Cuatro gracias
Me muevo mendigando
entre la codicia y la lujuria:
Sonia,
Emily,
Cristelle y
Mariana,
son brisa y son tormento.
Sonia...
se muestra exquisita,
piel de nácar,
su cuerpo es porcelana;
pasión de dioses, agotamiento;
perfume de azahar, incontinencia.
Sus nalgas son almohadas de niebla,
Su corazón de almíbar.
Delicias de cebolla son sus pechos.
Emily...
es locura desatada, torbellino,
intempestiva y vigorosa.
Enérgica y delicia caprichosa,
textura de cobre, oro y hierro.
Emite la esencia de la rosa,
su piel es tacto fiel de mariposa.
Es hija de la Luna. Sus ojos
luciérnagas de acero.
Cristelle...
Es pasión jovial,
sombra, sudor y desenfreno.
Caliente cual la sangre de un venado.
Frondosa y encendida de pecado.
Debería cambiar su nombre por “lujuria”.
Se muestra exuberante
sobre el lecho, es serpiente y halcón.
Llama a la divergencia, al rito
del amor sacro, al atropello.
A la cintura alcanzan sus cabellos.
Marianne... es la dulzura.
Sus pechos son deseos,
dos alcaudones de blanco terciopelo.
Sus labios son rojísimas cerezas.
Su sexo es el cáliz donde
se bebe la gloria de infinito.
Entre sus piernas torneadas
crecen lirios y azucenas.
Es un beso de sol sobre la nieve.
Es el azúcar de amor sobre el contento.
Juntas son un campo de amapolas,
una verbena de luz
reinando entre tinieblas.
Cuando hacemos el amor
son gatas en celo gimiendo,
y se abre la tierra derretida
bajo la fiebre ardiente de sus cuerpos.
Son las frutas prohibidas del edén.
Pasión, desafío, desenfreno.
Volver no es volver
Volver...
quiero volver a la inocencia,
al instante que ha pasado,
al sol que ayer me calentaba;
al olor del perfume de tu cuerpo.
Volver a la locura de ser joven,
al vuelo de ilusión de mariposa,
al murmullo de luz de los arroyos,
al agua fresca del manantial de vida;
a desandar el camino y la fatiga.
Necesito volver...
a ganar esa batalla de silencio,
a escuchar el diálogo de estrellas,
a mirarme en el espejo de la Luna.
A asomarme a la ventana de tu alma.
Volver...
a transitar otra vez por los recuerdos,
a agotar los rayos de la aurora.
Volver hasta encontrar versos de vida
en besanas de llantos y memoria.
Porque volver no es volver...
es arrancar desde el punto de partida;
caminar hacia atrás por los senderos,
revivir en la brisa y en la gloria.
Volver no es volver...
Es llenar la derrota de victorias.
Douro lindo (Duero lindo)
Corriente de oro
en verde terciopelo.
Desciende altivo, recio,
se escapa hasta el océano.
Douro lindo,
dulzura, serpiente y maravilla;
vida lleva, es garabato,
anima, alegra, brilla.
Transporta aroma de brisa,
la raza adquirida de Castilla.
Sustento vital, manantial copioso,
vergel y edén en cada orilla.
Douro lindo,
mujer fértil, caprichoso.
Llevas a tu espalda
el sueño de un talante belicoso.
Naces Duero en lejanía,
vas dejando tu esencia, el oloroso
perfume que inunda el alma;
inyectas valor, un fondo generoso.
Douro lindo, de España
a Portugal; en tierra el cielo.
Duero o Douro, sueño vivo,
plegaria que dejas el consuelo.
Oeste hostil
Oeste hostil,
de tierra amarga,
de cielos que amenazan;
sudores en baldío, besanas en barbecho
y campos en olvido.
Oeste hostil,
con callos en las manos,
espaldas doloridas,
la piel ennegrecida;
pies sangrantes,
el ánimo cansado, vacíos los bolsillos.
Oeste hostil,
de sol a sol esfuerzos,
caminos polvorientos;
de cuerpos sudorosos,
veranos sofocantes
e inviernos ateridos.
Oeste hostil,
los nidos ya vacíos,
maletas viajeras,
de lágrimas de plomo, en pasos que se alejan
dejando atrás la tierra
que un día te hubo parido.
Urgencia por vivir
Sopla fuerte, viento, sacúdeme
el polvo acumulado del camino.
En esta vereda que se borra,
ya casi soy nombre olvidado,
agua pasada, página escrita,
hoja de otoño; ya casi
soy memoria, huella seca
de todo lo sentido y lo sufrido.
Tengo urgencia por vivir, amar,
sentir; así como el sendero
el tiempo se me agota.
En breve, seré nada,
tan sólo un hueco más
sin sombra, en el olvido.
Hoy ya visto sólo arrugas,
canas, dudas.
Deambulo como un zorro tembloroso
perdido en el desierto
de todos los recuerdos,
en ese bosque inmenso
de todo lo vivido con pasión.
Busco poder dormir
con paz en mi interior y calma,
hallar así el destino.
Quiero poder seguir viviendo, durmiendo,
como duermen los niños en el limbo.
Amargo café
Esta mañana fría
y pesada de diciembre,
ni siquiera el café me sabe dulce.
Tiene un raro sabor de olvido,
de recuerdo perdido,
de cierta melancolía,
a tristeza encendida,
a desvanes cubiertos de polvo.
Los pensamientos se agolpan en mi mente,
¿Por qué acude a mí tanta nostalgia?
Hay tanto dolor en la trastienda,
tantas lágrimas que esperan su salida,
y la felicidad se ahoga en esos mares;
sólo una vaga alegría sale a flote.
¿Por qué hacemos tan difícil la existencia?
La vida es dulce y fácil, deliciosa...
nosotros la complicamos.
Por eso, esta mañana,
el café me sabe tan amargo.
Tal vez, la culpa sea del ambiente,
de estos días oscuros, tenebrosos,
en que ni el sol ni los pájaros me alegran.
La dulzura se esfuma entre la niebla.
Nubes de duda y pesadumbre se ciernen sobre mí...
¿Por qué no llega ya la primavera?
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