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Cervantes, cautivo de sí

martes 21 de junio de 2016
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Miguel de Cervantes
Cervantes tuvo el coraje de destruir el mito caballeresco intocable durante mucho tiempo. Ilustración: Olga Fuchs

La cantidad de escritos sobre Miguel de Cervantes es inmensa y de gran calidad. ¿Qué puedo yo añadir? No resulta sencillo. Sin embargo, habré de intentarlo y habré de reflexionar sobre él y su obra, aunque sea de un modo muy sumario.

Como punto de partida reseñaré las circunstancias en las que nacieron los relatos cervantinos.

Miguel de Cervantes y Saavedra nació en Alcalá de Henares el día 29 de septiembre de 1547. Se desempeñó como soldado, novelista, poeta y dramaturgo.

En la época en que vivió Cervantes, Felipe III fue coronado tras la muerte de su padre Felipe II en 1598, y es importante este aspecto para enfocar la realidad que le tocó vivir a nuestro homenajeado, pues el hecho referente a la voluntad del monarca en cuanto a establecer acuerdos de paz con los reinos vecinos proporcionó a España un período de paz y posiblemente favoreció el inicio de la Edad de Oro, cuna del Quijote. Aquellos años de tranquilidad han sido conocidos como Pax Hispanica y es el período en que el Imperio Español comenzó a ostentar la supremacía mundial, apoyada y aumentada gracias a la eficacia de sus ejércitos, los terribles tercios y las inmensas riquezas que llegaban de las colonias en América.

En medio de estas circunstancias, sale a la luz un texto asombroso, El Lazarillo de Tormes, de autor desconocido, y que marca la aparición de un nuevo género literario en el que imperan el naturalismo y la sátira social. El Lazarillo de Tormes abre una compuerta a la corriente literaria de notables obras maestras y sin cuya mirada centrada en el naturalismo no se comprendería a Cervantes o a Quevedo. La picaresca planteaba buscar en la realidad diaria sus lineamientos como modelo narrativo y esta es la razón por la cual la universalizaron, situándola al margen del tiempo en concreto en que apareció.

Cervantes construye un confinamiento a su ser como persona, lo que sabemos de él es porque así lo quiso, se coloca detrás de su obra para, justamente, posicionarse como paradigma del hombre actual.

Por otra parte, toda la riqueza del Imperio Español se capitalizaba en la Corte, y los jóvenes talentos que encendieron las luces del Siglo de Oro lo hicieron bajo la tutela de algunos miembros del séquito del rey. El destino profesional de ellos no era muy variado, debían optar por la carrera eclesiástica, las armas o el funcionariado. En su mayoría eran personas cultas y universitarias, como Góngora, Ruiz de Alarcón, Mateo Alemán y Calderón, que asistieron a la Universidad de Salamanca. Para los que se decidían por la escritura, la forma más fácil de asegurarse apoyo económico era acercarse a la nobleza y logar el mecenazgo de algún cortesano; esto requería inversión de tiempo, adulación y “servicios especiales” como los que proporcionaba Lope de Vega, no precisamente de forma discreta, al duque de Sessa, como alcahuete, aprovechando sus conexiones con el teatro y en concreto con las actrices. Lope expresaba con soltura esta situación: “Ingenio sin favor, aunque hable, es mudo”. En otras palabras, crearse un perfil adecuado ante cada mecenazgo en la mira, y esto por supuesto abona la mitomanía, a la que muchos de aquel entonces se inmolan con gusto.

En lo particular, después de superar su cautiverio en Argel, estancia que marcará la naturaleza de su mirada y de su obra, Cervantes se puso al amparo del duque de Béjar, a quien le dedicó la primera parte del Quijote, y luego alcanzó el apoyo del primer ministro de Felipe III, Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, quien gozaba de la total confianza del rey; también absorbió algunas responsabilidades administrativas del reino, por las cuales tuvo algunos otros problemillas y cayó de nuevo en prisión.

Y a partir de allí, para ganar indulgencias o apoyos, y ahí va mi conjetura: construye un confinamiento a su ser como persona, lo que sabemos de él es porque así lo quiso, se coloca detrás de su obra para, justamente, posicionarse como paradigma del hombre actual.

De esa forma, todos los datos biográficos que conocemos figuran en sus obras o sus papeles, los escribe para pedir algo, de modo que idealiza sus méritos y tiende a ocultar sus defectos. Pero si hubiera sabido lo portentoso de su obra, es posible que no lo hubiera hecho. ¿O de todas formas sí? No lo sé, pero lo que sí sabemos es que Cervantes continúa adelante con el dibujo de sí mismo y juega con la realidad y la ficción en el nuevo relato de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza: ambos personajes saben tanto de la existencia de la primera parte como de la continuación apócrifa, y hasta hablan de lo que los lectores piensan del primero, que es “loco, pero gracioso”, o “valiente, pero desgraciado”, o “cortés, pero impertinente”; y algunos de los que se cruzan con ellos los reconocen por haber leído el libro de sus correrías originales. Y lo destacable es que tanto el hidalgo como el propio Cervantes, en un estado de gracia y clarividencia, aseguran que la obra sería todo un clásico literario y que el caballero de la triste figura sería inseparable de la imagen de la comarca manchega.

