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Jorge Gaitán Durán: la tierra que era mía

lunes 2 de marzo de 2026
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Jorge Gaitán Durán
A través de la revista Mito, el poeta colombiano Jorge Gaitán Durán (1924-1962) le dio a su país una ventana a las nuevas tendencias filosóficas, literarias y políticas que se manifestaban en el mundo.

Únicamente por reunirse con Sofía von Kuhn,
Amante de trece años, Novalis creyó en el otro mundo;
Mas yo creo en soles, nieves, árboles,
En la mariposa blanca sobre una rosa roja,
En la hierba que ondula y en el día que muere,
Porque sólo aquí como un don fugaz puedo abrazarte,
Al fin como un dios crearme en tus pupilas,
Porque te pierdo con la tierra que era mía.

“El regreso para morir es grande. / (lo dijo con su aventura el Rey de Ítaca). / Más amo el sol de mi patria, / el venado rojo que corre por los cerros, / y las nobles voces de la tarde que fueron/ mi familia”. Este poema titulado “El regreso”, de Jorge Gaitán Durán, me ha enviado a indagar sobre el ánima y el origen de su mundo poético, la clara luz que alimenta la lucidez de sus poemas, para entender y escuchar esa música secreta: “El rumor de la fuente bajo el cielo / Habla como la infancia. / Alrededor / Todo convida a la tórrida calma de la casa: el mismo patio blanco / Entre los árboles, la misma siesta / Con la oculta cigarra de los días. // Nubes que no veía desde entonces / Como la muerte pasan por el agua”.

Nació en Pamplona el martes 12 de febrero de 1924, por pura casualidad, ya que su señora madre, Delina Durán Durán, viajó por esos días desde Cúcuta hasta Pamplona buscando una cura para la enfermedad de su segundo hijo. Meses antes había fallecido su primogénito. Así que Jorge llegó en medio de las preocupaciones y el miedo de una familia liberal perseguida, con algunos asesinados entre sus miembros, por parte de los conservadores. Su padre fue el ingeniero civil bogotano Emilio Gaitán Martín, quien se había trasladado a Cúcuta en 1914 y casado con Delina en 1919. Pertenecían a la élite norte santandereana, con cierta fortuna económica, de modo que el futuro poeta no dependerá de puestos burocráticos ni será empleado de ninguna institución, lo que le garantizará forjar su espíritu crítico y rebelde ante las condiciones políticas y culturales de su entorno.

A los dieciséis años, el 26 de agosto de 1940, le escribió una carta a su amigo Jacinto Villamizar donde ya manifiesta ese espíritu crítico e independiente. Se la envió estando interno en el Colegio Provincial San José de Pamplona:

La posición social en la vida es un mito de tiempo y de lugar. Si en Cúcuta no asistes al círculo de los aristócratas de manos blancas más tarde asistirás a otros en los cuales yo ni siquiera pensaré en asistir (...). En mí hay sentimientos innatos e independencia, de rotura con todos los lazos absurdos que me unen a instituciones cuyo núcleo los roe el gusano de la envidia, el prejuicio y la mentira.

Soñando desde muy joven con viajar a Europa y siendo un lector de autores franceses, el poeta se traslada a estudiar a Bogotá, primero Ingeniería Civil en la Universidad Nacional, la cual abandona después de un año para ingresar a la carrera de Derecho en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Será este su camino de iniciación donde conocerá a escritores, pintores e intelectuales que le ayudarán en su formación poética. En el café El Automático participará en tertulias con Hernando Téllez, León de Greiff, con los poetas y pintores que más tarde colaborarán en la revista Mito.

Casa natal de Jorge Gaitán Durán
Casa natal de Jorge Gaitán Durán en Pamplona, Norte de Santander.

El asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, lo empujó a las calles. Ese día, junto a estudiantes de las universidades, se tomó la Radiodifusora Nacional. En 1958, en la revista Mito, hizo un recuento de aquel suceso:

Intentamos infatigablemente dirigir al pueblo hacia los lugares de lucha, donde se jugaba la suerte del país, y apartarlo de todo atentado contra individuos o contra establecimientos. Pudieron más que nuestras voces, perdidas en esa confusión terrible, la miseria y la ignorancia de nuestro pueblo, siempre desesperado y ese día además justamente colérico.

