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Reina Talavera

jueves 28 de mayo de 2026
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La productora de eventos y ex reina Reina Talavera se encuentra en el recinto donde se realizará —en menos de cuarenta horas— el certamen de belleza más importante del país. En el recinto hay una escalera plegable, cables, cortinas, mesas (en una de las mesas debe apreciarse, en un soporte, una espléndida corona y la banda de Miss Venezuela), sillas elegantes, una base para micrófonos con un micrófono inalámbrico, cajas con accesorios para la escenografía y, en el lateral derecho, un vestier. (Se debe recrear el ambiente caótico previo a un evento de grandes dimensiones). De las cajas Reina Talavera sacará, en el transcurso del monólogo, la indumentaria que le ayudará a recrear la fastuosa noche en que ganó su reinado.

 

Reina Talavera (Mirando su reloj de pulsera): Es temprano todavía. Aún falta una hora para que llegue a este recinto el ejército de técnicos, escenógrafos, luminotécnicos e ingenieros de sonido. ¡Será un campo de batalla! (Reflexiva) La vida es un campo de batalla donde sobrevive el más apto... es así desde que el mundo es mundo y este megaevento no será la excepción. (Pausa) Mientras llegan ganaré tiempo. Me pondré a inspeccionar los detalles. (Se monta en la escalera, sube dos peldaños. Saca su libreta de bolsillo y un bolígrafo. Toma unos apuntes. Se baja). Bien que me lo decía mi mamá... nunca, escúcheseme bien, nunca debemos confundir el mapa con el terreno. (Pausa) Según el informe que me llegó al correo todo estaba listo y en el minutico que tengo aquí he encontrado muchas falencias. Allá (señala hacia arriba) debería estar el dispositivo que proyectará la luz estroboscópica del opening y por allá (señala el lateral izquierdo) las palmeras que diseñó Juanchi... mi amado Juanchi. (Pausa larga) Tomaré cartas en el asunto pues la ineficiencia conmigo no va. (Camina hasta el proscenio. Evocativa). “La belleza es el único recurso no renovable”. (Mira por primera vez al público) ¿Qué si es mía esta sentencia? Ya quisiera yo, pero no... esta sentencia le pertenece a la ex reina Miriam Cupello. Ay, la belleza... ese algo que se nos escapa de las manos.

Yo fui la mujer más hermosa de este país hace catorce años. Ahora me pregunto: ¿qué queda de la despampanante Reina Talavera? ¿Qué queda de la reina de belleza que tuvo la suerte o la desgracia de llamarse Reina? ¿Qué queda del 90-60-90 que ostentaba con orgullo? Queda esto que degeneró en productora de eventos para mantenerse, en los escenarios, así sea tras bastidores. (Pausa larga). Mejor seguiré trabajando para callar estos pensamientos intrusivos. Llamaré a mi asistente y le asignaré que se encargue del catering y de los honorarios de los coreógrafos. Todo tiene que quedar bien. (De su chaqueta saca una caja de pastillas. Toma una). ¿Quieren saber qué pastilla me acabo de tomar? (Pausa larga) Se llama fluoxetina. Según mi psiquiatra es una panacea... algo que me quitará, como por arte de magia, los demonios que llegan en forma de bucle y flotan en mis sienes como un enjambre de moscas. (Pausa) No se fíen de las apariencias. Detrás de esta imagen de éxito se encuentra una mujer que en los últimos ocho años... ha intentado acabar con su existencia en seis oportunidades. Se dice fácil, ¿verdad? Pero no lo es. Cada intento lo comparo con un reloj de arena de enormes dimensiones... (Triste) Desde hace mucho, a decir verdad, estoy muerta. Mi vida se quedó en la maravillosa noche que gané el reinado.

