
Rubén Ramos Colón (Bayamón, Puerto Rico, 1983) es poeta, editor, especialista en comunicaciones y lingüista. Tiene publicados varios poemarios, tales como Angst (2010), Wéilsong (2011), Ultramar (2013) y La expansión de los cuerpos (2020). Realizó estudios de Bachillerato en Artes en la Universidad de Puerto Rico, en la que completó también su Maestría en Artes con concentración en Lingüística (2021). En la actualidad, realiza estudios doctorales en la antedicha universidad en Lingüística del Caribe Anglófono. Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
En 2015 publicó usted Ultramar. ¿De qué trata este poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?
Ultramar relaciona la idea del territorio ultramarino con la de un amar superlativo. El texto se construye alrededor de varios temas incluyendo el mar como separación, la remitencia de afectos, la experiencia de permanecer en la isla mientras ves a tu familia y comunidad disolverse por la migración, y la percepción de sus visitas a la isla como un vaivén.
Armé el libro a finales de la primera década de los dos mil y principios de los diez, en un momento en que, por primera vez, trataba de conservar afectos a distancia. Sufría aquella primera ola de familia y amigos que salían de la isla y quería, de alguna forma, detenerles o atenuar lo que esa distancia provocaba en mí.
En cuanto a la publicación, había recién terminado el libro cuándo se me acercó Ángel Antonio, quien en aquel entonces dirigía la editorial del ICP, y me dejó saber que estaba interesado en publicarme. Fui superafortunado de que me invitara a ser parte de la colección del Instituto de Cultura, más por haberle podido dedicar ese libro a mami en vida.
¿Qué relación tiene su trabajo creativo-poético previo a Ultramar y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal de la sociedad y la literatura actual de Puerto Rico o fuera?
No guardan relación más allá de ser producto de mi cerco de atenciones. Cada libro es intencionalmente un argumento temático y estético diferente al que le precede. No busco que dependan o conversen uno con otro, al menos no intencionalmente.
Sobre lo segundo, pues, tampoco trato de que lo que escribo sea algún tipo de crónica de la puertorriqueñidad o de Puerto Rico. No siento la obligación de explicitar para otros algún tipo de formulación identitaria ni exaltar alguna narrativa particular sobre mi país.
Escribo inmerso en el contexto de Puerto Rico. Vivo aquí. Pienso desde aquí. Soy Puerto Rico, no en un sentido de aspiración, sino que todo cuanto hago y digo está saturado de la experiencia puertorriqueña.
Ahora, lo que escribo no parte de una obligación o sentido de responsabilidad social o política con el destino y la formación de estas ideas de país, cosa que, para mí, siempre ha tenido un extraño tono religioso de imponer sobre los demás estas listas de compra de “qué nos hace puertorriqueños”.
La intención de definirle me parece que sirve al estudio y no a lo vivencial. Además de que muchas veces se pregonan ideas de identidad como pasquín político o anecdótico de una identidad a destiempo, más como resumen de eventos pasados que como descripción de la actualidad.
Me gusta la idea de que lo que escribo refleja un pedazo de esa experiencia amplia de la puertorriqueñidad, pero no intento cernir para este recuento siempre pretérito de lo puertorriqueño, más afín con lo que sirve al discurso, el establecimiento de norma y de poder que, con un esfuerzo descriptivo de la diversidad de ocurrencias, prototípicas o no, que nos suman.
En cuanto a la otra parte de esa segunda pregunta, mi trabajo conversa muy poco con la literatura local actual. Soy un lector mayormente de libros no literarios que ha desarrollado un interés por escribir un tipo de poesía posiblemente vista por quienes suscriban a la norma literaria como naíf. Me relaciono más con la intención emotiva y filosófica de tirillas cómicas como Ziggy o Cucubano que con los proyectos de escritores contemporáneos o de generaciones anteriores.
Si compara su crecimiento y madurez como persona, lingüista y escritor con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
Sinceramente, no sé cuánto puedo llamarle crecimiento y madurez al accidente de experiencias que soy. Concedería algo a la voluntad que no es completamente suyo. Advierto desplazamientos temáticos y estilísticos, pero no pienso que sean una progresión escalar sino un flujo, así como una corriente de aire es un movimiento y no una jerarquía.
Si dijera que las obras han madurado supondría que aquel primer muchacho que escribía en sus libretas de escuela, o aquel que primero publicó Angst, eran en alguna forma faltos de algo presente en quien escribe ahora, pero eso simplemente no es cierto. La experiencia suma pero igual substrae; aporta en una dimensión lo que en otra resta. Realmente valoro igual lo dicho, y como lo dije, que lo que esté por decir.
¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-poético a su quehacer de lingüista y su trabajo escrito de interés literario?
Sinceramente, no me ubico, ni a lo que escribo, dentro de ningún esfuerzo generacional. Leo desde atalayistas hasta la promoción actual, pero no pertenezco a un grupo particular. Comparto con escritores sólo en el contexto de lecturas y presentaciones contadas veces al año.
En cuanto a integrar mi trabajo creativo y lingüístico, pues no lo hago. No se encuentran uno y el otro. Para mi maestría trabajé con memes, pero meramente como objeto de estudio y no como salidero creativo. No considero que tenga aún ningún escrito de interés literario, parto de que las motivaciones de mi poesía se relacionan más con la plástica y la música.
Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la literatura poética en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-poético dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
No tengo noción de cómo es recibido el trabajo. Hay gente que sé, porque me lo han dicho personalmente, que aprecian lo que escribo. Pienso en Luis Negrón, Roque Salas, Guillermo Rebollo-Gil y Nicole Delgado, quienes han promovido o abiertamente elogiado mi trabajo. Fuera de ellos y un par de amigos, no creo que exista ni tan siquiera una noción vaga de mi trabajo en ese mundo amplio de la literatura puertorriqueña y muchísimo menos en nuestra diáspora.
Sé que usted es de Bayamón, Puerto Rico. ¿Se considera un poeta puertorriqueño o no? O, más bien, un poeta, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
No me considero, soy puertorriqueño. Full stop. Nací en Bayamón y crecí entre Viejo San Juan y Santa Juanita en partes iguales. No me pienso de un lugar ni del otro y guardo amor igual para ambos. Entre panas, sentados en la playa, nos decimos bori unos a otros pa’ pedirnos algo de la neverita y siento que en eso me reconozco. En cuanto a lo de considerarme poeta, soy más como un gran aficionado de escribir en verso; un hobbyist de la versificación.
¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-poético y su formación en la Universidad de Puerto Rico?
Trato de escribir lo más neutro posible para que quien lea, cual sea su sexo o género, pueda verse en el texto. Hay momentos en que escribo explícitamente como hombre, pero son los menos. Mi intención siempre es que el texto coopere con quien lea, sin importar su sexo o identidad de género, de forma que logre insertarse en la experiencia que planteo.
En cuanto a lo político, mi poesía, desde antes de Angst, tiene un vínculo filosófico con vertientes progresistas. A menudo lo que escribo surge a manera de respuesta a las imposiciones y violencias del capital. Mi trabajo de Ultramar en adelante ha integrado conceptos propios a la ecología social que han surgido a partir de lecturas posmarianas de Bookchin.
En cuanto a identidad étnica, pues lo mismo de la segunda pregunta: todo lo que escribo está cargado de las idiosincrasias y experiencias que comparto con amigos y familiares sobre nuestra experiencia colectiva como puertorriqueños, tanto dentro como fuera de la isla. Sin embargo, no escribo con la intención de definir o ejemplificar qué es la puertorriqueñidad.
Hago la salvedad porque siento que hay trabajos que asumen un rol prescriptivo y eso me parece más acto de performancia que una descripción de nuestra ocurrencia. He leído y escuchado a otros argumentar asuntos de identidad a partir de lugar de nacimiento, crianza, hábitos, o la habilidad para hablar o no español. Mi concepto de la puertorriqueñidad incluye a los nacidos en Allentown, Orlando, Newark o cualquier otra ciudad dentro o fuera de Estados Unidos que se identifican como boris, así hablen como primer idioma inglés, creole o mandarín.
Ser boricua pa’ mí es un feeling, una dirección, que sí, la experiencia de crecer cogiendo la AMA del corral en Bayamón hasta la 18 no es la misma que la de crecer cogiendo el tren de Queens a Manhattan, pero la realidad es que no tienen que ser una o la otra, fácilmente son ambas. Nuestras diásporas son resultado directo de la historia colonial de Puerto Rico. Su existencia es una extensión del acontecer de este país donde la pobreza y la injusticia nos desparraman, y no seré yo quien venga a negarle a nadie el derecho a ser y pensarse bori y sostenerlo desde sus propias consideraciones.
Pienso de momento en Dulce Santurce y Holy Puerta de Tierra de Gallego, quien es un autor nacido y criado en San Juan, y que en ese libro incorpora el inglés y dice ser un born again nuyorican, y yo siento esa escritura y esas lógicas tan naturales y lógicas a nuestra experiencia. Bien difícil cuestionarle su puertorriqueñidad o mérito al poeta más insigne de la actualidad en este país. Pues por ahí va la cosa.
Siento que muchos autores buscan satisfacer expectativas o arquetipos en lugar de actuar su individualidad y que su experiencia sirva como registro. Empacan esta idea de lo puertorriqueño que no es ni suya y que es más afín con el material publicitario de una campaña de turismo o un especial navideño que con una examinación juiciosa y sincera de su vida diaria y las amplias y diversas formas en que se puede ser bori.
Eso sumado a que lo hablan y explican desde un lenguaje inaccesible a la mayoría del país y que no existe más allá de ciertos sectores culturales o académicos, ni hablemos de quienes exportan conceptos académicos propios del examen y entendimientos de otras culturas y los aplican as is al estudio del acontecer de Puerto Rico. Sou, yeah.
Sé que hay quienes sienten una obligación moral con que su trabajo literario o académico sirva a no sé qué idea del país o su representación, y cool por ellos y todo bien. Metan mano. Yo pudiera mentirte y decirte una de estas cosas grandes y heroicas que la gente dice para que sean vistos por sus colegas y lectores como personas comprometidas con no sé qué, pero yo no estoy en esa. Me parece falso. Cosmético. Una réplica de los talking points de temporada.
A quien le nazca construirse de esa manera, buscar agentes literarios, mercadearse, hacer examen de tendencias del mercado y manufacturar escritos que se amolden a las exigencias del mercado y los estudiosos, pues go for it. No soy ese. No quiero serlo, ni tengo al presente planes de echarme al cuerpo ninguna de esas obligaciones.
¿Cómo se integra su trabajo creativo-poético a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de lingüista y escritor en Puerto Rico hoy?
No ha habido para mí, todavía, una vida después de la Yupi. Mami fue profesora en mis primeros años, así que de una forma u otra siempre he estado en la Yupi. Luego del bachillerato estuve como tres años sin tomar cursos en los que igualmente estaba presente en la vida tanto intra como extramuros de la universidad. Luego estuve en la maestría hasta ahorita y ahora estoy en el doctorado, así que, si alguna vez la Yupi se ausenta de mi vida, te contaré.
Sinceramente, no integro una cosa con la otra. Mi perfil como investigador ha sido limitado y mi vida laboral ha sido diversa y cambiante. En los últimos años, la maestría en lingüística me abrió paso de trabajar en un call center a ser escritor para una revista de finanzas. Acumulé experiencia y certificaciones y terminé haciendo optimización de páginas. Más recientemente he sido estratega de contenido para agencias de mercadeo, productor de textos y analista de discurso para campañas políticas y otros espacios donde la comprensión de un lingüista resulta atractiva para quien contrata. Mucho bullshit job, diría David Graeber, que uno asume por obligación de supervivencia y no como algún tipo de realización profesional.
Tal vez algún día los estudios y la suerte me conduzcan a cierta estabilidad financiera que me permita sentarme y dedicarme a los proyectos investigativos que quisiera completar para que dejen de ser notas y bibliografías en la eterna lista de proyectos por comenzar. Tal vez entonces pueda ver más claras las conjeturas y entrecruzamientos para conscientemente aprovecharlos. Pero hasta ahora, mientras estudio y sobrevivo, cada una de esas cosas ocupa su propio espacio.
¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-poético y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
No sabría decirte, sinceramente no tengo noción de esto.
¿Qué otros proyectos creativo-poéticos tiene usted pendientes y recientes?
Ahora mismo se están trabajando nuevas ediciones de los primeros cinco libros. Kidany Acevedo y Gaddiel Ruiz se han comprometido con trabajar dos de los libros cada uno para incluirlos a sus respectivos proyectos editoriales.
Gaddiel ahora mismo trabaja con Ultramar, cuya segunda edición contendrá poemas que quedaron fuera de la publicación original y que además incluirá la plaquette de Éxodo y Pompeya, que se publicó dentro de The Puerto Rico Review. De igual forma, Kidany ahora mismo está haciendo un trabajazo montando Hipergrafo, un poemario de listados que será mi primer libro nuevo en seis años.
Tengo además varios poemarios terminados incluyendo Tornasol, -Islamiento, Muerde la cabeza de la serpiente y Ayúdame a que se haga viral. Estos seguramente se los ofrezca a Kidany o Gaddiel como primera opción una vez que salgamos de las publicaciones que tenemos pendientes.
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