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Javier Ávila:
“Han variado los métodos, pero no lo esencial del lector”

domingo 31 de mayo de 2026
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Javier Ávila
Javier Ávila: “Mi obra es más consciente de su irrelevancia y por lo tanto más juguetona, más directa, menos interesada en impresionar y más interesada en cuestionar y mostrar la realidad como es”.

Javier Ávila, nacido en San Juan, Puerto Rico, en 1975, ha sido reconocido con múltiples premios por su destacada obra literaria. Entre ellos se encuentran el Premio de Poesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El papel del difunto en 2010, el Premio Nacional de Poesía del PEN Club por La simetría del tiempo en 2005, y el Premio Olga Nolla de Poesía en dos ocasiones, por Vidrios ocultos en la alfombra en 2003 y La simetría del tiempo en 2005.

Su novela Different, de 2001, fue tan exitosa que fue adaptada al cine con la película Miente, en 2009. Otras de sus novelas, como The Professor in Ruins, en 2006, y la polémica La profesión más antigua, en 2012, exploran el mundo universitario en Puerto Rico. Además, su poemario Criatura del olvido recibió otro premio del PEN Club en 2008.

En 2014 publicó la antología bilingüe Vapor, que reúne poemas de sus laureados poemarios. Su última novela, Polvo, es un thriller que narra la historia de un mujeriego que se convierte en asesino. Ávila ha sido reconocido como el único latino en ser nombrado Profesor del Año de Pensilvania por la Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching y el Council for Advancement Support of Education.

Desde octubre de 2016 ha presentado su espectáculo The Trouble with My Name en más de ciento cincuenta ciudades, explorando la experiencia latina en Estados Unidos. Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

“El antagonista”, de Javier Ávila
El antagonista, de Javier Ávila (Libros AC, 2022). Disponible en la web del autor

—En 2022 publicó usted El antagonista. ¿De qué trata esta novela en verso? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?

El antagonista es una novela en verso escrita por un heterónimo cuyo libro supuestamente es encontrado en una casa abandonada en Bayamón, Puerto Rico. Es importante leer el libro en orden, a diferencia de poemarios que invitan a que el lector abra el tomo y lea cualquier texto individual. La serie de poemas explora la vida del personaje Enrique Orbach, un hombre irreverente, rebelde, con muchas contradicciones. En el epílogo, explico que “su traumática niñez, sus travesuras en la escuela militar que lo vio transformarse de un chico obediente a un joven rebelde, sus múltiples aventuras amorosas con repetidos desenlaces cómicos y catastróficos, su filosofía de venganza y hasta la trágica antesala de su muerte se documentan claramente en este poemario, el único libro que se conoce de Orbach”. El acercamiento es minimalista. Se puede apreciar desde la portada, con la imagen de la mosca en un lienzo amarillo. Siento que El antagonista es mi poemario más íntimo. Lo aprecio como un documento sobre la importancia de las fuerzas que cuestionan la autoridad, los individuos que ven la desobediencia como una necesidad ante un sistema que recompensa la subordinación ciega. También el libro es una novela picaresca que retrata un viaje nostálgico, cómico y desgarrador al corazón de un personaje auténtico, un verdadero antihéroe literario.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a El antagonista y su trabajo creativo-investigativo anterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico, Estados Unidos y fuera?

—El trabajo es una progresión bastante natural, y corresponde a la etapa de la vida que deseo documentar, que casi siempre coincide con mi edad, por lo que el trabajo previo es la base y el trabajo actual es la consecuencia. Lo curioso es que creo que me siento más puertorriqueño (si fuera posible medir el concepto de la puertorriqueñidad) viviendo en Estados Unidos. Uno nota muchas diferencias culturales, y aprende a valorar lo que en el pasado se daba por sentado. Incluyo muchas autenticidades boricuas en mi trabajo literario.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritor, conferenciante y docente-investigador con su época actual, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Como persona, me mantengo inmaduro de la mejor manera posible, al menos en términos de actitud hacia lo que tantos consideran trabajo serio. Nada de lo que hacemos en la academia es muy serio o importante. Como conferenciante, con el tiempo me he librado de excesos. Hay un buen minimalismo que he adquirido, y me ayuda porque el calendario es riguroso. Mi obra es más consciente de su irrelevancia (ante el mundo del algoritmo de las redes y ante la batalla por la atención en la que habitan millones de personas que ya ni lectores se pueden llamar) y por lo tanto más juguetona, más directa, menos interesada en impresionar y más interesada en cuestionar y mostrar la realidad como es.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer y a su trabajo escrito de interés y cruce en Puerto Rico, Estados Unidos y fuera?

—Tiendo a ser considerado aparte. Así lo fue cuando era joven, y supongo que ahora que escribo sobre la puertorriqueñidad desde la diáspora, hay más que me caracteriza como entidad solitaria. Obviamente, hay cualidades que compartimos escritores de la misma generación educados en la Universidad de Puerto Rico en los noventa. Pero nuestros caminos han sido distintos. Mi trabajo creativo lo he integrado con mis conferencias, en particular The Trouble with My Name, que ha sido mi éxito comercial más contundente. El público ha disfrutado la mezcla de comedia y poesía cuando se trata de presentar la realidad latina en Estados Unidos.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico, Estados Unidos y fuera, y la de sus pares?

—En Estados Unidos mi trabajo como conferenciante ha sido lo más exitoso de mi carrera, tanto así que en muchas ocasiones el público, que no es siempre consciente de mi carrera literaria, me pregunta si he escrito libros. Tantas oportunidades me han abierto muchas puertas, sobre todo ante audiencias que no son amantes de la literatura latinoamericana, pero que sí desean saber algo sobre lo que significa ser latino en Estados Unidos. A veces piensan que soy comediante, no profesor ni escritor. Es curioso tener esa recepción a pesar de haber estado escribiendo libros por tres décadas. En Puerto Rico no se conoce tanto mi trabajo reciente. Ojos que no ven...

—Sé que usted es de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor caribeño, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Autor puertorriqueño siempre seré, y así me considero. No tanto caribeño, aunque caigo en esa categoría más bien por razones geográficas. Pero autor puertorriqueño bilingüe y radicado en Estados Unidos, aunque nacido y criado en Puerto Rico. Muy feliz de haber tenido una educación bilingüe en la isla y de tener dominio de ambos idiomas.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en Indiana University en Pensilvania?

—En mi trabajo creativo reciente, la puertorriqueñidad es esencial, definitivamente un aspecto protagónico en mi poesía en inglés (la poesía de los “one-man shows”) y también en novelas recientes como La profesión más antigua y Polvo. También en El antagonista. En cuanto a mi formación académica en IUP, la identidad no tuvo mucho que ver en ese proceso.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Indiana University en Pensilvania? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor, conferenciante y docente-investigador hoy?

—En Indiana, Pensilvania, fue donde aprendí lo que se siente ser minoría, pero no de una manera difícil, sino de manera pedagógica. Al ser adulto y profesional, podía ver mi vida desde dos puntos de vista: primera y tercera persona. Al vivir de ese modo, puedo analizar situaciones que me hubieran consternado en mi niñez. Tal vez hasta me hubieran inmovilizado. Pero al vivir momentos de racismo o de malentendidos, me regocijaba al entender que todo, todo, todo era material para mi trabajo literario. Todavía lo hago.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Han variado los métodos, pero no necesariamente lo esencial del lector que siente una conexión profunda con mi trabajo. Ya no recibo cartas, sino mensajes. Casi no recibo llamadas, pero sí correos electrónicos. En fin, todo evoluciona.

—¿Qué otros proyectos creativo-investigativos tiene usted pendientes y recientes?

—Estoy escribiendo un poemario sobre mi experiencia como padre. Yo, que he sido puntual con todos mis proyectos, me he demorado quince años con este libro, y sigo demorándome. Tengo otros proyectos poéticos, y otro one-man show. A diferencia de antes, no tengo ninguna prisa por terminar estos proyectos. La única prisa es la de vivir feliz.

Wilkins Román Samot

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