Mi historia se parece, en muchos sentidos, a la historia de la gloria deportiva más importante de esta nación. Ese atleta formidable que, como bien saben, degeneró en profesor de educación física. (Pausa. Con asco) Un hombre obeso, con un pito, que al salir de la pista de atletismo se va a llenar su vacío existencial con comida chatarra y cerveza. ¿Se dan cuenta lo triste que es terminar así después de haber tocado las estrellas con las manos? (Pausa larga). Qué tonta soy. Qué van a saber ustedes de luchar por un sueño, si sacarlos del sofá de sus casas es más difícil que lograr la paz en el Medio Oriente. Qué van a saber ustedes de tocar las estrellas si no han hecho nada con sus miserables vidas. Sí, todos tuvieron un sueño ardiente... ¿y qué hicieron con él?, pues cambiarlo por el cementerio de un trabajo “estable” y mal remunerado. Ahora díganme, ¿qué legarán a sus familias, a su comunidad, al país, al mundo? ¿Qué se dirán cuando comprendan que desperdiciaron el regalo más valioso? Digo comprendan pues ni de eso se dan cuenta. No se dan cuenta de que sus vidas son un desperdicio. En fin, están anestesiados. Anestesiados por el ilusorio confort que da la tecnología (fúrica)... ¡Suelten el maldito celular! ¡Suelten ese maldito vampiro que les succiona el alma y los deshumaniza! No se conformen con ser simples espectadores. (Pausa larga. Se calma) Yo sí luché por mi sueño, fui tras él: estudié modelaje, danza, oratoria, actuación, idiomas, literatura, filosofía, derecho... y, aunque ya mi vida concluyó, tengo el consuelo de que estas manos (las muestra) tocaron las estrellas y eso es algo que nadie me podrá quitar.

Perdón, no quise ofenderlos. (Triste) Yo me debo a ustedes. ¿Me perdonan? Debe ser la fluoxetina que me hace decir pendejadas. Sí, debe ser eso. (Pausa) Por materializar lo que tanto anhelé mi nombre se grabó —con letras doradas— en los anales de la historia. Sin embargo, los envidio. (Pausa) Escucharon bien, los envidio. Ustedes aceptan los que les tocó. Yo no puedo. Carezco de aceptación... (Pausa larga) Me la paso viendo videos, fotografías, recortes de prensa, donde yo era la sensación, la mujer más importante y admirada. El video de la noche de mi coronación lo he visto infinidad de veces. (Pausa. Con orgullo) Me sé de memoria cada uno de los movimientos que realicé, las palabras que dije. (Evocativa) De niña ya sabía que de grande quería ser Miss Venezuela. Me la pasé año tras año, frente al televisor, admirando a las mujeres de la noche más linda...

(Se escucha de fondo el himno del Miss Venezuela. Canta y baila. Termina el número. Prosigue).

Como las maestras de mi escuela sabían que me gustaba cantar y bailar... siempre me postulaban para los reinados y las actividades culturales. De esa época —supongo yo— me quedó el gusto por los aplausos... el gusto de que posaran los ojos en mí con admiración y asombro. ¿Ahora comprenden lo mal que me siento? ¿Ahora comprenden mi vacío existencial?

(Pausa) Conforme fue pasando el tiempo fui echada al olvido. Dejaron de invitarme a los programas de farándula, a las inauguraciones, a la radio, a los eventos de beneficencia, en fin, mi teléfono dejó de sonar. La última vez que sonó pensé que recibiría el papel protagónico de Juramento de maldad, pero no. Los productores de la telenovela dijeron que necesitaban un rostro más fresco... (Se carcajea) Como si yo no supiera que “la belleza es el único recurso no renovable”.

¿Quieren saber, en realidad, lo que calma mi mente? Pues obvio que no son los ansiolíticos ni los sedantes. Mi mente se calma cuando recreo la noche más feliz de mi vida. (A modo de confesión) Esta es la razón por la que llegué temprano. (Pausa. Con fruición) Acá recrearé la magna noche en que mi nombre cobró sentido... la noche en que me empezaron a llamar —para beneplácito del país— la reina Reina. ¿Les parece? (Pausa) Claro que les parece, pero no coman ansias. Todo a su tiempo.

En el consultorio de Víctor —así se llama mi psiquiatra— conocí a un ingeniero que se ponía las pelucas y los vestidos de su mujer con el fin de sentirse realizado. No conforme con esto se grababa, en su estudio, bailando a lo Marilyn Monroe... hubiese seguido con esta práctica forever, pero Vivian lo descubrió y acordaron ir a terapia. (Pausa) Por un tiempo dejó de vestirse como mujer y siguió como el macho vernáculo que era, pero —al igual que los adictos— recayó y su esposa le pidió el divorcio. (Pausa. Mirando fijamente al público) ¿Que qué fue de su vida después del divorcio? Nada. Ya no hubo vida. Se voló la cabeza con un disparo de escopeta.

