
La resignificación mítica constituye una de las estrategias literarias dilectas de las escritoras contemporáneas para desmontar la tradición épica patriarcal. En este movimiento, autoras de diferentes contextos culturales han resignificado los relatos fundacionales de Occidente y de América Latina, recuperando figuras femeninas silenciadas y cuestionando la autoridad de la voz masculina en la narración histórica y mítica.
En este marco se inscribe la voz poética de Ángela Gentile, quien, desde el Cono Sur y en diálogo con la tradición literaria argentina, se suma a esta corriente global a través de un trabajo de recuperación de arquetipos femeninos invisibilizados en la literatura. Su escritura no se limita a reinterpretar un mito puntual, como sucede en Casandra (Kassandra, 1983), de la alemana Christa Wolf, o en Penélope y las doce criadas (The Penelopiad, 2005), de la canadiense Margaret Atwood, sino que opera como una arqueología simbólica feminista: una excavación en el repertorio mítico y cultural que busca devolver centralidad a diosas, heroínas y figuras marginales.
Como la mexicana Rosario Castellanos, la nicaragüense Claribel Alegría y la puertorriqueña Rosario Ferré, todas herederas de una misma lengua y de un devenir histórico compartido, Gentile revela en sus obras cómo la épica patriarcal ha absorbido, o reducido, estas presencias femeninas, y propone lecturas alternativas donde lo femenino emerge de la ausencia, del silencio, de lo oculto, como fuerza creadora, no subordinada.
invisibilización de lo femenino en relatos nacionales y culturales.
El mundo mítico de Gentile, como los de Castellanos y Alegría, no se limita a los clásicos grecolatinos, sino que expande su propuesta hacia la invisibilización de lo femenino en relatos nacionales y culturales. Como Ferré, desequilibra los símbolos tradicionales para cuestionar las jerarquías de género y las narrativas hegemónicas. De este modo, su poesía se enlaza con un mapa transnacional de escritoras latinoamericanas que, desde contextos distintos pero unidas por una misma lengua y una memoria histórica compartida, han hecho de la reescritura del mito una herramienta estética y política para devolver visibilidad y agencia a las voces femeninas silenciadas.
Es así como en su poesía retoma figuras femeninas como Penélope, Deméter o Anticlea para darles voz y resignificarlas, pero también incorpora mitos culturales contemporáneos, de pueblos originarios y de la oralidad. Su obra muestra que el mito no se limita a lo registrado en los libros clásicos, sino que pervive en generaciones olvidadas, en lenguas ancestrales y en los silencios que aún resuenan. De este modo, sus poemas revelan que la reescritura feminista del mito no destruye la tradición, sino que la expande desde lo silenciado, otorgando centralidad a las voces borradas por la épica patriarcal.
En el poema X de Ánforas, por ejemplo, asistimos a la reescritura feminista del personaje de Penélope en el que rompe con la narración patriarcal de la Odisea dándole autonomía a la voz del personaje y situándola como protagonista de su propia historia: “Yo, Penélope, fui leyenda en todas las lenguas del mundo. / Mi vida no empezó con Ulises”.
En “La espera de Anticlea” de Diarios del Egeo, Gentile recupera la voz silenciada de la madre de Odiseo en el episodio de la Nekyia (el descenso al Hades), narrado en el Libro XI de la Odisea, donde la figura de Anticlea aparece reducida a una sombra que relata su muerte en el inframundo. A través de la reescritura de esta escena desde la perspectiva de Anticlea y no del héroe, Gentile dota al personaje de agencia, mirada y palabra. Deja de ser sombra pasiva y se convierte en guardiana de la memoria; desplaza al héroe narrador, quien ahora es interpelado por ella: “Aquella que espantó el olvido le preguntó a Odiseo: / —¿Cómo fue tu llegada, hijo mío, al país de las brumas?”.
Igualmente, en el poema se produce una inversión del eje épico y se revierte la jerarquía de lo visible y lo invisible. En la épica homérica, Odiseo es el protagonista, el héroe que regresa, repetido en la gesta —la batalla, el viaje, la victoria. Lo demás queda relegado. En cambio, Gentile sitúa en el centro aquello que la épica dejó fuera: la espera, el dolor materno, el duelo, el silencio, lo que ella misma formula en versos como: “Todo lo visible es incesante / todo lo invisible se demora”.
Esta práctica coincide con el núcleo de lo que he definido como colectficción poética.1 En su escritura, la voz deja de ser individual para convertirse en espacio de resonancia colectiva. Más allá de la noción de autoría única, se genera un relato coral que restituye la dimensión comunitaria de la experiencia. Mediante estrategias propias de la colectficción poética, Gentile recupera voces colectivas, muchas veces marginadas, y desestabiliza la hegemonía del yo lírico como voz única. En poemarios como Ánforas y La mirada de Deméter, la autora desdobla su voz en diálogo con figuras míticas femeninas silenciadas; Penélope, Deméter y otras presencias ancestrales emergen en primera persona, como si la poeta les cediera la palabra, construyendo un discurso polifónico donde lo mítico se transforma en voz coral.
La propuesta de Gentile, al colectivizar la voz poética, conecta de manera directa con la reescritura feminista del mito, corriente que rescata figuras femeninas marginadas, trastoca narrativas patriarcales y reimagina arquetipos antiguos desde una mirada crítica. Su obra se inserta plenamente en este movimiento, reforzando su dimensión política y transnacional que Wolf, Atwood, Castellanos, Alegría y Ferré encarnaron en su momento, y que Gentile reactualiza desde su propia voz. Sus poemas confirman que la recuperación de las voces silenciadas en el mito es, al mismo tiempo, una estrategia estética y una forma de resistencia cultural. No son textos de una sola voz, sino espacios de encuentro entre memorias múltiples que interpelan al lector, invitándole a reflexionar, a tomar posición, a descentralizar el canon literario y a transformarlo junto a los personajes. En este sentido, la colectficción poética en Gentile adquiere también un carácter performativo: cada lectura reactiva ese coro de voces, convirtiendo al lector en partícipe de la experiencia colectiva que sus textos convocan.
- Ángela Gentile y la reescritura feminista del mito clásico - lunes 29 de septiembre de 2025
Notas
- Sobre este concepto véase mi ensayo “Del yo lírico al nosotros político: la colectficción como poética del lector performativo”, donde se define la colectficción poética como una modalidad que desplaza el testimonio individual hacia un “nosotros” colectivo, transformando al lector en agente activo de memoria y acción.


