalta la personalidad literaria de la autora, que dice así:

CRÓNICA.- Nuestros lectores habrán leído en el lugar respectivo el artículo que lleva este título y cuya autora es una apreciable señorita de esta capital ya conocida por otras producciones suyas de amable entretenimiento, que han aparecido en el diario La Unión, con el seudónimo de Stella.

Tienen los escritos de Stella soltura y sencillez en el estilo, lo que los hace leer con agrado y sin asomos de cansancio. Además, y este es su mejor elogio, la joven escritora tiene facultades narrativas; encamina sus cuentos con originalidad, interesando por medio de esa sucesión de impresiones que constituye al narrador, y no dudamos que, dada su corta edad, llegará a ser un verdadero conteur de estilo fácil. Lo que es imaginación y sentimiento filosófico, los posee ya en grado que sus primeros escritos tienen gracia, encanto e interés.31

Hay que apuntar que este cuento es el primero escrito por una mujer donde se desarrolla el tema de las hadas. El modelo que le ha servido a Rafaela Contreras es “El palacio del sol” de Darío, quien por primera vez trabaja este tema. Por otra parte, “Palomas blancas y garzas morenas”, donde Darío cuenta su amor por una novia blanca y otra morena, le sugiere a Rafaela Contreras el concepto del amor bueno y el amor malo, donde deja al descubierto sus sentimientos puros y nobles.

“Las ondinas” cuenta la historia de tres ninfas hermanas que habitan una gruta en el fondo del mar. Ellas se llaman Coralina, porque vivía sobre un coral; Espumina, la mediana, dentro de una concha, y Perlina, la menor, dentro de una ostra. Ellas querían conocer el mundo exterior y decidieron que iría Coralina, para regresar y contárselo a las otras hermanas.

Coralina se escondió entre una roca a esperar que se hiciera de noche para no ser vista por nadie. Mientras tanto, llegó a la costa un hombre, que se puso a cantar una canción muy triste acompañado de una cítara. Coralina llegó hasta él, seducida por la música, para interrogar su tristeza, a lo que el hombre respondió que se debía al amor por una mujer que lo había abandonado por otro. Coralina le prometió amor eterno, regresó al fondo del mar y el hada la convirtió en mujer para así poder casarse con Armando.

Las hermanas nunca tuvieron noticias de Coralina, quien prometió regresar, y decidieron que Espumina fuese a tierra en su busca. Los hechos ocurrieron igual que en el primer viaje. Espumina se escondió en la misma roca, Armando llegó a la costa con su cítara para cantar su tristeza, y Espumina interrogó la razón de su tristeza. A lo que él respondió que estaba triste porque se había enamorado de una ondina que lo había abandonado. Espumina, nuevamente, le prometió amor eterno con la condición de convertirlo igual que ella, ya que los seres mortales eran incapaces de amar eternamente. Espumina consiguió del hada una perla mágica para que él, después de beberla, pudiese vivir en el fondo de las aguas marinas.

Un día Espumina se echó a llorar en brazos de Perlina, su hermana pequeña, porque Armando la había abandonado por el amor de una sirena. Poco tiempo después murió Espumina de tristeza. En cambio, Armando abandonó a la sirena por el amor de otra. Esto produjo un gran alboroto entre las ondinas y las sirenas, y la reina de las hadas decidió expulsarlo de la profundidad del mar. Cuando él salía, de pronto, entró Coralina, quien murió de súbito por su condición de mujer, y más tarde la reina la convirtió en perla negra. Al final, la misma reina convierte a Perlina en hada de las perlas, para que las lágrimas vertidas por el amor se conviertan en perlas blancas.

 

5. “Humanzor”

“Humanzor” es el único cuento naturalista de Rafaela Contreras, porque relata una historia real, siguiendo el modelo de “El fardo” de Darío. Si “El fardo” es el primer cuento naturalista escrito en América, “Humanzor” es el primer cuento naturalista escrito en América por una mujer. Fue publicado en La Unión, San Salvador, 5 de mayo de 1890, con el seudónimo Stella, y al final del mismo se anuncia que el cuento “(Continuará)”. Pero no existe información ni se ha encontrado tal continuación para que el cuento termine en desenlace de clímax, como era propio en la época. En este caso, lo que poseemos tiene, por tanto, final de anticlímax.

El cuento está escrito por una primera persona narradora, capaz de distanciarse de la historia para cumplir con objetividad el punto de vista del narrador equisciente, aunque en dos ocasiones hay intromisión del autor.

El asunto del cuento es la visita de la autora a un pueblo que sólo nombra por la letra D. La descripción corresponde a un poblado pequeño y pobre de la costa salvadoreña, que es descrito en su aspecto físico e histórico, coincidiendo con las fiestas de la Pascua. Rafaela Contreras describe las tres casas de más lujo, que pertenecen al cura, el alcalde y un hacendado dueño del único hotel.