Cuento esto porque yo, al igual que él, tengo una práctica oculta. Él se vestía de mujer para grabarse bailando, como la diva que era. Yo, cada vez que produzco un reinado, recreo la noche más importante de mi vida. En psiquiatría esto se conoce como rito conmemorativo patológico. (Pausa) Como tengo credenciales el personal de seguridad me deja entrar a la hora que sea. En otro contexto sería extraño, pero si por casualidad alguien cuenta que llegué, a tal recinto, a las dos de la madrugada... en vez de verse como algo extraño o fuera de lugar, lo ven como entrega, como compromiso inquebrantable con mi profesión, y en parte es así. Pero, como ya les dije, mis motivaciones son otras.

(Pausa. Enumera con los dedos) He llevado mi rito conmemorativo patológico a teatros, hoteles, centros de convenciones... Sin embargo, en esta oportunidad será especial, pues en este recinto Reina Talavera se convirtió en una reina de verdad.

(Se dirige a donde está la base para micrófonos con el micrófono inalámbrico. Lo alza y lo coloca cerca del proscenio).

Por cierto, cuando llegue el mariposón de Juanchi mandaré a barrer (ríe) pues dejará todo esto lleno de plumas (detiene su risa intempestivamente). La risa es una máscara. Ya lo advirtió el poeta Juan de Dios Peza. (Declama) “¡Cuántas veces al reír se llora! / ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, / porque en los seres que el dolor devora, / el alma gime cuando el rostro ríe!”. (Se le escapan lágrimas. Se las limpia con rabia). Como pueden ver estoy llorando, pero estas lágrimas no arruinarán el opening.

(Se traslada a foro. Quita la escalera, las sillas, algunos cables; en fin, acondiciona un poco. Luego alza una de las cajas y se dirige al vestier. Se pone, rápidamente, un vestido de cuero como el que usó hace catorce años, y unas botas altas. Se activa el dispositivo que proyecta las luces estroboscópicas. De fondo se escucha, de Rihanna, “We found love”. Sale del vestier realizando la coreografía del opening y modelando —este número durará aproximadamente tres minutos. Al finalizar se dirige al proscenio y se pone la mano izquierda en la cintura en pose sexy. Luego, se dirige al portamicrófonos y saca el micrófono inalámbrico. Imita la voz del animador):

“Es un placer para mí llegar a sus hogares con el espectáculo más esperado del año. Todo bajo la producción general de Fernando Mendoza... Dimos inicio con este glorioso opening musical realizado por las candidatas que se disputan el reinado. Querido público, un fuerte aplauso para ellas”.

(Con su voz): ¿Qué les pareció el opening? ¿Cierto que la coreografía me quedó de maravilla? Anhelaba esto. ¡Me siento viva! ¡Viva! (Pausa) Como recordarán, en el intermedio de la coreografía, coreamos el himno del Miss Venezuela... pero como ya hice este número no lo volveré a hacer. ¿Estamos de acuerdo? Luego de la apertura se presentaron dos artistas internacionales buenísimos. (Pausa) Sé de memoria las palabras que dijeron, las canciones que cantaron, sus movimientos en el escenario, pero lamentablemente no puedo recrear este número pues no sé tocar guitarra. Mejor iremos, directamente, al desfile en traje de baño. ¿Les parece? Claro que les parece.

(Pausa. Imita la voz del animador): “El jurado calificador ya está listo para presenciar el desfile en traje de baño. Las misses serán llamadas en orden alfabético. Desde el momento en que se inicia el desfile aparecerá la información de la candidata en pantalla. Quiero enfatizar que los trajes de baño son diseños exclusivos de Dayana Salazar”.

(Con su voz) Como no puedo desfilar e imitar la voz del animador, al mismo tiempo, diré que estoy en el primer grupo del desfile, mido 1,74 y mis medidas son 90-60-90.

