
¿Qué nos sucedería si todo en lo que nos apoyamos se diluye: afectos, vida social, trabajo? Si todo es puesto en duda, si la incertidumbre es el camino, ¿qué actitud tomar? Si nos desesperamos y actuamos queriendo forzar todo para que el agua venga a nuestro molino, en ese caso, estaríamos afuera de los cuentos de este libro. Sin importar ni la historia ni dónde transcurren. Porque si hay algo que une estos textos es la acción contenida con que sus personajes afrontan lo que parece inevitable. Sea emprender un viaje, aceptar el encierro o enfrentar un diálogo postergado. Todo se hace en una perspectiva de hecho dado, pero no como un destino, sino más bien como variantes acotadas de un recorrido marcado por el punto de partida. Tampoco es un fatalismo, el camino está frente a nosotros y se improvisa; se es creativo, oportunista y, sobre todo, se desarrolla una gran capacidad de adaptación. Ante el yerro, la infracción o la elección de la opción menos conveniente, un protocolo de acción que nos devuelva al camino. De forma más o menos elegante, más o menos clásica, pero nunca la desesperación. Los protagonistas centrales de estas doce historias confían en las variables que van a presentarse y saben íntimamente que van a poder seguir adelante. Estén en la situación en la que estén, envueltos en una trama peligrosa o desopilante, y eso, de alguna manera, los torna entrañables si uno tiene en cuenta la complejidad y velocidad con que la realidad se precipita.
Entrañables porque deciden hacer algo frente a la adversidad aun sabiendo que las posibilidades de lograrlo son muy bajas; entrañables porque ante ese saber actúan con una ética adaptativa. Saltan dudando del paracaídas, pero confiando en las posibilidades que van a presentarse en la caída aun cuando todo se acelere y el tiempo se acorte. No buscan el vértigo, conviven con él, y lo hacen en una aparente calma lograda por la escritura de Camilo Bogoya, que en ninguno de estos cuentos se precipita ni acude a estridencias. La prosa es clara, ni laboratorio ni escritura desafiante. Bogoya cuenta historias, visita y abandona personajes, los construye con pocas pinceladas o por capas y nunca excesivamente.

Ética para infractores
Camilo Bogoya
Cuentos
Ediciones Dyskolo
España, 2024
ISBN: 978-8412685398
172 páginas
Tampoco le teme a los tópicos. Por ejemplo, en “El día en que papá y yo nos trabamos”, el hijo, que forma parte de un grupo armado de la guerrilla colombiana, visita a su padre, que es militar. El hijo necesita ese diálogo; el padre, quizás sin saberlo del todo o sin querer reconocerlo, también lo necesita. Porque hay algo que logra esta escritura y es que los protagonistas tienen más aristas de las que son narradas. Y esto que en gran medida les pasa a todos los que habitan estos cuentos, que les sucedan cosas que conscientemente no saben, los libera cuando llevan la voz narrativa. Son espacios abiertos para que el lector deambule. En el que se titula “Maya”, el personaje que narra es convencido de viajar a Hong Kong en períodos de tifones por un compañero de trabajo que cuenta anécdotas de terceros. Alguien que cuenta lo que le contaron persuade. Porque lo que parece suceder es que estos seres tienen en su ADN la necesidad de ir hacia adelante como única forma de actuar y, al hacerlo, dejan una estela casi imperceptible, lograda por lo medida que es la escritura, con la que convivimos durante la lectura y que continúa una vez que hemos terminado.
Otra recurrencia es que en muchos de los textos está presente la pregunta sobre la narración. En ocasiones más explícita por el oficio de sus personajes. Por ejemplo, periodistas que necesitan publicar un reportaje pero se encuentran con que el próximo entrevistado es asesinado, entonces recrear una última entrevista es una posibilidad que brinda la profesión para narrar, ya que “los principios se revisan”. En otro cuento —“Historia de un eco”— la pregunta por el plagio se hace presente. Y en esa trama no están sólo el plagiador y el plagiado, sino también el editor, quien ve en el hecho no una cuestión ética ni de debate sobre qué es un autor. No, el editor interpreta en términos de marketing, de venta, ya que agotada la primera edición en circunstancias particulares quiere lanzarse a una segunda tirada previendo buenas ventas. El texto en sí, lo que en él se juega, la narración, no le interesa. Y cuando ninguno de los protagonistas está relacionado directamente con la práctica de narrar, la inquietud de todas maneras está presente. Como ocurre en “Los disidentes”. Uno de ellos, mientras es sometido a un interrogatorio, reflexiona diciendo: “Narrar es una cuestión de tono”, pero claro, en este caso, dadas las características de la situación, el artefacto de puesta en escena y su explicitación no funciona y se le pide razonar con un contundente: “No se haga el huevón”.
Lo que encontramos debajo de las historias, de las tramas, de la leve tensión, debajo de la forma, es el núcleo de esta escritura. Quienes habitan estos cuentos, con más o menos recursos, se enfrentan y no se resignan a seguir la corriente de sus entornos, resisten individualmente en lo cotidiano a los lazos que, a su parecer, los sujetan.
Este libro editado por Dyskolo —había sido publicado en México en 2017 por la editorial Luzzeta— transcurre teniendo como cuadro de fondo la escena colombiana. Los personajes viven aceptando, rechazando, sufriendo o gozando, haciendo lo que pueden y haciéndolo sin elocuencia e intentando, cuando entre ellos interactúan, convencer sabiendo que no transmiten una verdad. Son cautos pero insistentes. Este autor, que tiene publicados, además de artículos académicos —Camilo Bogoya es doctor en Literatura Francesa por la Universidad de Artois—, el libro de cuentos El soñador —que ganó el concurso de la Universidad Central de Colombia— y la novela Dédalo —que recibió el Premio Nacional de Literatura Universidad de Antioquía en Colombia—, logra que sus historias sean leves al estar apoyadas en tramas que no son ni delirantes ni rebuscadas. No intenta incomodar ni desde lo formal ni con las historias o las descripciones escabrosas. Se entra en estos textos, se está en ellos apaciblemente y se sale acompañado.
- Ética para infractores, de Camilo Bogoya - miércoles 29 de enero de 2025


