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Brebaje absurdo

martes 17 de diciembre de 2024
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A Miguel Gila

—¿El señor Jai, el boticario?

—Al habla.

Allô.

—¿Sí?

—Digo que si a lo mejor es usted el boticario.

—Sí, sí, don Jéquil Bermúdez al habla, ¿qué desea?

—Quiero saber cómo selecciono la dosis. Soy Agapito, el cuñado de Eufrasia, he ido esta mañana a la farmacia por lo del dolor de muelas. Verá, tengo una duda, el prospecto habla de “astringente”. ¿Cuánta gente es eso?

—¿Pero qué dice, buen hombre? No tiene nada que ver con la dosis. Es un efecto secundario.

—Ah. ¿Y ahora qué hago?

—Coja la pastilla con una mano y el vaso de agua con la otra.

—Bien, ya lo tengo. ¿Y ahora qué?

—Ahora introduzca la pastilla en la boca y beba después el agua.

—¿Toda?

—Bastará con un dedo.

—¿Un dedo? ¿Qué dedo?

—Un dedo cualquiera.

—A ver si me aclaro. ¿Me bebo la pastilla antes o después de introducir el dedo?

—¿Introducir el dedo? ¿Dónde?

—En el agua. ¿La remuevo ya o qué?

—No, no me ha entendido.

—Y digo yo si bastaría con chupar la pastilla. Cuando se trata de chupar soy como una termita, ¿sabe? Sepa que a mí la regaliz me la daban de madera de boj.

—No. Concéntrese en las instrucciones.

—¿Concentrarme, dice? La última vez que lo hice el cura pensó que estaba muerto.

—¿Cómo dice?

—Aguarde, que ahora viene Venancio, el obús. Lo llamó así porque me lo sacó del casco cuando estábamos en la mili. Qué majo es el hombre, pero qué bestia. ¿Sabe que una vez salió a la calle con la piedra del molino puesta? La había confundido con la boina. Ahora se pone.

—¿Oiga?

—Le paso con el Venancio.

—¿Oiga?

—Oigo.

—¿Oiga?

—Oigo.

—¿Quién es usted?

—Venancio al aparato.

—Preste atención, voy a explicarle ahora lo que debe hacerse.

—Venancio al aparato.

—Se coge la pastilla con una mano y el vaso de agua con la otra, se traga uno la pastilla y luego se bebe un poco de agua. Eso es todo.

—Muy bien, ya lo he hecho. ¿Y ahora?

—¿Qué ha hecho qué? Ha de hacerlo Agapito, no usted. ¿Acaso es usted el enfermo?

—Del reuma, cosa mala. Precisamente...

—¡De las muelas!

—No, ¿qué les pasa a mis muelas?

—¿Oiga?

—Oigo.

—¿Oiga?

—Oigo.

—Páseme con Agapitoñññgggh.

—Agapito al habla. ¿Señor Jai?

—¡Prrrrrrrrrrr!

—¡Chusssss!

—¡Ñññffgggch!

—Ah, muy bien. ¿Y eso qué significa?

—¡Pffrrrttpf!

—Entonces, pffrrrttpf. ¿Y cada cuánto?

—¡Pssffjjagh!

—Estupendo, una pffrrrttpf cada pssffjjagh. Todo aclarado. Ya era hora, hombre. Aguarde, me dice el obús que si puede comentarle una cosa suya del reuma. Le paso.

—Venancio al aparato.

—¿Queññññggff?

—¿Oiga? ¿Oigaaa? Ha colgao.

Aarón Andrés
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