(Deja el micrófono inalámbrico en el portamicrófonos. Va a foro, toma una caja, la alza y se dirige al vestier para ponerse el traje de baño y la banda de Miss Bolívar. Mientras se cambia las luces crean un efecto intimista y suena de fondo música para pasarelas de moda. Sale del vestier, desfila por el escenario. Terminará su desfile en el proscenio poniéndose la mano en la cintura y regalándole una hermosa sonrisa al público).

Lástima que no pueda usar el vestuario del animador, pero en este momento imitaré su voz —una vez más—, pues toca presentar al jurado calificador.

(Toma el micrófono): “Es un placer para mí presentarles al jurado calificador: escritor Juan Rodolfo Espinoza; presidente del jurado, productor de cine y televisión; George Smith, fotógrafa Yordalis Roche, director para Latinoamérica de la firma MST Alejandro Uzcanga, psicóloga Verónica Buelvas, editor Juliocé Díaz Elguedo y, por último, la afamada diseñadora Juamery Sánchez. Un fuerte aplauso para ellos”.

(Con su voz) Como bien saben el jurado estuvo conformado por más personalidades, pero debo ganar tiempo. Ya el ejército de técnicos, escenógrafos, luminotécnicos e ingenieros de sonido deben estar por llegar. (Pausa. Señala la puerta) Le puse una tranca a la puerta. Quiero recrear mi reinado sin interrupciones. (Pausa larga) En qué estaba. Ah, sí, luego vino una coreografía de una agrupación folklórica. La sé realizar, pero —como dije— están por llegar y debo ganar tiempo. Si les parece pasaremos directamente al desfile en traje de gala. (Pausa) Como no puedo desfilar e imitar al animador al mismo tiempo... lo imitaré y luego me iré a desfilar, ¿están de acuerdo?

(Imita al animador): “Ella es Reina Talavera, Miss Bolívar, luce un hermoso traje color celeste de regia columna y cortes estructurados, de la diseñadora Judith Martínez, que se mezclan con cristales y encajes color rubí. Los accesorios son de Andrés de la Plaza”.

(Deja el micrófono en el portamicrófono) Hubo un desfile individual y uno colectivo. Por razones obvias haré el desfile individual nada más. Esperen un poco. Me pondré regia.

(Se traslada a foro. Alza una caja, se dirige al vestier a cambiarse rápidamente. Se proyectan luces intimistas. Suena de fondo música para pasarelas de moda. Sale del vestier. Desfila. Se muestra imponente. Terminará su desfile en el proscenio desbordando alegría).

¡Me siento viva! ¡Viva! ¡Qué fluoxetina ni qué nada! Esto si es la panacea, la cura de todos mis males.

(Intenta ver su reloj de pulsera) Qué tonta soy. Quería ver la hora y olvidé que me quité el reloj cuando me cambié para el opening, pero ya deben estar por llegar... Debo darme prisa. ¿Les parece si continuamos? Sí, mejor continuamos. Después del desfile se presentó Olga Tañón, la Mujer de fuego, ¿quieren que la imite? No, no me pidan eso. A Olga Tañón nadie la puede imitar. Luego el ballet más prestigioso del país deleitó al público con una danza oriental. Después de dicho número, el animador Gilberto Villalobos —así se llama el animador que he estado imitando— me puso la banda de Miss Elegancia (la muestra). ¿Cierto que merecía ganar esta banda? (Pausa) En cuanto me puse el traje de gala también me la puse: es difícil hacer tantas cosas a la vez. ¿Si me entienden? Mejor pasamos a lo que se conoce como el top 10.

(Pausa. Se dirige al micrófono. Lo extrae. Imita al animador): “Es un excelente grupo de concursantes en sana competencia, pero sólo diez pasarán a la siguiente ronda. Acá tengo los nombres (muestra un sobre imaginario) sin ningún orden en específico... suerte a todas las chicas”. (Con su voz) Allí Gilberto Villalobos me nombra y doy un paso al frente (se toca por debajo de uno de sus ojos). Boté, de lo emocionada que estaba, par de lágrimas. (Pausa). Viene la ronda de preguntas. Prepararé todo. Aguarden un momento.

(Se dirige a donde está la corona. Acaricia la réplica exacta de la corona que ganó hace catorce años... mientras la acaricia, dice): Pronto serás mía.

