El toro y su sombra
De madrugada
Una hora antes del amanecer
Me visto de luces
En el centro del ruedo.
Astinegro
Aquel toro sin rostro
Me llama
Por mi nombre.
Es una plaza abandonada
A los elementos
La última corrida
Fue hace veinte años
Pero todavía la arena
Recuerda
El tiempo
No ha hecho mella
En las arenas negras
O amarillas
O rojas.
Tampoco el edificio
Está en mal estado
Alguien se ha dado a la tarea
De restaurar los capiteles
Y de pintar las columnas
Con un blanco avejentado
Por la lluvia
El teatro todavía existe
Con sus barreras,
Contrabarreras, tendidos, gradas
Y Andanadas.
En realidad,
No se ha perdido nada
Ya que no pueden
Destruir la belleza
Del pasado
Quizás puedan
Destruir el miedo
Al futuro.
Y es que cuando
Por fin amanece
Después de una larga
Noche de espadas,
De cruces
Y de sueños
El viejo Miura
Se ha cambiado el nombre
Por el de la luna
Y, sin embargo,
El último de los toros
Es un hombre
Que sabe la salida
Del laberinto
Pero que no quiere hallarla
Mejor morir
Siendo toro
Que siendo hombre.
Días extraños
Qué días
los que te tocan
una y otra vez,
son los días
de la gente sin alegrías,
de la gente que huye
de la pobreza y de la crueldad,
son los días tuyos,
son los días
de la gente que camina
sin destino,
sin pasaporte,
sin dinero,
cruzando la herida
de un mar solitario.
Son tus propios días
porque tú caminas también
con ellos,
quién sabe a estas alturas
quién es un venezolano de verdad,
lo que sí sabemos todos
es que queremos unas alas más
grandes para volar
hasta el fin del mundo,
allá donde no podamos recordar
esta dictadura que nos corrompe
el alma
y el corazón,
que nos roba un tiempo
precioso
y fugaz.
Son días extraños
en los que se vale
escupir al piso
y soñar el cielo
al mismo tiempo.
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