
El miércoles 29 de octubre será presentado en la librería El Buscón, en Caracas, el libro de fotografía y poesía Ávila vertical, un libro editado por BanPlus Banco Universal con fotografías de Jorge Luis Santos García y poemas de José Pulido, en un homenaje al Ávila, la emblemática montaña que protege y define a la capital venezolana.
Han sido más de 43 años de pasión fotográfica y experiencia que Jorge Luis Santos García ha puesto en marcha, recogiendo durante largas caminatas las imágenes definitorias de esta esplendorosa montaña, hasta dar con la justa mirada y mostrar en este libro su visión en un formato vertical, utilizado más comúnmente en retratos. Santos García ha usado la visión vertical para recorrer la imagen de abajo hacia arriba captando toda la magnificencia de la montaña.
Mientras reunía esa serie fotográfica para un libro, Santos García encontró en la poesía de José Pulido la compañía ideal para completar el recorrido y mostrar toda la fuerza espiritual y la belleza que contiene la montaña.
Desde que José Pulido llegó a Caracas, de su Villa de Cura natal, el Ávila fue su refugio natural para mantenerse en contacto con el verde de la naturaleza que lo había acompañado en los primeros años de su existencia. Caminar el Ávila se convirtió en una necesidad existencial que lo ayudó a escribir.
Esas fotografías y esos poemas que se gestaron por necesidades diferentes ahora son un libro con un mensaje de agradecimiento y retribución hacia esa montaña que ofrece paz y tranquilidad a todo aquel que la recorre y a cada uno de los que posan su mirada en ese verde tranquilo de los amaneceres caraqueños. Ávila vertical es un goce para el espíritu y un disfrute visual, publicado con atención a los detalles por BanPlus Banco Universal, en edición bilingüe, español e inglés.
El esmerado diseño es de Zilah Rojas, el acertado y minucioso revelado de películas es de Pavel Bastidas López, la corrección de textos es de Greta de Pascual, la traducción de los textos al inglés es de Paulette Alexandra Pagani Masson, y fue Pablo Abel Pulido Simne el traductor de los poemas. La impecable impresión es de Brizzolis, Madrid, España.
La presentación de Ávila vertical, de Jorge Luis Santos García y José Pulido, será el miércoles 29 de octubre a las 4:30 de la tarde en los espacios de la librería El Buscón, ubicada en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, en Caracas.

Los ojos de Jorge Luis Santos García
Es indudable que la voluntad creadora de Jorge Luis Santos García le debe mucho a su relación con las montañas, a su decisión de ascender serranías haya o no haya caminos. Siempre busca la cima para respirar con libertad y pureza el aire más elevado.
El Ávila es un sentimiento. Es un modo de sentir tan antiguo que comenzó primero como un sentimiento de piedras y minerales; después las aguas corrieron como si fueran su sistema sanguíneo y comenzaron a sentir que las raíces se formaban y aparecían los árboles y encima se posaron las aves, que sentían ganas de cantar y fue entonces cuando las nubes se convirtieron en neblina y bajaron para recostarse en los hombros del cerro.
Y así surgió una especie de amor entre la naturaleza y los ojos del fotógrafo. Esa montaña es la niña de sus ojos. El fotógrafo mira buscando la grandeza que genera tanta curiosidad y necesidad de belleza en su espíritu.
Jorge Luis se ha motivado con su soledad en los silencios bulliciosos de la montaña. Ha sentido el agua jugando con el Querrequerre, un remolino de colores que desciende a mojar sus alas. Y sabe que el roce del Querrequerre con el agua inspirará posteriormente cualquier arcoíris en las lloviznas del cerro.
Avanzando, retratando, repitiendo tomas hasta encontrar el alma de la imagen, ha estado subiendo y bajando por esos caminos, experimentando un paseo por la vida, los olores del monte y penetrando el inconfundible verdor que le da motivo de alegría a todo lo que vuela. Inclusive, alegra la seria y sublime inspiración del fotógrafo.

La nostalgia de José Pulido desde Génova
José Pulido vive en Génova, ciudad de Italia, desde hace ocho años y la nostalgia lo acompaña siempre. Dice Pulido:
En Génova son normales las cuestas y se avanza por escaleras constantes. Cuando deambulo por esas calles elevadas, de repente me detengo para respirar y en un parpadeo siento que estoy subiendo por uno de los senderos del Ávila. Veo la tierra rojiza en una parte del camino. Veo las piedras y el monte. Veo de súbito un cauce seco y cayendo un desorden de bejucos sobre piedras, y las piedras grises se quedan inmóviles pero como si rodaran entre raíces.
Desde lejos las cascadas parecen unas vetas de plata y de más cerca son como cortinas movidas por la brisa. Cuando están apenas a unos metros se escuchan como un rezo. La montaña siempre está hablando sobre la frescura que genera, al quedarse lo más quieta posible bajo tan particular forma de cielo.
Respirábamos el aire fresco que parecía salir del chorro de agua, respirábamos los pasos de la gente que iba y venía; respirábamos el bullicio de las guacharacas. Los mangos que en algunos lugares caen y parecen antiguos, siguen sonando igual en nuestros corazones.
El Ávila se sube en los escalones que voy ascendiendo en esta ciudad. El mar se encarga de recrear los tornasoles del cerro que pintaba Manuel Cabré.
Un cuervo grande se detiene en un muro y sus plumas comienzan a llenarse de colores hasta convertirse en una guacamaya y luego en un Querrequerre y de pronto parece extrañarse y levanta vuelo porque no desea volverse tucusito.
Creo que ese cerro maravilloso también nos extraña: el cerro echa de menos miles de pasos que ya no recorren sus caminos.
José Pulido explica de esta manera su experiencia al ser parte con sus poemas de este libro: “Creo que Jorge Luis ha experimentado un placer intenso buscando estas imágenes, atrapando todos los sentimientos que la montaña ha despertado en él. Su arte se ha vuelto más certero y precioso en esta ocasión y cuando me ofreció la oportunidad de acompañar ese logro suyo me emocionó porque entendí un modo visual de tener el país aunque estés lejos”.
Y termina señalando: “Este libro es la voz y la esencia de una montaña que se ha levantado en dos dimensiones: en un país y en el alma de la gente que nació cerca de sus alturas. Es el modo visual de no morir, un modo visual de vivir y de entregar a la gente algo que se queda y se puede llevar, una parte del país que nos fortalece y nos hermana en cualquier lugar”.
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