Uno
La primera vez que ocurrió la mutación causó gran revuelo en Nueva Gaia, pero nacer con un celular en vez de una mano en el año 3252 era tan normal como nacer hombre o mujer. Desde entonces, la humanidad evolucionó en dos especies: Homo sapiens y Homo cellular. Estos últimos, llamados celhumanos, tenían el derecho de ocupar los puestos más importantes y mejor remunerados del gobierno y las empresas. Un milenio después del nacimiento del primer celhumano, esta especie dominaba sobre la otra porque no sólo era más inteligente, también su población crecía más rápido. Una encuesta intergaláctica reportaba que tres de cada cuatro nacimientos en Nova Gaia eran celhumanos.
De acuerdo con el artículo primero de la Ley Universal de la Pureza Celhumana, quienes nacían con dos manos, designados peyorativamente celuditas porque desde tiempos arcaicos se oponían a usar cualquier tecnología, estaban obligados a servir de por vida a los celhumanos. Así, mientras los celhumanos se aislaban en minúsculas cámaras hiperbáricas individuales a vivir la realidad y dirigir el destino del planeta desde sus celulares, los celuditas hacían funcionar la maquinaria de la logística y los servicios que proveían de alimentos a todo ser vivo y cubrían desde las necesidades domésticas y comunitarias más elementales hasta las más complejas.
Dos
El día que nació Rocaella fue el día más desgraciado de sus padres celhumanos, pues la criatura lucía dos manitas regordetas. La ciencia médica no podía explicar por qué a veces la mutación celular se perdía, incluso en las familias del más puro linaje celhumano. En tales casos, la criatura era confiscada por el Estado y recluida en un orfanato para hombres o mujeres celuditas, según su sexo.
En el orfanato, y después como parte de la familia celudita que la adoptó, la vida de Rocaella había transcurrido sin contratiempos hasta los quince años, edad en la que conoció a Kael, el joven instructor celhumano que enseñaba en la escuela la materia “Arte y práctica de bien servir a los celhumanos”. Desde la primera clase, él notó en ella tal inteligencia y vivacidad —ahora tan raras en los celuditas, como se había enseñado a creer a los celhumanos— que pronto se encariñó con ella. De su parte, ella le correspondió con igual interés. A escondidas, él compartía el celular con ella y ella le enseñaba todo lo que era posible hacer con dos manos funcionales.
A través de Rocaella, Kael se adentró en el mundo de las personas de dos manos y se dio cuenta del tiempo de convivencia con otras personas que había perdido por culpa del celular. En estas circunstancias, lo más común es que las personas se enamoren y, como se esperaba, así sucedió con Kael y Rocaella, pero a diferencia de la mayoría de las historias de amor, las relaciones sentimentales entre celhumanos y celuditas estaban prohibidas por el artículo segundo de la Ley Universal de la Pureza Celhumana, so pena de perder el celular o una de las dos manos, según el caso.
La misma tarde que el prefecto celhumano descubrió a Kael y Rocaella en fundido abrazo bajo la sombra de un roble, los jóvenes fueron arrestados, aislados en calabozos separados y, a la mañana siguiente, sentenciados. A Kael le cercenaron el celular del brazo y a Rocaella la mano izquierda, porque era zurda. Para escarmiento de quienes se atrevieran a desafiar la ley, el juicio sumario de Kael y Rocaella se trasmitió por todas las cadenas de televisión. A partir del día siguiente, numerosas automutilaciones de manos y celulares se hacían virales por todos los continentes de Nova Gaia.
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