Saltar al contenido

Dos recursos narrativos en Novelas ejemplares

lunes 27 de mayo de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
“Novelas ejemplares”, de Miguel de Cervantes
En muchas de las tramas de su conocida colección de novelas breves, Cervantes hace uso del triángulo amoroso y la anagnórisis.

Entre la publicación de la primera y la segunda parte del Quijote aparecieron, en 1613, las Novelas ejemplares. Si bien el Quijote ha fundamentado para la posteridad el prestigio y la fama de Cervantes, esta colección también lo muestra en su calidad de notable escritor en el género de la novela corta.

La publicación original incluye doce novelas, que fueron escritas en diferentes épocas y reunidas después para la edición. Desde 1814, se agrega también La tía fingida, cuyo manuscrito fue encontrado en 1788 y que Cervantes no incorporó al volumen inicial. Hubo una prolongada polémica sobre la autoría de esta novela, aunque ahora se admite en forma unánime que corresponde a Cervantes. También suelen considerarse como novelas ejemplares dos relatos que figuran en el Quijote: “El cautivo” y “El curioso impertinente”, aunque con la denominación propia de “novelas ejemplares” no se alude a ellos.

Reseñaremos el argumento de cuatro novelas ejemplares y haremos referencia a dos recursos novelísticos muy empleados por Cervantes para elaborar la intriga de sus relatos: el triángulo amoroso y la anagnórisis.

El triángulo amoroso es un procedimiento repetido con diferente grado de originalidad, según los autores. Cervantes lo utiliza a menudo. Consiste en la actuación de tres personajes, dos de los cuales se disputan el amor del restante.

La anagnórisis o agnición es el ocultamiento de la identidad y se manifiesta en el cambio o la confusión de la personalidad. Por ardid, por engaño o por desconocimiento, un personaje no es quien aparenta y el doble valor de su figura permite diversas peripecias que, generalmente, terminan con la aclaración de las circunstancias y el reconocimiento de la identidad verdadera.

 

La gitanilla

Preciosa, una joven llena de virtudes y conocida como “la gitanilla”, ha sido criada por una vieja gitana que se dice su abuela. Sus condiciones naturales le permitieron destacarse en el baile, en el canto, en el lenguaje y en el recato que rodea su presencia. El conocimiento de tales aptitudes por don Juan (joven de noble familia) lo enamora perdidamente de Preciosa. En un encuentro con ella le revela sus sentimientos y las buenas intenciones que lo animan, al mismo tiempo que le refiere la acomodada situación de su familia.

La gitanilla le responde con buenas razones que no puede aceptarlo sin meditar la decisión y le advierte que deberá convivir dos años con los gitanos. Ese será su período de prueba, durante el cual podrá afirmarse o destruirse la relación entre ambos. Juan acepta todas las condiciones. Preciosa y su abuela comprueban la verdad de las referencias dadas por el joven. Éste se va de la casa e ingresa en la tribu.

Aprende sus costumbres y las practica sin abandonar sus principios morales. Andrés Caballero, nombre gitano de Juan, descubre que Clemente, supuesto pretendiente de Preciosa, no la corteja en realidad. En una de las andanzas con la tribu, Andrés (Juan) mata al hijo de un alguacil que lo ha acusado de ladrón y es encarcelado con los demás gitanos.

La belleza y fama de Preciosa hacen que la Corregidora la lleve a su casa, donde la supuesta abuela revela la verdadera identidad de la gitanilla, robada por ella cuando aún era una niña. Preciosa resulta ser la hija de la Corregidora. Sacan a Andrés de la cárcel, se aclara también su verdadero origen y se arregla el casamiento entre los protagonistas.

El triángulo amoroso lo integran Preciosa, Juan y Clemente. Ante ciertas actitudes de Clemente, Juan experimenta un incontrolable celo, que se desvanece cuando comprueba que aquél no pretende a Preciosa. El triángulo se resuelve con el casamiento de los enamorados.

En esta novela se aplica una doble anagnórisis: la de Preciosa y la de Juan. La verdadera identidad de Preciosa no es conocida por los lectores, ni por los demás personajes del relato, salvo la abuela. Cuando ella revela la identidad, todos participan del descubrimiento. Esta revelación es el acto preparatorio del desenlace.

 

El celoso extremeño

Felipe de Carrizales ha gastado su vida y su dinero descontroladamente. Para recuperar la fortuna perdida, viaja a las Indias (América), donde consigue reponer sus caudales, y regresa a España enriquecido... y con ochenta años encima. Piensa que poca vida le queda y que su dinero quedará sin destino aprovechable. Esta razón y el sentimiento de la soledad y la vejez lo mueven a buscar una mujer digna con quien contraer matrimonio.

Una imposibilidad reconoce: es sumamente celoso, y el pensamiento de la infidelidad agita su imaginación hasta hacerle titubear en sus planes. Pero conoce a Leonora, bellísima niña de trece años, delicada e inocente, y resuelve conquistarla como esposa. Habla con los padres, expone su situación y se decide el casamiento.

Antes de iniciar la convivencia conyugal, Felipe hace construir una casa que le permita evitar los malos impulsos de sus celos. Levanta un edificio de muros elevados, sin aberturas, hermético, con una única comunicación al exterior y una única llave para todas las puertas, que conserva en su poder. Dentro de la casa habitan el matrimonio, una gobernanta y criadas. Un criado de confianza ocupa un lugar fuera del cuerpo principal de la construcción.

Loaysa, un atrevido muchacho, amigo de las aventuras riesgosas, se entera de este curioso sistema matrimonial y piensa conquistar a Leonora. Para lograrlo, se disfraza de mendigo y recoge limosnas pulsando la guitarra. Inicia relación con el criado, a través de la puerta de la casa, y lo convence para que le facilite la entrada; de este modo —le dice— le enseñará los secretos del arte musical.

El criado desarma los cerrojos y lo hace entrar. El hecho llega a oídos de las criadas. Con parecidos argumentos, Loaysa logra que convenzan a Leonora, quien, utilizando una droga, duerme a Felipe profundamente y obtiene la llave. Loaysa pasa a las habitaciones y, explotando el interés de la gobernanta, que pretende intimar con él, consigue quedarse a solas con Leonora, aunque no logra sus intenciones.

Felipe, sin embargo, los descubre dormidos uno junto a la otra y piensa lo peor. Loaysa desaparece, el celoso enferma, concurren los padres de Leonora, que reconoce su culpa pero insiste en su fidelidad. Felipe admite su responsabilidad, consecuencia de sus sentimientos exagerados; muere y deja sus riquezas a su esposa, pero Leonora se recluye en un convento.

Leonora, Carrizales y Loaysa integran el triángulo amoroso de El celoso extremeño. Los excesivos celos de Carrizales motivan las acciones principales de la novela. El interés de Loaysa, que arma la ingeniosa trama para llegar hasta Leonora, no está estimulado por un sentimiento hacia la mujer, que desconoce, sino que tiene origen en la insólita construcción levantada para mantenerla protegida. El desenlace destruye el triángulo amoroso, que no se resuelve a favor de ninguna de las dos posibles parejas. El vínculo entre los participantes se interrumpe totalmente. La muerte se lleva a Carrizales; Leonora ingresa en un convento; Loaysa sigue su vida.

La anagnórisis tiene aplicación a través de Loaysa, quien oculta su identidad para llevar adelante sus propósitos. Una vez dentro de la casa, descubre su verdadera personalidad y sus intenciones. En este caso, el recurso ha funcionado como un ardid para superar impedimentos.

 

El casamiento engañoso

Esta novela es una introducción a El coloquio de los perros. El alférez Campuzano, al salir del Hospital de la Resurrección, se encuentra con Peralta, antiguo amigo. Campuzano le relata su vida reciente, en la que destaca el hecho de su casamiento. Cuenta que conoció a una mujer, Estefanía, aparentemente en buena posición y en busca de marido. Se casan y se establecen en la casa de Estefanía.

Allí están cuando se presenta Clementa Bueso con algunos acompañantes y se comporta como si fuera la dueña de la casa. Estefanía convence a Campuzano para que no atienda sus palabras, explicándole que se trata de una comedia. Como parte de la representación, le dice que momentáneamente deben mudarse a una posada. En ella, y mientras está ausente Estefanía, Campuzano descubre por la posadera que Clementa Bueso era en verdad la dueña de la casa y que Estefanía había quedado como encargada hasta su regreso.

Campuzano quiere vengar el engaño y sale en busca de su esposa, a quien no encuentra. Cuando retorna a la posada, ve que el baúl en el que guardaba sus valores está vacío. No le preocupa esto porque las joyas eran falsas. Campuzano se muda de posada y contrae una enfermedad que lo obliga a internarse en el Hospital de la Resurrección. Allí fue testigo del asombroso fenómeno de escuchar el diálogo de dos perros (y aquí comienza la otra novela).

Esta obra se desarrolla sin la actuación de un triángulo amoroso. Existe, porque Estefanía se va con un primo cuando abandona a Campuzano. Si bien el trío funciona para completar la estructura del relato, no opera como elemento de tensión, sino como simple peripecia.

Como en La gitanilla, hay un doble ocultamiento de identidad. Estefanía se muestra como la dueña de la casa donde quedó de encargada. Además, ella se ocupa en esconder también la verdadera identidad de Clementa Bueso para evitar que se descubra su propio juego. Ambas anagnórisis se revelan simultáneamente cuando la posadera le explica la realidad a Campuzano.

 

La ilustre fregona

Diego de Carriazo y Juan de Avendaño, con el pretexto de estudiar en la Universidad de Salamanca, salen en busca de aventuras. Logran desprenderse del ayo que los acompaña y llegan a la posada del Sevillano. Allí conocen la existencia de la ilustre fregona, mujer bellísima y virtuosa, cuya persona está rodeada de misterio. Deciden quedarse y cambian sus nombres.

Avendaño se enamora de Costanza (la fregona) y espera ser correspondido, pero recibe como respuesta la indiferencia. Avendaño ayuda al posadero en la contabilidad y Carriazo va a trabajar de aguador, ocurriéndole divertidas aventuras. Don Pedro, hijo del corregidor, también pretende conquistar a Costanza, que no atiende halagos de ninguno. Cierta noche quedan reunidos en la posada los dueños y el corregidor. Allí, el posadero cuenta la historia de Costanza. Relata que cierta vez llegó a la posada una señora que pidió alojamiento y atención médica para su hidropesía, pero reveló al posadero que estaba embarazada y pronta a dar a luz.

Costanza era el fruto de ese alumbramiento y quedó en la posada, donde la criaron como a una hija. La madre dejó a los posaderos una cadena y un trozo de pergamino, cuyos complementos permitirían identificar al padre de la niña. Mientras cuenta estos sucesos, el posadero muestra al corregidor ambos objetos, que éste resuelve tener en su poder. Un día llegan a la posada dos distinguidos señores, a quienes Avendaño y Carriazo reconocen como sus padres.

Uno de ellos, el padre de Carriazo, es el poseedor de las partes complementarias de la cadena y el pergamino. Viene el corregidor, quien resulta amigo del padre de Juan, y se comprueba la autenticidad de los elementos presentados. Diego y Juan descubren sus identidades. Se organiza una reunión en casa del corregidor y se aprueba el casamiento de Costanza con Avendaño: Pedro se casará con una hermana de Juan y Carriazo con una hija del corregidor.

Costanza, Avendaño y don Pedro completan el triángulo amoroso. Las intenciones de los dos jóvenes de conquistar a Costanza ponen de relieve las condiciones del carácter de la muchacha y su indeclinable integridad. No es el desarrollo de la relación amorosa el acontecimiento fundamental del relato, sino el encadenamiento y la variedad de sucesos.

Cuatro anagnórisis aparecen en la novela, aunque la principal es la de Costanza. Juan y Diego ocultan sus personalidades para que no los descubran (puesto que han cometido una travesura al decidir no concurrir a la universidad). Y el padre de Diego tiene que probar que también es el padre de Costanza (es decir, que también debe descubrir un ocultamiento parcial de su identidad). En el final se da una múltiple solución matrimonial a todas las relaciones.

Con estos dos recursos narrativos, el triángulo amoroso y la anagnórisis, Cervantes construyó varias novelas en las que la intriga entre personajes, y los conflictos de ella derivados, le permitieron armar tramas complicadas e interesantes con desenlaces de acertada resolución literaria.

Juan Carlos Dido
Últimas entradas de Juan Carlos Dido (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio