
Hoy comento dos libros que me han ocupado varios días de abril y mayo. Lo hago como lector emocionado que carece de sabiduría crítica. Lo que escribo sobre esos dos libros es una especie de agradecimiento por haberme entregado buenos y fuertes momentos de lectura. Se trata de dos jóvenes poetas: Soriana Durán y Ricardo Sarco Lira Farías. No los conozco pero he tenido el privilegio de leer sus libros recién salidos a la calle. Y felicito a la Fundación Editorial Tuqueque por el acierto al crear la colección “El alba ya no pudo negarme”, que se inicia precisamente con estos dos poemarios.

Soriana Durán: Corazón de agua
El libro de Soriana Durán tiene un título que de por sí es poesía: Corazón de agua. En el agua ansiaba escribir su nombre John Keats. Para que no se viera.
Y logró que su nombre y sus versos quedaran escritos en el corazón de todos los poetas conmovidos por la palabra viviente como Soriana: jóvenes, frescos, directos. Obvio.
Ella tiene un corazón tamaño mar Caribe. Canta como la lluvia sobre las hojas más mudas del reino vegetal; sobre las piedras más dormidas del reino mineral. Corazón de agua para calmar la sed de ella. Y provocar en sus lectores una sed de ella. Agua miel. Río desbordado que se lleva en sus corrientes nuestros corazones y demás enseres domésticos.
Se podría especular y decir que existen pasiones reflexivas, aunque eso parezca una metáfora intermediaria, asumida para explicar el modo en que Soriana escribe sus poemas, con una certera visión de lo que le ocurre a su existencia mientras las pasiones repiten sus versos conmocionantes, girando encima de ella, simulando aves que comen poetas en plena maduración.
Soriana Durán está diciendo y seguirá describiendo lo que ha vivido y lo que deberá vivir tal vez, quizás. Ella escribe de lo suyo, de su vida, de su gente, y eso es lo más sincero, lo más indicado. Hay una interminable siembra de sentimientos ahí.
La poesía de Soriana hace que se entienda la importancia de cada gesto, de cada aliento vecino, de cada vivencia. Almas dentro de una casa construida por los ojos de ella. La poeta logra que se preste atención a lo que el corazón propio orienta hacia el corazón ajeno. El trazado poético minucioso de Soriana Durán es algo tan hermoso y tan fácil de ubicar como hallar el lugar donde el paisaje comienza a desarrollarse, el punto donde está naciendo un horizonte. Es un delicioso misterio hallar el hilo que da inicio a su tejido.
He leído varias veces con admiración y devoción sus poemas y me tomo la libertad de poner aquí el poema que da nombre a su libro Corazón de agua:
Dejaría de mirarte si eso significara
el fin de tus libertades
No estaría más
si mi presencia mutara
a una sombra penosa
Animal enfermo que debe sacrificarse
antes de que se extienda la rabia
No puedo explicar el origen de la devoción
que te tengo
porque no encuentro explicación a nada en este mundo
Si la hallara no te la diría
Ésta sólo pertenece
a las versiones fallecidas de mi querer
Espero mates esta versión también
Quiero partir limpia
hacia el primer amor que se me atraviese
o bien
exterminar lo último que queda
de mi corazón de agua

Ricardo Sarco Lira Farías: 69 o el infinito
El título del libro, 69 o el infinito, es de una vez por todas la declaración de una poética natural y estremecedora. Y leer ese libro de Ricardo Sarco Lira Farías es sentir cómo nos va dejando rezagados este siglo de muerte y lucidez, de pesares y sismos amorosos. A nosotros los lentos lectores. Nunca a las flechas que rompen el aire de mañana en los versos de Ricardo Sarco.
Ricardo Sarco Lira Farías más que un espíritu es una mente diamantina buscando y encontrando. Él es un corazón enamorado de la fisonomía de los seres que habitan el soñado planeta de los soñadores que sólo se visten de luz. Como ejecutante de la desnudez auténtica, Ricardo encuentra lo que ansía y el lector lo presiente, lo comprende y se conmueve ante un logro que puede desembocar en el placer de recorrer los vestigios de la modernidad.
Él consigue la poesía que siempre se le pierde a todos los que buscan. Él es un poeta al pie de la letra de la sinceridad y la verdad, pero también es un poeta de la ficción suprema como diría Wallace Stevens. Ricardo Sarco Lira Farías es él y un universo paralelo, es arroyo sobre piedras, es ave de vuelo prestigioso chocando contra el muro enorme de los aires. Coloco el poema que da nombre a su poemario:
Iluso
69 veces le canté al amor
me arrastré
le di rosas
Vengo de la casa tomada por los muertos
debí cantarle a tus muslos
a su tersa y tibia musculatura
Explicación de la colección “El alba ya no pudo negarme”
La Fundación Editorial Tuqueque convierte en realidad de libros la escritura. Es una fundación integrada por tres incansables: Ken Pérez Morales (su presidente), Zorian Ramírez Espinoza (coordinador editorial) y Leonardo Almao (artista de la colección).
La colección de poesía aludida nació con el nombre “El alba ya no pudo negarme” y ya ha lanzado sus dos primeros títulos: Corazón de agua, de Soriana Durán, y 69 o el infinito, de Ricardo Sarco Lira Farías.
“El alba ya no pudo negarme” toma su nombre de un verso de la poeta venezolana María Calcaño. Esta colección pretende ser “caja de resonancia” para voces hispanoamericanas contemporáneas. Sus ediciones integran poesía con textos críticos y establecen un diálogo con la obra gráfica del artista Leonardo Almao y su proyecto de archivo anónimo Residuos del abatimiento.
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