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Tras el desorden: musa epigramática, de Fulgencio Martínez
(selección)

lunes 10 de agosto de 2026
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“Tras el desorden: musa epigramática”, de Fulgencio Martínez
Tras el desorden: musa epigramática, de Fulgencio Martínez (Olé Libros, 2026). Disponible en la web de la editorial

Tras el desorden: musa epigramática
Fulgencio Martínez
Poesía
Editorial Olé Libros
Valencia (España), 2026
ISBN: 979-13-88285-13-4
128 páginas

Ascética

Comprendo la novedad de la ascética
en un mundo donde tanto se exhibe
el eco del placer y la vanidad de un eco
rompe las vértebras de la juventud.
Marginar el deseo, o incordio luciente,
tanta imagen de pura felicidad,
contratar una lúgubre compañía
es volver a ser sensible y a ser apto
para un día, tal vez, saber gozar.

¿Tarde?

 

Poeta comunista

¡Qué buen poeta y qué mal guerrero!
Si Garcilaso volviera,
lo pondría a dar lustre
a su caballo.

(Pensó Ortega cuando lo “visitó” en su casa, pistola en cinto, el poeta comunista).

 

Escribo con una mitad de mí...

¿Qué te parece si vamos a buscarla...?

J. M. Coetzee

Escribo con una mitad de mí.
Y voy de esta parte a la otra por la
sola pasarela de las palabras.

 

El regreso inesperado

He vuelto a aquel paseo de la playa,
que otras veces canté.
Me sorprendió allí ver a la Muerte
bajo uno de sus disfraces
más reconocibles: un ancla negra.

Partía ya hacia un lugar más claro
el mar. Casi amaneciendo,
en el sitio que el mar dejaba, vi
dos jóvenes caminando desnudos.

Eran los mismos jóvenes,
mortal uno, inmortal el otro,
que, en un poema mío,
nadaban en las estrellas
y nadaban más allá de mis ojos.

(2002. Nueva versión, marzo 2026)

 

Como Barbo asusta a los muchachos

Como Barbo asusta a los muchachos
con sus tristes risas
entre las piernas
de una anciana, me asusta la Parca.

—No me recuerdes
que la muerte es inevitable.
No digiero esa roca
que la naturaleza ha dado a sus hijos.

No quiero desaparecer
como caña verde en la orina de un tísico,
ni como el campo tras los edificios,
bajo cemento.

(en León busca gacela. Renacimiento. Nueva versión).

 

Desmemoriado

A Faetón, que quiso conducir el sol

¿Cómo fueron las cosas? De un modo a otro. Llegan, están un tiempo y de pronto se marginan, desaparecen. Pero no hay un ritmo superior que las domine, ni una sabiduría preventiva de sus migraciones. Cubren la superficie de nuestras vidas durante un suspiro, y vuelven al sueño del río imaginario donde se hunden cada vez más bajo, como latas vacías, arrojadas ahí, y finalmente deshechas por el peso silente del agua.

Mi mente tiene a sus horas una marea alta que la empuja al filo de las cosas ocultas. He trenzado un calendario de desmemorias, de vanidad y humo, pero no sé nada del sufrimiento. He cubierto kilómetros de blanco, humillado grandes muros, pero no sé nada del sufrimiento.

He visto con mis ojos las hojas que se precipitaron a las delicias del abismo, en otoño, y al reunirse con el mar de abril las he visto tramontar en racimos discretos y tan pronto exuberantes y tan pronto, misteriosamente, desaparecidos. Me acostumbré, así, a dividir el curso del astro: a pasar dos mitades del año descansando del nublado junto a una fuente desnuda, y a bucear contra la luz las otras dos. Pero del sufrimiento, nada; no saqué nada en claro. No sé nada del acontecimiento, del simple estar aquí sin saber nada, sufriendo.

Y ahora, qué importa cómo fueron las cosas. Marionetas de nieve, camino de la feria, me sorprenden todavía alguna vez. Las pongo en mira, en orden de distancia, apago sus antojos, o los míos, silbo. Metal de pureza, espejo robado, hipótesis de expedicionario de la ruta de la seda —vacía de miradas—, astro peregrino que busca sus fragmentos allá en la fuente.

Fulgencio Martínez
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