Muy pronto le cuentan la historia de Humanzor. Un niño que quedó huérfano y tras buscar ayuda entre los vecinos fue rechazado, hasta que encontró cobijo y protección en un pastor que luego muere. El niño volvió a padecer la miseria, pidió para comer y la ayuda le fue negada por la gente, por lo que se vio obligado a robar y fue encarcelado. Humanzor abandonó el pueblo. Varios años después regresó convertido en un joven robusto y de buen aspecto físico. Visitó la tumba de sus padres y la del pastor, y luego partió. Varios meses después regresó, pero era perseguido por la policía ya que se le acusaba de asaltar a los ricos con el fin de ayudar a los necesitados, seguido de una banda de hombres. No sabemos el final de la historia porque el relato se corta en este punto.

Lo que Rafaela Contreras nos cuenta es una realidad que pudo ser otra, muy distinta, de haber tenido aquel niño el apoyo y sustento necesarios para vivir. Pero le fue rechazado. En cambio, demuestra los buenos sentimientos a través de la visita que Humanzor hace al cementerio para reverenciar las tumbas de quienes le brindaron cariño y apoyo.

 

6. “La canción del invierno”

“La canción del invierno” no puede entrar en la clasificación del género narrativo sino dentro del poema en prosa, dada la intensidad de concentración de la idea y, por otra parte, la falta de una historia narrativa que se desarrolle apoyándose en el discurso anecdótico. Es el último texto publicado por Rafaela Contreras antes de casarse con Rubén Darío el 2l de junio. Fue publicado en La Unión, San Salvador, 19 de mayo de 1890, con el seudónimo Stella. El relato está inspirado en el poema “Invernal” de Darío, al tratar el tema del frío y hacer alusión a ideas propias del autor de Azul…

“La canción del invierno” es un poema en prosa que gira en torno a esa estación del frío.

“La canción del invierno” fue incluida en las Obras completas de Rubén Darío.32 El error fue atribuirlo a Darío, por el estilo ágil y la descripción de la atmósfera. Más tarde, fue reproducida nuevamente en las Obras completas, vol. IV, edición de Emilio Gascó Contell, publicadas en Madrid por Afrodisio Aguado, en 1955.

María Teresa Sánchez fue una de las primeras voces en destacar el error en que habían caído los editores.33

“La canción del invierno” es un poema en prosa que gira en torno a esa estación del frío. Para ello Rafaela Contreras ofrece una doble visión. En primer lugar, expone la inclemencia del frío para quienes son pobres, están desabrigados y faltos de calor. Son los que sufren. Este frío es comparado con la muerte de los sepulcros y la desolación de la naturaleza que padece sus estragos. El segundo plano, el más breve, lo ocupa el lujo y el bienestar, representado simbólicamente por salones con luces y chimeneas que arden, mientras la lluvia y el frío se producen en el exterior, y el cuento concluye con la siguiente exclamación: “¡Bendito seas, viejo invierno!”.

 

7. “Violetas y palomas”

“Violetas y palomas” es el primer cuento de Rafaela Contreras que vio la luz después de casada. Fue publicado en “El Folletín” de El Imparcial, Guatemala, 22 y 23 de julio de 1890, firmado Rafaela de Darío, y bajo el título “Dos cuentos de Rafaela de Darío”, donde figuraban “Violetas y palomas” y, luego, “Rêverie”.

Este cuento tiene la estructura de un relato dentro de otro, semejante a “El fardo” de Darío, donde el narrador, en primera persona, entabla diálogo con otra persona, que a su vez ésta cuenta otra historia. Ambos cuentos retoman el hilo narrativo donde lo dejaron, configurando una estructura intercalada que responde al orden 1-2-1. Por otra parte, la historia de amor que relata Rafaela Contreras tiene una atmósfera similar a la naturaleza que Darío describe en “Palomas blancas y garzas morenas”. No es de extrañar que Darío haya hecho correcciones que delatan su estilo y léxico.

“Violetas y palomas” cuenta el encuentro de dos amigas, Ermelia y Stella. El primer nombre hace alusión directa al gran amor de Darío, la primera novia, la nicaragüense Rosario Emelina Murillo. El segundo, corresponde a la propia autora. Es decir, la narradora introduce a la autora en el relato. No es, por tanto, ninguna intromisión del autor. Hecha esta espiritualización, pasamos al tema del cuento.

La historia se desarrolla en Austria. Un día Ermelia contó a su amiga Stella la historia de amor entre dos jovencitos, Arminda y Herman. Arminda vivía en una casita alegre, rodeada de palomas. Es una historia donde la realidad humana, con sus alegrías o tristezas se ve reflejada a través de la naturaleza. Similar a las descripciones del romanticismo de Víctor Hugo, Aurélien Scholl, y el propio Darío en el poema “Primaveral”. Al final, Arminda muere de tristeza, después de esperar inútilmente el regreso de Herman, quien se ha marchado a hacer fortuna para casarse. Herman regresa, justamente cuando ella ha muerto. Se encuentra con Stella, quien le acompaña a visitar la tumba donde crecen violetas. Al final del cuento, desde lejos, contemplan la casita, solitaria y sin palomas.

 

8. “Sonata”

“Sonata” es un poema en prosa de mayor concentración que “La canción del invierno”, debido a la intensidad de la atmósfera. El tema es el amor. Todo gira en torno a la felicidad de sentirse amada. Para comunicar esta transferencia sinestésica al lector, Rafaela Contreras recurre constantemente a recursos como la reiteración y la aliteración, a fin de producir un efecto de armonía y musicalidad mediante las palabras. Al mismo tiempo, las continuas repeticiones contribuyen a enriquecer la técnica dilatoria, que encontramos desde el primer párrafo, donde el discurso no avanza, se convierte en monólogo acumulativo, y el lenguaje narrativo no progresa en el tiempo, estancándose. Esta capacidad de llevar la idea a una gran concentración descriptiva es propia del poema en prosa de la época, cuando fue experimentado por parnasianos y esa corriente originada por el discurso poético de Macpherson. Con frecuencia Rafaela Contreras utiliza construcciones que repite, a manera de leitmotiv, con la finalidad de insistir en algo ya dicho que, a la postre, tiene la función de convertirse en recurso rítmico. Estas estructuras abundan a lo largo de “Sonata”.

En este poema en prosa hay que destacar, aparte de la originalidad, la ausencia total del personaje como objeto narrativo. Si en “La canción del invierno” lo era el frío, con su inclemencia, ahora lo es el amor. Pero el amor no se presenta bajo la envoltura de un símbolo representable para ser escenificado, que permita al lector contemplarlo. Sin embargo, se da una contemplación subjetiva y objetiva, en equilibrio, del amor mediante la palabra y el ritmo. Algo así como quería Beattie en sus Ensayos sobre poesía y música en lo que éstas afectan a la mente, en 1778. En este caso, el protagonista de “Sonata” es el propio lenguaje.

¿De dónde procede esta técnica nueva y novedosa en nuestra lengua? Hay que tener en cuenta que Darío había publicado los doce cuadros o impresiones de “En Chile”, y, más concreta y recientemente, la romanza en prosa “A una estrella”,34 El Imparcial, Guatemala, 31 de julio de 1890, donde está presente este estilo. “Sonata”, sin embargo, aparece casi cinco meses después en el diario, propiedad de Darío, El Correo de la Tarde, Guatemala, 27 de diciembre de 1890, con el seudónimo Stella.

Aunque Darío había ensayado el poema en prosa en “El palacio del sol”, “El velo de la reina Mab” y “La canción del oro”, utilizando los soportes narrativos de la acción y los personajes, no es sino con la romanza “A una estrella” cuando consigue despojar al lenguaje de todo ropaje narrativo, para convertir el relato en discurso de la propia palabra. Es decir, que el protagonista es el propio lenguaje. Es lo que Rafaela Contreras asimila y consigue en su “Sonata”.

Son, pues, dos textos paralelos, escritos con escasa diferencia de tiempo, y una temática, el amor, similar. Pero, si Darío es el innovador, por ser el primero en ensayar este género; Rafaela Contreras es la primera receptora de esta influencia.

“Sonata”, al igual que “La canción del invierno”, figura en los Poemas en prosa.35 Después de la muerte de Rafaela, La Revista Nueva reimprimió “Sonata” con el título “Delirio”, haciendo algunas correcciones, y precedido de la siguiente nota: “Publicamos en el presente número una composición de la malograda escritora centroamericana doña Rafaela Contreras de Darío (Stella). Pronto publicaremos, asimismo, el retrato y biografía de esta mujer admirable, muerta en hora infausta para las letras americanas, que en ella tenían cifradas, con notoria justicia, halagüeñas esperanzas”.36

 

9. “El oro y el cobre”

“El oro y el cobre” es el último cuento de Rafaela Contreras. Está escrito en Guatemala, donde llegó a reunirse con Darío, en compañía de su madre, el 12 de enero de 1891. El 11 de febrero celebraron la boda religiosa y cuando publica este cuento se encuentra embarazada de dos meses de su único hijo Rubén Darío Contreras. Fue publicado en El Correo de la Tarde, Guatemala, 8 de abril de 1891, con el seudónimo Stella.

Por el tema es un cuento naturalista. El segundo de Rafaela Contreras en este línea. Está contado por un narrador en tercera persona en dos planos diferenciados, que corresponden a una familia rica y otra pobre. Lo cual no rompe la unidad de una sola idea que debe tener el cuento, pero produce una segmentación de dos historias, que corresponde a una estructura encadenada 1-2.

El título establece de entrada esta doble perspectiva entre dos metales, que simbólicamente diferencian el linaje de las familias: el oro, noble, y el cobre, innoble. De esto va la historia. Dos familias, una rica y otra pobre. La familia rica, que posee el título nobiliario de marqueses, habita un piso principal, rodeados de lujo y abundancia. En cambio, la familia pobre habita la portería de su trabajo, y padece la miseria propia del empleo con sus estrecheces económicas.

Ambas familias tienen un niño de aproximadamente un año de edad. El niño rico está al cuidado de doncellas, duerme entre sedas y tiene muchos de juguetes. El niño pobre, por el contrario, carece de todo ese bienestar. Un día ambos caen enfermos. Al niño pobre sus padres le proporcionan remedios caseros y se cura. En cambio, el niño rico es atendido por médicos, abundan las medicinas y los cuidados, pero muere.

El dolor de los marqueses es grande por la pérdida de su hijo y al regresar del entierro se fijan, por primera vez, que los porteros son padres de un niño sano y robusto. Para desvelar esta situación la narradora recurre al diálogo entre los personajes. Ambos padres hablan de la felicidad, y el padre rico reconoce que la felicidad no la proporciona el dinero sino los hijos, y le entrega al portero cuatro monedas de oro que, al final del cuento, transforma la miseria en bienestar.

El cuento se desarrolla en París, por algunas referencias que nos ofrece la narradora sobre los paseos en coche de los marqueses por el bosque y los campos Elíseos. Y aunque el relato pretende crear ese ambiente propio de París, a través de la descripción del lujo, no queda totalmente conseguido en la atmósfera. La descripción es ágil, rápida, y las acciones se suceden unas detrás de otras. Para cristalizar la atmósfera habría sido necesario trabajar el lenguaje en un proceso más lento y de mayor concentración, a la manera de los cuentos anteriores. Su lectura deja la impresión de querer decir mucho en el tiempo más breve. No obstante, lo que, por una parte, puede considerarse defecto de estilo, por otra gana en intensidad, en comunicación, en precisión, que es en el fondo lo que exige la técnica del narrador naturalista. Una técnica de la que el propio Darío se alejó después de escribir “El fardo”. Para la estética modernista resultaba demasiado sobria, además de confrontar una problemática social. Para el cuento que nos ocupa tiene el mérito de representar una corriente iniciada en “El fardo”, que encontró en Rafaela Contreras a la primera mujer exponente de una preocupación social que llegaría a invadir la literatura del siglo XX.

La influencia de Darío es innegable en la ubicación del cuento en París; en el léxico de muchas palabras utilizadas en Azul…, sobre todo aquellas relacionadas con el lujo, y en recursos como la reiteración, la aliteración y la sinestesia, que le dieron brillo y esplendor al modernismo.

 

10. Conclusión

Sin los cuentos de Azul… es imposible que Rafaela Contreras pudiese dar a luz estos nueve cuentos. Ella escribió bajo esa influencia, la llama del amor que sentía por el escritor, describiendo su pequeña biografía de amor en estos cuentos llenos de inspiración e inteligencia. Su intención no fue otra que la de conquistar el amor de quien ella sabía era un alma iluminada y dotada de sensibilidad para percibir los reflejos del espíritu. Inmediatamente después de la publicación del primer cuento, Darío percibió esa sensibilidad y ya el segundo apareció precedido de un elogio, que convirtió una vieja amistad desde la infancia en el encuentro de dos espíritus afines.

Rafaela Contreras fue la primera lectora atenta de los cuentos de Azul…, porque nadie antes de ella había escrito en América ni en España una serie de cuentos inspirados en el libro de Rubén Darío.

Por la cronología de los cuentos podemos apreciar que la mayor producción literaria de Rafaela Contreras concluye antes de celebrarse el matrimonio civil, en San Salvador, el 21 de junio de 1890. Después escribe dos cuentos. Pero, después de celebrarse el matrimonio religioso, en Guatemala, el 11 de febrero de 1891, sólo escribe uno, el último, cuando ya lleva en sus entrañas la semilla del hombre —la materia— y el escritor —el espíritu— a quien ella había admirado y amado.

Aparte de estas conclusiones personales, en el plano literario, hay que decir que Rafaela Contreras fue la primera lectora atenta de los cuentos de Azul…, porque nadie antes de ella había escrito en América ni en España una serie de cuentos inspirados en el libro de Rubén Darío. Esto, a la vez, la convierte en la primera mujer modernista de la lengua castellana.

Aquí surge un problema fundamental de delimitación del modernismo en la prosa, que es necesario reconsiderar. Aunque los recursos que hace propios el modernismo se utilizaban, sobre todo en América, bajo la influencia parnasiana, durante el último tercio del siglo XIX, la crítica martiana “Juan Marinello, Manuel Pedro González, Iván A. Schulman y otros”, sostiene como inicio del modernismo el año 1882. Lo cierto es que no se puede hablar, con propiedad ni precisión, de modernismo, hasta la publicación de Azul…, en 1888. ¿La razón? Azul… resume, aglutina y condensa, en formato de libro, las técnicas y recursos en boga y dispersos. Además, traslada a nuestra lengua una estética de refinamiento y estilo, que no sólo rompe con los planteamientos del siglo XIX sino que introduce una visión, temática y estilística, que difiere de sus predecesores.

En este sentido, si Azul… de Rubén Darío es el primer libro modernista de la historia literaria, Rêverie de Rafaela Contreras es el segundo, y el primero escrito por una mujer. Aunque, vale la pena decirlo aquí, el modernismo tal como fue concebido por Darío, bajo la influencia parnasiana, nunca fue el mismo en sus epígonos, porque sus continuadores, en lugar de alimentarse directamente de las fuentes donde bebió Darío, se alimentaron de él. De ahí que el modernismo, a partir de Rubén Darío, fuese una puerta abierta a la transformación, sujeto a la evolución y sensibilidad de cada escritor. Esta razón contribuyó a que en alguna ocasión cayese en el feísmo y manierismo solapados.

Desde esta perspectiva, Rêverie de Rafaela Contreras es el resultado dual, la fusión, de una doble influencia: Rubén Darío y su propia escritura.

 

Bibliografía

I. Cuentos de Rafaela Contreras
  • “Mira la oriental o la mujer de cristal”. La Unión, San Salvador, 10 de febrero de 1890; El Imparcial, Guatemala, 31 de julio y 2 de agosto de 1890.
  • “Rêverie”. La Unión, San Salvador, 10 de marzo de 1890; El Perú Ilustrado, Lima, 17 de mayo de 1890; El Imparcial, Guatemala, 24 de julio de 1890.
  • “La turquesa”. La Unión, San Salvador, 22 de abril de 1890; El Imparcial, Guatemala, 9 y 10 de noviembre de 1890.
  • “Las ondinas”. Repertorio Salvadoreño, vol. IV, Nº 4, abril de 1890, pp. 207-216.
  • “Humanzor”. La Unión, San Salvador, 5 de mayo de 1890.
  • “La canción del invierno”. La Unión, San Salvador, 19 de mayo de 1890.
  • “Violetas y palomas”. El Imparcial, Guatemala, 22 y 23 de julio de 1890.
  • “Sonata”. El Correo de la Tarde, Guatemala, 27 de diciembre de 1890.
  • “El oro y el cobre”. El Correo de la Tarde, Guatemala, 8 de abril de 1891.

 

II. Bibliografía pasiva
  • Alemán Bolaños, Gustavo, La juventud de Rubén Darío. Guatemala, 1923; Guatemala, Edit. Universitaria, 1958.
  • Argüello, Ruth de, “Rafaela, Rosario, Francisca: tres amores de Rubén”. La Prensa Literaria, Managua, 15 de enero de 1967.
  • Avilés Gallo, Silvio, “Las mujeres en la vida de Rubén Darío”. La Prensa Literaria, Managua, 9 de enero de 1967.
  • Chacón, Tranquilino, “Juventud de Rubén Darío”, en De ayer y hoy. San José, 1930.
  • Darío, Rubén, Autobiografía. 5ª ed. Madrid, Vda. de Galo Sáez, 1945.
  • Darío III, Rubén, Las tres mujeres de Rubén Darío. Caracas, Ediciones Grafarte, 1965, pp. 5-11.
  • Ghiraldo, Alberto (ed.), Poemas en prosa, en Obras completas de Rubén Darío, vol. VIII. Madrid, G. Hernández y Galo Sáez (1924). Incluye “Sonata”, pp. 21-26, y “La canción del invierno”, pp. 59-65.
  • Oliver Belmás, Antonio, Este otro Rubén Darío. Barcelona, Aedos, 1966, pp. 67-71.
  • Romero del Valle, Emilia, “Nueve cuentos de Rafaela Contreras”. El Nacional, México, 19 de junio de 1966.
  • Sánchez, María Teresa, El poeta pregunta por Stella. Managua, Editorial Nuevos Horizontes, 1967 (primera biografía de Rafaela Contreras. Existen críticas de Milton Salazar, La Prensa, Managua, 9/7/67, tomada de La Prensa Libre de San José; Alberto F. Cañas, La Prensa Literaria, Managua, 3/12/67, y Edelberto Torres, ibídem, 13/7/9, tomado de El Nacional de México).
  • Sánchez, María Teresa, “Dos poemas de Rafaela Contreras atribuidos a Rubén Darío”. Incluye “La canción del invierno” y “Rêverie”. La Prensa, Managua, 8 de octubre de 1967.
  • Sequeira, Diego Manuel, Rubén Darío criollo en El Salvador. León (Nicaragua), Editorial Hospicio, 1964, pp. 353-435.
  • Sol, Ildo, Rubén Darío y las mujeres. Managua, Estrella de Nicaragua, 1947.
  • Torres, Edelberto, La dramática vida de Rubén Darío. La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1982.
  • Torres Bodet, Jaime, Rubén Darío. Abismo y cisma. México, Fondo de Cultura Económica, 1966.
  • Uhrhan Irving, Evelyn, Short Stories by Rafaela Contreras de Darío. Miami, University of Miami Press, 1965; Nueve cuentos de Rafaela Contreras (2ª de). Managua, Fundación Rubén Darío, 1995.
Ricardo Llopesa
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Notas

  1. Darío, Rubén: Poemas en prosa, en Obras completas, vol. VIII. Edición de Alberto Ghiraldo y Andrés González-Blanco. Madrid, G. Hernández y Galo Sáez (1924).
  2. Sequeira, Diego Manuel: Rubén Darío criollo en El Salvador. León (Nicaragua), Editorial Hospicio, 1964, pp. 353-398.
  3. Uhrhan Irving, Evelyn: Short stories of Rafaela Contreras de Darío. Miami, University of Miami Press, 1965.
  4. El segundo cuento de Rafaela Contreras, “Rêverie”, se publicó precedido de un artículo de Rubén Darío titulado “Un marco humilde para un lienzo de oro”, donde anuncia la próxima publicación del libro en la editorial Garnier de París, y utiliza por vez primera el seudónimo Stella. Véase “Rêverie”.
  5. Escribe Darío: “Fue con Gavidia, la primera vez que estuve en aquella tierra salvadoreña, con quien penetrara en iniciación ferviente en la armoniosa floresta de Víctor Hugo; y de la lectura mutua de los alejandrinos del gran francés, que Gavidia, el primero seguramente, ensayara en castellano a la manera francesa, surgió en mí la idea de renovación métrica, que debía ampliar y realizar más tarde” (Autobiografía, XVIII, 87).
  6. En palabras de Darío: “Habitaba entonces en San Salvador la viuda de un famoso orador de Honduras, Álvaro Contreras, que, si no estoy mal informado, tiene hoy un monumento. Fue este hombre, vivaz y lleno de condiciones brillantes, un verdadero dominador de la palabra. Combatió las tiranías y sufrió persecuciones por ello. En tiempo de la guerra del Pacífico fundó un diario en Panamá en defensa de los intereses peruanos. Su viuda tenía dos hijas: a ambas había conocido yo en los días de mi infancia y en casa de mi tía Rita” (Ibídem, p. 86).
  7. Darío recuerda esta etapa: “Una vez llegado a la capital salvadoreña busqué algunas de mis antiguas amistades, y una de ellas me presentó al general Francisco Menéndez, entonces presidente de la República (…). A los pocos días me mandó llamar y me dijo: ‘¿Quiere usted hacerse cargo de la dirección de un diario que sostenga los principios de la Unión?’. ‘Desde luego, señor presidente’ —le contesté. ‘Está bien —me dijo—; daré órdenes para que en seguida se arregle todo lo necesario’. En efecto: no pasó mucho sin que yo estuviera a la cabeza de un diario, órgano de los unionistas centroamericanos, y que, naturalmente, se titulaba La Unión” (Ibídem, p. 85).
  8. Según Tranquilino Chacón, redactor jefe de La Unión: “El sábado 21 de junio de 1890 se celebró la ceremonia del matrimonio civil en la casa de la novia. Francisco Gavidia y yo fuimos los padrinos. Obsequié a la desposada con la pluma de oro con que firmó el acta matrimonial. Un incidente divertido: como a las nueve de la noche terminó el acto, y la concurrencia despejó la estancia. Quedamos en ésta solamente doña Manuela, Rafaelita, Rubén y yo. Doña Manuela, dirigiéndose a mí: ‘¿No le parece, don Tranquilino, que el matrimonio civil no es más que una fórmula, que necesita para ser verdadero la bendición del cura? Sin esto, yo no lo creo válido…’ (Tambleau! Rubén, como movido por un resorte, se levanta y me invita a retirarme. Nos despedimos en seguida”. Sequeira, ob. cit., pp. 406-407).
  9. Chacón dice: “Preparábase un baile en la Casa Blanca. Rubén y yo debíamos asistir. A las cinco de la tarde Ballenato nos había alistado la indumentaria: el frac, los guantes, la corbata blanca, las zapatillas, etc. Llega Rubén: ‘Amigo Chacón, yo estoy muy cansado y pienso no ir al baile. Como ya no tenemos periódico, no estamos obligados a la crónica’ (en efecto, días antes había cesado La Unión, con el propósito de que sería restablecida en breve sobre una nueva base económica)” (Ibídem, p. 407).
  10. Darío, Rubén: Azul… Guatemala, Imprenta La Unión, 1890.
  11. Darío cuenta en su Autobiografía: “De mi entrevista con el ministro de Relaciones Exteriores y con el de Hacienda resultó que, por disposición presidencial, se me hizo, como en San Salvador, director y propietario de un diario de carácter semioficial. A los pocos días salía el primer número de El Correo de la Tarde” (Ob. cit., p. 98).
  12. Según el propio Darío: “Siete meses después de mi llegada se celebró mi matrimonio religioso, siendo uno de mis padrinos el doctor Fernando Cruz, que falleció después de ministro en París” (Ibídem, p. 100). Sequeira reproduce la solicitud autógrafa de matrimonio:
    “Sr. Gobernador de la Mitra.
    Rubén Darío, 24 años de edad, natural de Nicaragua y Rafaela Contreras, de 21 años de edad, natural de Costa Rica, respetuosamente exponemos que deseamos contraer matrimonio antes de que se cierren las velaciones, venimos a suplicar que se sirva mandar instruir la información que corresponde, a cuyo efecto proponemos como testigos a los señores don Aquileo J. Echeverría, don Vicente Acosta y don Timoteo R. Miranda.
    Practicada que sea la indicada información, por medio del Párroco del Sagrario, si es que Ud. tiene a bien comisionarlo para ello.
    Al Señor Gobernador suplicamos que nos dispense de las proclamas, tanto por la premura del tiempo, como porque tenemos que ausentarnos de esta capital.
    Guatemala, 3 de febrero de 1891./Señor D. de la M.
    RUBÉN DARÍO-RAFAELA CONTRERAS” (Ob. cit., p. 410).
  13. Según Darío: “No puedo rememorar por cuál motivo dejó de publicarse mi diario, y tuve que partir a establecerme en Costa Rica. En San José pasé una vida grata, aunque de lucha. La madre de mi esposa era de origen costarriqueño, y tenía allí alguna familia. San José es una ciudad encantadora entre las de la América Central. Sus mujeres son las más lindas de todas las cinco Repúblicas. Su sociedad, una de las más europeizadas y norteamericanizadas. Colaboré en varios periódicos, uno de ellos dirigido por el poeta Pío Vízquez; otro, por el cojo Quiroz, hombre temible en política, chispeante y popular; intimé allí con el ministro español Arellano, y cuando nació mi primogénito… su esposa, Margarita Foxá, fue la madrina” (ob. cit., p. 104).
  14. Siguiendo a Darío: “Después del nacimiento de mi hijo, la vida se me hizo bastante difícil en Costa Rica, y partí solo, de retorno a Guatemala, para ver si encontraba allí manera de arreglarme una situación. En ello andaba cuando recibí por telégrafo la noticia de que el Gobierno de Nicaragua, a la sazón presidido por el doctor Roberto Sacasa, me había nombrado miembro de la Delegación que enviaba Nicaragua a España con motivo de las fiestas del centenario de Colón” (Ibídem, p. 105).
  15. Según el testimonio de Darío: “Estando en León, se celebraron funerales en memoria de un ilustre político que había muerto en París, don Vicente Navas. Se me rogó que tomase parte en la velada que se daría en honor del personaje fallecido, y escribí unos versos en tal ocasión. Estaba, la noche de la velada, leyendo mi poesía, cuando me fue entregado un telegrama. Venía de San Salvador, lugar adonde yo no podía ir a causa de los Ezetas, y en donde residía mi esposa en unión de su madre y de su hermana casada. El telegrama me anunciaba en vagos términos la gravedad de mi mujer; pero yo comprendí, por íntimo presentimiento, que había muerto; y sin acabar de leer los versos, me fui precipitadamente al hotel en que me hospedaba, seguido de varios amigos, y allí me encerré en mi habitación a llorar la pérdida de quien era para mí consolación y apoyo moral. Pocos días después llegaron noticias detalladas del fallecimiento. Se me enviaba un papel escrito con lápiz por ella en el cual me decía que iba a hacerse operar —había quedado bastante delicada después del nacimiento de nuestro hijo—, y que, si moría en la operación, lo único que me suplicaba era que dejase al niño en poder de su madre, mientras ésta viviese. Por otra parte, me escribía mi concuñado, el banquero don Ricardo Trigueros, que él se encargaría gustoso de la educación de mi hijo, y que su mujer sería como una madre para él (…). Pasé ocho días sin saber nada de mí, pues en tal emergencia recurrí a las abrumadoras nepentes alcohólicas” (Ibídem, XXX, pp. 129-130).
  16. Darío, Rubén: Prosas profanas y otros poemas. Buenos Aires, Pablo E. Coni, 1896, pp. 101-102.
  17. “Caupolicán”, primer soneto alejandrino de Azul…, apareció en La Época, Santiago de Chile, 11 de noviembre de 1888; en Centroamérica se reprodujo en El Tren, Tegucigalpa, 5 de diciembre de 1889.
  18. El diario La Unión, San Salvador, 17 de diciembre de 1889, responde: “A la Sta. L.F.G.R.- Sonsonate. El libro Azul no se encuentra de venta en nuestras librerías. La Unión publicará poco a poco ese y otros trabajos del señor Darío” (Sequeira, ob. cit., p. 227). Esta nota es posterior a la publicación de los tres primeros cuentos.
  19. El cuento “Rêverie” vio la luz en La Unión, San Salvador, 10 de marzo de 1890. Va precedido por un artículo de presentación firmado por Darío. Véase Nº 4.
  20. Alemán Bolaños, Gustavo: La juventud de Rubén Darío. Guatemala, Sánchez y Guisse, 1923, p. 138.
  21. Darío, Rubén: Emelina. En colaboración con Eduardo Poirier. Valparaíso, Imprenta Universal, 1887.
  22. Por parte de Darío también ocurría lo mismo, convirtiéndose en amor recíproco. En su Autobiografía recuerda a las dos hermanas, a quienes había conocido y jugado en la infancia: “Esas dos niñas eran ya dos señoritas. Una de ellas casó con el hijo de un poderoso banquero, a pesar de la modesta condición en que quedara la familia después de la muerte de su padre. Yo frecuenté la casa de la viuda, y al amor del recuerdo y por la inteligencia, sutileza y superiores dotes de la otra niña, me vi de pronto envuelto en una nueva llama amorosa” (ob. cit., pp. 86-87). Rafaela Contreras es el segundo amor de su vida.
  23. Para entonces Darío ha sido nombrado secretario de la delegación de Nicaragua que viaja a España a la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Véase Nº 14.
  24. La doctora Uhrhan Irving divide los cuentos en dos secciones: 1) Prose Poems (Poemas en prosa), “La canción del invierno”, “Sonata” y “Las ondinas”, y 2) Narrative Tales (Lista de relatos), los cuatro restantes.
  25. Rubén Darío publicó, después de la muerte de su amigo Pedro Balmaceda Toro, el libro biográfico que lleva por título el seudónimo que utilizó, A. de Gilbert, San Salvador, Imprenta Nacional, 1890, pero escrito en agosto de 1889.
  26. El diario La Unión, San Salvador, publicó el 5 de diciembre de 1890 la colaboración de Tranquilino Chacón: “Se encuentra entre nosotros desde hace algunos días el señor don Tranquilino Chacón, distinguido periodista costarricense que fue redactor del Diario Costarricense y director de la Imprenta Nacional de San José. El señor Chacón, persona de excelentes prendas personales, permanecerá entre nosotros por tiempo indefinido. Durante su permanencia contribuirá con sus trabajos a hacer interesante nuestro diario” (Sequeira, ob. cit, p. 187).
  27. Cuenta Tranquilino Chacón la siguiente anécdota que lo llevó a publicar el primer cuento de Rafaela Contreras: “En una de mis visitas, Rafaelita (como así le llamaba familiarmente, a causa tal vez de su pequeña estatura) me presentó una composición suya… advirtiéndome que de ningún modo quería que Rubén supiera la procedencia del trabajo; éste consistía en un cuento precioso… Decíame Rafaelita: ‘Si usted quiere corregir eso y quiere publicarlo, hágalo; pero, ¡cuidado lo sabe Rubén, cuidado!, confío en su discreción’. Y con una gracia inimitable poníase el dedo pulgar en sus labios, indicándome que yo no debía despegar los míos” (Sequeira, ob. cit., p. 363).
  28. Tanto el primer como el segundo viaje de Rubén Darío a El Salvador, en 1882 y 1889, respectivamente, así como el viaje a Chile, en 1886, se debieron a la oposición de sus amigos a que contrajese matrimonio con la nicaragüense Rosario Emelina Murillo. Sin embargo, el poeta nunca la olvidó. Después de llegar a la capital salvadoreña publicó en El Repertorio Salvadoreño, vol. II, Nº 5, de mayo de 1889, p. 323, el siguiente poema:
    Emelina
    Amada, espera, espera.
    Florecerá la luz en los altares
    y al llegar la amorosa Primavera
    te hallarás coronada de azahares.
    Eres buena, eres casta;
    y Dios belleza y gracia darte quiso.
    Para hacer de un hogar un paraíso
    ¡oh, mi gloria y mi luz! con eso basta.
  29. Véase el artículo de Darío en la sección de los cuentos.
  30. Citado por Sequeira, ob. cit., p. 363.
  31. Véase nota correspondiente a este cuento.
  32. Darío, Rubén, Poemas en prosa, ob. cit., pp. 59-65.
  33. María Teresa Sánchez es autora de la biografía de Rafaela Contreras, El poeta pregunta por Stella, Managua, Editorial Nuevos Horizontes, 1967.
  34. “A una estrella”, romanza en prosa, incorporado a la segunda edición de Azul…, en el último lugar.
  35. Darío, Rubén, ob. cit., pp. 21-26.
  36. La Revista Nueva, San José (Costa Rica), 1 de septiembre de 1896, al parecer fue el último número, por lo tanto no dio más información sobre R. Contreras. Aquí aparecieron “La canción del invierno” y “Sonata”, éste con el título “Delirio”.