(Mito, año III, número 18, Bogotá, febrero-abril de 1958, pp. 494-499).

Debido a la toma de la Radiodifusora Nacional, le tocó ocultarse hasta comienzos de 1949 en Cúcuta. Sufrió un atentado en 1950, lo que hizo que partiera para Europa. Se instaló en París. En mayo de 1950, cuando iba en el barco rumbo a una nueva morada, dio inicio a su famoso Diario, bitácora vital que mantendrá en sus frecuentes viajes, consignando con lucidez múltiples apreciaciones sobre aquellas experiencias. En las primeras líneas del mismo consigna:

Diario de Viaje. 1950. Mayo. Alta mar. La lista de pasajeros del Isigny parece la ficción de un lector bogotano de Apollinaire, más exactamente, de traducciones de Apollinaire. Durante cerca de un mes deberé vivir entre diez personajes de novela pasada de moda, tan irreales como nuestro Pedro Urdímalas o como el cucuteñísimo Pedro Jara —el nuevo rico, ilusionista y bufón, de una mitología que comienza con el terremoto: el ministro de Francia. La secretaria de la Legión de Francia en Bolivia. Un sacerdote francés, residente en Colombia. Una novia peruana. Un comerciante genovés. Un tenor negro, de Paramaribo. Una prostituta francesa. Tres hermanos cristianos. ¿No navega este carguero de la Compañía Trasatlántica en aguas de la más magnífica e imaginaria poesía picaresca?

París fue una fiesta intelectual y existencial. Conoce a filósofos, poetas franceses y latinoamericanos. Viaja a Italia, Bélgica, Holanda, Polonia; llega hasta China, Mongolia y la Unión Soviética. Se casa con la brasileña Dina Moscovici, y el 18 de noviembre del 52 nace su hija, el mismo día y año que fallece el poeta Paul Éluard. De allí que fuera bautizada con el nombre de Paula, en homenaje al poeta francés.

Siendo fervoroso lector de la revista Les Temps Modernes, fundada en 1945 por Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Maurice Merleau-Ponty, se decidió a crear una revista similar en Colombia, en la cual se expusieran las ideas de poetas e intelectuales frente a la poesía, el arte y las realidades de su tiempo, con una posición crítica y libertaria al autoritarismo, la censura y la violencia partidista nacional. De modo que desde 1952 empezó a pensar en Mito. Viaja a Madrid y, junto a Hernando Valencia Goelkel y Eduardo Cote Lamus, da inicio a este maravilloso proyecto. Llega a Londres para también embarcar a Pedro Gómez Valderrama.

En abril de 1955 fundaron una de las revistas más serias e influyentes en las nuevas generaciones: Mito. En ésta, Colombia pudo enterarse de la existencia de un arte distinto al que la habían acostumbrado casi sesenta años de conservadurismo, y confirmar su atraso frente al conocimiento de las nuevas tendencias filosóficas, literarias y políticas que en el mundo se manifestaban gracias a una juventud de posguerra, desgarrada y nihilista, que veía en el existencialismo una puesta en escena de sus más violadas presencias.

La segunda guerra mundial había influenciado enormemente en las reflexiones de una generación que no tenía ya héroes con quienes identificarse, sino antihéroes derrotados, desencantados de una historia caduca a punto de derrumbarse. La escena política estaba dominada por la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). En este ambiente totalitario, Mito propuso un cambio en la actitud del poeta y del intelectual, con plena conciencia de su praxis contestataria, desacralizadora de normas y costumbres conservadoras. En el número siete de la revista, de febrero y marzo de 1956, Jorge Gaitán Durán consigna su propuesta con estas palabras:

En Colombia reinan la intolerancia política, la intolerancia religiosa, la intolerancia moral. Los intelectuales, que en su mayoría han sido débiles o que han permanecido indiferentes, no sólo han faltado a sus deberes, sino que han ignorado que siempre hay posibilidades de eficacia, aun en los casos desesperados. Hay que acabar con la idea monstruosamente banal de que la calidad intelectual es independiente de la calidad humana. Todo edificio estético descansa sobre un proyecto ético. Las fallas en la conducta vital corrompen las posibilidades de la conducta creativa.