(Deja de acariciar la corona y con paso firme se dirige al micrófono. Lo extrae, luego se dirige al proscenio). Llegó la hora de la verdad. En este momento Gilberto Villalobos me pregunta que si estoy nerviosa y digo que no, cuando en realidad estaba temblando... por suerte nadie notó mi nerviosismo.

(Muestra un sobre imaginario. Extrae la pregunta. Lee imitando la voz de Gilberto Villalobos): “¿Cuál es tu opinión sobre el empoderamiento de las mujeres?”.

(Se cambia el micrófono de mano y cambia de lugar. Mira al público con seguridad. Con su voz). Buenas noches, creo que el empoderamiento de las mujeres es fundamental para el desarrollo y el progreso de la sociedad. Por ello siempre he trabajado para eliminar las barreras y prejuicios que nos impiden alcanzar nuestro máximo potencial. Como mujer, creo que es importante promover la educación, la igualdad de oportunidades y el liderazgo femenino en todos los ámbitos”.

(Llena de alegría) ¿Y mis aplausos? En cuanto di esta magnífica respuesta el recinto se llenó de aplausos. (Espera a que cesen los aplausos. Prosigue). Me preguntan, ¿qué viene? Viene la coreografía de las misses, pero no puedo hacerla sola... mejor pasaré a la siguiente ronda. Así estaba (hace como si apretara la mano de la compañera que tenía a su izquierda y a su derecha) pues todas nos tomamos de las manos muy nerviosas. Empezaron a nombrar: Miss Cojedes, Gladymar Guardia, dé un paso al frente. (Pausa) Miss Falcón, Irismar Burgos, dé un paso al frente... mi nerviosismo crecía. Por fin me calmé cuando —de último— Gilberto Villalobos dijo (imita la voz del animador): “Reina Talavera, futura abogada de la república, dé un paso al frente. Con la representante del estado Bolívar completamos las cinco finalistas”.

(Con su voz) Dicho esto, se proyectó —en la pantalla— el resumen de la gestión de Claudia Uribe, la reina saliente, sobre todo en lo concerniente al cáncer de mama... puesto que durante su reinado se abocó a hacer campañas de prevención e hizo acto de presencia. Se veía imponente.

Se está acercando el final. Ya vengo.

(Deja el micrófono en el portamicrófono. Va hacia la mesa donde se encuentra la corona. La arrastra. La pone cerca del proscenio para que el público la aprecie. La acaricia. Mira fijamente hacia la puerta pues la están golpeando con progresiva fuerza. Fuera de sí).

Falta poco. Espero que me dejen terminar...

(Por la crisis de nervios que le provocan los reiterados golpes... no toma el micrófono como hizo en otras ocasiones. Se nota a leguas su nerviosismo. Con voz quebrada).

Como bien saben eligieron tres, luego dos e hizo su último desfile en traje de gala la reina saliente... Quedé con Miss Aragua, tomada de sus manos, esperando el veredicto final...

(Imita la voz de Gilberto Villalobos): “Señoras y señores, ha llegado el momento más esperado por todos. En este sobre (muestra un sobre imaginario) tenemos el nombre de la ganadora... Debo enfatizar que la ganadora —además de la corona— recibirá un apartamento completamente amoblado, una camioneta cero kilómetros y una póliza multiplatino. Atención, voy a mencionar a la primera finalista y a Miss Venezuela. (Suenan acordes de suspenso. Lee el veredicto) ¡Nuestra primera finalista es Miss Aragua, Vismary Guerra... y Miss Venezuela es Reina Talavera! Ahora todos podemos decir, sin lugar a dudas, que eres la reina Reina. ¡Felicidades!”.

(Va hacia la mesa. Se pone, con manos temblorosas, la banda de Miss Venezuela y la corona. Llora. Saluda al público. Cae sobre ella una espectacular lluvia de luces y serpentinas).

VOZ EN OFF: Doctora Reina, abra... Abra la puerta, doctora Reina.

(La voz se hace penetrante y repetitiva. Los golpes se acrecientan. Ya no son golpes con la mano, sino con un hacha. La puerta está a punto de ceder).

Reina Talavera (al borde del paroxismo): Vienen a despojarme de lo que me pertenece, pero no lo lograrán (con sus manos se aferra a la corona)... ¡Esta corona es mía!

Decrece la lluvia de luces. Apagón.

Francisco José Aguiar
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