
El libro Poeta de Schrödinger, del poeta Jesús de Castro, es un canto singular y estremecedor. Ocurre en el centro de la soledad casi desértica que puede percibirse cuando se va más allá de los sentidos, más allá de lo cotidiano, sin distanciarse ni un milímetro del lugar que emana sentimientos.
El ser humano está vivo y está muerto como el gato de Schrödinger, pero multiplicando el eco de sus pasos, de su caminar que es lenguaje y fluye como un incesante río. El hombre es una hechura del lenguaje. Un enigma escrito y hablado. Un animal que evoca trinos prehistóricos degustando sílabas. Un animal que estructura ramajes verbales insinuando frutos y nidos para que no pierdan su esencia amorosa las ilusiones y desilusiones del pasado.
En ningún momento de su existencia y de su ausencia se niega que el ser humano es un animal aparecido en el universo para nombrar cada una de las cosas que registra con sus sentidos y con los demás órganos perceptivos que posee, tales como la imaginación, la científica magia y la poesía.

“La labor del poeta es purificar las palabras y rescatar lo purificado”, escribió en uno de sus versos la poeta Anne Carson. Además de la purificación, quizás signifique también descubrir el entramado origen de la materia y de lo no material, de la realidad y de la ficción. Todo tiene cuerpo completo, infinitamente encadenado al inicio, inaccesible, sorprendente, como la ficción y lo invisible. Más allá del átomo nos emboscan los quarks, Sancho.
Más allá de lo que vemos, escuchamos, paladeamos, respiramos y palpamos; más allá de lo que intuimos, inclusive: de lo que imaginamos. Más allá de lo que sabemos y de lo que soñamos. Todo eso y todo lo demás ignorado podría servir para hacer un retrato hablado de la cuántica. De ahí que la poesía parezca el dibujante idóneo. También puede tener rasgos similares a lo dibujado. ¿Qué ocurre cuando se reúnen para intentar conocerse la física, la conciencia y la poesía? El sentido común se desestima, los sentidos resultan escasos: se requiere agregar otros como el lenguaje, la imaginación, la intuición, la corazonada y el sueño.
¿Qué sucede dentro de un átomo? Esa interrogante suena con la misma apasionada curiosidad que la pregunta ¿qué sucede dentro del poema cuando consigue entablar relación con la poesía?
El poeta Jesús de Castro es como un átomo de expresiones tan sinceras que cada uno de sus versos revela de manera inmediata lo que él siente, percibe y hace. Su ley es ser auténtico, transparente; él es un apasionado rugido cazador de verdades dentro de su propia selva.
Jesús de Castro va a la síntesis de la luz, a la velocidad de la luz, intuyendo que puede haber una velocidad más determinante y una poética que punza directamente el alma para que la reacción parezca un sismo sentimental. Su poesía en este libro busca el principio de toda pasión. El alma escribiendo en su cuaderno indócil.
Leer el libro Poeta de Schrödinger exige al lector que use su propia oscuridad como sombrilla para recorrer la intensa luz y para recibir el toque de la antipartícula. ¿Cuál? Esa que lleva la contraria y por ello resulta sinceramente reveladora. ¿Por qué? porque la poesía se asume como una hostia candente para hacer reaccionar a quien la recibe.
Leyendo a Jesús de Castro siento que no es imposible definir su especial manera de ser y de escribir usando estos versos de Emily Dickinson:
Cómo el exiguo Ocaso se arrastra por el Pueblo
Hasta borrar las casas
Mientras la extraña Lumbre que ningún hombre lleva
Brilla sobre el Camino

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