La revista Mito asimila algunos poetas ya publicados en Cántico, como Fernando Charry Lara, Fernando Arbeláez, y reúne en sus filas a otros como Rogelio Echavarría, Héctor Rojas Herazo, Álvaro Mutis, Eduardo Cote Lamus; narradores: Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, y ensayistas: Hernando Valencia Goelkel, Rafael Gutiérrez Girardot, Hernando Salcedo Silva, Hugo Latorre, Marta Traba, Jorge Eliécer Ruiz. Con Mito, Colombia conoció los escritos de autores, que, si bien ya eran leídos en otras latitudes, no se les contaba entre las páginas de los dominicales nacionales. Sólo en su primer año, Mito publicó veintinueve textos originales de autores colombianos, doce de hispanoamericanos, siete de españoles, dieciséis traducciones, diez notas sobre libros colombianos y dieciséis notas sobre libros extranjeros. A través de sus páginas, Colombia pudo conocer la seriedad crítica en los ensayos de Rafael Gutiérrez Girardot, la obra poética de William Blake, Arthur Rimbaud, Paul Valéry, Eliot, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Juan Liscano; los escritos filosóficos y literarios de Jean Paul Sartre, George Bataille, Antonio Gramsci, Henri Lefebvre, Jean Genet, Henry Miller; artículos políticos de Gerardo Molina, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Michelsen, del sacerdote Camilo Torres Restrepo, de Orlando Fals Borda.

Una pasión por la reflexión ética y estética, y la necesidad de modernizar un Estado nacional que sufría la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, hicieron posible que se conocieran las obras de estos autores de tan entrañable permanencia e influencia en la literatura posterior. Esto obedecía al criterio universal y colombiano que inspiraba a sus creadores.

Revista “Mito”, editada por Jorge Gaitán Durán
“Las palabras también están en situación”, declaraba la revista Mito desde su primer número.

Desde el primer número, Mito había expuesto sus ideas frente al trabajo del intelectual en la sociedad:

Las palabras también están en situación. Sería vano exigirles una posición unívoca, ideal. Nos interesa apenas que sean honestas con el medio en donde vegetan penosamente o se expandan triunfales (...). Intentaremos presentar textos donde el lenguaje haya sido llevado a su máxima densidad o a su máxima tensión, más exactamente, en donde aparezca, o una problemática estética o una problemática humana. Rechazamos todo dogmatismo, todo sectarismo, todo sistema de prejuicios. Nuestra única intransigencia consistirá en no aceptar nada que atente contra la condición humana (...). Pretendemos hablar y discutir con gente de todas las opiniones y de todas las creencias. Esta será nuestra libertad.

La publicación de Mito se nutría con la presencia de poetas y críticos hispanoamericanos, quienes infundían nuevas oleadas de conceptos. En su comité patrocinador se contaba con la presencia de Vicente Aleixandre, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Drummond de Andrade, León de Greiff, Octavio Paz y el maestro Alfonso Reyes. Los temas publicados entre 1955 y 1962 —último año de su edición— fueron piedra de escándalo en una Colombia que defendía sus tradiciones patriarcales: literatura, sociología, filosofía, ensayos políticos, sexología, testimonios de homosexuales, manifiestos contra las dictaduras, jazz, cine, teatro, crítica de arte, folklore.

Placa en la casa natal de Jorge Gaitán Durán
Placa en la casa natal de Jorge Gaitán Durán.

En el año de su muerte, 1962, Jorge Gaitán Durán, con ocasión del homenaje rendido a su persona por la publicación del libro Si mañana despierto, aclaró en Mito los presupuestos que inspiraban a la revista, dejando con sus palabras una enseñanza de trabajo y profundidad crítica a las nuevas generaciones colombianas:

Hemos pretendido mantener con Mito un alto nivel literario, pero a la vez hemos querido hacer de ella una auténtica revista colombiana. Acaso hemos demostrado que estos dos términos no son incompatibles sino todo lo contrario. Desde el primer número no sólo publicamos traducciones de autores extranjeros, casi desconocidos en nuestro medio, sino que también publicamos documentos y testimonios sobre la realidad colombiana. Quiero afirmar que este último es el aspecto de Mito del cual estoy más orgulloso.

La apuesta crítica de Mito fue más allá que la de los grupos precedentes. Asumieron con rigor los retos que su trabajo literario les exigía, pero también pusieron las “palabras en situación” humana, histórica, contestataria y propositiva. Ventilar el museo literario, cultural y político en que estaba convertida Colombia; actualizarse y modernizar la poesía nacional a través de nuevas lecturas —Rilke, Eliot, Aleixandre, Saint John Perse, la poesía vanguardista latinoamericana y norteamericana— fueron su propuesta y su utopía. Esta va a ser la atmósfera en la que se escribirá la gran poesía de Rogelio Echavarría, con un tono vivificante y muy moderno para la poesía colombiana.

Lo local y lo universal como proyecto intelectual y político-social será un diálogo necesario para sacar al país del provincianismo cultural, diálogo que ayudaría a generar un modelo de escritor polémico, riguroso, disciplinado y, ante todo, creador de un lenguaje distinto y renovador del existente. Un creador que desajuste las verdades supuestamente inamovibles, impuestas por años de tradición conservadora; que haga entrar en crisis los fundamentos del pensamiento ortodoxo y dogmático, las instituciones oficiales productoras de la verdad autoritaria y total. A esa empresa intelectual le apostó Mito, con el ejemplo de su heterodoxia, de su pluralismo ideológico y su irreverencia permanente. Trató de modernizar la cultura colombiana y de modernizar a una burguesía inculta, retrógrada, premoderna y hacendaria que como clase dominante imponía en el país su intolerancia política y su antidemocracia —reflejada en el Frente Nacional. Mito fue, pues, una empresa difícil y ardua de unos pocos intelectuales con un ethos y un pathos moderno, frente a los problemas de su tiempo. Con Mito se intentó limpiar la herencia de la Arcadia neoateniense e hispanocatólica que desde la época de la Regeneración había persistido en Colombia.

Mito fue censurada y multada por el ministro de gobierno de Gustavo Rojas Pinilla desde su primer número, donde se publicó el “Diálogo de un sacerdote y un moribundo”, del Marqués de Sade, con traducción de Gaitán Durán. Asimismo, fue atacada por las mentalidades moralizantes conservadoras hispanocatólicas del país. Sobre los censores nacionales escribió en su carta de renuncia como miembro de la Junta Nacional de Censura Cinematográfica:

La conciencia es el único bien que tenemos los escritores y es lo único que no podemos sacrificar de ninguna manera (...). En efecto, Colombia es un país que ha escogido la inmovilidad. Aquí nadie se toma el trabajo de estudiar detenidamente un aspecto de la vida nacional, de analizar una situación, de plantear un problema. Esta es la patria de las soluciones fáciles. Y la solución más fácil de todas es la burocracia.

En 1956 los fundadores de la revista crearon las Ediciones Mito, como también la colección de libros de autores colombianos y un año después la Radiorrevista Mito en la emisora HJCK de Bogotá, que salía al aire todos los viernes de 8:30 a 9:00 de la noche. En julio de 1962 desapareció el gran proyecto, un mes después de la muerte de su fundador.

En 1959 publica el ensayo La revolución invisible. Publicado en diferentes entregas entre mayo y diciembre de 1958, “era en última instancia, como lo afirma el poeta, la búsqueda de una política”, en medio del Pacto Partidista que daría como resultado el llamado Frente Nacional entre 1958 y 1974. Para Gaitán Durán su ensayo invitaba a salir del feudalismo colombiano hacia una modernidad capitalista democrática. Ese fue su ejercicio de reflexión, su propuesta de renovación político-cultural. Industrialización y reforma agraria, según Gaitán Durán, eran dos formas de superar la “Edad Media ladina” y la trágica violencia que ha sostenido la sociedad colombiana durante casi toda su historia republicana.

Como intelectual y poeta, Gaitán Durán sostuvo hasta el final de sus días la petición de levantar las creaciones estético-poéticas con base en actitudes éticas, manifiestas en el compromiso por los otros, con la libertad, la crítica, la rebeldía y el inconformismo con lo establecido. Esas son las ideas con las que levanta sus reflexiones en los artículos “El país saliendo del feudalismo”, “Meditaciones sobre el arte colombiano” y “La nueva pintura colombiana”, publicados en este libro.

Esta correspondencia entre la obra artística y la vida del creador, nada indiferente a los sucesos de su tiempo, fue lo que impulsó al poeta a realizar una radiografía del país —y de su época— con una determinación independiente frente a los dogmatismos y fanatismos políticos y religiosos. Puso, como lo enunció en el primer número de la revista Mito, sus palabras en situación. Precisamente la aventura intelectual de dicha revista sintetizó esas apuestas. Bajo la amenaza de la censura de prensa, consagrada en la Constitución Política desde 1886; frente al poder de la censura ejercida tanto por el gobierno como por la curia; en torno a las críticas a terratenientes e industriales como a la oligarquía retardataria y a una izquierda sectaria, Mito —y su fundador— prosiguieron en la tarea intelectual de llevar a cabo “la realización de la Reforma Ética del País, cuya estructura moral y cuyos estilos de conducta han sido implacablemente socavados”, como se lee en el editorial de la revista de octubre y noviembre de 1957.

Con una actitud independiente y crítica, en la cual, según sus propias palabras, existe una profunda unidad entre la labor crítica y la labor poética, donde reflexión y arrebato van juntas, el ensayo La revolución invisible analizaba la situación colombiana bajo las hegemonías culturales provenientes de la Regeneración Conservadora del final del siglo XIX.

La petición del poeta de construir un gran proyecto nacional centrado en dos grandes transformaciones: la reforma agraria y la industrialización del país, quedaban por esos años sin bases y sin posibilidades. Desindustrializado el país y casi con el agro a punto de desaparecer, los prospectos político-económicos de una burguesía moderna y dirigente se disolvían sin pena ni gloria. En 1959, Gaitán Durán todavía veía posible construir una Colombia acorde a las concepciones de la modernidad ético-política, tal como en otros países del hemisferio se gestaba. Utopía o posibilidad, lo cierto es que el poeta apuntó con certeza a los blancos más sensibles de un país casi feudal, lleno de fanatismos religiosos, militares y partidistas. En medio de estos fundamentalismos, ¿cómo lograr realizar el proyecto civil de una modernidad educativa, ético-política?

La “feudalidad, hermética y reconcentrada”, al decir del poeta, es la que había producido una violencia a gran escala durante casi toda nuestra historia. Sin embargo, afirmaba, hay que “preguntarse qué terreno de predisposición lleva al hombre colombiano a recurrir colectivamente al asesinato, al robo, a lo ilícito y lo monstruoso, en su búsqueda de poder y de riqueza; hay que preguntarse por qué la violencia se instala con tanta facilidad y por tan largo período en el carácter social del colombiano (...); rozamos así una dimensión abismal: las causas sociológicas y psicológicas de nuestra tragedia”.

Para él, las causas políticas, económicas y psicológicas de la violencia mostraban el fracaso histórico de los proyectos colombianos. Eran un mapa de frustraciones generacionales; “indican —como lo argumentaba— que el hombre colombiano está reprimido, insatisfecho, angustiado, que no tiene posibilidades normales de amor, cultura, prosperidad y poder, y en consecuencia no consigue impedir que en él se desarrollen imperialmente, al menor estímulo exterior, las tendencias destructoras (...); más que en otra patria cualquiera, en nuestro país el hombre ha sido una ‘pasión inútil’”. Sin partidos políticos modernos, con estructuras conservadoras, con un país semifeudal, clerical, militar, presidencialista, “la educación colombiana —en la escuela primaria, el bachillerato y la universidad— siguió siendo, durante los dieciséis años del gobierno liberal, retórica y clerical, correspondía a nuestra Edad Media, estaba en retardo sobre la historia”.

De esta forma, en palabras de Gaitán Durán, “los malos humores invaden por todas partes la vida colombiana”, pues, “el espíritu colombiano no ha logrado superar el paternalismo feudal”.

Al publicar este ensayo fue criticado duramente por la derecha bipartidista colombiana. Por consiguiente, en 1959 decide partir de nuevo a Europa. Es cuando conoce Ibiza con la que en su diario llamará Betina:

Ibiza, agosto 13. Vamos temprano al mar, en bicicleta, por caminitos polvorientos, bordeados de vides cuyas uvas negras maduran al sol. Tras perezosos juegos de verano, nado con una felicidad que yo creía abolida. Regresamos al mediodía, en vestido de baño, untados de aceite y arena. Nos detenemos para comer higos de concha morada y cristalina pulpa, tan suaves, blandos y jugosos que se deshacen en la mano si no los coge uno con pericia.


Ibiza, agosto 31. Nos bañamos desnudos en el mar, bajo la luna. Nadamos con libertad en el agua plateada, más tibia que al mediodía. Los brazos de Betina brillan como delfines blancos entre las olas.


12 de octubre. Al bordo del Jaime II

Nunca he vivido —ni trabajado— tanto intensamente como en Ibiza (...). Iba al mar con Betina y pasábamos siestas incomparables, tendidos en la arena. ¿Qué más podía desear después del instante pleno, irrepetible? Vivía simplemente, ebrio y feliz, sin pasado ni futuro. “Soy —me repetía— mientras sienta contra mí este caliente cuerpo dorado”. Precisamente porque no olvido a la muerte, creo con pasión en este mundo.

Y luego en Bruselas vuelve a nombrarla:

Bruselas, 15 de noviembre. A Betina le digo que la Venus de Cranach —desnuda, pero con vasto sombrero de donde pende fino velo— se le parece: los mismos ojos entornados, voluptuosos, curva nariz de hebrea; grueso labio inferior; senos pequeños; caderas espaciosas; largas piernas rectas y grandes pies ligeramente abiertos. Casi entre ellos, el amor lleno de abejas”.

Fábula y realidad, esta Betina era la escultora colombiana Feliza Bursztyn, con quien convivió algún tiempo en París. A principios de agosto de 1959 viajaron a Ibiza donde se quedaron hasta mediados de octubre. En esos dos meses el poeta escribió algunos de los poemas más hermosos de Si mañana despierto, libro que le dedicará a Betina, su bien amada Feliza. Entonces, allí leemos:

Sé que estoy vivo en este bello día
Acostado contigo. Es el verano.
Acaloradas frutas en tu mano
Vierten su espeso olor al mediodía.

Antes de aquí tendernos no existía
Este mundo radiante. ¡Nunca en vano
Al deseo arrancamos el humano
Amor que a las estrellas desafía!

Hacia el azul del mar corro desnudo.
Vuelvo a ti como al sol y en ti me anudo,
Nazco en el esplendor de conocerte.

Siento el sudor ligero de la siesta.
Bebemos vino rojo. Esta es la fiesta
En que más recordamos a la muerte.

Antes, en 1958, había publicado uno de los libros más bellos de poesía erótica en nuestra lengua. Se trata de Amantes, donde la libertad amorosa dialoga con la presencia de la inevitable muerte, y la rebelión del ser se funde con el placer y la pasión edificándose en la palabra. Eros y Thanatos conviven, fundiéndose en la inmanencia del tiempo: “Somos como son los que se aman”, dice en su poema “Amantes”:

Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
desconocidos que se estrechan a tientas,
cicatrices con que el rencoroso deseo
señala a los que sin descanso se aman:
el tedio, la sospecha que invencible nos ata
en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo
afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
el abrazo que en el mundo son los que se aman
mil veces morimos cada día.

Comprometido con la vida, el amor, el erotismo; libertario, anticonformista y a contracorriente, hizo de su oficio y destino de poeta una apuesta ética y crítica ante la situación del país y de la sociedad de su tiempo. Y lo confirmó como director de la revista Mito, como editor, como columnista de opinión en el diario El Espectador, en sus críticas de cine y en sus participaciones en la radio. En un artículo titulado “De la inteligencia”, publicado en El Independiente el 10 de enero de 1958, apuntaba:

El intelectual tiene también, fuera del marco que le es propio, la responsabilidad por sus semejantes. Lo que define su situación en el mundo es su conciencia; su papel es alertar, protestar, en nombre de una ética razonada, cuando otras personas en otras ramas de la actividad humana, poderosas o miserables, no pueden hacerlo, dominadas con razón o sin ella por los imperativos, a veces tremendos, de la historia.

De vuelta a Colombia, publica en 1961 el que va a ser el legado más vivencial de su madurez escritural, el poemario Si mañana despierto, esa afirmación de escribir desde, entre y contra la muerte:

De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera
llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo
que el sufrimiento concede para que digamos la palabra.
He ganado un día, he tenido el tiempo
en mi boca como un vino.

Suelo buscarme
en la ciudad que pasa como un barco de locos por la noche.
Sólo encuentro un rostro: hombre viejo y sin dientes
a quien la dinastía, el poder, la riqueza, el genio,
todo le han dado al cabo, salvo la muerte.
Es un enemigo más temible que Dios,
el sueño que puedo ser si mañana despierto
y sé que vivo.
Mas de súbito el alba
me cae entre las manos como una naranja roja.

(“Si mañana despierto”)

“Un libro donde la idea llega al esplendor, rarísima virtud admirable”, le expresó en una carta de 1962 Vicente Aleixandre, y Luis Cernuda le halaga diciendo: “Fresco y justo todo, como debe de ser el encuentro con los versos de un verdadero poeta”.

“No pudo la muerte vencerme, batallé y viví”, había escrito en aquel hermoso libro, y sin embargo la muerte lo estaba aguardando cuando en París decidió volver a su tierra ese año de 1962. Había viajado a Europa en abril. Por esos meses fue cuando conoció a la poeta Alejandra Pizarnik, quien se enamoró de este “poeta tan solar”. En una carta a Pedro Gómez Valderrama, ella le confiesa: “Quisiera comunicarle mi dolor por la muerte de Jorge Gaitán Durán. Nos habíamos hecho amigos, y estuve con él unos días antes del horrible accidente (...). Justamente, cuando le conocí pensé que nunca había visto a un poeta tan solar, con tantas ganas de vivir. Lo sucedido no sólo me produjo dolor, sino ira (...)”.

En otra de sus cartas del 21 de septiembre de ese año, Alejandra le confiesa a su amigo León Ostrov: “Nos habíamos hecho amigos —tal vez más que amigos— (...). Era muy bello e hicimos antes de su partida planes maravillosos y posibles que me hubieran sacado de mi miseria. Su muerte me afectó enormemente”. En 1965, en su libro Los trabajos y las noches, aparecerá un poema dedicado al poeta: “Memoria”:

A Jorge Gaitán Durán

Arpa de silencio
en donde anida el miedo.
Gemido lunar de las cosas
significando ausencia.
Espacio de color cerrado.
Alguien golpea y arma
un ataúd para la hora,
otro ataúd para la luz.

Era verano. El 21 de junio abordó el Boeing 707 de Air France. De pronto, bajo tormenta y sobrevolando la isla de Guadalupe, en Pointe-à-Pitre el avión se estrelló contra el cerro Lomo de Burro. Eran las 3:30 de la madrugada del 22 de junio. 111 pasajeros no llegaron a su destino.

El diario El Espectador del sábado 23 de junio publicó así la noticia: “Point-A-Pitres, Guadalupe, 22 de junio (UPI). Un gigantesco avión a reacción Boeing 707 de la Air France, al mando del piloto preferido del presidente de Francia, Charles de Gaulle, se estrelló hoy en medio de una fuerte tormenta en el ‘Lomo de Burro’, de unos 800 metros de altura, cubierto de una selva tropical. Perecieron las 111 personas que iban en la máquina”.

El regreso para morir es grande.
(lo dijo con su aventura el Rey de Ítaca).
Más amo el sol de mi patria,
el venado rojo que corre por los cerros,
y las nobles voces de la tarde que fueron
mi familia.

Mejor morir sin que nadie
lamente glorias matinales, lejos
del verano querido donde conocí dioses.
Todo para que mi imagen pasada
sea la última fábula de la casa.

Lo había escrito como una premonición, como un hado que cargaba siempre.

Carlos Fajardo Fajardo
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