Para referirme al aspecto literario he de señalar que concuerdo con la opinión de algunos escritores quienes se expresan sobre Cervantes como aquel que tuvo el coraje de destruir el mito caballeresco intocable durante mucho tiempo, y el literato que inicia la novela moderna, en la que reina la polifonía y la contraposición de diferentes visiones del mundo encarnadas por los personajes, lo que le confiere un realismo entonces sin parangón y se constituye en una extraordinaria sátira de la sociedad de aquel entonces; de ahí que acepto que Cervantes es indiscutiblemente original al superponer las cosmovisiones y los puntos de vista hasta confundirlos en complejidad con la misma realidad, recurriendo incluso a juegos metaficcionales. Todo ello lo podemos apreciar al leer sus Novelas ejemplares y el Don Quijote de la Mancha, obras en las que demuestra la amplitud de miras de su espíritu y su deseo de experimentar con las estructuras narrativas. En esa colección de novelas experimenta con la novela bizantina (La española inglesa), la novela policíaca o criminal (La fuerza de la sangre, El celoso extremeño), el diálogo lucianesco (El coloquio de los perros), la miscelánea de sentencias y donaires (El licenciado Vidriera), la novela picaresca (Rinconete y Cortadillo) y la narración constituida sobre una anagnórisis (La gitanilla).

Su obra tan elocuente y precisa, tan esclarecedora del sentir propio de los humanos, contrasta con lo velado de su propio rostro, tal como nos lo hace comprender el profesor José Manuel Lucía Megías: “¿Cuál es el verdadero retrato de Cervantes? Cada época irá construyendo el suyo… ¿Acaso no sería posible encontrar el verdadero retrato de Miguel de Cervantes en los rostros que lo han ido encarnando en el cine desde principios del siglo XX hasta nuestros días?”. Asimismo, Lucía Megías nos plantea en la exposición “Cervantes, el hombre detrás del mito”, de la que es el inteligente y preciso curador, a un “Cervantes persona”, un “Cervantes personaje” y un “Cervantes mito” que se ha ido construyendo a lo largo de los siglos. Una investigación exhaustiva de las celebraciones de Cervantes como escritor y como modelo de escritores y de civilidad. Y es allí donde me asalta la idea de la intencionalidad cierta de Cervantes por edificar su propio mito. De la misma manera en que el hidalgo manchego Alonso de Quijano se arroja al camino a lomos de Rocinante convertido en don Quijote, el caballero andante, en pos de un ideal. Todo lo cual celebro grandemente, pues hoy por hoy el mundo necesita de civilidad más que nunca.

Sí, cuatrocientos años ha, pero Cervantes como si nada, él va a continuar sobreviviendo a los devenires narrativos y artísticos.

Ahora bien, y ya para ubicar mi escrito en el presente, debo considerar que los lectores del siglo XXI hemos adquirido unas costumbres muy distintas a los lectores de tiempos pasados, y estamos ya habituados a asistir a los diversos modos de un relato ecléctico, donde pueden fundirse el cine, el arte, la música, la fotografía, el video, el Internet, los periódicos, las revistas o las páginas web en un solo día, y que aceptamos que un relato puede amalgamar todas estas experiencias como un fenómeno cotidiano. Y esas costumbres nos dotan de una plenitud ante la que ya no es importante cuál sea el retrato verídico de Cervantes, sino la potencia de su pensamiento, el que, me atrevo a aseverar de nuevo, se enfocó en hacer de sí mismo un personaje, y no solo por obtener gracias y beneficios, con la adecuación de su curriculum vitae, sino por el gusto de traspasar a esa otra dimensión que es la del personaje literario.

Esta aseveración también se me presentó como muy posible al apreciar el material de la mencionada exposición “Cervantes, el hombre detrás del mito” que se ha mostrado hasta el 29 de mayo en la Biblioteca Nacional de España, para conmemorar los 400 años de la fecha de su muerte, el 22 de abril de 1616 en Madrid; una recopilación completísima de manuscritos del genio y en donde Cervantes incluso cobró vida y recibió a los espectadores de viva voz, gracias a la tecnología audiovisual, y hasta interpeló a los asistentes con sus sentencias de actualidad inagotable. En la muestra pude apreciar los pliegos originales y cómo Miguel de Cervantes y Saavedra dibujó letra a letra para con ellas bordar las palabras de cada manuscrito, cuales mantos que lo arroparían en el firmamento de los grandes mitos clásicos y entre los que viviría atrapado en la estrella Cervantes Q Arae, a 49,8 años luz del planeta Tierra, ya para siempre.

Sí, cuatrocientos años ha, pero Cervantes como si nada, él va a continuar sobreviviendo a los devenires narrativos y artísticos justamente por la capacidad de asimilación de sus escritos a todas estas formas de ver, a toda esta multiplicidad de miradas y porque se puede abrir a estados de conciencia un poco más allá de las convenciones del verismo o el realismo; se renueva y se actualiza este escritor en ciclos de una constante contemporaneidad, justo porque dio los primeros pasos firmes para superar los límites entre vida y muerte, entre sueño y vigilia, entre realidad y fantasía, por todos los medios posibles.

Miguel de Cervantes, cautivo de sí, por decisión propia.

 

Referencias bibliográficas

  • Fernández de Navarrete, Martin (1819): Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Real Academia Española.
  • Lucía M., José M., La juventud de Cervantes, una vida en construcción, Edaf, Madrid, 2016.
  • Iglesias, María del Carmen (2005): El mundo que vivió Cervantes, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.

 

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Olga Fuchs
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