Saltar al contenido

¿Dónde está el humor?

viernes 23 de enero de 2026
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Hoy me he desayunado con una noticia triste, casi luctuosa, que me ha dejado la cara de patata. Me he enterado por casualidad de que el humor, nuestro humor, fue visto la mañana de ayer junto a dos voluminosas maletas en los andenes de la estación. Me cuentan que se presentó como una sombra bajo un gabán triste y una peluca polvorienta de rizos blancos. Otro testigo mañanero me habló de alguien con unas llamativas gafas de pasta negra, carraca, bocina, zapatones chirriantes, ojeras de búho y la cara repleta de lagrimones que parecía ignorar a todo el mundo junto a las vías. Se trataba, sin duda, del mismo individuo. El humor, vaya.

Por lo que se ve, hay una gran confusión acerca de lo ocurrido. Y todo el país se pregunta: ¿dónde está el humor? ¿Dónde? Y no hay respuesta. Por ello, ante la gravedad de los hechos, imploro al humor que reconsidere seriamente su autoexilio. Todos echamos de menos sus vehementes pellizcos en los mofletes, las desternillantes quijotadas a la hora de las gachas y esas jocosas cataplasmas que algunos llaman chistes y no son otra cosa que medicina para el ánimo. Todo hijo de vecino desea que vuelva a su casa, que es la nuestra.

Hasta aquí los hechos, señoras y señores. Y yo no puedo evitar que en mi cabeza aniden un montón de preguntas. ¿Qué pasa con el humor hoy? ¿Por qué está tan cuestionado? ¿Qué nos deparará el futuro a los humoristas? ¿Frecuentaremos la amistad de los osos polares? ¿Seremos todos pasto de las llamas o resultaremos al punto, al estilo de un lechón segoviano? Nadie, absolutamente nadie con dos dedos de frente nos puede asegurar a los humoristas que no terminaremos de trofeo con cuernos en la pared de una tienda austrohúngara de artículos de pesca.

Sí, todavía hay quien considera al humor como una voz discordante o como lo que es, afortunadamente para todos, el grano de siempre en el sitio de siempre. Humor, hermosa palabra, complicada, libre, auténtica, un Ícaro empalado en la brocheta de un necio o la siesta de un loco al borde del abismo. Amar el humor es vivir rodeado de vértigos y, sin embargo, la vocación del humorista puede más que el miedo o la razón. Y uno se conmueve con las viñetas desbordantes de Ibáñez, las desventuras de Lucas Trapaza o la sombra alargada de don Alonso Quijano, no puede sino maravillarse ante el vaso y la jarra de Tip y Coll, las rimas cenicientas de Quevedo, aquellas guerras de Gila o los placeres de Umbral. Y entonces, sólo entonces, frente a la pléyade de tantos y tan buenos cómicos, se le ocurre a uno el único epílogo posible a esta carta, a ese libro, a veces insufrible, de la vida: ¡vuelve, humor, vuelve!

Aarón Andrés
Últimas entradas de Aarón Andrés (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio