Ayuda a Venezuela
Saltar al contenido

Agua clara, de Yahaira Salazar
(selección)

viernes 25 de septiembre de 2026
¡Comparte esto en tus redes sociales!

“Agua clara”, de Yahaira Salazar

Inmigrar: llegar a un país extranjero para radicarse en él, instalarse en un lugar distinto de donde se vivía dentro del propio país, en busca de mejores medios de vida. Las plantas y los animales también inmigran.

Poema uno de diez

Ya ha terminado la pandemia, juguemos
juguemos, juguemos
hagamos otra ronda
en la escuela de la guerra

Había una vez las ciudades vacías
los animales habitando nuestras casas
las casas limpias
las personas solas hasta el infinito

Volvimos a la normalidad
juguemos, juguemos
hagamos otra ronda
juguemos en la escuela de la guerra

Mucho tiempo creímos que todo cambiaría
la tierra, un paraíso animal
el mundo vacío de cuerpos humanos sin muertos por doquier
mucho tiempo creímos que todo sería distinto

Pero volvimos a la normalidad
acabando
con nuestros vecinos
con nuestros viejos, con nuestras mujeres, con nuestros niños

¡Ya ha terminado la pandemia, juguemos!
¡juguemos, juguemos!
hagamos otra ronda
en la escuela de la guerra

 

“Agua clara”, de Yahaira Salazar
Agua clara, de Yahaira Salazar (Letralia-FBLibros, 2025). Disponible en Amazon

Agua clara
Yahaira Salazar
Poesía
Alianza Editorial Letralia-FBLibros
Caracas (Venezuela), 2025
ISBN: 979-8195879198
138 páginas

Poema dos de diez

Hoy aún la tierra sufre
he visto morir tantos mundos
he mudado tantas veces mi cuerpo
en un día

Los pájaros se llevan el universo en sus alas,
atravesando los picos inhóspitos de las Cordilleras de los Andes
Aquí seguimos librando las mismas batallas
con las mismas autocracias de siempre

Idiotas

Al constatar que no hay salida
un mundo más se termina al atardecer
siempre nos tropezamos con la misma piedra
antes de caer al abismo

¡Toma! Mi guerra es la tuya… ¡Luchemos juntos…!
El hombre es uno solo y con los mismos demonios
en cualquier silla que se siente

 

Poema tres de diez

¡Ignominia
no más!
¡Hasta cuándo!
¡No has dejado de abatirnos!
De sacrificarnos

No hemos dejado de extinguirnos
aquí descansa también
el honor de nuestros ancestros

Todas las banderas de nuestros héroes las han quemado
todos los tratados los han violado
¡Deshonra
no más!

Todos los estandartes que alguna vez
se alzaron en nombre de la Libertad

En los muros, solo quedan las sombras de hombres fusilados
quieren apagar el grito de los libertadores de la tierra
¡Hasta cuándo incendian las calles, las ciudades! ¡Las naciones!
¡Hombre marioneta, te has convertido en la peste negra de este siglo!
¡Tienes la sangre de los niños y de las madres en las manos!

¡De los estudiantes, de las mujeres que escriben una página más de la historia sin honores!
¡Tienes la sangre de los niños y de las madres en las manos!
¡De los estudiantes, de las mujeres que escriben una página más de la historia sin honores!
Sangre amarga… Amarga… Amarga… ¡Corre por las venas de nuestras Américas!

 

Poema cuatro de diez

No más pólvora
no más sangre, no más la sangre de esos hormigueros
¡corrimos despavoridos por las carreteras de todos los continentes!
tierra de la Patria Grande! ¡Hoy eres una pordiosera en los labios de tus hermanos!

Países poblados de hombres proscritos
van hacia todas las fronteras, los caminantes de Turquía, Armenia, Francia, España, China, Ucrania, Egipto
Alemania, Portugal, Italia, Reino Unido, cuna de refugiados de todas las guerras,
de los éxodos de Rusia, Brasil, Paraguay, Honduras, El Salvador

Los éxodos de una multitud condenada por sus propios demonios
Azerbaiyán, Chile, Argentina, Colombia,
nuestros hermanos desterrados
de Norteamérica, China,
Perú, Ecuador, poseídos por eternas revoluciones
y del grito desbandado de la sombra del exterminio
alborozo de sus diablos danzando
hombres fugitivos sin descanso

Unos despiertos
otros acechando
detrás de sus máscaras
listos para dar el zarpazo.

 

Agua clara

Cada vez que te veo me dan ganas de pintar
Eres como un bosque
en el que caen permanentemente las hojas.
Buenas tardes,
¿tomamos el té?
¿Que nos habrá querido decir el destino hoy?
Dios habla en voz baja
Se le están escapando sus animales de las manos.

 

Caracas, Sabana Grande

Niño
no me vendas el canto del verano
que él está sentado junto a mí
en este café de la Vesuviana, entre estas sillas
blancas, duras y vacías
al lado de esos jóvenes que juegan al teatro.

Niño
apaga ese tulipán
y
guárdalo debajo de tu costilla
que está oscureciendo.

El canto de las chicharras
es el canto de un color ocre que gime
en los brazos de un hombre seco que canta.

Es un canto moribundo de un café animado ahora por actores de oficio
y otros menos oficiales.

 

10 de octubre: adiós, papá

“Abuelito se acostó, se quedó dormido
y lo metieron en un huequito”.

De sus hijos “la cruz de papel, la cruz de tierra sobre la tierra de papel”.
AMÉN.
—No, no es verdad, esa es una mentirita que tú me estás diciendo
Allí estaban todos los pedacitos de Morocho
Solo faltaba un pedacito, que era yo,
Los dos Sargentos llegaron tarde. “No cierren todavía la ventana del féretro”
Justo el tiempo de verle por última vez la cara

Una mortaja de ojos semiabiertos que arropaba su cuerpo violáceo
Luego uno de ellos dijo en el mismo tono: “Ahora sí, ciérrela”.

El camino fue corto. “10 minutos de aquí al cementerio”.

Mientras, volteando las hojas de mi cuaderno,
estaba yo, en Europa, en un colegio francés, hablándoles a los niños
de una tierra de hombres que son “metáforas de la naturaleza” por sobre todas las cosas.

Después fue el silencio.
Aquellos hombres extranjeros lloraban junto a los niños del colegio
ante la historia inalcanzable,
de una tierra que día a día va amasando la muerte con sus pies.

Imagínate, padre, que mientras daba la conferencia, se les cayó la cámara fotográfica
¡Y no pudimos hacer las fotos!

Mi madrina no llegó a la hora.
Ella no sabía que el nuevo cura dispuso
Que todos los entierros
de ahora en adelante se harán a las tres de la tarde
Todos...
—No, eso no es verdad, esa es una mentirita que tú me estás diciendo.
Y papá que tenía la esperanza de ir al velorio del tío Perucho.

 

Y el tercer día

Padre nuestro, si estás en los cielos
por nosotros
y tan lejos de nosotros
por qué no renuncias.

Cinco minutos después
en las aguas de un diluvio
que inventó la prehistoria
mi cuerpo se hizo de sangre.
Bebimos,
hágase tu voluntad,
amén.

Y se rompieron las paredes que me sostenían.

Y con el quejido más triste
que me haya herido hasta hoy
nos libramos de esta nostalgia

Arropándonos con tu cuerpo de animal azul
delgadísimo y tristemente desnudo.
Y hoy
El sol... Sol... Sol...
amaneció eclipsado
por el fotograma de una película
que nos habla de seres atormentados.

Nos quedamos encerrados detrás de una ventana
que mira hacia dentro
porque nadie fue a buscar la luna prometida
Nunca... Nunca... Nunca.

Yahaira Salazar

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio