Cuando la luz menguante
Cuando la luz menguante
te apague la conciencia
y llene tus bolsillos de pasado
asómate al abismo de la duda;
sabrás entonces que el polvo
y las tinieblas no guardan los secretos,
que el tiempo se va en cada segundo.
Si miras por el ojo de la aguja
no encontrarás camello que lo cruce.
Al atravesar la puerta del ocaso,
cuando el tiempo ya ido vuelva
y te traiga aromas de recuerdo,
en el ánfora gris de bronce y piedra
podrás buscar retazos de existencia.
Despiértate del sueño de futuro,
descalzo de pasión,
huérfano de alivio,
podrás dejar tus huellas
en la memoria que habita
en el inmenso desván de tu cerebro.
Querrás nacer de pie,
volar sin alas
y morir al alba,
cuando la luz menguante
te apague para siempre la conciencia.
Sombra vieja, negra sombra
“Sombra que sempre m’asombra”.
Rosalía de Castro
Sombra que apagas la luz,
sombra que lo negro encumbra.
Destacas entre tinieblas,
te mueves en la penumbra.
Vieja sombra que en la noche
robas la vela que alumbra.
Sombra que el viento se lleva
cuando la Luna se oculta.
Enciende sombra el farol
con esa luz que deslumbra
y deja al mar acunarse
bajo la niebla y la bruma.
Sombra, tú que me asombras
cuando la tristeza abunda;
sombra viva que floreces
en la oscuridad profunda.
Sombra vieja, negra sombra
en la noche y de la tumba
de penas y padeceres
si vida no se vislumbra.
La línea imaginaria
Hasta el borde del precipicio
me has traído, vida.
En la algarabía de esta soledad
me dejas. Eres frontera,
me quedo aislado, en isla
desierta y perdida convertido;
rodeado de océano, con el rugido
de las olas chocando sin dar tregua
contra el muro imaginario
que frena los contactos.
Soy nube de polvo
que el viento arrastra,
mi alma busca huir, escapar
de esta poblada soledad,
perderse anónima entre la multitud
que se muestra jauría hambrienta,
de garras afiladas y fauces voraces
que todo lo deglute y lo consume.
Luz de luna y esperanza
Yo te vi cruzando el río
la noche de Luna llena,
pude contemplar con pena
ese tu rostro sombrío.
Triste me quedé —hoy río—
al notar tu sufrimiento,
me invade ahora el contento
con una luz de esperanza,
mas el fulgor no me alcanza,
me entristece el sentimiento.
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