Cuando Alberto Veo 5 comunicó a los suyos lo que se proponía a realizar con su vida, la familia puso el grito en el cielo. Las críticas llovieron: “Tú estás loco, no sabes lo que dices, se te fue la guagua, perdiste el tren, se te hizo tarde, no te da para eso, todo tiene un tiempo en la vida, bájate de esa nube, aterriza, mijo”, pero ni esos comentarios ni otros que se seguían sumando con el paso de los días lograron que él desistiera de su sueño dorado.
—Tienes 57 años.
—Me siento de 25.
—Pero no los tienes.
—La edad no es impedimento.
—Hace 40 años que no estudias.
—Todos estos años me he mantenido leyendo.
—99 centavos no es un dólar.
—He ido haciendo mi trabajo.
—Quieres estudiar una carrera que aborreces.
—Lo que uno más detesta es lo que quiere ser.
—Empezarás a estudiar la carrera después de los 60 años.
—El Seguro Social me ayudará a pagarla.
Alberto Veo 5 debía superar obstáculos. Eran dificultades difíciles de sortear. Se comparaban con el Muro de Berlín y la Muralla China. Tomar los exámenes del College Board. La admisión a la UPR.
A los 17 años, acabadito de graduar de la Escuela Superior JVC, decidió no estudiar una profesión y se dedicó a trabajar en fábricas y en supermercados. A los 25 años se casó con Esperanza. Construyeron una casa en el Rabo del Buey de Buenafortuna. Compraban carros nuevos. En su casa tenían todos los muebles y enseres eléctricos de moda. Mantenían buenas relaciones con los vecinos. No tenían vicios ni malgastaban el dinero. Eran felices, aunque no tenían hijos.
Alberto Veo 5 se tardó 5 años en graduarse de la UPR. A los 62 años solicitó a la Escuela de Medicina. La espera lo desesperaba. Recibió la carta. Denegaba la admisión. El hombre propone, Dios dispone. Empezó los trámites para estudiar Medicina en Santo Domingo o en México. España sería la última opción. Después recibió otra carta... Le aceptaban en la Escuela de Medicina de la UPR. Alberto Veo 5 confrontó serios problemas de estudio en su primer año de Medicina. La familia comentó: “No da el grado”. En mayo, el director de la escuela le condicionó la matrícula. Los profesores eran severos con él. Les incomodaban sus cuestionamientos. En el segundo año de Medicina, Alberto Veo 5 se coronó el primero de su clase. Los estudiantes burlones se sorprendieron. Los profesores prejuiciados se tragaron su altanería.
Al graduarse de Medicina, pasó la reválida. Fue una de las puntuaciones más altas. A los 67 años era médico. “A la edad de retirarse, él empieza...”. Consiguió trabajo en un hospital de Río Piedras. También montó un consultorio en Buenafortuna. Como agradecimiento al apoyo que recibió de la comunidad. “Nosotros contribuimos...”. Y él estudió sin preocupación alguna. Una tarde lo visitó doña Michín. Ella le predijo: “Cuando seas médico tendrás un percance”.
En sus vacaciones Alberto Veo 5 y Esperanza viajaban al Tíbet, a Cachemira, a Israel, a la India, a la China y a las Filipinas. En el Tíbet, al médico de familia le fue revelada una verdad... Esa epifanía impactante le recordó el vaticinio de doña Michín siete meses antes de abandonar este mundo. Entonces Alberto Veo 5 regresó a la Escuela de Medicina y se especializó en cirugía cerebral. A los 75 años fue escogido como el cirujano número uno de la profesión por las revistas de medicina de Estados Unidos. También se convirtió en conferenciante obligado en las más prestigiosas universidades.
A los 100 años Alberto Veo 5, viudo, en pleno dominio de sus facultades, se quedó ciego. “¿Sería este el vaticinio de doña Michín?”. Lo sometieron a todas las operaciones habidas y por haber, pero esas nuevas tecnologías y adelantos en la medicina no pudieron devolverle la vista. “Es la voluntad de Dios”. Alberto Veo 5 desoyó todos los consejos bien intencionados de sus colegas. “Si me retiro de la medicina, me muero”, él respondía a sus amigos y colegas de todo el universo. Mantuvo el consultorio de Buenafortuna. “Si los pacientes me cuentan los síntomas, les puedo recetar”. La gente no le dio la espalda y confió en él.
Antes de cumplir los 101 años, soñó que seguía siendo cirujano. Cuando despertó, no perdió tiempo, se comunicó con una colega incondicional y le expresó su decisión de volver a operar cerebros. La doctora Rivera pensó: “Alberto Veo 5 está perdiendo la razón”. Pero la Eminencia del Cerebro insistió: “Yo no estaré presente en la sala de operaciones. Con el cuadro clínico del paciente, yo podré planificar las operaciones desde mi casa. A control remoto”. La doctora Rivera le respondió: “Lo pensaré el fin de semana largo”.
Al doctor Márquez tenían que hacerle una operación del cerebro. Pero los médicos a cargo de la doctora Rivera se negaban a operarlo argumentando que sería perder el tiempo, que no había nada que hacer por él y se arriesgarían a recibir una demanda por parte de la familia, gente ambiciosa y poderosa. La doctora Rivera sabía que el colega Márquez se podía quedar en la operación. Pocas eran las probabilidades de sobrevivir... Pero por otro lado dejarlo morir sin intentarlo le parecía una crueldad y no quería cargar ese peso en su conciencia.
La doctora Rivera se reunió con el doctor Márquez.
—Doctor Márquez, usted sabe el riesgo —dijo la doctora Rivera.
—Prefiero quedarme en la sala de operación que seguir viviendo...
—Doctor Márquez...
—No me hace gracia perder mis facultades...
La doctora Rivera se contuvo y se reprimió.
—Si la operación es un éxito, seguiría ejerciendo mi profesión. Pero no aceptaré que me desahucien. Si hay vida, hay esperanza. Qué lástima. Si la Eminencia no se hubiera quedado ciego... —dijo el doctor Márquez.
En vano fueron los intentos de convencer a sus cirujanos de operar al doctor Márquez. Atrapaba en una encrucijada, la doctora Rivera jugó una carta comprometedora.
—Doctora Rivera, démosle la oportunidad a la Eminencia —respondió el doctor Márquez.
Alberto Veo 5 escuchó el diagnóstico y se grabó los resultados de las radiografías.
—Doctora, deme 5 horas.
—Queda otro problema.
—Todo problema tiene su solución.
—Quién va a operarlo.
—Como tus médicos se niegan, confía en tus médicos residentes.
—No tienen experiencia.
—Pues les ha llegado la oportunidad de adquirirla.
Después de visualizar el caso y la operación, Alberto Veo 5 decidió asumir el riesgo. Alberto Veo 5 les explicó con lujo de detalles cómo debían hacer la operación cerebral. Además, les reiteró que estarían comunicados por los celulares.
—Es como si yo estuviera ahí con ustedes.
La noche previa a la operación, Alberto Veo 5 realizó el ritual. Llegó el día de la verdad. Alberto Veo 5 desayunó y se concentró. El doctor Márquez se despidió de su familia. Antes de que el paciente ingresara a la sala de operaciones, Alberto Veo 5 dio instrucciones claras y específicas. “Meticuloso”. Durante la operación se complicó la cirugía. “Denme un segundo”. Alberto Veo 5 pensó, buscó, rebuscó, especuló y le salvó la vida al doctor Márquez.
Fue titular de periódicos, revistas, radio y televisión junto con los cirujanos residentes. La doctora Rivera estaba feliz. Los médicos que se negaron a operarlo estaban desconcertados. La familia celebraba jubilosa y agradecida. El doctor Márquez se recuperó y volvió a ejercer la psiquiatría lacaniana. “La Eminencia es la Eminencia”. Alberto Veo 5 era solicitado por todos los hospitales. Los médicos residentes obtuvieron el título de cirujanos. Y si no era con ellos, Alberto Veo 5 no prestaba sus servicios profesionales. Todas las operaciones que realizaban tenían éxito. Los cirujanos viajaban el mundo entero.
En una entrevista televisada, los cirujanos contaron que durante las operaciones Alberto Veo 5 se adelantaba a las complicaciones, los cuestionaba, les daba instrucciones... “Era como si el doctor estuviera con nosotros, como si él se posesionara de nuestras manos, de nuestros ojos y nos leyera el pensamiento”. Los cirujanos añadieron que le preguntaron cómo podía dirigir una operación estando ciego y en la casa. “Paso horas largas estudiando el diagnóstico, imaginando los riesgos, cómo solucionarlos, por eso cuando surgen en la operación... No dejo nada al azar, pero el azar ya lo tengo imaginado. Cuando ustedes están operando yo soy el cerebro del paciente. Observo con mis ojos astrales, me entero de todo y les transmito a ustedes cómo proceder”.
Alberto Veo 5 operó a una niña recién nacida y falleció comentando el milagro. El mundo se conmocionó. Le retribuyó en el sepelio. En el testamento estableció los términos... La autopsia no reveló la causa de la muerte. Un enigma. Alberto Veo 5 tenía 105 años.
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