Había cierto dolor en cada muestra tuya de locura, como si algo te
hubiese robado el tiempo sin darte posibilidad al llanto. Te mantenías,
pese a todo el absurdo de este encuentro, firme en el mar de tu café,
jugando con esa lágrima de verso que no se veía pero que flotaba en mis
dudas, con cada sonrisa tuya.
—¿Cómo has estado?, ¿te trató bien la vida este tiempo? —Y bueno,
qué te puedo decir, acá ando sobreviviendo con el laburo y la familia.
Estabas ahí, silente de sueños, firme en cada paso al futuro. Yo veía
en cada respiro el camino de esta historia, mientras tú buscabas la verdad
a tanta confusión aspirando con violencia aquel cigarro. Se veía, poco a
poco, cómo en cada mirada dabas la bienvenida a una nueva gota de sal
bajando por tus venas.
—Mucho tiempo, ¿no? "Como si esta temporada de no verte me
hubiera sorprendido a mí también..." (había que decir algo, aunque
sea parafrasear a Benedetti). —Te cuento que cambié de trabajo. —Qué
bien, yo acá sigo trancado en la rutina.
Sólo miraba por tus ojos la sombra de mis días, con la sola calma que
te da la angustia, tú seguías balanceando tu clásica melancolía en el
café. Trataba de entender cómo eras capaz de quedar en paz, luego de esta
agotadora batalla muda de miradas. —¿Y..? —Pues eso, todo tranquis, la
verdad que es bueno verte... (Silencio, risas contenidas).
Hoy te veo agotada de besos contenidos en una colilla de Marlboro Light,
mientras trato de adivinar el color de mis días de acá en adelante,
buscando alguna pista en los cuadros grotescamente posmodernos del boliche.
De golpe el viento, jugando con la mirada de una copia barata de la
Marilyn de Warhol y tú pálida como siempre, con ese dejo gótico que no
hace juego con lo folclórico del lugar. Entonces el silencio, duro y de
mármol. (Di algo, joder, para qué mirarnos si no hay fuego)... —Bueno...
¿quieres algo más?
Ahí me tenias solo, recordando la brisa circulando por tus manos, como
jugaba la vida en aquella terraza con nosotros, ¿te acuerdas? Yo mirando
los ventanales viejos de aquella casona, mientras tú aprisionando en tu
puño cada una de mis palabras con temor de no captar los versos.
Ahí nos tenía el cielo y el Illimani sosteniendo la luna, ahí nos
tenía el día, mudos bañándonos del naranja que sólo produce un cielo de
invierno paceño. Tú jugando a desafiar el viento, yo mirando tu luna con
el alma. Era inevitable el no dibujar tu silueta jugando con los sucios
edificios de esta ciudad. —¿Y si me lanzo dolerá..? Vendrías a recoger
mis pedazos. —No seas loca, vamos, hace frío y tengo vértigo...—. Y
sin embargo con qué ganas jugaba con la ciudad de tu mano...
Nos quedamos con el aroma tibio en los labios, con el chocolate del
preámbulo. —La Paz es chica, ¿no? —¿Qué? —Si es chica, al frente
hay gente que nos conoce. —Y bueno, al final siempre te encuentran—.
Qué bien se veían los murales de aquella pared adornando tu espalda.
Quedan pendientes varias promesas de algodón. Una mirada nueva, dos copas
de vino, algún hechizo... Un porro con Páez... En fin, que la vida diga
no...
—Espero no te pierdas, ¿no? —Tú tampoco, ¿ya..? —Alguna llamada
de vez en cuando para darle júbilo a esta soledad tan concurrida. —¿Qué?
—No, nada, pajas mías...—. Me quedo en ese instante, prefiero
guardarlo, este lugar no me gusta, menos el sabor que está por venir.
Me quedaré extrañando tu aroma húmedo, el temblor palpitante en tus
labios, tu capacidad brillante para ahuyentarme en cada latido. Mis ganas de
ser arte en tu piel. ¿Te acuerdas?, nunca nos animamos al juego del puente,
menos al vino con aire de jazz. Nina Simone, tú, yo... "Ne me quite
pas", "ne me quite pas"... Ufff, qué dura es la alfombra
sin ti...
—Bueno, ya se hizo tarde, mejor paguemos que me revienta que te miren
feo si no sigues consumiendo. Guarda la factura, que yo no pago impuestos.
Jaime Sáenz, La noche
¿Y qué tal si nos vamos a la mierda? si soltamos todo y largamos un
grito de impaciencia al cielo. Como que hace tiempo no se construye nada que
dure más que la película o el libro de moda. ¿No crees que es hora de que
nos mandemos un loco sueño juntos? ¿Que ya es tiempo de descansar de tanta
rutina?, sin necesidad de decirnos nada, sólo balancear miradas con un buen
porrito y una botella de vino.
Hace tanto que no me miraba en algunos ojos como los tuyos, ¿qué eres?,
¿a qué santo invocas, mientras conjuras a tus demonios con un poco de
maquillaje en el baño? Hola, Natalia, Camila, Ramona, Andrea, al final qué
carajo importan las letras en las que te escondes. Si igual eres eso, mujer
de viento o de lluvia que detesto y añoro con el cuerpo y con el alma.
Vamos, te invito a caminar, sólo eso y luego de un poco de poesía y
dolor, podemos incluso mirar juntos el techo desde aquel tu viejo sofá.
Así es como se da todo, de esta forma empieza el juego de seducción y el
ritual genital. Una mirada, un disco y que los pétalos se vayan deshojando
solos al contacto de mis versos. Tu savia, antídoto de mi veneno, tu tacto
esencia que disuelve la mugre de mi alma.
Vamos, mujer, si los dos sabemos que no tienes alas, que no eres la musa
perfecta y yo mucho menos el amante de tus sueños de quinceañera. Vamos,
entrégate a esta danza de minutos y sostén con fuerza mi esperanza. Jugá
con mis labios, hasta caer tendido luego del instante perfecto de muerte.
Sólo una cosa es importante, que en el camino no dejes caer un suspiro, que
esas cosas roban luego lo poco de cordura que aún me queda.
Cómo pesan ahora tus párpados en mis labios, con cada palabra que
precede al acto. Te miro y me doy lástima, me río de tu cursilería
romántica. Tu cabeza asfixia mi cuerpo y tus pies fríos no hacen juego con
mis poros. Salí, déjame pero por favor no te lleves tu recuerdo, no
despiertes la silueta de sudor que aún respira en mis sabanas.
Cállate, y vete descalza, para no despertar a tus cabellos y a tu alma.
Yo te esperaré, despierto por si vuelves, por si empieza otra vez a gritar
el deseo. Esperaré mudo, por si la lámpara hace livianos tus párpados y
empezamos a cantar otra vez, riendo de la incoherencia necesaria del amor,
antes del sexo.
En fin, igual te fuiste y me queda la resaca amarga de caminar desnudo
por el jardín de tu espalda. Yo me cansé de vagar por el parque y tu
cuerpo, de mearme de miedo en cada falta, en cada ausencia. Sé que al final
me bancaré la gris mirada en tus ojos contemplando la luz en tus pupilas
rotas.
¿Qué tal si nos desnudamos de alma? Anímate, es fácil, vamos de lado,
de frente, de día y de frío. Seamos ese tango dulce de dos ramas en el
viento.
No temas si te nombro, si caemos en este encierro, mostráme tu lado
amargo, tu mirada amable, date la posibilidad de amar, hasta odiar tu
reflejo en mi rostro.
¿Té animás a lanzarte del puente así juntos, con papel higiénico
anudado a los tobillos, para luego confundirnos en el espiral loco del
descenso? Reír al estallar nuestra sangre en el asfalto, amándonos para el
recuerdo amarillista en una burda instantánea de paparazzo. En la sonrisa
cómplice y mortuoria que nos vestirá luego, para así ser una mirada
burda, grotesca, simple, nuestra.
Si no querés, entonces, ¿qué tal si te miro como el péndulo desierto
en tus ojos?, ¿qué tal si lloramos de rabia y miedo? Empecemos
escondiéndonos en el portal de un viejo templo hasta que la noche nos
pesque mudos, mojados, cómplices de un mambo común.
Mira que podemos hacer eso y más, sólo si querés podemos violar la
fama de la historia con un baile de sirenas en pie. Es sólo cuestión de
huevos, de lo que te falta por genética, de lo que me sobra por boludo y
por amante.
Pero, me meo en las preguntas... ¿y si no me creés?, ¿y si te matas de
risa de este loco urbano, de este piantado que retrata fantasmas en
graffittis mudos?, matando su coraje en mil miedos. Si luego de contarte mis
sueños explotas en una carcajada al ver cómo me banco las derrotas en
cócteles de anestesia. ¿Me verás acá mudo, reprimiendo sonrisas en la
inyección letal de dejarse amar?, o simplemente dejarás que tu espalda
anuncie el despertar de mil demonios, dejándome la maldita estela que queda
en toda ausencia. Dime, flaca, el guión de tu juego, que sabes lo fácil
que es vomitar la miel cuando te espesa la sangre.
