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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Vicente Núñez: poesía de la liberación

• Lunes 1 de octubre de 2018
Vicente Núñez
El poeta y pensador Vicente Núñez vivió y escribió durante los tumultuosos años de la posguerra.

Grafitis, blogs, revistas, lecturas en plazas públicas: la poesía está en todas partes. En algunos poetas, la emoción se convierte en una actitud a la defensiva. A pesar de su aparente sobreexposición, su poder retórico reside en el arresto ordenado de los sentidos. Para otros, sin embargo, no existe el orden: apenas las ráfagas. A favor o en contra, se debaten en lo que parecen monótonas camisas de fuerza. Capaces de las formas más exigentes, sus composiciones deletrean turbios mensajes. De los placeres cómplices en jardines suburbanos a la lubricidad de las peleas callejeras, la cultura pop y el poscapitalismo mezclan las imágenes de Internet y las remezclan con los mitos antiguos.

El poeta y pensador Vicente Núñez vivió y escribió durante los tumultuosos años de la posguerra. Sus poemas aluden lo mismo a la gris dictadura franquista que a la posterior y luminosa democracia.

Nuevas maneras de imaginar lo que pueden ser radicalmente diferentes realidades, todo poema es un desempeño acumulativo sobre una carga de conocimiento. Despierta inquietud por su negación. El poeta griego Thomas Tsalapatis, de 31 años, posee una “cajita” dentro de la cual “siempre están matando a alguien”. Envuelve su prisma en papel y cinta, como un diminuto ataúd. Robert Graves encuentra asilo, santuario incluso, en la mitología de sus diosas blancas. La poesía de Vicente Núñez (Aguilar de la Frontera, Córdoba, España; 1926-2002) nombra las cosas, en lugar de reclamarlas; las siente, en lugar de anunciarlas. Se refugia en la inocencia, el egoísmo inconsciente que mueve la atención del niño, la lluvia constante de impresiones, la fugacidad absoluta de la alegría.

 

Vicente Núñez y la felicidad

“Epicúreo” no es un adjetivo que relacionemos de forma inmediata con la física moderna. Tradicionalmente, pertenecen a esa categoría los amantes de la comida y el buen vino. Llamar así a alguien, al menos desde la época del padre Isla, significa tildarlo de mero buscador de placeres indulgentes. Los seguidores de Epicuro (Samos, 341 a.C.; Atenas, 270 a.C.) son, en el fondo, hedonistas. La búsqueda del deleite es su credo; y, sin embargo, el filósofo griego sostenía, también, que el mayor gozo consistía en estar libre de angustia: que la ruta segura de un alma libre, en su búsqueda de la felicidad, era la comprensión de lo absoluto.

Por otra parte, el poeta y pensador Vicente Núñez vivió y escribió durante los tumultuosos años de la posguerra. Sus poemas aluden lo mismo a la gris dictadura franquista que a la posterior y luminosa democracia. Su obra no sólo es homenaje al tiempo que le tocó en suerte sino a sus predecesores romanos Virgilio y Ovidio. Escribió el autor de Teselas para un mosaico (1985) en un registro que fue poético, de forma consciente. Sus temas fueron no sólo el amor, el mito o la historia, sino también la felicidad. Comparte con Lucrecio la ambición de escribir sobre “la naturaleza de las cosas”, y nada como la dicha para explicar su mundo y, de paso, el que nos rodea. Esa, al menos, es la tesis del volumen de ensayos Vicente Núñez y la felicidad (Fundación VN, CEP Priego Montilla, Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, 2016), donde se sostiene que la poesía del cordobés es tanto el medio como el objetivo para alcanzar la plenitud a través de la literatura.

“Latino, pagano en todo, acabará cantando la resurrección católica en el último verso: ‘Conquistaré ese cuerpo que ni te di ni tuve’. Se ha salido de la paganidad romana, pero no se ha movido de la romanidad”, sostiene el profesor y poeta salmantino Juan Antonio González Iglesias (1964) en su ensayo “Felizmente romano”. Según el autor de Eros es más (2007), varios siglos después de la civilización romana el aguilarense ha llegado a la conclusión de que nuestro volátil mundo tiene que estar hecho de algo permanente. Átomo significa, literalmente, “indivisible”. Lo indisoluble en la poesía de Núñez, según Iglesias, responde a las aparentes paradojas de la divisibilidad.

Se sabe que durante el período que vio el ascenso de Alejandro Magno al poder, se adoptó y adaptó la teoría atómica para promover la alegría: “El conocimiento otorgaba la felicidad. El camino epicúreo del conocimiento estaba empedrado con la técnica del mosaico: se llegaba a las grandes verdades a través de las pequeñas”. El filólogo y poeta onubense Antonio Portela (1978) redunda en su artículo en la creencia de que la ciencia se basa en la compasión: mirar a nuestro alrededor para ser conscientes. Fue para apaciguar el miedo del alma al aplastamiento que Epicuro regresó a la teoría atómica de Demócrito y Leucipo. La misión de Núñez, al rescatar al filósofo griego, es, pues, aplicar la física a la poesía, y hacerla así más comprensible y aceptable para sus lectores.

Por último, la escritora y traductora cordobesa Leonor Martínez Serrano afirma, en In vino veritas…, que la obra del autor de Ocaso en Poley (1982) aporta razones para no temer a la muerte. Sus palabras no sólo pretenden explicar los fenómenos del mundo natural, sino “los contornos de las cosas y los seres que pueblan el mundo”. Si entendemos la física, no tememos a los dioses. Sostiene Serrano que Núñez nos muestra la existencia de lo invisible a través de la realidad visible de lo que nos rodea, mientras aporta argumentos y ejemplos “desde esa atalaya desde la que contempló el mundo en su impasible devenir” para llevarnos, de la mano, a lo que consideraba la verdad del universo y la clave para la satisfacción.

 

La realidad invisible

Memoria incompleta, lúdica metaficción donde se suceden las tomas del pasado, las proyecciones de un deseo que no deforma ni revela: “Sólo dos enfermos insalvables pueden ser capaces de amarse”. La realidad aquí no es tanto el relato de un narrador poco fiable como una serie en armonización donde se enfrentan los testimonios: “Lo sustancial no configura el espacio”. Leer las citas del pensador y poeta Vicente Núñez e ir de ellas a las imágenes del fotógrafo José Antonio Robés (León, 1964) que las ilustran, supone asumir que el verdadero poder reside en lo invisible. Al cabo, la búsqueda de una realidad más allá de lo cotidiano, ¿no impregna nuestra fascinación por lo que no podemos ver?

Crea el aguilarense con su obra todo un mundo de ficción autorreferencial.

El lenguaje aquí se mueve de lo íntimo a lo cinematográfico. La antología gráfica La realidad invisible (Fundación VN, Calambur, Diputación de Córdoba, 2016) recuerda muchos de los tropos típicos del autor de Ocaso en Poley (1982): dramáticos incidentes al azar alteran el curso de una existencia (“Palabras como derivas. Palabras”); reflexiones sobre la naturaleza de la escritura, el lenguaje y la identidad (“La poesía te da una bandeja de falsas perlas a cambio de tu vida”); múltiples puntos de vista (“La vestidura está más vestida que el vestido. Por eso desnuda”); poemas dentro de poemas (“alma y cuerpo en un solo y unísono destello”); de forma intertextual, fragmentos donde lo invisible es una presencia clave. O más bien una no presencia.

Lírica del momento, que explora tentativamente cómo se percibe a sí misma, poema que abre más puertas, para dejar entrar más luz. Crea el aguilarense con su obra todo un mundo de ficción autorreferencial. Brillan las muchas habilidades de Núñez seleccionadas por el poeta Juan Carlos Mestre (León, 1957): su rotunda franqueza, junto a una sutil habilidad para la psicología sutil (“Bajo el palio secreto y amable de las lágrimas / hemos vivido”). Su lucidez se vierte en versos a menudo contradictorios, con frecuencia explosivos. Diríase que desea ser invisible cerrando los ojos: “La decisiva realidad de los objetos es su senectud”. Para Núñez, como para los niños, el acto de ver parece depender de una reciprocidad de la mirada: “Sombras, sombras, sombras… Nada”.

Fragilidad bajo amenaza, rodeada de toques de finalidad y pérdida; escritura viva o vital sobre la página; poesía gestual; simulacro de poder con la persuasión de lo estructuralmente lúdico, la literatura del cordobés ilustrada por el artista visual Robés posee una neutralidad anónima: “La arquitectura sólo se consolida en la contemplación del solitario”. Deambula en torno a los tótems, mientras privilegia lo incandescente, lo perturbador, lo poderoso: “Nunca te ates, porque te desatarías de ti mismo”. La verdad (lo que eso sea) se encuentra en los espacios entre palabras, entre versos, entre imágenes, “…extensión de la mesura”. Lírica fascinada por el acto de su propia creación, el enigma de La realidad invisible reside en sus sueños sobre la identidad y la autoimaginación, “hacia el hondo / corazón de tus brazos latiendo bajo el cielo”.

Profundo conocedor de la forma poética, sus límites y su juego, el crítico Miguel Casado (Valladolid, 1954) despliega en el epílogo su arcano de dispositivos estructurales en tres ensayos sobre el autor de Rojo y sepia (1987), su presencia o su ausencia, que proyecta su sombra sobre todo el libro. Ese deseo de ser invisible, ¿no es esencialmente un anhelo de poder? Una desesperada necesidad permea estas páginas primitivas. Todas las voces de los posibles poetas se fusionan en una sola: la de una autenticidad intensamente sentida. Este volumen no es sólo un compendio de deliciosos emblemas o citas inteligentes. Su invisibilidad nos permite acceder a lugares liminares, teñidos de deseo, encanto y posibilidad.

Se condenan las identificaciones sentimentales con el mundo no-humano. Habla el poema a través de la divisoria intransitable de su imagen. Precisión, escrutinio y colorida sinestesia. Las imágenes ilustran los poemas ahondando en la confusión entre la realidad y la ilusión, la verdad y el engaño. Se mezclan de forma convincente los detalles rituales y naturalistas. Los recuerdos de la infancia parpadean mientras su autor lucha con la destrucción y la supervivencia, mientras canta las complejidades de la experiencia individual.

 

La lírica de Núñez crepita en sus oposiciones: entre el individualismo del enunciado lírico y el contexto político en que tiene lugar, entre la opacidad de sonidos densamente dibujados y la contundencia.

Poesía de la liberación

El hambre, el desempleo, el recorte de las pensiones. La escasez de electricidad y agua. Niños que malviven en la pobreza. Deuda pública. El austericidio sigue dictando las normas. El ahorro del sentimiento es colectivo, su frugalidad contundente. Vastas extensiones de información en diferentes idiomas a un clic de distancia. Los tiempos invitan a hablar en contra del dogma, la división y el monolingüismo —o simplemente dedicarnos a registrar la experiencia vivida, la noticia que permanece fresca cuando los titulares suenan irremediablemente anticuados. Los iconos de lo cotidiano nos traen la crisis a casa. Literatura política o apolítica en tiempos de mudanza. Poesía dentro de los límites del control del capital y los referendos no representativos.

Un nuevo tipo de literatura florece en las calles, bares y cafés. No sólo en las revistas, la prensa independiente o los sitios web, sino en las paredes, la música, el cine y el arte. La lírica de Núñez crepita en sus oposiciones: entre el individualismo del enunciado lírico y el contexto político en que tiene lugar, entre la opacidad de sonidos densamente dibujados y la contundencia. En sus poemas se puede encontrar la palabra desnuda, despojada de afectación. En su discurso, el deseo se revela y se condona a sí mismo ante la vislumbre de las posibilidades redentoras del amor. Su poesía supone un retorno definitivo a la observación. Literatura de la liberación. Huida al jardín secreto. Lugar de escape privado. Escoge el poeta aguilarense cada palabra con mimo, la usa con precisión forense: su rigurosidad es una especie de subterfugio, de testimonio codificado de una vida interior sostenida por la atención y el deleite del habla; su desenfado es el mechón rebelde en la cabeza del niño antes del corte de pelo institucional.

José de María Romero Barea

José de María Romero Barea

Escritor español. Colabora con reseñas, entrevistas y traducciones en publicaciones de ámbito nacional e internacional: los diarios Mundiario y Luz de Levante, la revista de divulgación IES y las revistas de literatura Quaderni Ibero Americani, Vísperas y Nueva Grecia, de cuyo consejo de redacción forma parte.

Sus textos publicados antes de 2015
299
José de María Romero Barea

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