Flaca, creo que somos sólo dos rocas en el mar, ahí meándonos de miedo
y espantando a la vida con un matamoscas retorcido y verde. Somos algo así
como dos notas tratando de encontrar el pulso exacto, dos manchas de café
en tazas distintas.
Tú te estás, te quedás en silencios, en tus falsas alas blancas con
las que querés iniciar algún vuelo, algún retorno. Yo me balanceo en la
nostalgia, con mi tijera gastada, ejercitando mi fracaso cada vez que te
corto una pluma, pero tus alas crecen, me comen y me espantan, con bofetadas
de oscuro realismo.
Siempre es lo mismo, luego de todo empiezan los clichés que tanto
espero. —Lo que pasa es que eres un tipo genial, gracias por todo pero no
sé...—. O tal vez las pelotudas pruebas de fe... —Si recorres mis
entrañas, no se te ocurra salir de golpe que luego la sangre brota sin
control. Sepárate de a poco, para que así vayas secándote gota a gota,
hasta que caiga dormida y no me acuerde el momento que partiste. Por
último, ¡no me dejes, carajo, que tengo miedo y no sé cómo decirlo!
Sí, creo que es mejor. Sí, ándate, déjame en mi boludo silencio, en
mi lágrima, en la caída sin red a tu vacío, pero sé que no lo harás,
porque preferís jugar conmigo.
No me preguntés entonces, ¿querés divertirte a mi lado?, ¿querés ser
mi amante? No se te ocurra pensar en tus recetas de cocina y en prepararme
la ropa o despertarme con un beso las próximas 1.000 noches de mi vida.
Sabes que no podemos ni escondernos de la luna, que la mierda del tal
para cual sólo existe en tus historias de Oz. Por más que quisiéramos no
podemos intentar nada sin apartar su mirada fija que todo lo sabe. Que está
jodido, rejodido huir de la omnipotencia letal y necesaria de aquel otro,
por eso es mejor no fingir y parar la espiral de ironía.
Ahora me cansé y volveré tal vez mañana, descargando algo de savia en
un cuerpo ajeno, en uno de esos escondites que sólo sirven para bucearlos y
luego gritarse la culpa de no amarla. En uno de esos puertos de paso, en los
que alquilas la miel a cambio de tus bolsillos rotos.
Disculpa, flaca, sólo quería decirte eso, no te rayes. Pese a todo,
vuelves a ser mi amante de luna, la canabílica ruta al sol. Pero es
necesario que sepas que puedo morir y vos ni te enterás, que podés ser mi
tristeza en dos segundos y yo tu verdugo en un flash si lo quisiera.
Que basta apagar la risa y te vas, sin culpa ni pena. Que puedo ponerte
luego en un altar como mi mandala de carne, hasta conjurar miedos o
simplemente cansarme y dejarte en un cajón, para que poco a poco tu
fantasma se esfume.
No te hagás entonces la femme fatal. No me llevés a tu cama a
gozar tu histeria para que luego me canse en tus gemidos de niña boba,
mientras pienso cómo hago luego para aumentar el volumen de la radio. No
vengás a decirme luego que perdonás mi locura, porque no te creo, no deseo
creerte, no me interesa dar pie a nuevos fracasos. Sabés que puedo ser tu
máxima gloria en una hora y luego fumarme un porro, mirándote aburrida,
rutinaria y gastada, ahí creyéndote una diosa del Olimpo.
Estoy hastiado de la altanería de tu sexo, del triángulo imperfecto que
forman tus senos y la lámpara. Sin embargo te miro y me río de mi pena,
gritando con mis uñas no te vayas que me partes, no vueles que me asfixio
de tanto recuerdo.
¿Viste?, la cosa es así de fácil y burda, siempre acabo pensando al
final del encuentro "y ahora de qué carajo le hablo" y ella se
ríe de prisa, viendo de reojo el reloj pensando "el sexo y la poesía
como que no encajan, Baudelaire, nosotros, la cagada este asunto".
Entonces, cuando te dirijas a la ducha y me dejes envuelto en tu aroma
agridulce, sentiré ese pequeño dejo de hastío que me empieza a envolver y
pensaré: la próxima vez será mejor y si no lo es me cago y le hundo el
cuchillo hasta el fondo y que le duela.